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DE EX NOVIA A MADRASTRA

DE EX NOVIA A MADRASTRA

Status: En proceso
Genre:Mafia / Amor prohibido / Casada Con Mi Ex's Familiar
Popularitas:757
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

sin espoiler

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

DEMASIADO TARDE

Kalel permaneció unos segundos frente a la puerta cerrada.

No podía creer lo que acababa de escuchar.

Su padre.

Su propio padre.

Christopher, el hombre al que todos en España respetaban y temían, acababa de llamar a Mirelith "su novia".

Kalel apretó la mandíbula.

—Esto tiene que ser una broma...

Abrió nuevamente la puerta y entró a la mansión.

Atravesó el enorme recibidor siguiendo las voces que provenían del salón principal.

Cuando llegó a la entrada, se detuvo.

La escena frente a él consiguió enfurecerlo todavía más.

Mirelith estaba sentada cómodamente en uno de los sofás.

Christopher estaba a su lado.

Sobre la mesa había una taza de café, varios postres y una pequeña caja elegantemente envuelta.

—Te dije que no tenías que traerme nada —decía Mirelith.

Christopher sonrió.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué lo compraste?

—Porque quise hacerlo.

Mirelith negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.

Kalel observaba desde la puerta.

Aquello no parecía una relación recién comenzada.

Había demasiada confianza entre ellos.

Demasiada naturalidad.

Christopher conocía exactamente qué bebida le gustaba a Mirelith.

Sabía qué postres prefería.

Incluso había preparado una habitación para ella cuando visitaba la mansión.

Kalel sintió que algo le ardía por dentro.

—¿Desde cuándo? —preguntó finalmente.

Christopher levantó la mirada.

—¿Desde cuándo qué?

Kalel entró al salón.

—¿Desde cuándo están juntos?

Mirelith miró a Christopher.

Christopher, en cambio, permaneció completamente tranquilo.

—Desde hace varios meses.

Kalel se quedó inmóvil.

—¿Varios meses?

—Sí.

—¿Y nadie pensó en decírmelo?

Christopher arqueó una ceja.

—No tenía obligación de darte detalles sobre mi vida personal.

Kalel soltó una risa incrédula.

—¡Es mi exnovia!

—Precisamente por eso supuse que no era necesario involucrarte.

Kalel miró a Mirelith.

—¿Tú sabías quién era él cuando empezaron?

—Por supuesto.

—¿Y aun así decidiste salir con mi padre?

Mirelith frunció el ceño.

—Kalel, nuestra relación terminó hace un año.

—¡Lo sé!

—Entonces no entiendo por qué estás tan molesto.

Kalel no respondió inmediatamente.

Porque ni siquiera él sabía cómo explicarlo.

Había sido él quien terminó aceptando que su relación había terminado.

Había pasado meses pensando que Mirelith eventualmente podría regresar.

Y ahora descubría que ella no solamente había seguido adelante.

Había seguido adelante con la persona que menos esperaba.

Con su padre.

Christopher tomó la caja que estaba sobre la mesa y se la entregó a Mirelith.

—Ábrela.

Ella sonrió.

—Christopher...

—Vamos.

Mirelith abrió la caja.

Dentro había un pequeño accesorio que había visto días antes en una tienda y que le había gustado.

Sus ojos se iluminaron.

—Es precioso.

—Sabía que te gustaría.

Kalel apartó la mirada.

No quería seguir viendo aquello.

No quería ver cómo su padre conocía los gustos de Mirelith.

No quería escucharla llamarlo con aquel tono cariñoso.

Y, sobre todo, no quería aceptar que su padre llevaba meses ocupando un lugar que alguna vez había sido suyo.

—Esto es ridículo —murmuró.

Christopher lo escuchó.

—¿Qué dijiste?

—Que todo esto es ridículo.

Christopher dejó de sonreír.

—Ten cuidado con tus palabras.

Kalel lo miró.

—¿De verdad estás haciendo esto?

—¿Haciendo qué?

—Tratándola como si fuera parte de esta familia.

Christopher no dudó.

—Porque lo es.

Mirelith bajó la mirada.

Kalel sintió que aquellas palabras le dolían más de lo que esperaba.

—No puede ser parte de nuestra familia.

Christopher se puso de pie.

Su expresión era seria.

—Puede serlo perfectamente.

—¡Es mi exnovia!

—Y ahora es mi pareja.

Kalel guardó silencio.

Christopher se acercó unos pasos.

—Puedes sentirte confundido. Puedes estar molesto. Incluso puedes necesitar tiempo para aceptar la situación.

Hizo una pausa.

—Pero no vas a faltarle al respeto.

Kalel apretó los puños.

—No estoy faltándole al respeto.

Christopher lo miró fijamente.

—Hace unos minutos la llamaste zørr@.

Kalel desvió la mirada.

—Estaba enojado.

—Eso no es una excusa.

Mirelith intervino.

—Christopher, déjalo.

Él la miró.

—No, mi niña.

Después volvió a mirar a su hijo.

—Puedes estar en desacuerdo con mi relación. Lo aceptaré. Pero no aceptaré insultos.

Kalel respiró profundamente.

—Entonces... ¿qué se supone que debo hacer?

Christopher respondió con calma.

—Comportarte como un adulto.

Kalel soltó una carcajada amarga.

—¿Y tú esperas que simplemente acepte que mi exnovia ahora es tu novia?

—No espero que lo aceptes hoy.

Christopher señaló la puerta.

—Pero sí espero respeto.

Kalel miró nuevamente a Mirelith.

Ella ya no parecía la misma chica con la que había terminado meses atrás.

Estaba tranquila.

Segura de sí misma.

Y, aunque aquello le molestaba, parecía feliz.

Eso era precisamente lo que más le dolía.

Porque durante todo aquel tiempo había pensado que Mirelith todavía podía sentir algo por él.

Pero ahora entendía que ella había continuado con su vida.

Y él no.

—¿La amas? —preguntó de repente.

El salón quedó en silencio.

Mirelith levantó la mirada.

Christopher no tardó en responder.

—Sí.

Una sola palabra.

Firme.

Sin dudas.

Kalel sintió un nudo en el pecho.

Miró a Mirelith.

—¿Y tú?

Ella respiró profundamente.

—También.

Kalel cerró los ojos durante un instante.

Aquella respuesta terminó de destruir la última esperanza que tenía.

Christopher volvió a sentarse junto a Mirelith.

—Ya es tarde, Kalel.

Kalel abrió los ojos.

—¿Tarde para qué?

Christopher lo miró seriamente.

—Para intentar recuperar algo que terminó.

Kalel no respondió.

Porque, aunque le costara admitirlo, su padre tenía razón.

Su relación con Mirelith había terminado hacía mucho tiempo.

El problema era que él apenas comenzaba a darse cuenta.

Kalel dio media vuelta y salió del salón.

Subió las escaleras sin decir una palabra.

Cuando desapareció, Mirelith suspiró.

—Creo que está muy molesto.

Christopher la miró.

—Necesita tiempo.

—¿Crees que algún día lo aceptará?

Christopher tomó la taza de café de la mesa y se la acercó.

—No lo sé.

Mirelith bebió un poco.

—¿Y si nunca lo acepta?

Christopher sonrió con tranquilidad.

—Entonces tendrá que aprender a vivir con ello.

Mirelith soltó una pequeña risa.

—Eres terrible.

—Solo cuando se trata de proteger lo que quiero.

Ella negó con la cabeza.

Mientras tanto, en el piso superior, Kalel permanecía frente a una ventana.

Desde allí podía ver parte de los jardines de la mansión.

Su padre había construido aquella casa mucho antes de que él naciera.

Siempre había sentido que aquel lugar le pertenecía también.

Pero ahora, por primera vez, sentía que algo había cambiado.

Mirelith había entrado en aquella mansión como su exnovia.

Y había salido del salón ocupando un lugar completamente diferente.

El lugar que más le costaba aceptar.

El de la mujer que algún día podría convertirse en su madrastra.

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