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Más Allá Del Cielo Y La Sombra

Más Allá Del Cielo Y La Sombra

Status: En proceso
Genre:Demonios / Romance
Popularitas:443
Nilai: 5
nombre de autor: yamiiy

En un mundo donde demonios y ángeles se enfrentan desde siempre, Kaelen, un poderoso señor demonio, lucha por mantener unida a su familia mientras se enfrenta a prejuicios, secretos y pérdidas.

NovelToon tiene autorización de yamiiy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

— Burbuja de fuego y miel

No hubo un solo instante en que Damian dejara de revivir esa mágica noche. Despertaba con la imagen de Leonardo entre sus brazos, la forma en que lo miraba con esos ojos claros que parecían contener todo el cielo, y la mezcla imposible de dulzura infinita y una pasión que lo desbordaba todo. No podía sacárse de la cabeza: cómo Leonardo, tan suave y delicado por fuera, había respondido con una intensidad que lo había dejado sin aliento, como si también él llevara fuego dentro esperando a que alguien lo encendiera.

Cada mañana, lo primero que hacía era buscarlo. Iba a su habitación antes de que despertara, o lo esperaba en el pasillo, o se sentaba junto a él en el desayuno sin importarle quién mirara. Tenía ojos solo para él. Le hablaba con la voz más baja, le acariciaba la mano por debajo de la mesa, y cuando estaban solos, lo besaba con esa mezcla de ternura y firmeza que a ambos les había hechizado: lo tomaba de la nuca, lo atraía despacio, y lo besaba con la fuerza de quien no quiere dejar escapar ni un segundo.

—Me vuelves loco —le susurró una tarde, en el rincón más apartado del jardín, apretándolo contra sí sin lastimarlo—. No sé cómo lo haces, pero cada vez que te miro, me enamoro más.

Leonardo le rodeó el cuello con los brazos y sonrió, con esa luz suave que solo él tenía.

—Yo solo soy yo —le dijo—. Tú eres el que me hace sentir valioso.

Damian lo besó de nuevo, con más intensidad, mordiéndole suavemente el labio inferior antes de seguir. Le gustaba así: con esa rudeza contenida, esa pasión que no lastimaba pero que dejaba claro que era suyo. Y Leonardo no se apartaba; se acercaba más, se entregaba, aprendía a responder con la misma intensidad, descubriendo que podía ser tierno y feroz al mismo tiempo.

Pasaron toda la semana juntos. Caminaban por los senderos del bosque cercano, se sentaban en la orilla del río subterrano, se escondían en la biblioteca para hablar durante horas, y cuando la noche caía, se buscaban en la oscuridad. Vivían en su propia burbuja, como si el resto del mundo no existiera. Se besaban en los rincones, se acariciaban con esa mezcla de cuidado y deseo que los consumía, y se decían cosas que ninguno había dicho nunca a nadie.

—No quiero que se termine nunca .. nunca—le dijo Leonardo una noche, acurrucado a su lado en la cama, con la luz de la luna entrando por el ventanal—. Quiero estar siempre así, contigo.

—Así será —le prometió Damian, besándole la frente—. Nada nos va a separar. No lo permitiré.

Pero mientras ellos vivían en esa felicidad recién descubierta, Valeria los observaba desde las sombras. Los veía pasar de la mano, los veía besarse en los pasillos, los veía reír juntos como si nadie más existiera. Y cada vez que intentaba acercarse, era rechazada con una cortesía que dolía más que un insulto.

—Damian —le dijo un día, interponiéndose en su camino cuando iba hacia la habitación de Leonardo—. ¿Podemos hablar? Solo un momento. Hace días que no hablamos.

Damian apenas se detuvo. No apartó la mirada de la puerta que tenía delante.

—No ahora, Valeria. Estoy ocupado.

—¿Siempre ocupado, con él? —preguntó ella, con la voz temblando de rabia contenida—. ¿De verdad no te das cuenta de que te está envolviendo con su fragilidad? No es real, Damian. Es solo… suavidad. Debilidad.

Damian se giró hacia ella, y su mirada era tan fría que ella dio un paso atrás sin querer.

—No hables así de él —le dijo con voz firme—. No sabes nada de lo que somos. Y no necesito que me digas qué es real y qué no. Ahora, por favor, déjame pasar.

Valeria se apartó, con las manos apretadas a los costados, los ojos brillando con lágrimas que no eran de tristeza, sino de furia pura. Lo vio entrar en la habitación de Leonardo y cerrar la puerta tras de sí. Se quedó ahí un momento, con los dientes apretados, jurando para sus adentros que esa burbuja no duraría para siempre. Que ella no se quedaría al margen viendo cómo se llevaban todo lo que ella creía merecer.

Mientras tanto, dentro de la habitación, Damian tomó a Leonardo en sus brazos y lo besó como si quisiera borrar cualquier rastro de la amargura que había afuera.

—No le hagas caso —le dijo, acariciándole la mejilla—. Ella no entiende lo que tenemos. Nadie lo entiende. Y no importa. Solo importamos nosotros.

Leonardo asintió, aunque sus ojos se veían un poco tristes.

—No quiero causarte problemas —susurró—. Si ella se enoja… si se lo dice a tu familia…

—Que lo diga —lo cortó Damian, besándole la mano—. No me importa. Ya te elegí a ti. Y no me voy a arrepentir.

Se abrazaron de nuevo, perdiéndose en ese refugio que solo ellos conocían, sin saber que afuera, en la oscuridad, la envidia iba creciendo tanto que pronto buscaría la forma de romper todo lo que habían construido.

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