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El capitán que perdió el control por mí

El capitán que perdió el control por mí

Status: Terminada
Genre:Amor de la infancia / Aventura de una noche / Amor-odio / Completas
Popularitas:13.5k
Nilai: 5
nombre de autor: VivianMansano

Valentina Mendoza está acostumbrada a mantener todo bajo control. Como controladora aérea, sabe que un solo error puede convertir el cielo en un desastre. Pero su vida se sale de rumbo cuando Sebastián del Fuego reaparece frente a ella.
Él fue su rival en el bachillerato. Ahora es un capitán arrogante, irresistible y heredero de una de las aerolíneas más poderosas del país. Sebastián siempre ha vivido siguiendo reglas estrictas, hasta que una noche con Valentina destruye todos sus límites.
Cuando un embarazo inesperado vuelve a unirlos, Valentina se niega a convertirse en una carga o en una pieza más dentro de los negocios de dos familias enfrentadas. Tiene problemas más urgentes: un padre que solo piensa en sus intereses, una media hermana dispuesta a destruirla y el secreto detrás del accidente que dejó a su madre sin despertar durante diez años.
Valentina quiere justicia. Sebastián solo quiere permanecer a su lado, aunque para hacerlo tenga que enfrentarse a su familia, renunciar a la vida que habían planeado para él y demostrarle que esta vez no piensa abandonarla.
Entre amenazas, secretos y traiciones, ambos descubrirán que incluso el piloto más disciplinado puede perder el control cuando se enamora de la única mujer que nunca pudo olvidar.

NovelToon tiene autorización de VivianMansano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

...Val....

La idea me llegó a las tres de la mañana.

Estaba acostada boca abajo porque la espalda todavía me ardía, con la cara hundida en la almohada y el teléfono brillándome en la mano. Llevaba dos horas sin dormir, pensando en Abuelita en una clínica que no conocía, en las acciones de Santa Lucía, en el bastón de mi padre, en la sonrisa de Luciano, en todo lo que me estaba aplastando.

Y entonces, en la oscuridad de mi cuarto, pensé:

Si me caso con Seb, papá no puede obligarme a casarme con Luciano.

La idea fue como un relámpago. Brillante, repentina, perfecta. Si estaba casada, Don Fernando perdía su carta más fuerte. El compromiso con los Reyes se cancelaba. Luciano no podía reclamarme. Y Seb... Seb ya me quería. Lo sabía. Él mismo lo había dicho sin decirlo, con sus números, con su "ya no estás sola", con su "falta una".

Me senté en la cama. El corazón me latía rápido. Agarré el teléfono y abrí el buscador.

Escribí: "matrimonio civil requisitos".

Leí los resultados. Mayor de edad. Identificación oficial. Acta de nacimiento. Testigos. Un trámite. Simple. Rápido.

Escribí: "matrimonio por conveniencia consecuencias legales".

Leí más. Nulidad si se demuestra simulación. Sanciones. Problemas migratorios si hay extranjeros involucrados. Fraude.

Me quedé mirando la pantalla.

¿Qué estaba haciendo?

Cerré el buscador. Borré el historial de búsqueda. Dejé el teléfono en la mesita de noche y me acosté de nuevo boca abajo.

No podía hacer eso. No podía usar a Seb como escudo. No podía convertirlo en una herramienta para escapar de mi padre, por mucho que la idea fuera tentadora. Porque Seb no era un instrumento. Era una persona. La única persona que me trataba como persona. Y si lo usaba así, me convertía exactamente en lo que Luciano había sido conmigo.

Pero la idea no se fue. Se quedó flotando en un rincón de mi cabeza, como una puerta que había visto pero decidido no abrir. Todavía.

—————

A las ocho de la mañana estaba en la sala de juntas del aeropuerto con los ojos hinchados y un café que no me sabía a nada.

La reunión de preparación para la grabación del programa "Cielos Abiertos" empezó puntual. El Ingeniero Gallardo repartió carpetas con el cronograma.

—Jueves: segmentos en pista de aterrizaje y salas VIP. Viernes: torre de control y operaciones internas. Los tres invitados estarán acompañados por equipo de producción en todo momento. —Miró alrededor de la mesa—. Necesito voluntarios para servir de enlace.

Nadie levantó la mano.

—No me ofrezco —dijo Paty.

—Ni yo —dijo Jorge, otro controlador—. Bastante trabajo tenemos sin necesidad de cuidar famosos.

—No son exactamente famosos —dijo Gallardo—. Son... figuras de redes sociales.

—Peor —dijo Jorge.

Gallardo suspiró.

—Señores, esto no es opcional. La aerolínea principal cooperó y la dirección general autorizó la grabación. Vamos a hacerlo bien y vamos a hacerlo sin incidentes. —Me miró—. Mendoza, tú vas a ser la enlace de torre de control el viernes.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Porque eres la controladora con mejor expediente y necesitamos a alguien profesional frente a las cámaras.

—Ingeniero, una de las invitadas es mi media hermana.

—Lo sé. Por eso te necesito a ti. Si alguien puede mantener la calma y la objetividad, eres tú.

No era un cumplido. Era una trampa. Gallardo me ponía a mí porque si algo salía mal con Camila, yo sería la responsable. Y si todo salía bien, él se llevaba el crédito.

—Está bien —dije, porque no tenía opción.

La reunión terminó. Salí al pasillo. Paty me esperaba recargada en la pared.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Val, tienes cara de no haber dormido en tres días.

—Dos. Solo fueron dos.

—Eso no es mejor.

Me tocó el brazo. Le dije que sí con la cabeza y caminé hacia mi estación. En el camino saqué el teléfono.

Tenía tres mensajes.

De Seb: «Buenos días. ¿Cómo amaneciste?»

De Camila: «¡Dos días para vernos, hermanita! Ya tengo el atuendo perfecto. ¿Crees que tu piloto esté por ahí? 😏»

De un número desconocido: «Señorita Mendoza, soy la enfermera Gutiérrez de Clínica del Valle. Su abuela Doña Carmen pregunta por usted todos los días. Por favor venga cuando pueda. Habitación 412.»

Leí los tres. Contesté solo el de la enfermera: «Voy este sábado. Gracias por avisarme.»

No contesté el de Seb porque no sabía cómo mirarle a la cara después de haberle mentido. No contesté el de Camila porque la idea de que estuviera en mi torre de control con cámaras me provocaba náuseas.

Me puse los audífonos. Encendí los monitores. Y durante las siguientes ocho horas hice lo único que sabía hacer bien: mover aviones de un punto a otro sin que se mataran entre sí.

Al final de mi turno, saqué el teléfono y vi que Seb me había mandado un solo mensaje más:

«No voy a preguntarte otra vez por los moretones. Pero voy a estar aquí cuando quieras contarme.»

Apreté el teléfono contra el pecho. Cerré los ojos.

Y en algún rincón de mi cabeza, la puerta del matrimonio falso seguía entreabierta.

La cerré.

Por ahora.

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Isabel Cristina Sinza
Me gusta como inicio, te deja intrigada! vamos a continuar y lo mejor ya está terminada, muchas gracias a la escritora!🥰
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