Renata necesitaba dinero para proteger a su hermana menor, Julián necesitaba redimir a su familia, honrar la memoria del único hombre que creyó en él y salvar a la mujer de la que siempre estuvo enamorado en silencio.
La solución parecía sencilla, firmar un contrato, donde la única condición era no involucrar los sentimientos. Sin embargo, en un juego donde las deudas se saldan con caricias y el pasado esconde un fraude imperdonable, la única forma de sobrevivir al deseo será rompiendo sus propias reglas.
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Capítulo 5: Una deuda del pasado
Renata señaló la puerta con la mano firme, manteniéndose erguida.
—La reunión ha terminado, Salazar, prepara los documentos. El señor Osorio ya se retira también.
Sin embargo, Osorio no pensaba irse porque esa joven lo había insultado y no estaba dispuesto a dejarlo pasar.
—Quiero ver cómo me obligas a irme, Renata. Te exijo una respuesta aquí y ahora —escupió enfurecido, dando un paso hacia ella— Pensaba tratarte con delicadeza, pero ahora me vas a tener que rogar como una ramera.
En ese instante, la puerta del despacho se abrió de par a par y el eco de unos pasos firmes resonó por el pasillo.
—Me parece que el señor Osorio se está tomando atribuciones que no le corresponden —intervino una voz masculina, grave y segura.
Rodrigo avanzó hacia el centro de la habitación con una sonrisa llena de aplomo, y una postura impecable, lucía un traje a la medida y una expresión de falso rescate y solidaridad que hizo que Salazar suspirara de alivio y Valdés esbozara una sonrisa, confiado en que su deuda finalmente se saldaría.
—Señores —dijo Rodrigo, dirigiéndose a los hombres presentes en la reunión con fría autoridad—La familia Lozano no está sola, así que les pido que terminen esta reunión. Mañana a primera hora, el equipo legal de mi corporación se pondrá en contacto con el doctor Salazar para revisar la reestructuración de los pagos. Buenas tardes.
Osorio comenzó a maldecir mentalmente, al notar la presencia de un competidor más poderoso, y aunque estaba reticente no tuvo más opción que retirarse.
Cuando la puerta pesada se cerró y el silencio volvió a dominar la oficina, Renata dejó escapar un suspiro de alivio, creyendo por un instante que había encontrado a un aliado.
—Gracias, Rodrigo... No sabes lo agobiante que ha sido todo esto —murmuró, pasándose una mano por la frente con cansancio.
Sin embargo, Rodrigo con la compostura de un depredador que observa a su presa, rodeó el escritorio despacio, y la sonrisa altruista que sostenía hacía un minuto se desvaneció por completo.
—No me des las gracias aún, Renata —dijo, instalándose no en la silla de visitas, sino en el borde mismo del escritorio, invadiendo su espacio de forma deliberada—Me interesa la firma de tu padre porque es un activo que encaja a la perfección en mis planos corporativos... En cuanto a tu cuerpo, francamente, no es mi prioridad.
Renata se erizó al escucharlo, pero antes de que pudiera responder, Rodrigo se inclinó hacia ella, apoyando una mano inquietantemente cerca de la suya.
—Sin embargo —continuó él con un tono bajo, casi confidencial y un poco perverso—El precio que estoy dispuesto a ofrecer por la compañía y la rapidez con la que salve tu patrimonio y el de tu hermana depende enteramente de ti... y de qué tan complaciente decidas ser conmigo mientras cerramos el trato.
Rodrigo comenzó a deslizar sus dedos por su brazo y el estómago de Renata se contrajo de puro asco, porque la oferta de Rodrigo no era más que una versión pulida de la chabacanería de Osorio, pero cargada de una amenaza mucho más letal.
Renata no comprendía como de la noche de la mañana pasó de ser la joya preciada de sus padres, a convertirse en un simple objeto, todos querían los activos de su familia, pero también ansiaban profanar su dignidad.
Observó a Rodrigo con amargura, y frente al aspecto grotesco de Osorio, por lo menos Rodrigo era un hombre joven, atractivo y con el poder económico para terminar con sus deudas de inmediato.
Acorralada por los números rojos, la responsabilidad de mantener a Emma y la falta de formación financiera, la voluntad de Renata comenzó a flaquear por un instante debido a la desesperación.
“¿Es este el costo de salvar a mi hermana?”, se cuestionó con un nudo en la garganta.
De inmediato negó con la cabeza y se recriminó por casi ceder cuando recordó que Rodrigo estaba casado con su prima Serena. Educada bajo sólidos principios morales y con un profundo respeto por la institución del matrimonio, Renata se sintió sucia por el solo hecho de considerar esa idea por un momento.
Aun sabiendo que estaba a punto de rechazar la última vía de escape para salvar el patrimonio familiar y darle estabilidad a su hermana, decidió rechazar esa sucia propuesta de la forma más diplomática posible para ganar tiempo.
—Dame tiempo para pensarlo, Rodrigo... Por favor. Necesito estar sola ahora.
Rodrigo sintiéndose victorioso se levantó de forma pausada, le acarició un mechón de cabello y le sonrió con condescendencia.
—Descuida, Renata... Prometo tratarte bien. Y con el tiempo, estoy seguro de que lo vas a disfrutar... mucho.
Cuando Rodrigo salió de la oficina, Renata de inmediato puso una expresión de repugnancia en su rostro.
— Prefiero prenderle fuego a todo y cobrar la póliza antes de dejar que me pongas un dedo encima, maldito pervertido —masculló entre dientes, impulsado por una rabia feroz.
Desesperada y sin saber qué hacer, Renata sintió vibrar su teléfono móvil sobre la mesa, la pantalla se iluminó con la notificación de un mensaje, y el nombre del remitente la dejó helada: Julián Benítez.
Con el corazón desbocado, bajó la vista hacia el texto que brillaba en la penumbra: "No aceptes la propuesta de mi hermano. Rodrigo no tiene intenciones de ayudarte; solo busca humillarte y destruirte. Dame hasta mañana y te ayudaré a encontrar una solución".
Renata alzó la vista lentamente, sintiendo que un nuevo jugador entraba en el tablero, en el pasado más de una persona había insinuado que el reservado hermano menor de Rodrigo albergaba sentimientos por ella; pero a diferencia de todos los hombres que la habían acechado durante ese día… Julián era soltero.
Renata pasó el resto de la tarde revisando los libros contables sin encontrar nada valioso, mientras la penumbra cubría el despacho de su padre, se preguntaba cuál sería la solución que Julián le propondría y a que costo. Solo tenía clara una certeza y es que esta vez estaba dispuesta a ceder, aunque su propia libertad y su cuerpo fueran parte del trato.
A pocas cuadras de la firma Lozano, en la sede de R&J Security el reloj de la pared de la oficina presidencial marcaba las once de la noche, Julián Benítez se ajustó las mangas de su camisa, caminó hacia la cafetera y se sirvió su tercera taza de la jornada.
Sobre la mesa reposaban varias carpetas gruesas las cuales contenían la cronología exacta del desastre financiero de la familia Lozano.
Saber que Rodrigo rondaba la empresa Lozano como un buitre sobre una presa le producía un ardor frío en el estómago, conocía muy bien a su hermano, y Rodrigo no buscaba salvar la empresa de los Lozano, sino que deseaba la humillación total de Renata, arrebatarle los activos a precio de saldo y convertirla en una pieza más de su colección de trofeos personales.
—Tu hermano está jugando muy sucio—comentó Francesco, mientras dejaba caer una pila de documentos recién impresos sobre la mesa— Rodrigo ya contactó a dos de los principales acreedores de la firma Lozano.
— ¿Qué les ofrecieron? —preguntó Julián, fijando una mirada helada en los documentos.
—Les prometió pagar el sesenta por ciento del valor nominal de las deudas si le ceden los derechos de embargo para mañana a primera hora.
—Entonces quiere acorralarla para que no tenga más opción que aceptar su propuesta.
Julián se apoyó sobre la mesa con ambas manos, observando los números rojos de la empresa Lozano.
—Exactamente —confirmó Francesco.
—No se lo voy a permitir —sentenció con una voz grave, y tajante—Si Rodrigo liquida la deuda de Valdés, se quedará con la mansión. Y si toma el control de la casa, Renata y Emma estarán a su merced.
Francesco cuyo único objetivo era detener los propósitos de Rodrigo, lo cual frenaría su expansión del mercado y limitaría sus operaciones, de inmediato trazó un plan.
—Para frenarlo antes del amanecer necesitamos inyectar liquidez y garantías corporativas que no comprometan el capital de riesgo de R&J —advirtió Francesco, cruzándose de brazos—Pero… tampoco podemos hacer una oferta directa en tu nombre sin levantar sospechas en la junta directiva de la corporación Benítez.
Julián señaló en señal de aprobación porque quería proteger a Renata y Emma —se lo debía a la memoria de don Eduardo—, pero sin destruir el patrimonio de su propia empresa ni poner en riesgo el sustento de sus empleados.
—Si asumes los pasivos de frente, vas a poner en alerta a toda tu familia—le advirtió Francesco.
—Ahí es donde entra el acuerdo de fideicomiso privado que redactaremos el cual a diferencia del que ideó Rodrigo para mi, le permitirá a las hermanas Lozano vivir sin presiones financieras —replicó Julián con tono calculador—Presentaremos a tu corporación “A” como el comprador institucional frente a los acreedores, pero respaldado por un contrato de gestión exclusiva a mi nombre. Rodrigo no sabrá quién absorbió la deuda hasta que sea demasiado tarde.
Francesco sonrió de lado, reconociendo la brillantez de la jugada, sin embargo, lo observó con curiosidad.
—Esa es una jugada arriesgada, Benítez... ¿Qué ganas tú arriesgándolo todo para salvar a las hermanas Lozano?
Julián presionó los puños bajo la mesa, y en su mente no estaban las cifras ni los balances corporativos; recordó la amabilidad del padre de Renata cuando se encontraba en su peor momento y sintió amargura por su partida tan repentina.
—Digamos que es una deuda del pasado que pienso saldar —sentenció Julián, sin dar más explicaciones.