Valeria Ríos lo dio todo por su matrimonio con Rodrigo Montero: su juventud, su paciencia y su dignidad. Durante años soportó las humillaciones de Carmen, su suegra, que la tachaba de estéril y de mala suerte. Resistió la indiferencia de un esposo que prefería las noches de trabajo al calor de su hogar. Tragó lágrimas mientras Valentina, la examante de Rodrigo, se paseaba por su vida dejando destrucción a cada paso.
Hasta que un día, Valeria descubre lo que su cuerpo ya sabía: tiene leucemia.
Enferma, sola y sin fuerzas para seguir fingiendo, Valeria toma la decisión más difícil de su vida: pedirle el divorcio a Rodrigo. Pero lo que comienza como un acto de rendición se transforma en el inicio de su verdadera historia.
Julián Navarro —brillante médico especialista, heredero de una familia acaudalada y desesperadamente torpe en cuestiones del corazón— lleva años enamorado en silencio de Valeria. Cuando ella se derrumba, él se convierte en su pilar: la acompaña a las quimioterapias, pelea con el sistema para conseguirle un donante de médula, y le demuestra con hechos que el amor no se proclama a gritos sino que se construye en los detalles.
Mientras tanto, Rodrigo descubre demasiado tarde el precio de dar por sentado a quien más lo amaba. La ruina económica, la traición de Valentina, los secretos familiares que explotan uno tras otro y la revelación de que Valeria estuvo muriendo frente a sus ojos sin que él lo notara le destrozan la arrogancia que alguna vez confundió con fortaleza.
A su alrededor, vidas paralelas se entrelazan con la suya: Martín y Sofía, un matrimonio congelado por el orgullo, encuentran la chispa gracias al ultimátum adorablemente absurdo de su hijo Mateo; Daniel, un hombre marcado por la culpa, lucha por recuperar la relación con Nicolás, el hijo que no supo criar; y Carmen enfrenta la devastadora verdad de que su crueldad destruyó lo único valioso que tenía su familia.
NovelToon tiene autorización de Senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap. 20
—Al fin llegaste, Val —dijo Julián con calidez.
Se levantó de su silla en cuanto la puerta de madera blanca se abrió, y cruzó la oficina con paso largo para recibirla.
Valeria se forzó a esbozar una sonrisa delgada en los labios, que se le veían cada vez más pálidos.
—Perdona, Jul. ¿Llevas mucho esperando? —preguntó Valeria.
Aunque sabía perfectamente que Julián acababa de entrar al consultorio hacía apenas unos minutos, después de la conversación tensa con Rodrigo en el pasillo de afuera.
—No, para nada. Yo también acabo de regresar de la planta de arriba. Ven, siéntate —dijo Julián.
Jaló una de las sillas acolchadas frente a su escritorio y le guio los hombros a Valeria con mucho cuidado, como si la mujer frente a él fuera una pieza de porcelana que pudiera romperse en cualquier momento.
Valeria se rio quedamente al ver el trato excesivo del doctor.
—Jul, por favor. No me trates como si estuviera agonizando. Todavía puedo caminar, y hasta puedo quedarme de pie si quieres ponerme a prueba.
Julián se quedó inmóvil un instante.
Esa sonrisa de Valeria, aunque amarga y forzada, era la primera que lograba ver desde que le entregó los resultados del laboratorio y le diagnosticó leucemia en fase avanzada.
En lo más profundo, Julián sintió un dolor punzante e intenso.
Después de tantos años separados, por fin podía volver a ver la sonrisa de la mujer que tanto había anhelado en la universidad.
Aunque ahora tenía que tragarse la realidad amarga de que Valeria pertenecía enteramente a Rodrigo, un hombre que lamentablemente no sabía valorar la joya que tenía en su propia casa.
—¿Jul? ¿Por qué te quedaste callado? —preguntó Valeria, sacándolo de su ensimismamiento. Dejó el bolso sobre el escritorio con un movimiento lento—. ¿Me citaste aquí solo para verte divagar así?
Julián reaccionó, se ajustó los lentes y se sentó en su silla de trabajo, justo frente a Valeria.
—No, Val. No es eso. Te llamé porque hay algo importante sobre tu tratamiento. Hay una persona que quiero presentarte hoy. Es uno de los mejores oncólogos de este hospital, un viejo amigo mío. Él va a guiar todo tu proceso de quimioterapia de aquí en adelante.
Valeria asintió despacio; los ojos se le quedaron perdidos en la pila de expedientes médicos sobre la mesa.
—Entiendo… Muchas gracias, Jul. Te has tomado demasiadas molestias por mí.
Julián exhaló largo. Se inclinó hacia adelante, cruzó los brazos sobre el escritorio y la miró con una seriedad profunda.
—¿Y Rodrigo? ¿Hasta ahora sigue sin saber la verdad sobre tu estado?
Valeria se quedó callada. Desvió la cara hacia la ventana del consultorio, mirando el cielo que clareaba cada vez más, tan opuesto a su corazón, que se oscurecía cada vez más.
—No. Y creo que no necesita saberlo, Jul.
—Valeria, escúchame bien. La leucemia que tienes en el cuerpo no se cura con milagros ni de un día para otro. Necesitas un tratamiento médico largo y agotador para el cuerpo. Pero por encima de toda la medicina, necesitas al menos una razón poderosa… una razón que te haga sentir que vale la pena seguir viva —dijo Julián con firmeza.
Valeria negó con la cabeza débilmente; una sonrisa cínica le asomó en la comisura de los labios.
—No la tengo, Jul. Esa razón se perdió hace mucho. Ya no me queda nadie que me considere valiosa en este mundo. Yo…
—¡Valeria! ¡No he terminado de hablar! —la cortó Julián con contundencia, interrumpiendo la espiral de desesperanza antes de que llegara más lejos.
El especialista respiró hondo, tratando de controlarse antes de explicarle desde la perspectiva médica y psicológica que dominaba.
—Como tu doctor, tengo que decirte esto. En la medicina existe una conexión muy fuerte entre el estado emocional del paciente y su sistema inmunológico. Cualquier enfermedad grave, incluido el cáncer en la sangre que tú tienes, se combate y se controla mucho mejor cuando el corazón se siente en paz. Las células de defensa de tu cuerpo necesitan que tu cerebro produzca endorfinas y serotonina para poder pelear contra las células cancerosas, Val.
Valeria no se movió, pero los ojos empezaron a llenársele de agua mientras escuchaba a Julián.
—En este momento, tu cuerpo se está deteriorando porque el corazón lo tienes agotado. Hay una carga emocional acumulada que actúa como veneno acelerando la destrucción de tus células sanguíneas. Desde el punto de vista psicológico, si quieres sobrevivir, necesitas alejarte temporalmente de todo lo que te genera estrés. Aléjate de lo que te causa dolor. Suelta todo lo que te aprieta el pecho a diario. Sé egoísta por una vez, por tu propia vida —continuó Julián.
Las palabras de Julián retumbaron con una fuerza brutal dentro de los oídos de Valeria, como si le golpearan justo el centro de la conciencia.
¿Alejarse de lo que le duele?
¿Soltar la carga?
El pensamiento voló de inmediato hacia Rodrigo, hacia Valentina, hacia Nicolás, y hacia todo el drama matrimonial que durante el último año le había drenado hasta la última gota de lágrimas y de felicidad.
Valeria se apretó las rodillas debajo del escritorio. Las lágrimas que venía conteniendo se desbordaron al fin, empapándole las mejillas hundidas.
Miró fijo a los ojos de Julián con una expresión infinitamente profunda.
—Entonces… ¿tengo que dejar ir a Rodrigo para poder ser feliz y sobrevivir, Jul?
—¿A qué te refieres con dejarlo ir? ¿Acaso él es la carga más grande de tu vida, Val? —preguntó Julián.
Valeria no contestó.
Por su silencio, Julián pareció entender exactamente lo que su amiga quería decir.
Julián suspiró largo. Entonces su sospecha era cierta. Cuando vio a Rodrigo caminando de la mano con Valentina y su hijo esa mañana, ya podía adivinar que Valeria no estaba bien por la presencia de una tercera persona en su matrimonio.
—Rodrigo… Rodrigo siempre le da más importancia a la esposa de su hermano que a mí, Jul. Yo soy su esposa, pero siempre soy la extraña en mi propia casa. Estoy cansada, Jul. El pecho me duele, siento que me muero de la presión todos los días… —La voz se le rompió en un sollozo.
Al ver la fragilidad de la mujer que alguna vez amó, Julián no pudo quedarse quieto.
En ese momento, con todo el respeto que le correspondía como doctor y como amigo, Julián se acercó y la envolvió en un abrazo apretado.
Dejó que Valeria llorara a moco tendido, que derramara sobre su hombro todo el dolor y las lágrimas que durante un año entero se había guardado sola.
Llora, si eso te alivia, Valeria. Con mucho gusto te presto este hombro, pensó Julián, con los puños cerrados con fuerza.