Sofía siempre ha obedecido a sus padres por miedo a decepcionarlos. Su vida cambia cuando su padre y el mejor amigo de este,, deciden obligarlos a casarse para unir a sus familias y sus empresas.
Adrián, el heredero de una de las empresas más poderosas de Rusia, tampoco desea ese matrimonio. Obligados a compartir una vida que ninguno eligió, ambos descubrirán que el destino puede cambiarlo todo.
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capitulo 4
Adrián
Después de estar todo el día en el trabajo, me pasé por unas flores, como dijo mi padre. Estaba de mal humor, así que elegí cualquiera. Cogí las flores, pagué y salí de la florería. Se supone que mi padre ya estaba en casa de la dichosa chica.
Cuando iba saliendo, me tropecé con una chica y le hice regar un café, o algo que tenía en sus manos, en su vestido.
—¡Vaya! ¿Qué? ¿Se puso como loca?
—¡Santo cielo! Es nuevo. Mi padre me matará —dijo la chica, con enojo en su rostro.
—No exageres. De igual manera, ese color no te queda. Así puedes comprarte otro.
—Mi padre me matará. Si no quieres que yo misma te asesine con mis propias manos, es mejor que te largues de mi vista.
—Te doy el dinero para que lo lleves a la tintorería —dije con desdén.
—No te estoy pidiendo tu dinero. Lárgate.
Seguía con la cabeza gacha viendo su vestido, cuando subió su rostro. Quedé alucinado viendo su hermoso rostro. Vaya, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—¿Qué me miras? —me dijo ella, sacándome de mis pensamientos.
Lo siento, me tengo que ir. ¿Será que le pido su número?
Cuando volteé para pedirle su número, ya se había ido.
Nunca me sacaré ese rostro de mi cabeza. Me monté al auto y manejé hasta la dirección que mi padre me había enviado.
Tardé unos cuarenta minutos en llegar. Me dije a mí mismo que todo va a estar bien y que solo tengo que aguantar esta noche. Tomé las flores en mis manos y salí del auto.
Toqué la puerta y me abrieron unos sirvientes. Uno de ellos me guio hasta el interior, donde había una gran sala. Allí estaban mi padre y los padres de aquella chica.
—Buenas noches. Mi nombre es Adrián Montenegro —dije en un tono serio.
—Buenas noches, joven. Eres mucho más guapo de lo que dice tu padre —dice la señora.
—Soy John y ella es mi esposa, Luz.
—Mucho gusto —digo con amabilidad.
—Mi hija ya viene. Tuvo un pequeño incidente,
Asiento y me siento junto a mi padre.
Sofía
Salí de la oficina temprano, como le prometí a mi padre. Eran las seis de la tarde y la cena era a las ocho, así que, como tenía algo de tiempo, fui al centro comercial para comprar un vestido. Esta mañana, antes de salir de casa, revisé rápidamente y no me gustó ninguno,
Opté por comprar uno rojo para esta noche. No suelo utilizar este color. No se me veía mal, así que lo compré y salí rápidamente. Vi un lugar donde vendían café y compré uno para tomar, porque vaya que hoy va a ser una noche larga.
Salí del local y caminé hacia mi coche. Y un chico me regó el café encima, y vaya que fue el peor momento.
Mi padre me matará.
Le dije unas cuantas cosas antes de alzar la mirada y verlo a los ojos. Vaya, sí que era guapo, pero engreído. Me dijo que el vestido me quedaba mal.
Fui de nuevo a la tienda a comprar otro vestido y a ver si me prestaban un baño para limpiarme.
Antes de hacer eso, tuve que llamar a mi padre para avisarle del pequeño percance que tuve. Lo bueno fue que no se enojó. Mínimo estaba su amigo.
Regresé a la tienda, compré el vestido negro, fui al baño, me lavé el café y salí de ahí. Cogí el auto rápidamente y manejé hasta casa. Iba a tardar unos cuarenta minutos. Coloqué un poco de música para poder despejar mi mente.
Cuando llegué a casa, entré rápidamente a la sala donde estaba mi "futuro esposo".
—Buenas noches. Perdón por la demora.
Levanté la mirada.
Y ahí estaba.
El mismo hombre que, hacía menos de una hora, había arruinado mi vestido.
Él también me reconoció al instante. Por un momento ninguno de los dos dijo una palabra.
el primero en romper el silencio.
Tomó el ramo de rosas que llevaba en las manos y caminó hasta quedar frente a mí.
—Estas son para ti. Me llamo adrian Montenegro
Sofía Volkov. Mucho gusto
Bajé la mirada hacia las flores y luego volví a verlo a los ojos.
Una sonrisa irónica apareció en mis labios.
—Gracias... aunque deberías saber que no me gustan las rosas.
Él arqueó una ceja.
—¿No?
—No. Prefiero los tulipanes.
Tomé el ramo con evidente desgano.
—Pero supongo que alguien que escoge flores al azar tampoco se tomaría el tiempo de averiguar ese tipo de cosas.
Nuestros ojos volvieron a encontrarse.
Él apretó la mandíbula.
—Al menos tuve el detalle de traerte flores.
—Lástima que el detalle llegara después de arruinar mi vestido.
Por un instante ninguno de los dos apartó la mirada. Parecía que el resto de las personas en la sala había desaparecido.
Aquella cena apenas estaba comenzando... y ya tenía claro que soportar a Adrián sería mucho más difícil de lo que imaginaba.