Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 22
Mientras Evana supervisaba los informes de auditoría en su despacho, en el extremo opuesto del pasillo, la puerta de la oficina de la presidencia permanecía entornada.
Sergio repasaba una serie de contratos de inversión cuando la puerta se abrió de golpe, rompiendo la pulcritud del lugar. Una mujer de aspecto descuidado pero expresión desafiante irrumpió sin pedir permiso, seguida a pocos pasos por una joven de dieciocho años que caminaba con la cabeza
baja.
—Sergio, hasta aquí llegó tu indiferencia —sentenció la mujer, alzando la voz para llamar la atención del personal cercano.
El presidente de la firma no se inmutó. Cerró la carpeta que sostenía, apoyó los codos sobre el escritorio y observó a la recién llegada con una frialdad meditada.
—Yara —dijo él en un tono severo pero controlado—. Te dije claramente que cualquier solicitud administrativa debía canalizarse a través de mi equipo legal. No tienes ningún derecho a irrumpir en mi oficina de esta manera.
—¡El equipo legal solo pone excusas para reducir lo que nos corresponde! —reclamó Yara, dando un paso al frente y señalando con ímpetu a la chica que permanecía a su lado—. Mírala bien, Sergio. Beatriz necesita cubrir sus estudios, su vestimenta y sus gastos médicos. No puedes pretender desentenderte de ella como si no existiera. Tienes que hacerte responsable de una vez por todas.
Sergio dirigió una mirada breve e inexpresiva hacia la menor. La joven vestía un uniforme de universidad sencillo y mantenía las manos entrelazadas al frente. Su postura proyectaba fragilidad.
—Ya recibes una asignación mensual que supera con creces lo que estipula cualquier acuerdo o margen de cortesía —respondió Sergio con firmeza, midiendo cada palabra—. Pago mucho más de lo que corresponde, Yara. No voy a ceder a tus chantajes ni a tus escándalos corporativos.
Yara apretó los puños, dispuesta a elevar el tono de la discusión.
—Esto no se va a quedar así. Si no aumentas el monto hoy mismo, vendré cada semana hasta que toda la junta directiva sepa cómo tratas a quienes dependen de ti. Vendré las veces que sea necesario.
Antes de que Sergio pudiera llamar a la seguridad del edificio para hacerlas desalojar, la adolescente dio un paso adelante. Beatriz colocó una mano sobre el brazo de su madre, interrumpiéndola con una suave presión.
—Mamá, por favor... ya basta —murmuró la joven con una voz dulce y contenida, que contrastaba fuertemente con la agresividad de Yara.
Beatriz levantó la mirada hacia Sergio. Sus ojos mostraban una mezcla de timidez y disculpa sincera.
—Perdónalo, por favor... Señor Sergio —dijo Beatriz con respeto, inclinando levemente la cabeza—. Mi madre solo está preocupada por las deudas de la casa, pero no debió hablarle de esa forma ni venir a causarle problemas a su trabajo. No queremos ser una molestia para usted ni arruinar su tranquilidad. Por favor, disculpe el atrevimiento de mi mamá.
El contraste entre la furia de Yara y la tranquilidad de la hija provocó un breve silencio en la oficina. Sergio observó detenidamente el rostro de Beatriz durante varios segundos.
—Está bien —dijo Sergio finalmente, manteniendo la voz seca pero cediendo en el trámite—. Firmaré la autorización para cubrir el pago extraordinario de este mes por los gastos educativos. Pero será la última vez que atienda una exigencia fuera de los conductos regulares.
Yara esbozó una sonrisa de triunfo antes de tomar a su hija del brazo.
—Sabía que entrarías en razón —dijo la mujer con frialdad.
—Vámonos, mamá. Gracias, Señor Sergio —añadió Beatriz en un susurro amable, dedicándole una pequeña reverencia antes de darse la vuelta.
Al salir del despacho y recorrer el pasillo hacia los ascensores, Yara caminaba a paso rápido refunfuñando por la cantidad obtenida.
Gracias por los capítulos autora