NovelToon NovelToon
LA MALDICIÓN DE LAS ROSAS DORADAS

LA MALDICIÓN DE LAS ROSAS DORADAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Brujas / Amor eterno / Completas
Popularitas:680
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un antiguo reino cubierto de secretos, el emperador Aurelius Devereaux vive bajo una maldición que lo convierte lentamente en el monstruo que todos temen. Frío, obstinado y poderoso, ha perdido toda esperanza de volver a sentir amor.

Cuando Seraphina, una joven cálida, hermosa y rebelde, es obligada a casarse con él para cumplir un antiguo pacto familiar, llega al enorme palacio sin imaginar el destino que la espera.

Aurelius la considera una molestia que amenaza su autoridad, mientras Seraphina solo ve en él a un hombre cruel y maldito. Sin embargo, la aparición de misteriosas rosas doradas anuncia que sus vidas están unidas por una magia más antigua que el propio imperio.

Ninguno sabe que Seraphina podría ser la única capaz de salvar al emperador… y romper la maldición que lo condena.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14: El libro de las sombras

Seraphina pasó el resto de la tarde encerrada en sus aposentos.

La carta de su padre permanecía sobre la mesa, junto a la medalla de plata. Había leído sus palabras tantas veces que comenzaba a memorizarlas.

No confíes en las rosas doradas.

Tu abuela intentó destruirlas.

Si el emperador descubre quién eres, ya no podrás regresar a casa.

La última frase era la que más la inquietaba.

¿Qué significaba exactamente quién eres?

Seraphina siempre había creído que su familia era humilde y sencilla. Su padre administraba las tierras de Valdoria, su madre se ocupaba de la casa y su abuela había muerto cuando ella era apenas una niña. Nunca había escuchado hablar de magia, profecías ni pactos de sangre.

Pero ahora todo parecía relacionarse con ella.

La medalla comenzó a calentarse.

Seraphina la tomó entre los dedos. El símbolo de la luna rodeada de espinas brilló débilmente y, por un instante, proyectó una figura dorada sobre la pared.

Era una puerta.

La misma puerta negra del ala oeste.

Seraphina retrocedió.

La imagen desapareció después de unos segundos, pero la sensación permaneció. La medalla no era solo un recuerdo familiar. Su abuela había querido que la llevara por una razón.

Seraphina decidió buscar respuestas.

Salió de sus aposentos cuando los pasillos estaban casi vacíos. Caminó hasta la biblioteca imperial, guiándose por las indicaciones que había escuchado de Mireya. La biblioteca ocupaba una torre completa del palacio y tenía estanterías tan altas que algunas escaleras llegaban hasta el techo.

Miles de libros cubrían las paredes.

Seraphina cerró la puerta detrás de ella y avanzó entre los estantes. La luz de la luna entraba por los ventanales, iluminando el polvo suspendido en el aire.

Buscó una sección relacionada con la historia imperial.

Encontró libros sobre guerras, coronaciones y tratados entre reinos. También halló varios volúmenes sobre magia antigua, pero todos tenían símbolos de advertencia en las cubiertas.

Uno de ellos llamó su atención.

Era negro, mucho más antiguo que los demás y estaba cubierto de marcas doradas. En el centro tenía grabada una rosa rodeada de espinas.

Seraphina extendió la mano.

Antes de tocarlo, una voz habló detrás de ella.

—Ese libro no debe abrirse.

Seraphina se volvió bruscamente.

Aurelius se encontraba al otro lado del pasillo.

No llevaba la capa imperial ni las joyas de la corona. Vestía una camisa negra y pantalones amplios de tela oscura, pero incluso con ropa sencilla seguía pareciendo un hombre al que nadie se atrevería a desafiar.

—¿Me está siguiendo? —preguntó ella.

—No.

—Entonces tenemos la misma costumbre de aparecer en lugares prohibidos.

—Yo puedo estar aquí.

—Y yo también.

Aurelius se acercó hasta el estante.

—No sabes lo que contiene.

—Precisamente por eso quiero leerlo.

—Seraphina.

—No me diga que me marche.

—No iba a hacerlo.

Ella lo observó con desconfianza.

Aurelius miró el libro.

—Ese volumen perteneció a los primeros emperadores.

—¿Habla de la maldición?

El silencio fue suficiente respuesta.

Seraphina tomó el libro antes de que él pudiera detenerla.

El cuero de la cubierta estaba frío. Cuando sus dedos rozaron la rosa dorada, la medalla de su cuello ardió.

El libro se abrió solo.

Las páginas comenzaron a pasar rápidamente hasta detenerse en una ilustración antigua. Mostraba a un emperador de pie frente a un rosal dorado. Sobre su pecho había una marca de espinas.

Debajo de la imagen aparecía una inscripción.

Aurelius palideció.

Seraphina leyó en voz alta:

—“Cuando la sangre de la luna regrese al imperio, el corazón marcado despertará bajo las rosas doradas.”

Aurelius le arrebató el libro.

—No sigas.

—¿Por qué?

—Porque no sabes lo que estás leyendo.

—Dice “la sangre de la luna”. Esa fue la frase que escuchamos en el valle.

El emperador cerró el libro con fuerza.

—Fue una ilusión.

—¿También el río fue una ilusión? ¿Y las flores? ¿Y la puerta?

Aurelius apoyó el libro sobre la mesa.

—Las profecías no siempre dicen la verdad.

—Pero usted les teme.

—No temo a las profecías.

—Entonces teme a lo que pueden revelar.

El emperador levantó la mirada.

Seraphina se acercó a él.

—¿Quién era mi abuela?

—No lo sé.

—Miente.

—No la conocí.

—Pero sabe algo sobre ella.

Aurelius guardó silencio.

Seraphina colocó la mano sobre el libro.

—Mi padre escribió que intentó destruir las rosas doradas.

La expresión del emperador cambió.

—¿Tu padre te escribió eso?

—Sí.

—¿Dónde está la carta?

—No es asunto suyo.

—Todo lo relacionado con esta maldición es asunto mío.

—No. Es asunto suyo porque usted está maldito. Yo solo fui arrastrada hasta aquí.

Aurelius se acercó lentamente.

—No sabes lo que dices.

—Entonces explíquemelo.

Él se detuvo frente a ella. La biblioteca estaba en silencio y la distancia entre ambos era mínima.

—Tu abuela estuvo en este palacio.

Seraphina dejó de respirar.

—¿Cuándo?

—Hace dieciocho años.

—Eso es imposible.

—No lo es.

Aurelius bajó la voz.

—La noche en que naciste, ella llegó al imperio con una advertencia. Dijo que una niña marcada por la luna nacería en Valdoria y que su sangre despertaría aquello que debía permanecer dormido.

Seraphina sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Mi abuela sabía quién era yo?

—No lo sé.

—¿Y qué hizo?

Aurelius la miró con una mezcla de cansancio y temor.

—Intentó quemar el jardín de las rosas doradas.

—¿Lo consiguió?

—No.

—¿Qué ocurrió con ella?

Aurelius no respondió.

Seraphina comprendió la verdad antes de escucharla.

—Desapareció.

—Sí.

La medalla volvió a arder.

Un fuerte viento recorrió la biblioteca, aunque las ventanas estaban cerradas. Las velas se apagaron al mismo tiempo y una página del libro comenzó a brillar.

Sobre el papel apareció una nueva frase, escrita con tinta dorada:

La hija de la luna ha regresado al palacio.

Seraphina levantó la mirada hacia Aurelius.

Él también había leído las palabras.

—¿Qué significa? —susurró ella.

Aurelius se acercó y la tomó suavemente por la cintura para apartarla del libro.

El contacto fue firme, pero cuidadoso.

—Significa que ya saben dónde estás.

Desde algún lugar profundo del palacio, una rosa dorada comenzó a abrirse.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play