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Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Renací Como Limpiadora ...Pero Soy La Madre Dela Hija Del CEO

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Lucía era una joven campesina traicionada por su prometido y su propia hermana, que la envenenaron para robarle todo. Pero el destino le da una segunda oportunidad: ¡despierta 5 años en el pasado! Esta vez no será la chica ingenua de las gallinas. Se infiltra como limpiadora en la empresa del multimillonario CEO Alejandro Montenegro para cobrarse venganza... sin saber que su hija genio de 5 años, la pequeña Mía, que también viajó en el tiempo, ¡se cruzará con su papá biológico en los pasillos! Ahora Lucía debe ocultar su identidad, destruir a los traidores y evitar que el CEO frío descubra que la niña inteligente y adorable que le sigue por todas partes es su heredera. ¿Podrá el amor florecer entre la limpiadora que manda en secreto y el hombre que no sabe que ya es papá?

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1: La muerte que me devolvió la vida

El veneno quemaba mis entrañas como fuego helado que se abría paso por cada vena, destruyéndome desde adentro.

Me apoyé contra la pared fría de la vieja cocina de mi casa, la casa que mis padres habían construido con sus propias manos, la casa que ellos me dejaron como único tesoro... y que ya no era mía. Mis piernas flaquearon y me deslicé hasta quedar sentada en el suelo de tierra apisonada.

Frente a mí, sonriendo con una crueldad que nunca hubiera imaginado ver en sus rostros, estaban las dos personas en las que más había confiado en todo el mundo.

Carlos. Mi prometido. El hombre con el que llevaba dos años planeando una vida sencilla pero feliz en el campo. El que me decía al oído todas las noches que yo era su "princesa de las gallinas". El que me había prometido amarme por encima de todo.

Y a su lado, Elena... mi propia hermana menor. La que yo protegía de las tormentas cuando éramos niñas, a la que le daba mi parte de la comida cuando había poco, a la que enseñé a leer y escribir porque nuestros padres no podían pagar la escuela.

—¿Por qué? —logré susurrar, sintiendo cómo la vida se me escapaba por los poros como agua entre los dedos. Mi voz era apenas un hilo roto.

Carlos se acercó despacio, con esos pasos elegantes que tanto me habían enamorado al principio, y acarició el rostro de Elena con una ternura que nunca me tuvo a mí. Mi hermana se recostó en su pecho como una gatita satisfecha.

—Porque eres una tonta, Lucía —respondió él, y su voz ya no tenía ni un ápice de la dulzura de antes—. Demasiado buena, demasiado ingenua, demasiado... campesina. Tus tierras fértiles, ese pequeño negocio de huevos orgánicos que tanto te costó construir, la reputación de "honestidad" que tus padres te dejaron... todo esto merecía alguien con ambición. Alguien que supiera convertirlos en dinero de verdad. Alguien como yo.

Elena soltó una risa aguda y cristalina, esa risa que cuando éramos pequeñas me parecía la música más hermosa del mundo y que ahora se clavaba en mi pecho como puñales. Se agachó frente a mí, casi a mi altura, y me susurró al oído con un veneno más puro que el que corría por mis venas:

—Y para que lo sepas, hermana querida... ese día que te fuiste a la ciudad a vender mercancía y volviste toda sonrojada y callada? ¿Esa noche "de negocios" de la que nunca quisiste hablar? Sé que te acostaste con Alejandro Montenegro.

Mi corazón dio un vuelco violento, incluso en mi estado agonizante.

Alejandro Montenegro. El nombre que todo el país susurraba con respeto y miedo. El CEO millonario dueño del imperio que dominaba los negocios de alimentos y bienes raíces. El hombre más rico y poderoso que jamás hubiera imaginado conocer.

Y la noche más apasionada, loca y a la vez más fugaz de mi vida.

Había sido una casualidad absurda. Una amiga me había invitado a una fiesta de lanzamiento de productos orgánicos en la ciudad, yo había ido con la esperanza de conseguir clientes para mis gallinas... y terminé en los brazos de Alejandro Montenegro. Él me había mirado como si fuera la mujer más deseable del planeta, aunque yo llevaba mi vestido sencillo y olía a heno. Una sola noche. Una sola vez. Y luego yo había huido avergonzada, pensando que nunca volvería a verlo.

—Él nunca te buscaría —continuó Elena, escupiendo sus palabras como si fueran más veneno—. ¡Tú eres una chica de gallinas! Una limpiadora humana para él. Nada más. Un rato de diversión y luego al olvido.

La oscuridad empezó a nublar mi visión desde los bordes. Sentí el sabor metálico de la sangre en mi boca. Mi respiración se volvía más débil, más superficial.

Pensé en Alejandro... en sus ojos oscuros e intensos que parecían ver hasta mi alma, en la forma en que sus manos fuertes me habían sostenido como si fuera algo frágil y valioso, en la forma en que me había llamado "mi campesina" con una sonrisa que me derritió el corazón.

Pensé en el bebé que podría haber tenido... si no hubiera sido por estos dos monstruos que tenía enfrente.

—Maldigo... los dos... —gima, con las últimas fuerzas que me quedaban, elevando una mano temblorosa hacia ellos—. Si tuviera... una segunda oportunidad... los destruiría... a los dos... haría que pagaran... por cada lágrima...

Mis ojos se cerraron. Mi cuerpo se desplomó contra el suelo frío.

El último sonido que escuché fue la risa triunfante de Elena mezclada con los pasos de Carlos alejándose de mí, mientras en el corral afuera mis gallinas cacareaban alegremente, ajenas a la tragedia que acababa de ocurrir en la casa que las protegía.

***

La nada.

Todo era oscuridad, silencio, vacío.

No había dolor, no había frío, no había nada.

Hasta que...

**¡CLUCK! CLUCK! CLUUUUCK!**

El cacareo estridente y familiar de mi gallina favorita, "Gordita", me desgarró el silencio.

Abrí los ojos de golpe.

El sol entraba por la ventana de madera de mi habitación, calentando mi rostro con suavidad. Olía a heno fresco, a tierra mojada después de la lluvia, a la comida sencilla que mi mamá siempre preparaba. Olía a... VIDA.

Me incorporé de un salto en la cama, jadeando como si hubiera estado corriendo una maratón. Mi corazón latía a mil por hora.

Me toqué el cuello... no había dolor. Me toqué el vientre... estaba plano y caliente. Me miré las manos... jóvenes, suaves, sin las cicatrices de las espinas y el trabajo duro de estos últimos años.

Me levanté temblando y corrí al espejo roto que colgaba junto a la puerta, el mismo espejo en el que me miraba todas las mañanas.

Era yo.

Pero más joven. Mi cara sin las marcas del sufrimiento, sin las ojeras profundas de las noches llorando por la traición, sin la expresión de derrota que se me había quedado grabada en los últimos meses. Mis ojos... brillantes de nuevo, llenos de vida y de una chispa que creía perdida para siempre.

Busqué desesperadamente el calendario de papel que siempre colgaba junto a la puerta, el que marcaba cada día con una cruz de lápiz. Lo agarré con manos temblorosas que casi lo rompen.

**5 de septiembre de 2021.**

El mundo se detuvo.

¡Cinco años atrás!

Había vuelto al pasado.

Justo **un día después** de aquella noche loca con Alejandro Montenegro en la ciudad.

Justo **tres días antes** de que Carlos le propusiera matrimonio a Elena a mis espaldas.

Justo **meses antes** de que empezaran a envenenarme lentamente para robarme todo.

Una risa salió de mi garganta sin poder evitarlo. Primero fue una risita nerviosa, casi un sollozo, luego se convirtió en una carcajada amarga y poderosa que hizo eco en toda la habitación y probablemente llegó hasta el corral.

El destino me había dado una segunda oportunidad. Y esta vez no la desperdiciaría.

Esta vez no sería la Lucía ingenua, bondadosa y crédula que todos pisoteaban a su antojo. Esta vez no confiaría ciegamente en nadie que no fuera mi propia sangre. Esta vez... **yo sería la que manda.**

Me acaricié el vientre con una sonrisa que mezclaba la determinación de una guerrera con la ternura de una madre que ya ama a su hija sin haberla conocido todavía.

Dentro de unas semanas, un médico me confirmaría lo que yo ya sabía en mi corazón: estaba embarazada.

Mía.

Mi hija. Mi princesa. Mi razón para vivir y para luchar.

Esta vez, nadie nos separaría. Esta vez, yo construiría un imperio para ella, un imperio de verdad, no solo un pequeño negocio de gallinas. Esta vez, Mía crecería rodeada de lujos, de seguridad, de amor... y nunca sabría lo que es pasar hambre o ser traicionada por quienes deberían protegerla.

Y Carlos y Elena?

Esta vez, yo sería quien les tienda las trampas. Esta vez, yo sería quien los observe caer en su propia ruina. Esta vez, pagarían por cada lágrima, por cada mentira, por intentar matarme y robarle un futuro a mi hija.

Y Alejandro Montenegro... el CEO frío, arrogante y millonario que todos temían...

Esta vez, yo sería la que se alejaría de él. Para proteger a nuestra hija de su mundo peligroso, superficial y cruel. Para evitar que Mía creciera en un ambiente donde el dinero lo es todo y las personas son solo piezas de ajedrez.

O al menos... lo intentaría.

Porque algo en lo profundo de mi corazón me decía que el destino tenía otros planes para nosotros.

Me vestí rápidamente con mi ropa de campo más limpia: una falda azul sencilla, una blusa blanca que mi mamá me había cosido, y mis botas de trabajo ya un poco gastadas. Me peiné con determinación frente al espejo, trenzándome el cabello castaño como siempre lo hacía.

Hoy tenía una entrevista importante.

El Grupo Montenegro buscaba personal de limpieza para su edificio principal en la ciudad. El sueldo era modesto, pero el acceso... el acceso a información, a contactos, a la oportunidad de observar a mis enemigos desde las sombras... no tenía precio.

El plan comenzaba hoy.

Salí de la casa y respiré hondo el aire puro del campo. El sol de la mañana iluminaba mis tierras, mis gallinas, mi hogar. Todo igual que siempre. Y sin embargo... todo había cambiado para siempre.

Mis gallinas me vieron salir y empezaron a cacarear alegremente, acercándose a la cerca esperando su comida. Gordita, la más gorda y mimada de todas, saltó un poco como si quisiera saludarme.

Me acerqué a ellas y las acaricié una por una, sintiendo sus plumas suaves bajo mis dedos.

—Chicas —les dije en voz baja, con una sonrisa que ya no era la sonrisa ingenua de antes—. Esta vez... ganamos nosotras.

Gordita cacareó como si entendiera y estuviera de acuerdo.

Me giré hacia el camino de tierra que llevaba a la ciudad, donde me esperaba el autobús.

Alejandro Montenegro, Carlos, Elena... todos ellos.

Prepárense.

Porque Lucía ya no es la misma.

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nezhan
Hola, Rosemary, muchas gracias por leer con tanto detenimiento y por tus excelentes preguntas. 💛

Sofía es mi hija de mi vida anterior. Cuando renací, ella ya estaba conmigo: una niña de cinco años que me dio la fuerza para empezar de nuevo. Su existencia es parte de mi pasado, de todo lo que perdí y de todo lo que decidí recuperar. No apareció de la nada; siempre estuvo ahí, siendo mi mayor motivación desde antes del primer capítulo.

En cuanto a la gallina Clara, es un elemento simbólico que dejé intencionalmente sin explicación detallada. Representa la protección de mis raíces, el espíritu de mi madre y el alma de la finca El Rosal. Es mi guardiana, y como tal, no necesita origen lógico: solo necesita ser sentida.
nezhan
Hola, Jessica, gracias por tu comentario. 🐔💛

Has comprendido perfectamente el espíritu de la historia. Los animales son, en efecto, nuestros guardianes silenciosos. La gallina Clara es la más especial de todos: su aparición y su mensaje en sueños representan la protección invisible que rodea a Lucía. Es la voz de su madre, la esencia de la tierra y el corazón de El Rosal velando por ella.

Me llena de alegría que logres percibir estos detalles. Tu sensibilidad hace que esta historia cobre aún más vida. ✨
Rosemary Hernandez
de dónde salió esa primera hija?
Jessica Flores
los animalitos son guardianes 🥰,y la gallina clara es su guardiana
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