Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.
Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.
Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.
Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.
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Capítulo 13 — El hermano que volvió de la muerte
La noche había caído sobre la mansión Abdala, pero nadie parecía dispuesto a dormir.
Emir permanecía de pie frente al enorme ventanal de la biblioteca, contemplando las luces de la ciudad. En sus manos sostenía la fotografía de Aysun junto a Aras Demir.
Su cuñado.
Un hombre que, según todos los registros que Emir había conseguido consultar, llevaba años muerto.
Sin embargo, unas horas atrás, uno de sus contactos le había dado una noticia imposible de ignorar.
—Está vivo —había dicho.
Dos palabras que habían cambiado todo.
Emir apretó la fotografía.
—¿Dónde está? —preguntó por teléfono.
—Todavía no lo sabemos con exactitud. Pero conseguimos confirmar que Aras Demir ha utilizado varios nombres durante los últimos años.
—¿Por qué se escondería?
Hubo un silencio al otro lado.
—Eso es precisamente lo que estamos intentando descubrir.
Emir colgó.
Detrás de él apareció Aysun.
—¿Es él?
Emir se giró lentamente.
Ella miró la fotografía.
Durante unos segundos no dijo nada.
Entonces llevó una mano a su cabeza.
—Yo... lo conozco.
—¿A Aras?
Aysun cerró los ojos.
Una imagen apareció en su mente.
Era una niña. Corría por un jardín mientras un muchacho mayor la perseguía riendo.
—¡Aysun, espera!
Ella se volvió.
—¡Aras!
El recuerdo desapareció tan rápido como había llegado.
Aysun abrió los ojos.
—Era mi hermano.
Emir se acercó.
—¿Qué más recuerdas?
—No lo sé... —murmuró ella—. Pero había alguien más.
—¿Quién?
Aysun respiró con dificultad.
—Una mujer.
De repente, otro recuerdo apareció.
Una habitación oscura.
Una mujer llorando.
Aras discutiendo con alguien.
Y después una frase:
—Si quieres que Aysun sobreviva, tendrás que desaparecer.
Aysun abrió los ojos de golpe.
—¡Aras no murió!
Emir la sostuvo por los hombros.
—Lo sé.
Ella lo miró confundida.
—Entonces... ¿por qué todos me dijeron que estaba muerto?
Emir no tuvo respuesta.
En otro lugar de la ciudad, Selin estaba sentada en un elegante restaurante vacío.
Frente a ella había una copa de vino intacta.
Alguien se sentó en la mesa.
Selin levantó la mirada.
—Llegas tarde.
—Tenía que asegurarme de que nadie me siguiera.
—¿Y?
—Nadie sabe que Aras está vivo.
Selin dejó escapar un suspiro.
—Emir ya lo sabe.
El hombre se quedó inmóvil.
—¿Cómo?
—Le di la fotografía.
—¿Estás loca?
Selin sonrió con frialdad.
—No. Estoy cansada de que todos me culpen por secretos que otros enterraron.
—Si Aras aparece ahora, todo puede salir a la luz.
—Eso es precisamente lo que quiero.
El hombre la miró fijamente.
—¿Incluso si Emir te odia?
Selin bajó la mirada.
—Prefiero que me odie por decir la verdad a que vuelva a amarme por una mentira.
Mientras tanto, en la mansión, Myna escuchaba escondida detrás de la puerta.
Había oído suficiente.
Aras estaba vivo.
Y Emir ya lo sabía.
Su rostro perdió el color.
Sacó el teléfono y llamó al hombre que la había ayudado con el accidente.
—Tenemos un problema.
—¿Qué ocurrió?
—Emir descubrió que Aras está vivo.
Silencio.
—Eso no puede ser.
—Pues lo es.
—¿Quién se lo dijo?
Myna dudó.
—Selin.
Al otro lado se escuchó una respiración profunda.
—Entonces ya no tenemos tiempo.
Myna tragó saliva.
—¿Qué quieres decir?
—Aras no puede llegar hasta Aysun.
—¿Qué vas a hacer?
La respuesta la dejó helada.
—Lo que debimos hacer desde el principio.
La llamada terminó.
Myna se quedó mirando el teléfono.
Por primera vez comprendió que quizá ella no era quien controlaba aquella historia.
A la mañana siguiente, Emir decidió llevar a Aysun a uno de sus hoteles.
No quería mantenerla encerrada en la mansión.
Necesitaba que recuperara su vida poco a poco.
Mientras caminaban por el enorme vestíbulo, los empleados saludaban a Emir con respeto.
Aysun observaba todo con curiosidad.
Entonces ocurrió algo extraño.
Una empleada se acercó emocionada.
—Señora Abdala...
Aysun se quedó paralizada.
—¿Señora...?
La mujer sonrió.
—Sí. Usted siempre venía aquí con el señor Emir.
Aysun miró a su esposo.
—¿Yo venía aquí?
—Muchísimo —respondió Emir.
La empleada señaló una pared donde había varias fotografías de eventos importantes del hotel.
Entre ellas apareció una fotografía de Emir y Aysun.
Aysun se acercó.
La observó.
Y sonrió.
—Éramos felices.
Emir la miró con ternura.
—Mucho.
Ella apoyó la mano sobre la fotografía.
—Quiero recordar.
—Lo harás.
—¿Y si nunca recupero todo?
Emir tomó su mano.
—Entonces te amaré por todo lo que eres ahora.
Aysun lo miró emocionada.
Por un instante pareció que iba a besarlo.
Pero un ruido interrumpió el momento.
Un hombre acababa de entrar al hotel.
Llevaba una gorra y gafas oscuras.
Se quedó mirando a Aysun.
Ella lo observó.
Y sintió un escalofrío.
El hombre se acercó lentamente.
—Aysun...
Emir se puso delante de ella.
—¿Quién eres?
El desconocido se quitó las gafas.
Aysun miró su rostro.
Su respiración se detuvo.
Una palabra salió de sus labios casi sin voz.
—Aras...
El hombre asintió.
—Sí.
Emir quedó completamente inmóvil.
—¿Eres Aras Demir?
—Soy su hermano.
Aysun comenzó a llorar.
—Creí que estabas muerto.
Aras la abrazó con fuerza.
—Yo también creí que te había perdido para siempre.
Emir observó la escena, desconcertado.
Pero Aras se separó de Aysun y miró directamente a Emir.
Su expresión cambió.
Ya no era la de un hermano emocionado.
Era la de un hombre que había venido a advertirle algo.
—Emir —dijo con gravedad—, necesito que me escuches.
—Habla.
Aras miró a Aysun.
—Tu esposa no perdió la memoria solamente por el accidente.
Emir frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
Aras bajó la voz.
—Antes del accidente, Aysun descubrió algo que jamás debió descubrir.
Aysun palideció.
—¿Qué descubrí?
Aras la miró fijamente.
—La verdad sobre tu familia.
Emir sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué verdad?
Aras dio un paso hacia él.
—La mujer que provocó tu accidente no actuó sola.
Myna.
Emir recordó todas las sospechas.
Pero antes de que pudiera responder, Aras pronunció una frase que hizo que Aysun se llevara las manos a la boca.
—Y hay alguien dentro de la familia Abdala que quiere que Aysun muera antes de recuperar la memoria.
Aysun comenzó a recordar.
Una puerta.
Una discusión.
Una voz.
Y finalmente un rostro.
El rostro de la persona que estaba frente a ella la noche antes del accidente.
Aysun abrió los ojos aterrorizada.
—Yo sé quién es...
Aras palideció.
—¿Quién?
Aysun miró hacia la entrada del hotel.
Allí estaba Myna.
Y sus ojos se encontraron.
Aysun señaló hacia ella.
—Ella no fue la única. Hay alguien más.
Y esa persona... es alguien a quien Emir ama y en quien confía.