Eimy jamás imaginó que una simple conversación por chat cambiaría su vida. Todo comenzó cuando conoció a un hombre que pertenecía al Ejército. Al principio solo eran mensajes, pero con el paso de los días nació una conexión especial que poco a poco se convirtió en amor. Después de muchas conversaciones, Eimy decidió darle una oportunidad a sus sentimientos y aceptar estar con él. Sin embargo, cuando pensaba que por fin había encontrado al hombre indicado, descubrió una verdad que jamás esperaba: él tenía esposa. Ahora Eimy deberá decidir si luchar por ese amor o alejarse antes de terminar con el corazón roto.
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Capítulo 14 — Entre dos caminos
Narra Leandro
Llegué al trabajo completamente estresado. Desde temprano tenía la cabeza llena de problemas. No había podido descansar bien y las discusiones con Bianca se habían vuelto cada vez más frecuentes.
Apenas llegué, uno de mis parceros me miró y se dio cuenta de que algo no estaba bien.
—Parce, ¿qué le pasa?
Dejé mis cosas a un lado y suspiré.
—Ando mal, parce.
—¿Pero qué pasó pues?
—Mi esposa me tiene harto.
Mi parcero se quedó mirándome.
—¿Otra vez están peleando?
—Sí. Últimamente todo es una discusión. Llego cansado del trabajo y empieza con las preguntas, que dónde estaba, que por qué estoy con el celular, que por qué sonrío... Ya no sé qué hacer.
—Pues, parce, sepárese.
Lo miré en silencio.
—Precisamente eso estaba pensando.
—¿Entonces qué está esperando?
—No sé, parce.
—¿Todavía la quiere?
Me quedé pensando antes de responder.
—Bianca me ama demasiado y no quiero hacerle daño.
Mi parcero negó con la cabeza.
—Pero tampoco puede quedarse en una relación solamente por miedo a lastimarla.
—Ya sé.
—Entonces piense en usted también.
Me senté y me quedé mirando al piso.
—Ese es el problema, parce. No sé qué hacer.
—¿Y la costeña?
Levanté la mirada inmediatamente.
—¿Amy?
—Sí, pues. La muchacha de Santa Marta.
Suspiré.
—No sé.
—¿Cómo que no sabe?
—Siento algo por ella, parce. Desde que la conocí todo fue diferente. Con ella puedo hablar tranquilo, me río, me siento bien.
—Entonces ahí está la respuesta.
—No es tan fácil.
—¿Por qué no?
—Porque tengo una esposa.
Mi parcero se quedó callado unos segundos.
—Pues precisamente por eso tiene que tomar una decisión. No puede quedarse en la mitad.
—Yo sé, pero no quiero hacerle daño a Bianca.
—Parce, una cosa es hacerle daño y otra es seguir una relación que ya no está funcionando solamente por miedo a terminarla.
Me quedé pensando en sus palabras.
—Es que Bianca me ama —dije.
—Puede ser. Pero amar a alguien no significa que la relación necesariamente tenga que continuar.
—No quiero que ella termine odiándome.
—Eso usted no lo puede controlar.
Me pasé una mano por la cara.
—Estoy vuelto nada, parce.
—Se le nota.
—Entre el trabajo y la casa, no tengo tranquilidad.
—Entonces tiene que solucionar las cosas.
—¿Y si tomo una decisión y después me arrepiento?
—También puede arrepentirse de no haber tomado ninguna.
Me quedé en silencio.
Tenía razón en algo: llevaba días evitando enfrentar lo que estaba pasando.
Desde que conocí a Amy, mis sentimientos habían comenzado a cambiar. No sabía exactamente qué significaba aquello ni hasta dónde podía llegar, pero tampoco podía negar que aquella muchacha se había convertido en alguien importante para mí.
Mi parcero volvió a hablar.
—¿Usted ya le contó a Amy que está casado?
La pregunta me dejó incómodo.
—No.
—Parce...
—Ya sé lo que vas a decir.
—Pues sí. Tiene que pensar bien las cosas antes de seguir avanzando con ella.
Asentí lentamente.
—Sí. Tenés razón.
—Entonces no haga las cosas a medias.
—¿Vos qué harías?
—Yo primero solucionaría mi relación. Después pensaría en cualquier otra persona.
Me quedé mirando hacia el frente.
Aquella frase se me quedó dando vueltas en la cabeza.
—Parce, creo que necesito hablar con Bianca.
—Eso es lo primero.
—Pero no sé cómo hacerlo.
—Con la verdad y sin gritos. Hable claro.
Respiré profundamente.
—De una. Voy a intentarlo.
Mi parcero me dio una palmada en el hombro.
—Ánimo, hombre. No se vaya a enloquecer.
Solté una pequeña risa.
—Gracias, parce.
Volví al trabajo, pero mi cabeza seguía en otra parte.
Por primera vez entendí que no podía seguir dejando pasar los días esperando que los problemas desaparecieran solos.
Tenía que tomar una decisión sobre mi matrimonio y, antes de pensar en cualquier futuro con Amy, debía enfrentar de frente la situación que tenía en casa.