Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Hielo 3
Durante los minutos siguientes, Megara continuó trabajando.
Había preparado otra poción y revisaba cuidadosamente la reacción del cuerpo del duque Fitzroy.
Thomas permanecía cerca, atento a cada movimiento.
El duque seguía dormido.
Su respiración era mucho más tranquila que antes, pero Megara no parecía completamente satisfecha.
De pronto, Thomas notó algo.
Ella estaba inquieta.
Miraba constantemente hacia los médicos.
Después hacia los guardias.
Y finalmente hacia la puerta.
Thomas se acercó.
—¿Qué sucede?
Megara levantó la mirada.
—Thomas...
Su voz era muy baja.
—Quiero hablar contigo.
Thomas frunció el ceño.
—¿Ahora?
Megara asintió.
—A solas.
Él comprendió inmediatamente que no era una conversación cualquiera.
—Está bien.
Se alejaron unos pasos de la cama.
Megara miró alrededor para asegurarse de que nadie estuviera prestando atención.
Después hizo algo que tomó completamente desprevenido a Thomas.
Se acercó mucho a él.
Demasiado.
Le tomó suavemente la camisa, como si estuviera acomodándola.
Thomas quedó inmóvil.
[¿Qué está haciendo?]
Megara se acercó todavía más.
Thomas sintió cómo se tensaban sus hombros.
[Tranquilo].
Intentó mantener una expresión completamente normal.
Megara se inclinó hacia su oído.
—Esto está muy raro.
Thomas tragó saliva.
—¿Qué?
Ella habló en un susurro.
—Los dos médicos.
Thomas miró discretamente hacia ellos.
—¿Qué pasa con ellos?
—Si realmente son médicos...
Megara hizo una pausa.
—Debieron saber que esto era veneno.
Thomas dejó de sonreír.
—Sí.
—La herida no era normal.
—Lo sé.
—Y ellos no hicieron nada.
Thomas asintió lentamente.
Megara se acercó un poco más.
—Si nosotros no hubiéramos llegado...
Miró hacia la cama.
—El duque no seguiría vivo.
Thomas apretó la mandíbula.
—Tienes razón.
Megara se alejó finalmente.
Regresó junto a la cama como si aquella conversación jamás hubiera ocurrido.
Thomas permaneció unos segundos en silencio.
Su mente ya estaba funcionando.
[Esto no fue un accidente].
Miró a los médicos.
Después a los guardias.
Y finalmente al duque.
Había algo muy extraño.
Demasiado extraño.
Thomas se acercó nuevamente a Megara.
—Voy a buscar la otra maleta.
Ella asintió.
—Está bien.
Thomas salió de la habitación.
Pero no se alejó demasiado.
No pensaba dejar a Megara sola.
No en una habitación donde podía haber personas involucradas en un intento de asesinato.
Se acercó al capitán de la guardia.
—Quiero que hagas algo.
El hombre se cuadró.
—Sí, mi señor.
Thomas bajó la voz.
—Quiero que detengan a todos los hombres que estuvieron en contacto con el duque Fitzroy antes y después de que fuera herido.
El capitán abrió ligeramente los ojos.
—¿A todos?
—A todos.
Thomas miró hacia la puerta de la habitación.
—Incluidos los médicos.
Thomas respondió sin apartar la mirada de la puerta.
El capitán asintió.
—Entendido.
—No quiero que nadie salga de esta mansión.
—Sí, mi señor.
El capitán hizo una señal.
Varios soldados comenzaron a movilizarse.
Algunos fueron hacia los dormitorios de los médicos.
Otros hacia las zonas donde se encontraban los sirvientes.
También comenzaron a buscar a los hombres que habían tenido contacto directo con el duque.
Thomas observó durante unos segundos.
Después tomó la otra maleta.
Y regresó hacia la habitación.
Pero apenas llegó al pasillo...
Escuchó un grito.
Era Megara.
Thomas sintió que la sangre se le helaba.
Soltó la maleta.
—¡Megara!
Corrió.
No pensó.
No preguntó.
No esperó a los guardias.
Corrió directamente hacia la habitación.
Pero cuando llegó al pasillo, se encontró con algo que hizo que se detuviera apenas un segundo.
Frente a la puerta de la habitación del duque había un hombre encapuchado.
El sujeto estaba de espaldas a él.
Thomas entrecerró los ojos.
[¿Quién demonios es ese?]
Entonces escuchó algo desde el interior.
El sonido de un cristal rompiéndose.
Thomas sintió que el corazón se le aceleraba.
[Megara].
Sin pensarlo, desenvainó la espada.
—¡Alto!
El hombre encapuchado se giró.
No respondió.
En cuanto vio a Thomas, intentó entrar nuevamente en la habitación.
Thomas se lanzó contra él.
Lo golpeó con el hombro y lo hizo retroceder.
El encapuchado intentó sacar un arma.
Thomas le sujetó el brazo.
—¡¿Quién eres?!
El hombre forcejeó.
Thomas lo empujó contra la pared.
El sujeto consiguió soltarse y lanzó un golpe.
Thomas lo esquivó.
Ambos comenzaron a forcejear en medio del pasillo.
—¡Mi señor!
Varios guardias llegaron corriendo.
—¡Deténganlo!
Thomas sostuvo al hombre durante unos segundos más, pero cuando vio que los soldados ya estaban allí, tomó una decisión.
—¡Encárguense de él!
—¡Sí, mi señor!
Thomas soltó al encapuchado y corrió hacia la puerta.
No esperó.
No llamó.
Simplemente pateó la puerta.
—¡MEGARA!
La puerta se abrió violentamente.
Thomas entró.
Y se quedó helado.
Los dos médicos estaban en el suelo.
Inconscientes.
El duque Fitzroy continuaba sobre la cama.
Pero Megara...
Megara estaba de pie junto a ella.
Tenía una herida en la frente.
La sangre descendía lentamente por un costado de su rostro.
Sus manos todavía brillaban.
Magia.
Había utilizado magia.
Pero estaba temblando.
Thomas sintió que la rabia desaparecía de golpe.
Todo lo demás dejó de importar.
La espada cayó de su mano.
—Megara...
Ella levantó la mirada.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas.
En cuanto lo vio, corrió hacia él.
Thomas apenas tuvo tiempo de abrir los brazos antes de que ella lo abrazara.
Con fuerza.
—Thomas...
Él la sostuvo inmediatamente.
—Estoy aquí.
Megara temblaba.
—Yo...
Intentó hablar.
Su voz se quebró.
—Tuve que atacarlos.
Thomas la abrazó con más fuerza.
—Lo sé.
—Yo no quería.
—Lo sé.
—Pero se acercaron...
Megara cerró los ojos.
—No sabía qué hacer.
Thomas le acarició suavemente el cabello.
—Hiciste lo correcto.
Ella negó con la cabeza.
—Los ataqué.
—Para defenderte.
—Pero...
Su respiración se volvió irregular.
—Nunca...
Megara apretó la ropa de Thomas entre sus manos.
—Nunca tuve que hacer algo así.
Thomas se quedó en silencio.
Ella estaba hablando desde un lugar mucho más profundo de lo que él podía comprender.
En ninguna de sus dos vidas había tenido que enfrentarse a una situación semejante.
En su primera vida había sido una científica.
Había trabajado con sustancias peligrosas.
Había enfrentado accidentes.
Pero nunca había tenido que luchar contra alguien que quisiera hacerle daño.
Y en aquella nueva vida...
Había pasado de estudiar pociones tranquilamente en un templo a encontrarse en una habitación con hombres que habían intentado asesinar a un duque.
Y había tenido que utilizar magia para defenderse.
Megara comenzó a llorar.
Thomas sintió una furia inmensa.
[Quiero saber quién hizo esto].
[Quiero saber quién los envió].
[Quiero saber quién se atrevió a tocarla].
Pero no podía hacer nada de eso en ese momento.
Ella estaba temblando entre sus brazos.
Y eso era lo único que importaba.
—Todo está bien.
Thomas continuó acariciándole el cabello.
—Ya pasó.
Megara negó lentamente.
—Yo...
—Estoy aquí.
—Me asusté.
—Lo sé.
—Pensé que...
No pudo terminar.
Thomas la abrazó todavía más.
—No tienes que decir nada.
Los guardias entraron finalmente.
—¡Mi señor!
Thomas levantó la mirada.
—Sáquenlos de aquí.
Señaló a los médicos.
—¿Están vivos?
Los guardias comprobaron rápidamente sus signos.
—Sí, mi señor.
—Entonces llévenlos bajo custodia.
—Sí.
Los soldados comenzaron a sacar a los médicos inconscientes.
Thomas volvió inmediatamente su atención hacia Megara.
La sangre de su frente seguía bajando.
—Megara.
Ella levantó ligeramente la cabeza.
—Tenemos que revisar tu herida.
Ella no respondió.
Simplemente continuó abrazándolo.
Thomas entendió.
No quería soltarlo.
Así que no la obligó.
La abrazó con más fuerza.
—Está bien.
Le acarició lentamente el cabello.
—Podemos hacerlo después.
Megara apoyó nuevamente el rostro contra su pecho.
Y finalmente dejó escapar el llanto que había estado conteniendo.
Thomas permaneció completamente quieto.
Sentía una impotencia que jamás había experimentado.
Había estado a pocos metros.
Había enviado guardias.
Había sospechado que algo ocurría.
Y aun así...
Ella había terminado herida.
[Debería haber estado aquí].
Apretó los dientes.
Pero no quería que Megara sintiera su rabia.
No ahora.
Así que simplemente continuó abrazándola.
—Estás a salvo.
Megara sollozó.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿No volverán?
Thomas miró hacia la puerta.
Su expresión se volvió fría.
—No.
Después volvió a mirar a Megara.
—No permitiré que vuelva a ocurrir.
Ella cerró los ojos.
Thomas continuó acariciándole el cabello.
Poco a poco, el temblor comenzó a disminuir.
Aunque seguía llorando, su respiración empezó a tranquilizarse.
Thomas bajó ligeramente la cabeza.
Su mejilla quedó apoyada sobre el cabello blanco de Megara.
Y en aquel momento ya no pensaba en el duque.
Ni en los médicos.
Ni en el hombre encapuchado.
Ni siquiera en el posible complot.
Solo pensaba en ella.
En lo pequeña que se sentía entre sus brazos.
En el temblor que todavía recorría su cuerpo.
En la sangre de su frente.
Y en lo mucho que deseaba poder quitarle todo aquel miedo.
[La mantendría así para siempre].
La idea apareció sin que pudiera evitarla.
[La abrazaría hasta que dejara de temblar].
Thomas cerró los ojos.
[La protegería de todo].
Y entonces comprendió que su deseo de protegerla ya no tenía nada que ver con su responsabilidad como conde.
Era algo mucho más profundo.
Algo que ya no podía negar.
Porque mientras Megara lloraba entre sus brazos, Thomas supo que si dependiera de él...
Jamás permitiría que alguien volviera a hacerle daño.
Y, por primera vez, no le importó admitirlo siquiera ante sí mismo.
[Estoy completamente enamorado de ella].
😂😂😂
Ya caíste con Thomas 💖💖