Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 23 — LA VERDAD QUE ME DESTRUYÓ
“Yo creía que iba al gimnasio para escuchar una simple noticia… pero terminé descubriendo que la persona que amaba nunca había sentido lo mismo por mí.”
Ese día llegué al colegio como cualquier otra mañana. No tenía idea de lo que estaba a punto de suceder. Todo parecía normal hasta que nos dijeron que debíamos dirigirnos al gimnasio porque Demián tenía algo que mostrar. No entendía absolutamente nada. Mientras caminaba junto a los demás, sentía una pequeña inquietud, pero jamás imaginé lo que me esperaba.
Cuando entré al gimnasio, vi a muchos estudiantes reunidos. Me quedé quieta por unos segundos, mirando alrededor, intentando entender por qué estábamos todos allí. Entonces apareció Demián. Lo miré esperando encontrar en su rostro alguna explicación, pero su expresión era completamente diferente. Ya no estaba viendo al mismo chico que yo conocía, al mismo que había conseguido ganarse mi confianza.
Me quedé completamente blanca.
Sentí que se me helaba el cuerpo y que las palabras desaparecían de mi cabeza. Demián se colocó frente a todos y dijo que tenía algo que mostrar. Yo no sabía qué era. No podía imaginar que había estado preparando aquel momento desde mucho antes.
Entonces comenzó a hablar.
—Miren bien —dijo con una sonrisa que jamás olvidaré—. Ella quiere hacer creer que todo fue como ella dice, pero yo tengo mi versión.
Sentí que el corazón me golpeaba con fuerza. Quise hablar, pero no me salía la voz.
Demián continuó, mostrando únicamente aquello que había decidido utilizar para construir su historia.
—Yo soy hombre. Ella fue quien se me acercó y yo simplemente acepté.
Las miradas comenzaron a dirigirse hacia mí. Yo permanecía inmóvil, sin entender cómo podía estar ocurriendo aquello. Quería explicar que no era así, pero mi voz no aparecía. Era como si mi cuerpo se hubiera quedado paralizado.
Entonces escuché las palabras que terminaron de destruirme.
—¿De verdad pensaste que te amaba? —dijo mirándome directamente—. ¿Pensaste que alguien como yo se fijaría en ti?
Sentí que algo dentro de mí se rompía.
—Demián… eres mi novio —logré decir finalmente, casi sin voz.
Él soltó una risa fría.
—¿Tu novio? Eso nunca significó nada para mí.
No podía creer lo que estaba escuchando.
Entonces dijo algo que jamás olvidaré:
—Todo esto fue un juego. Nunca me habría fijado en una chica como tú. ¿De verdad creíste que te amaba?
Sentí que las lágrimas comenzaban a caer, pero ni siquiera podía limpiarlas. Las personas a mi alrededor seguían mirando y yo solamente quería desaparecer de aquel lugar. Todo lo que había creído real, cada palabra, cada mirada, cada momento que había guardado en mi corazón… de repente parecía haber sido una mentira.
Y lo peor no fue escuchar que nunca me había amado.
Lo peor fue entender que yo había confiado en él mientras él preparaba mi humillación.
Ese día descubrí que la persona a la que más quería también podía convertirse en la persona capaz de hacerme más daño.
Y mientras todos seguían mirando, yo solamente podía pensar una cosa:
¿Cómo iba a volver a ser la misma después de aquello?