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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:293
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Ariana salió del hospital y se dirigió a un edificio que servía como base de operaciones para su gente de confianza.

En cuanto la puerta se abrió, entró con paso decidido.

—¿Qué ocurre, señorita? —preguntó uno de ellos.

—Revisen las grabaciones de la fiesta de anoche —ordenó Ariana sin rodeos—. Separen la parte donde Verónica intentó tenderme una trampa y guarden ese video. Si vuelve a atreverse a molestarme en el hospital, se lo entregaré a Santiago.

Hizo una pausa breve antes de continuar con un tono más cortante.

—Ahora concéntrense en una persona: una mujer que se ve de forma sospechosa cerca de la zona de bebidas justo antes de que la madre de Santiago se desmayara.

La mirada de Ariana se endureció.

—Encuentren a esa mujer. Ella puede llevarme hasta quien asesinó a mis padres.

—Sí, señorita.

Su equipo se movilizó de inmediato y abrieron las grabaciones de las cámaras de seguridad instaladas discretamente durante la fiesta.

Pasó el tiempo.

Una hora después, los resultados seguían siendo nulos. El rastro de aquella mujer parecía haberse desvanecido en el aire, exactamente como Santiago había señalado antes.

—No se preocupe, señorita —dijo uno de ellos con convicción—. Sea como sea, daremos con esa mujer.

Ariana cerró los ojos un instante para despejar la mente. Luego los abrió de nuevo.

—Tengo que volver al hospital. Avísenme si hay novedades.

—Sí, señorita.

El hombre titubeó un segundo antes de añadir:

—¿No sería mejor que alguien la escoltara? La situación se ha vuelto más peligrosa ahora que su identidad como la Doctora Genio está empezando a revelarse. Si hubiéramos estado vigilándola... lo del choque contra su auto quizá no habría pasado.

Ariana negó con suavidad.

—No es necesario. Eso solo levantaría sospechas. Además, los dos sabemos que... la gente de Santiago ya me está protegiendo en secreto.

Se detuvo un momento antes de continuar.

—Santiago probablemente no imagina... que yo sé que envió a sus hombres a cuidarme.

El subordinado estuvo a punto de objetar, pero terminó asintiendo en señal de respeto a la decisión de Ariana.

—Entendido, señorita.

Ariana salió del edificio con paso sereno, aunque su mente bullía con múltiples posibilidades.

El aire del mediodía se sentía cálido, pero su mirada permanecía fría y concentrada. Antes de subir a su auto, alzó la vista hacia el cielo por un instante.

Habían pasado veinticinco años.

Veinticinco años desde la noche en que su vida cambió para siempre.

Todavía recordaba con absoluta nitidez el destello de los faros, el estruendo del impacto y los gritos de su madre llamándola por su nombre.

Ariana inhaló despacio y abrió la puerta del auto. Justo cuando iba a entrar, su teléfono vibró.

Un número desconocido.

Ariana observó la pantalla varios segundos antes de contestar.

—¿Quién habla?

Del otro lado se escuchó la voz de un hombre, calmada pero extraña.

—Ariana...

El tono sonaba desenvuelto, como si se conocieran de toda la vida.

Ariana frunció el ceño apenas.

—¿Quién es usted?

El hombre no respondió de inmediato; en cambio, soltó una risita.

—Por lo visto... mi pequeño obsequio ya llegó.

La mano de Ariana que sostenía el teléfono se tensó levemente. La persona que había enviado el paquete... la estaba contactando en ese preciso momento.

—Ese collar era de tu madre, ¿verdad? —prosiguió el hombre.

La voz de Ariana se volvió gélida.

—¿Quién eres realmente... y qué es lo que quieres?

Unos segundos de silencio, y luego el hombre retomó la palabra con toda calma.

—Solo soy alguien que aprecia a los científicos... como tus padres, y como tú. Lamentablemente, tus padres se negaron a colaborar conmigo en mis experimentos. En realidad nunca tuve la intención de matarlos... pero fueron otros quienes terminaron con sus vidas.

Un silencio momentáneo los envolvió, y Ariana apretó el puño sin darse cuenta.

—Deberías agradecérmelo. Esa noche, fui yo quien te sacó del auto... antes de que explotara. Tus padres murieron, sí... pero no enteramente por mi mano. Los asesinos pertenecían a las familias Guerrero y Valverde.

Su voz descendió, como queriendo sembrar la duda.

—Así que te equivocas... si confías en Santiago.

—Si lo que quieres es jugar a las adivinanzas, busca a alguien más. —La mirada de Ariana se endureció. Estuvo a punto de colgar, pero el hombre dijo algo que la detuvo.

—Reunámonos.

Ariana calló.

—¿Cuál es tu objetivo?

El hombre rio levemente.

—Solo quiero ver en persona... cómo luce ahora la hija de aquellos dos genios.

Su tono era el de alguien que examina algo fascinante.

—Y resulta que el rumor es cierto: eres la Doctora Genio. Tengo mucha curiosidad por saber... si tu talento realmente lo heredaste de tus padres.

Ariana apretó el teléfono con más fuerza.

—¿Cómo te llamas? —preguntó, intentando hacerlo hablar.

Pero el hombre cambió de tema.

—También me enteré de que... estás buscando a alguien sospechoso de la fiesta de anoche.

Ariana se quedó helada.

¿Cómo sabía ese hombre sobre eso?

Apenas lo había discutido con su gente de confianza y con Santiago.

El hombre rio suavemente, como si disfrutara de su reacción.

—No la busques demasiado lejos, porque fui yo quien la envió.

La respiración de Ariana se cortó por un instante.

—Digamos que... el veneno fue solo una pequeña prueba para ti. Para ver qué tan capaz eras de salvar a esa vieja de la familia Guerrero.

Aquellas palabras hicieron que la sangre de Ariana hirviera. Para ese hombre, la vida de una persona parecía ser apenas un juego.

Más aún, había un odio indisimulable cuando se refería a la madre biológica de Santiago.

Varios segundos de silencio.

—No me decepcionaste, Ariana. —La voz del hombre regresó con un tono que sonaba a elogio.

Ariana miró al frente. Los autos circulaban por la avenida, pero todo parecía lejano.

—No juegues conmigo, o te haré arrepentirte.

El hombre soltó una carcajada.

—Qué confianza tan extraordinaria.

Antes de que Ariana pudiera decir nada más... la llamada se cortó.

Ariana contempló la pantalla del teléfono unos segundos; el número ya no admitía devolución de llamada. Guardó el teléfono en su bolso lentamente. Su mirada era ahora mucho más afilada. El asesino de sus padres seguía vivo. Y estaba... observándola.

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