Todos creen que Valeria Moretti traicionó al hombre más peligroso del país. Él también lo creyó... y la echó de su vida sin darle la oportunidad de defenderse. Cinco años después, Valeria regresa con una pequeña hija y un pasado que juró olvidar. Alessandro De Luca, el temido Rey de la Mafia, está a punto de descubrir que la mujer que nunca dejó de amar ocultó el secreto más grande de su vida. Pero cuando la verdad salga a la luz, ya no solo estará en juego su amor... sino la vida de su familia.
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Capítulo 21: La verdad que quedó enterrada
La llamada había terminado.
Pero nadie podía moverse.
"Encontraste la verdad equivocada."
Aquellas palabras seguían repitiéndose en la mente de Alessandro.
Después de todo lo que habían descubierto, después de tantas mentiras reveladas...
¿Todavía había alguien manipulándolos?
Valeria miró a Alessandro.
Sabía reconocer esa expresión.
Era la misma que tenía cuando estaba a punto de derrumbarse, pero intentaba mantenerse fuerte.
—Alessandro...
Él respiró profundamente.
—Estoy bien.
Pero ella negó.
—No tenés que fingir conmigo.
Esa frase lo dejó en silencio.
Porque durante años había fingido.
Había sido fuerte por todos.
Pero ahora tenía a alguien que veía lo que realmente sentía.
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La persona que había confesado ayudar a Enzo seguía frente a ellos.
Alessandro la miró fijamente.
—Necesito que me digas todo.
La persona asintió.
—Mi nombre es Ricardo.
Marco frunció el ceño.
—¿Ricardo Salvatierra?
El hombre lo miró sorprendido.
—Sí.
Marco observó a Alessandro.
—Él trabajaba con tu padre.
Alessandro volvió a mirarlo.
—¿Por qué nunca escuché hablar de vos?
Ricardo bajó la mirada.
—Porque tu padre quería que nadie supiera que existía.
—¿Por qué?
Ricardo tardó en responder.
—Porque yo era el único que sabía la verdad sobre el accidente.
El silencio volvió a apoderarse de la habitación.
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Ricardo sacó un sobre viejo de su bolsillo.
—Enzo me pidió que guardara esto hasta que estuvieras preparado.
Alessandro tomó el sobre.
Sus manos temblaban.
Otra carta.
Otra parte de una historia que había estado oculta.
Lo abrió lentamente.
La letra de su padre apareció nuevamente.
"Hijo, si llegaste hasta aquí significa que las personas que intentaron destruirnos no lograron borrar la verdad."
Alessandro tragó saliva.
"Pero necesito que entiendas algo: no todos los que mintieron lo hicieron por maldad."
Miró a Valeria.
Esa frase también hablaba de ella.
De Elena.
De Julia.
De todos.
"Algunas personas tuvieron miedo. Otras fueron manipuladas. Pero hubo alguien que eligió hacer daño."
Alessandro siguió leyendo.
"Esa persona fue quien provocó mi caída."
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De repente, Ricardo interrumpió.
—Hay algo más que debes saber.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Qué?
Ricardo miró a Elena.
Después a Antonio.
—El día del accidente, tu padre no estaba huyendo.
—¿Entonces qué hacía?
Ricardo respondió:
—Estaba intentando proteger a alguien.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿A quién? —preguntó Valeria.
Ricardo miró hacia ella.
Y esa respuesta cambió todo.
—A vos.
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Valeria quedó paralizada.
—¿A mí?
Ricardo asintió.
—Enzo descubrió que Antonio estaba investigando tu familia.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Por qué mi padre protegería a Valeria?
Ricardo respondió:
—Porque sabía que algún día ustedes dos se encontrarían.
Nadie entendía.
—Eso es imposible.
Dijo Alessandro.
Ricardo negó.
—Tu padre creía que las familias estaban unidas por algo más que negocios.
Sacó otro documento.
—Encontró cartas antiguas entre tu abuelo y la familia Moretti.
Valeria tomó una de ellas.
La abrió.
Y después de leer las primeras líneas, su rostro cambió.
—No puede ser...
Alessandro se acercó.
—¿Qué dice?
Ella levantó la mirada.
—Mi madre...
Hizo una pausa.
—Mi madre conocía a tu padre.
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El pasado volvía a unirlos.
Ya no era una coincidencia.
Sus familias habían estado conectadas mucho antes de que ellos nacieran.
Pero todavía faltaba una respuesta.
¿Por qué alguien había querido separarlos?
¿Por qué destruir una historia que había comenzado antes de ellos?
En ese momento, el teléfono de Ricardo sonó.
Contestó.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasó?
Escuchó unos segundos.
Después miró a Alessandro.
—Lo encontraron.
Todos se tensaron.
—¿A quién?
Ricardo bajó lentamente el teléfono.
—A tu padre.
El corazón de Alessandro dejó de latir por un instante.
Después de tantos años...
La persona que creía perdida para siempre...
Podía estar viva.
Durante unos segundos nadie pudo reaccionar.
Las palabras de Ricardo seguían flotando en el aire.
"Encontraron a tu padre."
Alessandro sintió que todo a su alrededor desaparecía.
Después de tantos años imaginando ese momento...
Nunca había pensado qué sentiría si realmente ocurría.
—¿Dónde está? —preguntó finalmente.
Su voz era apenas un susurro.
Ricardo lo miró con tristeza.
—Está vivo.
Los ojos de Alessandro se llenaron de lágrimas.
Una mezcla de alivio, miedo y dolor.
—¿Por qué nunca volvió?
Ricardo bajó la mirada.
—Porque no podía.
Valeria se acercó a Alessandro.
Sabía que ese momento era demasiado importante para él.
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Ricardo explicó que, después del accidente, Enzo había sobrevivido.
Pero estaba gravemente herido.
Durante semanas estuvo escondido mientras intentaba descubrir quién había intentado matarlo.
—Tu padre descubrió que no podía confiar en nadie.
Dijo Ricardo.
—Por eso desapareció.
Alessandro negó.
—¿Y me dejó pensando que estaba muerto?
Ricardo suspiró.
—No fue una decisión fácil.
Sacó otro documento.
—Enzo dejó instrucciones para volver cuando estuvieras preparado.
Alessandro tomó el papel.
Era una carta.
Pero esta vez no quiso abrirla.
Todavía no.
Porque una parte de él estaba enojada.
Su padre estaba vivo.
Y había perdido años sin él.
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—Quiero verlo.
Dijo Alessandro.
Ricardo asintió.
—Lo harás.
Pero antes debemos entender algo.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Qué?
Ricardo miró a todos.
—La persona que intentó matar a Enzo todavía está libre.
El ambiente cambió.
La felicidad de encontrar a su padre se mezcló con una nueva amenaza.
—¿Quién? —preguntó Valeria.
Ricardo negó.
—Todavía no lo sabemos.
Pero Enzo sí.
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Horas después, se prepararon para ir al lugar donde Enzo estaba escondido.
Valeria observaba a Alessandro en silencio.
Él estaba mirando una vieja fotografía de su familia.
—¿Qué pensás?
Preguntó ella.
Alessandro tardó en responder.
—Que pasé años odiando a personas que quizás también fueron víctimas.
Miró la foto.
—Y que perdí tiempo que nunca voy a recuperar.
Valeria tomó su mano.
—Pero todavía podés recuperar lo que viene.
Él la miró.
Y por primera vez en mucho tiempo sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Pero real.
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El lugar estaba lejos de la ciudad.
Una pequeña casa rodeada de árboles.
Ricardo abrió la puerta.
Alessandro se quedó quieto.
No sabía si entrar.
No sabía si estaba preparado.
Entonces escuchó una voz.
—Alessandro...
El mundo se detuvo.
Esa voz.
La voz de su padre.
Entró lentamente.
Y allí estaba.
Más viejo.
Con algunas cicatrices.
Pero vivo.
Enzo De Luca.
Padre e hijo se miraron durante varios segundos.
Ninguno encontraba las palabras.
Hasta que Alessandro finalmente habló.
—Pensé que te había perdido.
Enzo bajó la mirada.
—Lo sé.
Y esa simple respuesta rompió todo lo que Alessandro había guardado durante años.
Se acercó y lo abrazó.
Un abrazo lleno de dolor.
De años perdidos.
De preguntas sin respuestas.
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Después de unos minutos, Enzo miró a Valeria.
Sus ojos se llenaron de emoción.
—Así que finalmente la conociste.
Valeria quedó sorprendida.
—¿Usted sabía de mí?
Enzo sonrió.
—Tu madre y yo éramos amigos.
Alessandro miró confundido.
—¿Qué significa eso?
Enzo suspiró.
—Significa que la historia entre ustedes dos comenzó mucho antes de que se conocieran.
Pero antes de poder explicar más...
Todas las luces de la casa se apagaron.
Un ruido se escuchó afuera.
Enzo cambió completamente su expresión.
—Nos encontraron.
Alessandro se puso alerta.
—¿Quién?
Su padre miró hacia la ventana.
Y respondió:
—La persona que intentó matarme hace tantos años.
Un disparo rompió el silencio.
Y esta vez...
La verdad estaba a punto de salir a la luz.