Leticia fue traicionada y asesinada, pero el destino le dio una segunda oportunidad bajo un nuevo nombre... Isabela Torner, ahora tiene un esposo que la detesta, un pasado lleno de escándalos y una criatura que crece en su vientre.
Román Osorio cree conocer a su mujer, pero no tiene idea de que la verdadera Isabela murió y que en su lugar hay una mujer capaz de matar con la mirada... y de conquistar lo que se proponga.
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Capitulo:09
ISABELA:
El comedor de la mansión Osorio nunca se sintió tan pequeño.
La mesa está puesta con una elegancia que grita dinero, pero el ambiente está cargado de una falsedad que me revuelve el estómago.
Frente a mí, mis padres los Torner, y mi hermana Camila devoran el cordero como si no hubieran comido en semanas.
Román preside la mesa en un silencio sepulcral, observando la escena con un desprecio que apenas se molesta en ocultar.
—Isabela, cariño.
Dice mi madre limpiándose los labios con una servilleta de seda mientras me mira con ojos calculadores.
—Te ves... Diferente... Ese vestido gris es tan aburrido ¿Dónde quedó tu brillo?
—En el hospital madre.
Respondo cortando mi carne con una precisión que hace que Román levante la vista mirando nuestro intercambio de palabras.
—Descubrí que el brillo estorba cuando uno necesita ver la realidad.
Mi padre, un hombre que desprende un olor a tabaco y desesperación financiera, carraspea y mira a Román sonriendo de oreja a oreja.
—Bueno, querido yerno, ya que estamos todos en familia como muchas veces... Me imagino que Isabela ya te comentó sobre el pequeño contratiempo en la empresa... Necesitamos una inyección de capital, algo temporal tú sabes.
Román ni siquiera parpadea, su mirada se clava en la mía esperando la reacción de la sabela de siempre... Que empezaría a suplicar para que él soltara el dinero.
—No le he comentado nada.
Intervengo antes de que Román pueda soltar un no rotundo.
—Porque no considero que los problemas de tu empresa sean responsabilidad de mi esposo, padre.
El silencio que sigue a mis palabras es tan denso que Marta que estaba sirviendo el vino, casi deja caer la botella y Camila se atraganta con su bebida tosiendo con los ojos bien abiertos.
—¿Qué has dicho?
Balbucea mi padre con el rostro tornándose de un rojo poco saludable.
—Dije que Román no es un banco.
Repito dejando los cubiertos a un lado y apoyando la barbilla en mi mano, justo como vi a una villana hacerlo en la televisión.
—Y para decirlo de una manera más bonita y para que comprendas perfectamente... Ya Román ya ha "inyectado" suficiente capital en negocios que nunca dan frutos, al parecer tú eres el problema, no sabes cómo dirigir una pequeña empresa.
—¡Isabela!
Chilla mi madre.
—¡No seas ingrata! Todo lo que hacemos es por el futuro de la familia.
—Mmm, ¿De qué familia?
Pregunto con una frialdad que hace que Román se incline hacia adelante genuinamente y mire con intriga.
— Porque la familia que yo estoy formando es esta.
Toco mi vientre suavemente.
—Y mi prioridad es asegurar que mi hijo nazca en un hogar con finanzas sanas, no financiando los viajes de Camila a Francia o a cualquier parte del mundo donde se le antoje o tus malas inversiones, papá...
Camila golpea la mesa con indignación.
—¡Estás loca! ¡Román, dile algo! ¡Ella no nos puede tratar así!
Dice mirándolo con la esperanza de que él me diga algo, pero Román se recuesta en su silla y por primera vez en toda la noche, veo el rastro de una sonrisa genuina, aunque peligrosa en sus labios.
—Isabela tiene razón.
Dice Román y su voz suena como seda sobre acero.
—El contrato es claro: bienes separados y si mi esposa ha decidido que no debo invertir más en los Torner, yo no tengo por qué llevarle la contraria... Después de todo, debo velar por su tranquilidad en su estado.
Mi padre se levanta temblando de rabia.
—Esto es una humillación ¡Nos vamos! Isabela, cuando te arrepientas de haberle dado la espalda a tu sangre, no nos busques.
—No te preocupes.
Respondo mientras ellos recogen sus cosas con prisa y furia.
—Mi sangre está muy ocupada regenerándose después del accidente... Que tengan un buen viaje de regreso querida familia.
Cuando la puerta principal se cierra con un estruendo, me quedo a solas con Román en el comedor.
Él me observa durante un largo minuto, como si estuviera descifrando un código secreto.
—Eso fue... Inesperado.
Dice finalmente, levantando su copa de vino hacia mí.
—Acabas de quemar el único puente que tenías Isabela, sin ellos, no tienes a nadie que te respalde cuando tengas que irte.
—Te equivocas, Román.
Le digo levantándome de la mesa con la elegancia de una emperatriz.
—No quemé un puente, exterminé una plaga y en cuanto al respaldo... Ya te lo dije en el hospital... No necesito que nadie hable por mí.
Me doy la vuelta para subir a mi nueva habitación, pero su voz me detiene en seco.
—Isabela.
Me giro.
—¿Sí?
—La habitación... El color que elegiste... No es negro.
—No.
Sonrío.
—Es un tono que me recuerda al acero filoso de una espada... Buenas noches, esposo.
y yo pensando que era una más de tantas oportunistas y nada que ver 🤭