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Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Amor eterno
Popularitas:7.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Valeria Grien y Maximiliano Starling no tienen absolutamente nada en común. Ella es una mujer de curvas generosas, caótica, expresiva y con una seguridad en sí misma que resulta magnética. Él es un hombre de negocios metódico, frío y un obsesivo del control que parece haber nacido con el traje puesto. Sin embargo, el destino —y el testamento de una abuela muy metiche— los obliga a tomar una decisión drástica: casarse y convivir bajo el mismo techo durante un año para no perder su herencia.
Dispuestos a sobrevivir al encierro sin matarse en el intento, firman un pacto inquebrantable con una regla de oro estricta: camas separadas y cero contacto físico. Todo marcha según el plan, entre discusiones domésticas y una tensión que echa chispas... hasta que una mañana Valeria se despierta con náuseas y una prueba con dos rayitas rosas en la mano.
¿El gran problema? Ella no sabe cómo pasó, y él, con su legendario autocontrol, muchísimo menos.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

## CAPÍTULO 15: La primera ecografía (Tregua temporal)

Si Valeria pensaba que la ley de los antojos era la cúspide del drama de su embarazo, la primera revisión médica oficial llegó para demostrarle que el verdadero infierno está compuesto por las familias políticas.

La bomba informativa había estallado de la peor manera posible. Leonor Starling, con su red de contactos que rivalizaba con el servicio de inteligencia nacional, se había enterado del turno médico tras interceptar una confirmación en la agenda de la clínica y, por supuesto, no solicitó permiso: exigió su derecho de asistencia con la autoridad de una reina regente. Pero el verdadero terremoto llegó desde el bando de Valeria. Su madre la llamó por teléfono gritando tan fuerte que Valeria tuvo que alejar el aparato a tres palmos de su oreja.

—¿¡Cómo que voy a ser abuela y me entero porque Julián se lo contó a Gabriel en un almuerzo familiar, Valeria!? —bramó su madre, indignada—. ¡Es una falta de respeto constitucional! Y prepárate, porque tu abuelo Román se va a poner furioso en cuanto sepa que va a ser bisabuelo y que lo mantuviste al margen como si fuera un secreto de Estado. ¡Exijo ir a esa clínica ahora mismo!

El resultado de la catástrofe familiar se materializó el jueves a las diez de la mañana en la sala de espera de la clínica ginecológica más prestigiosa de la zona alta.

Valeria y Maximiliano estaban sentados en un sillón de cuero beige de dos plazas, prácticamente pegados el uno al otro para simular la estampa del matrimonio perfecto. Sentadas justo enfrente, en sillones individuales, se encontraban las dos matriarcas. Leonor Starling vestía un conjunto de sastre color crema que gritaba "tengo acciones en este hospital", y la madre de Valeria, con un vestido estampado y una mirada de reproche que cruzaba el pasillo como un rayo láser, no paraba de abanicarse con un folleto sobre la lactancia materna.

Atrapados bajo el fuego cruzado de las miradas de sus madres, a Valeria y a Maximiliano no les quedó más remedio que canalizar su pánico y su hostilidad habitual a través de una feroz discusión en susurros, apenas moviendo los labios.

—Todo esto es tu culpa, Starling —siseó Valeria, sonriendo falsamente hacia las madres mientras le clavaba el codo en las costillas a su esposo—. Si no hubieras registrado el turno en tu bendita aplicación corporativa compartida, tu madre no se habría enterado y la mía no estaría aquí planeando mi funeral por no avisarle al abuelo Román.

—Mi aplicación cuenta con un protocolo de encriptación básico, Grien —replicó Maximiliano entre dientes, manteniendo una sonrisa rígida de comercial mientras le rodeaba los hombros con el brazo para que las madres vieran "afecto"—. El problema es que tu madre y tu amigo Gabriel tienen un concepto muy laxo de la privacidad confidencial. Además, este control es vital. Ya me tomé la libertad de preinscribir al embrión en la lista de espera de la guardería bilingüe internacional del distrito financiero. El proceso de admisión tarda dieciocho meses, por lo que el grano de arroz debe estar registrado antes de desarrollar las huellas dactilares.

Valeria se giró sutilmente hacia él, ensanchando su sonrisa de telenovela mientras sus ojos echaban chispas de pura indignación.

—¿Una guardería bilingüe en el distrito financiero? ¿Estás demente, "cara de iceberg"? Nuestro hijo no va a ir a un centro de adoctrinamiento capitalista para bebés de etiqueta a aprender macroeconomía a los ocho meses. Va a ir a una escuela normal, con tierra en el patio, niños que se limpian los mocos con la manga y plastilina de colores. No voy a permitir que críes a un mini-Maximiliano que organice sus bloques de madera por orden alfabético.

—Una educación trilingüe temprana estimula la plasticidad sináptica en un treinta por ciento, Valeria —debatió él en un susurro urgente, apretándole el hombro con un poco más de firmeza—. No voy a dejar el futuro académico de mi heredero en manos de un establecimiento donde el plan de estudios incluya "comer tierra". El niño asistirá a la academia Starling-Grien de mi elección y...

—¿Señora Starling-Grien? El doctor los espera.

La voz de la enfermera cortó la discusión en susurros como un hachazo. Ambas madres se levantaron de sus asientos de inmediato con la intención de avanzar hacia la puerta del consultorio, pero Maximiliano, recuperando su postura de líder absoluto, se interpuso en el camino con una elegancia impecable.

—Madre, suegra... les agradecemos profundamente su apoyo logístico —dijo Maximiliano, usando su tono de junta directiva que no admitía réplicas—. Pero el protocolo médico del primer trimestre estipula que la primera exploración intrauterina es de carácter estrictamente conyugal. Les daremos un informe ejecutivo en cuanto salgamos.

Antes de que Leonor o la madre de Valeria pudieran protestar, Maximiliano tomó a Valeria de la mano y la guió hacia el interior del consultorio, cerrando la puerta de madera detrás de ellos y dejando fuera el murmullo indignado de las abuelas.

El consultorio era amplio, dominado por una luz tenue y una camilla obstétrica al lado de un monitor de alta definición. El ginecólogo, un hombre maduro y de trato pausado, les sonrió mientras Valeria se acomodaba en la camilla y se subía la playera, dejando al descubierto su vientre plano. Maximiliano se colocó de pie al lado, con la espalda recta, los brazos cruzados y la mandíbula apretada, luciendo como un guardaespaldas en un evento de alto riesgo.

—Muy bien, vamos a ver cómo está ese pequeño —dijo el doctor, aplicando un gel transparente y frío sobre la piel de Valeria.

Valeria soltó un pequeño jadeo por el frío del gel, y de inmediato sintió la presión del transductor moviéndose sobre su abdomen. Sus ojos se fijaron en la pantalla oscura, donde solo se veían sombras grises y estática visual. A su lado, la respiración de Maximiliano parecía haberse detenido por completo.

El ginecólogo movió la mano un par de milímetros, ajustó una perilla en el tablero de control y, de repente, la imagen se enfocó. En medio de un pequeño saco oscuro, apareció una figura diminuta, una silueta borrosa que no medía más que un par de centímetros y que, efectivamente, parecía un grano de arroz con formas difusas.

—Ahí está —señaló el médico con el dedo—. Todo se ve en perfectas condiciones. Su implantación es correcta y el tamaño corresponde exactamente a las semanas de gestación. Ahora, escuchemos.

El doctor presionó un botón amarillo. El monitor emitió un siseo de estática durante medio segundo y, de pronto, el silencio del consultorio fue reclamado por un sonido rítmico, acelerado y ensordecedor.

*¡Tucu-tucu-tucu-tucu-tucu-tucu!*

Era un latido salvaje, una locomotora diminuta y veloz que corría a toda marcha en el interior de la pantalla, llenando el espacio con una fuerza biológica arrolladora.

La discusión sobre las guarderías bilingües, las escuelas normales, el abuelo Román, las camisas rosa chicle y la frontera de cinta adhesiva negra en la cocina se disolvió en el aire como si nunca hubiera existido.

Valeria se quedó completamente muda. El aire se le atoró en la garganta y sintió que una oleada de calor, una ternura desconocida, violenta y aterradora, le inundaba el pecho. Las lágrimas le nublaron la vista sin previo aviso. Miró de reojo a Maximiliano, esperando ver su habitual rostro de piedra de los lunes por la mañana.

Pero el lobo de Wall Street se había evaporado.

Maximiliano Starling seguía inmóvil, pero sus brazos se habían descolgado a los costados de su cuerpo. Tenía los labios sutilmente entreabiertos y sus ojos grises, fijos en el monitor, brillaban con una capa de humedad que jamás en la vida había mostrado a nadie. El sonido de ese corazón acelerado parecía haber destruido cada una de sus defensas milimétricas, cada cláusula de su contrato privado y cada escudo corporativo que se había construido a lo largo de los años.

Sin pensarlo, sin contratos de por medio ni estrategias de posesión visual, Maximiliano estiró la mano hacia abajo. Sus dedos largos buscaron la mano de Valeria sobre la camilla y la apretaron con una fuerza descomunal, una fuerza que no era de control, sino de un pánico compartido y una maravilla absoluta. Valeria le devolvió el apretón con la misma intensidad, clavando sus uñas en la palma de su esposo.

Se miraron de reojo en la penumbra del consultorio. Ya no eran dos socios obligados a convivir por una fusión de acciones; ya no eran el perro y el gato disputándose las fronteras de un departamento de diseñador. Eran dos personas muertas de miedo, unidas por el latido incesante de una tercera vida que acababa de decretar, con la autoridad de la naturaleza, que su absurda guerra fría ya no tenía vuelta atrás.

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Maria Mongelos
Está muy, muy divertida toda la situación
Maria Mongelos
🤣🤣🤣🤣🤣Se pasó ella, me encanta
Nancy Monterrosa
que capitulo más tierno me enamore de este par de locos y si ojalá fueran gemelos niño y niña ,que el otro bebé. este escondido detrás de su hermano porfa escritora danos ese gusto
Nancy Monterrosa
se está derritiendo el hielo de maxi
Nancy Monterrosa
los amo ya van cediendo
Elena Maza
😍😍😍😍🤣🤣🤣🤣 Terminaron los pleitos
Maria Solorzano
Ya decía yo, están demorando en repetir su noche apasionada y está vez sobrios ❤️😁🔥🔥🔥
Maria Solorzano
Me encanta ❤️ ojalá sean 2, un niño y una niña y así dejan de pelear 🤷😁
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 seguro amanecen enredados 🤷🤣🤣🤣🤣abrazaditos
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Dulce Flor González
jajajaja jajajaja
Nancy Monterrosa
ya van cediendo poco a poco
Nancy Monterrosa
ay Yamila y tus cosas , de tus novelas está es la que me ha hecho llorar pero de la risa y con ese almidónado
Nancy Monterrosa
ay no este capitulo me hizo llorar de la risa y mi esposo está se está enloqueciendo
Nancy Monterrosa
ay no. esa Valeria es una caso y Maximiliano jajaja
Dulce Flor González
😂😂 muy divertida,ya quiero ver cuándo choquen sus carritos.
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣Ups fueron descubiertos 🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Qué locos son y más las posturas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Son un caso los dos 🤣🤣🤣🤣
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