Morí por trabajar demasiado y desperté como la villana de una novela. Mi esposo está en coma, mi hijo me odia y estamos a punto de quedarnos sin dinero. Conociendo el trágico futuro que nos espera, decidí cambiarlo todo. Esta vez cuidaré de mi familia, protegeré a mi esposo y le daré a mi hijo el amor que nunca recibió. Aunque... parece que ambos creen que me volví completamente loca. ✨💕📖
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trabajando
Mientras tanto...
En la mansión Montenegro.
El ambiente era completamente diferente.
Las risas llenaban el comedor.
El señor Montenegro estaba de buen humor.
Su esposa sonreía mientras hablaba con varios invitados.
Y en el centro de toda la atención estaba Mateo.
El hijo favorito.
—Mateo, cada día te pareces más a tu padre.
—Gracias.
—La empresa está creciendo gracias a ti.
—Solo hago mi trabajo.
Todos sonrieron satisfechos.
Nadie mencionó a Sebastián.
Como si no existiera.
Como si nunca hubiera pertenecido a aquella familia.
Más tarde.
Mateo encontró a Susana en el jardín.
—¿Dónde estuviste anoche?
Susana se sobresaltó.
—¿Eh?
—Te llamé varias veces.
—Ah...
Por alguna razón dudó.
No podía decirle que había ido a sacar a Valeria de la comisaría.
Mucho menos que había encontrado a Sebastián paseando por la ciudad en una silla de ruedas.
—Solo estaba ocupada.
Mateo frunció el ceño.
—¿Ocupada en qué?
—Comprando algunas cosas.
Era mentira.
Y ambos lo sabían.
Pero Mateo decidió no insistir.
—Entiendo.
La observó unos segundos.
—Pareces distraída.
—¿Yo?
—Sí.
Susana bajó la mirada.
La verdad era que no podía dejar de pensar en lo que había visto.
Valeria había cambiado.
Muchísimo.
No parecía la misma mujer.
La forma en que protegió a Lucas.
La forma en que cuidó a Sebastián.
La forma en que se sentó junto a él en el automóvil.
Todo era extraño.
Demasiado extraño.
—Solo estoy cansada.
Mateo le tomó la mano.
—No te esfuerces demasiado.
Ella sonrió.
—Lo intentaré.
Pero cuando levantó la vista...
Su mirada se perdió por un instante.
Pensando en otra casa.
En otra familia.
Y en una mujer que parecía completamente distinta.
Esa misma noche.
Valeria estaba sentada en el suelo rodeada de cajas.
—¡Que rico amo estos ramen!
—¡Enserio mamá!
—Si Mira cuánto conseguimos.
Lucas observó los snacks Las galletas.
Los caramelos Y los paquetes de ramen.
Sus ojos brillaban.
—¿Todo eso es nuestro?
—Nuestro.
—¿De verdad?
—De verdad tranquilo que te dije en la calle ella nos debía.
Lucas sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Pero sincera.
Valeria sintió que valía más que cualquier fortuna.
Entonces miró a Sebastián.
—¿Ves?
"¿Qué?"
—Soy una mujer de negocios.
"Fuiste a asustar a una comerciante."
—no importan ella me debía.
"Claro que importan."
Valeria se acomodó los anteojos oscuros.
Aunque ya era de noche.
—Estamos construyendo un imperio.
"Parecemos una tienda ambulante."
Lucas soltó una pequeña risa.
Valeria y Sebastián se quedaron en silencio.
—¿Lucas? ¿Te reíste? ¿Por qué mamá habla con papá?
El niño rápidamente intentó ocultarla.
Pero era demasiado tarde.
Valeria la había escuchado.
Era la primera vez que Lucas reía desde que ella llegó a ese mundo.
Y por alguna razón...
Aquella pequeña risa la hizo más feliz que todo el dinero que habían conseguido ese día.
Esa noche...
Lucas ya estaba profundamente dormido.
Abrazaba una bolsa de caramelos como si fuera un tesoro.
Valeria estaba sentada junto a la cama observándolo.
—Es lindo cuando duerme.
"seguro es mi hijo"
—Tiene mis pestañas.
"¿así?."
—¿Que? no sabes ¿cómo es tu hijo?.
"Eres tonta o que hablas raro tu sabes bien que caí en coma cuando estabas embarazada"
— Así cierto perdón me olvido que llevas 7 años dormido.
"Si solo puedo escuchar."
Valeria sonrió.
Luego giró la cabeza hacia Sebastián.
Y volvió a acercarse.
Un poco.
"¿Qué haces? Por qué te quedaste callada"
—Nada.
Se acercó otro poco.
"Valeria"
—¿Sí?
"¿Por qué siento que te acercas tanto?"
—Sabes eres lindo.
Hubo unos segundos de silencio.
"Eso no tiene sentido."
—Para mí sí.
"hace 3 días siguen con esa tontería."
—¿Qué?
"No porque alguien sea atractivo significa que debas invadir su espacio."
Valeria hizo un puchero.
—Qué exagerado.
"Además..."
Su voz se volvió más seria.
"Tú no me quieres."
Valeria parpadeó.
"Y yo tampoco te quiero."
Ella bajó la mirada.
Sebastián continuó.
"Nos casamos porque apareciste llorando diciendo que estabas embarazada."
Valeria no respondió.
Porque sabía que era verdad.
O al menos, era la verdad de la antigua Valeria.
"Nuestro matrimonio nunca fue por amor."
La habitación quedó en silencio.
Después de unos segundos...
Valeria infló las mejillas.
—Aun así eres lindo.
"¿Escuchaste algo de lo que dije?"
—Sí.
"Entonces."
—Sigues siendo lindo.
Sebastián sintió unas enormes ganas de rendirse.
—¿Puedo tocar un poco tu pecho?
"NO."
—Solo un poquito.
"NO."
—Nada más una vez.
"NO."
—Qué egoísta.
"Estoy en coma."
Valeria volvió a hacer puchero.
Luego tomó una manta y cubrió mejor a Lucas.
El niño se removió un poco y se acurrucó más cerca de su padre.
Valeria sonrió.
—Bueno.
Se acomodó en su lado de la cama.
—Buenas noches.
"Buenas noches."
—Sigues siendo lindo.
"Duérmete."
—Ya cuando sea el día del baño podré tocar.
"VALERIA."
A la mañana siguiente...
Valeria se despertó llena de energía.
—¡Hoy vamos a trabajar!
"Me preocupa cuando te emocionas."
—Todo saldrá bien.
Primero llevó a Lucas a la escuela.
—¿Vendrás por mí?
preguntó el niño con timidez.
Valeria sonrió.
—Por supuesto.
Lucas pareció aliviado Y entró a clases.
Después Valeria regresó a casa.
Tomó la silla de ruedas de Sebastián.
—Vamos.
"¿A dónde?"
—Al campo.
"¿Qué campo?"
—Nuestro campo.
Sebastián sintió una mala sensación.
Un rato después.
Valeria estaba revisando unos cultivos abandonados.
—Esto tiene potencial.
"crees tu que mi familia nos dió una tierra ¿fértil?."
—!Claro que sí!.
Ella se remangó la camisa y comenzó a trabajar.
Arrancó hierbas.
Movió tierra.
Revisó herramientas.
Todo mientras Sebastián escuchaba lo pájaros y el canto de Valeria.
—Sabes...
dijo Valeria.
—Esto es divertido ojalá despiertes así me podría ayudar.
"Si despierto me iré con los Montenegro y nos vamos a divorciar"
—Aja si claro ya verás te enamorare hasta los huesos.
Por un instante Sebastián guardó silencio.
Justo entonces escucharon una voz.
—Valeria.
Ella levantó la cabeza un hombre caminaba hacia ellos.
Era atractivo Muy atractivo.
Cabello impecable Ropa elegante Y una sonrisa arrogante.
Valeria tardó unos segundos en reconocerlo.
Entonces los recuerdos aparecieron.
—Oh.
"¿Quien es Valeria es uno de tus amantes?"
—No puede ser este molestoso.
Era uno de los hombres que la antigua Valeria perseguía.
Y también uno de los muchos que le habían sacado dinero.
El hombre sonrió.
—Hace días que te busco.
—Asi Qué mala suerte.
Él ignoró el comentario.
—Necesito dinero.
Valeria parpadeó.
—¿Qué?
—Dijiste que me ayudarías.
—¿Yo? ¿Te dije eso?
Se acercó.
—Sabes que tengo algunos gastos.
—¿Y?¿Me importa?.
—Dame dinero.
Valeria lo observó.
Luego volvió a observarlo Y finalmente señaló su propia casa.
—¿Ves esa casa?
—Sí.
—Está prácticamente vacía.
—Eso no es mi problema.
—¿Y sabes qué más?
—¿Qué?
—Tengo un hijo y un esposo en coma.
—Ajá.
—Y tú vienes a pedirme dinero.
El hombre sonrió.
—No seas dramática.
—...
—Solo dame lo prometido.
Valeria sintió que una vena comenzaba a saltarle en la frente.
—¿Descarado?
—¿Qué?
—¿Eres descarado o naciste así?
El hombre quedó confundido.
—Valeria.
—Estoy trabajando.
—Valeria te voy a dejar.
—Estoy criando un niño.
—vale no escuchaste te voy dejar.
—Estoy cuidando un esposo en coma.
—Vamos no me escuchas .
Valeria sonrió Una sonrisa aterradora.
Sebastián sintió escalofríos.
"Va a pasar algo."
—SI Y NO ME IMPORTA LO QUE HABLAS.
Valeria caminó hacia una herramienta apoyada contra una cerca Y tomó un machete.
El hombre palideció.
—¿Valeria?
Ella sonrió amablemente Demasiado amablemente.
—Tienes cinco segundos para desaparecer.
—¿Qué?
—Cinco.
—Estás loca.
—Cuatro.
—Valeria.
—Tres.
—¡Baja eso!
—Dos.
—¡¿Hablas en serio?!
—Uno.
El hombre salió corriendo.
—¡ESTÁS COMPLETAMENTE LOCA!
Valeria levantó el machete.
—¡Y NO VUELVAS!
El hombre desapareció por el camino a toda velocidad.
El silencio regresó al campo.
Valeria volvió a dejar la herramienta en su lugar.
—Qué sujeto más raro.
"Valeria."
—¿Sí?
"¿Quien eres tu?."
—Yo soy Valeria Montenegro Solo lo ayudé a encontrar la salida.
Sebastián decidió que discutir era inútil.
Mientras tanto, Valeria volvió a trabajar felizmente en el campo.
Como si perseguir hombres con machetes fuera algo completamente normal.