Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
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capitulo 6
Ese día había sido largo, y al llegar la noche, se fue a dormir, pero llegaron esos sueños, dónde más que sueños eran pesadilla.
Evolett se encontró en un callejón oscuro, con el olor a lluvia y humedad pegajosa en la piel. Las paredes de ladrillo se alzaban a ambos lados, altas y amenazantes, y el suelo estaba cubierto de charcos que reflejaban la tenue luz de una farola que parpadeaba al final del pasaje.
Sabía que esto era un sueño. Siempre lo sabía, y aun así no podía despertar. Su cuerpo se movía con lentitud, como si estuviera sumergida en miel, y cada paso que daba la acercaba más al final del callejón, donde una figura oscura la esperaba.
— No
susurró, pero su voz apenas era un hilo de aire
— Por favor, no otra vez
La figura avanzó hacia ella, y Evolett sintió el pánico trepar por su espalda como un insecto venenoso. No podía ver su rostro, pero sabía quién era. Siempre lo sabía. La risa ronca, el olor a alcohol y colonia barata, las manos que la agarraban con una fuerza brutal...
— Me lo debes
decía la voz, grave y burlona
— Me lo debes por haberme rechazado. ¿Quién crees que eres? Una pequeña huérfana sin nombre, sin familia, sin nada. Y yo te lo di todo, te ofrecí mi atención, y tú me escupiste en la cara
— No, por favor
rogaba Evolett, pero sus palabras caían en el vacío. Las manos la sujetaban contra la pared de ladrillo, y el dolor explotaba en su costado como un puñal de fuego. El mundo se desdibujaba en una mancha de gris y rojo, y ella solo podía gritar en silencio, gritar hasta que su garganta se desgarrara.
— Evolett, despierta!
La voz de Lena atravesó la niebla como un rayo de luz. Evolett abrió los ojos con un sobresalto, el pecho subiendo y bajando en espasmos de hiperventilación. Estaba en su apartamento, en su cama, con las sábanas enredadas alrededor de sus piernas y el sudor empapando su frente. La luz del amanecer se filtraba a través de la cortina, pálida y fría, y el teléfono vibraba en la mesita de noche, iluminado con el nombre de Lena.
Con manos temblorosas, Evolett tomó el teléfono y contestó.
— Lena?
— Evolett, menos mal que respondiste!
la voz de su amiga sonaba preocupada
— Llevo cinco minutos llamándote. ¿Estás bien? Son las siete y media, y no te vi llegar a la facultad. Pensé que quizás habías tenido un problema
Evolett parpadeó, tratando de orientarse. Las siete y media. Su clase empezaba a las ocho. Había dormido más de lo que creía, y el sueño, la pesadilla, la había dejado tan agotada como si no hubiera descansado en absoluto.
— Lo siento
logró decir, con la voz ronca
— Me... me dormí. No escuché el despertador
— ¿Estás segura de que estás bien?
insistió Lena
— Suenas como si hubieras corrido un maratón
Evolett cerró los ojos y respiró profundamente, tratando de calmar los latidos de su corazón. No podía decirle a Lena lo que había soñado. No podía contarle a nadie lo que había pasado, no sin tener que explicar el resto, la parte que mantenía enterrada en lo más profundo de su ser.
— Estoy bien
mintió.
— Solo un mal sueño. Llegaré tarde, pero llegaré. No te preocupes
— Vale, pero si necesitas algo, llámame. De acuerdo?
— De acuerdo
susurró, y colgó
Se quedó sentada en la cama por un largo momento, con el teléfono aún apretado contra el pecho, tratando de recordar que era real. El apartamento estaba en silencio, salvo por el leve zumbido del refrigerador y el ruido distante del tráfico en la calle. Todo parecía normal, pero ella sabía que la oscuridad siempre estaba acechando, esperando el momento más vulnerable para arrastrarla de vuelta al callejón.
No puedes dejar que esto te controle, se dijo a sí misma, mientras se levantaba y caminaba hacia el baño. La doctora Moreau dijo que estos episodios son parte del proceso de sanación. Que no significan que estés retrocediendo. Que solo son ecos del trauma, no la realidad.
Pero los ecos dolían casi tanto como la realidad.
Llegó a la universidad con veinte minutos de retraso, justo cuando la clase de Teoría del Color estaba terminando. El profesor la miró con una ceja levantada, pero no dijo nada cuando ella se deslizó en su asiento con la cabeza gacha. Lena le dedicó una sonrisa de alivio, pero Evolett evitó su mirada. No quería que su amiga viera lo que había en sus ojos, la sombra que aún se aferraba a ella como una segunda piel.
Después de la clase, mientras recogían sus cosas, Lena la abordó con la energía de siempre.
— Oye, te acuerdas de la propuesta de Will Cleim?
preguntó, y el nombre hizo que el estómago de Evolett se contrajera.
— Vas a aceptar? Porque si no lo haces, yo lo haré por ti. Es una oportunidad increíble
— No he decidido nada
respondió Evolett, evasiva.
— Cómo que no has decidido?
Lena la miró con incredulidad
— Es Will Cleim, Evolett! El tipo más importante del mundo de la moda en Europa. Si te ofrece una oportunidad, la tomas. No hay nada que pensar.
Evolett guardó silencio. Su amiga no entendía. Nadie entendía. No era solo una cuestión de trabajo o de oportunidades. Era una cuestión de confianza, de sentirse segura, de no exponerse a un mundo que podía devorarla sin piedad. Y Will Cleim, por muy atractivo y encantador que pareciera, seguía siendo un desconocido. Un desconocido con poder, con dinero, con el tipo de influencia que ese mounstro también había tenido.
No, no pienses en eso. No ahora.
Se obligó a respirar, a enfocarse en el presente. Lena seguía hablando, enumerando todas las razones por las que Evolett debería aceptar la oferta, y ella asentía mecánicamente, sin escuchar realmente.
— Pero hay algo que no entiendo
dijo Lena, inclinándose hacia ella con una expresión de confusión genuina.
— Por qué Will Cleim se fijó en ti? No es que no seas talentosa, porque lo eres, y mucho. Pero él no ha visto tus diseños, no sabe lo que puedes hacer. Cómo supo que valías la pena?
Evolett se encogió de hombros, sin saber qué responder. Era la misma pregunta que ella se había estado haciendo desde el momento en que él había pronunciado su nombre.
— Tal vez solo fue casualidad
dijo, con la voz apenas un susurro
— Tal vez confundió a otra persona conmigo
— No creo
respondió Lena, con una sonrisa pícara
— Conozco a Will Cleim de vista, y no es el tipo de hombre que hace las cosas por casualidad. Si se fijó en ti, fue porque algo le llamó la atención. Y no me refiero solo a tu cara bonita, aunque eso también ayuda.
Evolett sintió que el calor subía a sus mejillas. Su cara bonita. ¿Eso era lo que Will Cleim había visto en ella, Solo su apariencia? El pensamiento le resultaba incómodo, casi ofensivo. Después de lo que él monstruo le había hecho, la idea de que un hombre la deseara por su cuerpo le provocaba un nudo de repulsión en el estómago.
No, Will no es como él, se recordó a sí misma. Will no te ha hecho nada. No puedes juzgarlo por lo que otro hizo.
Pero el miedo no entendía de razones
— Tengo que irme
dijo, levantándose bruscamente
— Tengo un encargo que entregar
Lena la miró con preocupación, pero no la detuvo. Evolett salió del salón con pasos rápidos, sin mirar atrás, con la tarjeta de Will Cleim quemando en el bolsillo de su chaqueta como un recordatorio de que su vida estaba a punto de cambiar, para bien o para mal.
Y ella no sabía si estaba lista para ese cambio.