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MARIONETA

MARIONETA

Status: Terminada
Genre:CEO / Completas
Popularitas:594
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Antonia Valentini es una talentosa actriz de teatro que ha conquistado al público con su impecable interpretación de cada personaje. Su belleza, dulzura y noble corazón la convierten en una mujer admirada por todos los que la conocen. Lejos del brillo de los escenarios, dedica su vida a cuidar de su madre enferma y a apoyar a su hermano menor, Lorenzo Valentini, quien cursa su último año de instituto. El salario que recibe apenas alcanza para cubrir los medicamentos de su madre y los estudios de Lorenzo, pero jamás se ha rendido.

Su tranquila existencia cambia por completo cuando Aaron De Santis, el frío e implacable CEO de una de las corporaciones más poderosas del país, se convierte en el nuevo patrocinador del teatro donde ella trabaja.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Antonia regresaba del teatro cuando encontró un sobre blanco apoyado en el marco de su puerta, sin remitente ni sello. El corazón se le detuvo en seco: su casa era pequeña, y nadie solía dejarle correspondencia allí salvo las facturas que siempre llegaban por correo certificado. Lo tomó con manos temblorosas, entró rápido y lo abrió con cuidado.

Dentro había solo una hoja de papel, escrita con letras recortadas de periódico, que parecían gritarle: “SI NO DEJAS DE BUSCAR AYUDA, LA PRÓXIMA VEZ NO SERÁ SOLO UN PAPEL. EL CHICO TIENE UNA VIDA FRÁGIL. CUIDA LO QUE AMAS”.

Sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. El papel se le escapó de las manos y cayó al suelo, mientras se llevaba la mano a la boca para ahogar un grito. Lorenzo. Iban a por Lorenzo.

—¿Antonia? ¿Estás bien? —la voz de su hermano la sobresaltó desde la cocina—. Te he oído entrar muy rápido… ¿qué pasa?

Ella se giró de golpe, ocultando el mensaje con el pie, y forzó una sonrisa que le dolió en todo el rostro.

—Nada… nada, solo me he tropezado. Ve a estudiar, por favor. No tardaré en ir a verte.

Cuando él se fue, se dejó caer de rodillas, recogió la hoja y la leyó una y otra vez, como si esperara que fuera una pesadilla. Sabía perfectamente quién estaba detrás: Aarón. O alguien que actuaba por orden suya. Él no dudaría en usar a su hermano para romperla del todo. Y esta vez, no había vuelta atrás: si se quedaba, Lorenzo moriría.

—Tengo que irme —susurró entre sollozos—. Tenemos que irnos todos. Pero no sé cómo. Él lo controla todo. No podremos salir de la ciudad sin que lo sepa. No podremos llegar lejos.

Pasó horas dando vueltas por la habitación, pensando en quién podría ayudarla. Irina jamás lo haría; quería que desapareciera, pero no que escapara. Aarón era quien la perseguía. Solo quedaba una persona. La única que había visto su verdad. La única que se había atrevido a decirle que no estaba sola. Pero si iba a él, pondría su vida en peligro también.

Sin embargo, no tenía elección. Al amanecer, tomó el teléfono y marcó el número que Vicent le había dicho que usara solo en caso extremo. Cuando él contestó, su voz salió entrecortada y desesperada:

—Señor Gherardi… soy Antonia. Por favor, necesito verla. Ahora mismo. Es sobre mi hermano. Van a hacerle daño.

—¿Antonia? —la voz de Vicent se tensó al instante—. ¿Estás bien? ¿Te ha pasado algo? ¿Te ha visto Aarón?

—No es él directamente… creo que no —respondió ella, mirando el mensaje sobre la mesa—. Pero me han amenazado con matar a Lorenzo si no me quedo quieta. No puedo quedarme. Tengo que huir con mi madre y con él. Pero no puedo hacerlo sola. Él nos encontrará en cualquier parte. Necesito su ayuda. Sé que es amigo suyo… pero es la única esperanza que tengo.

Hubo un silencio breve al otro lado, y luego la respuesta firme de Vicent:

—Te espero en el lugar donde hablamos la otra noche. En la salida trasera del restaurante. En media hora. No traigas nada que te identifique. No vengas directamente. Da vueltas antes de llegar. Y confía en mí. Haré lo imposible por sacarlos de aquí.

Antonia colgó, se limpió las lágrimas y empezó a preparar lo imprescindible. Sabía que al cruzar esa puerta, estaba traicionando el trato, estaba desafiando a Aarón con todas sus fuerzas. Pero también sabía que por primera vez, no huía de miedo: huía para proteger lo único que le quedaba.

Antonia entró en la habitación de su madre y se detuvo en el umbral, mirando cómo dormía tranquila, sin sospechar siquiera el peligro que los acechaba. Se acercó despacio y le acarició la frente, sintiendo el nudo en la garganta.

—Perdóname, mamá —susurró muy bajito—. Perdóname por volver a cambiar tu vida. Pero no puedo arriesgarme a que te quite también a Lorenzo. No puedo perderlo a él.

Salió de allí y fue a buscar a su hermano, que cerraba sus libros en la mesa de la cocina. Al ver la expresión descompuesta de ella, se puso de pie de un salto.

—¿Qué pasa? —preguntó al instante—. ¿Ha vuelto a llamar ese hombre? ¿Le ha pasado algo a mamá?

—No —respondió ella, agarrándolo de los hombros y mirándolo fijamente a los ojos—. Pero nos van a hacer daño a ti. Me han amenazado, Lorenzo. Dicen que si no me quedo quieta, te matan. Y yo sé que son capaces de hacerlo. No podemos quedarnos aquí. Tenemos que irnos. Ahora mismo.

El joven se quedó pálido, pero no retrocedió.

—¿Irnos? ¿A dónde? Él tiene dinero y contactos en todas partes. Nos encontrará donde sea que vayamos.

—No si nos vamos lejos, y si nadie sabe dónde estamos —replicó ella—. He pedido ayuda. Al señor Gherardi. Es amigo de Aarón, pero es la única persona que me ha tratado como a una humana. Dice que puede sacarnos de la ciudad sin que nadie lo sepa.

—¿A un amigo suyo? —Lorenzo frunció el ceño, preocupado—. ¿Y si es una trampa? ¿Y si te lleva directamente a él?

—No lo creo —dijo Antonia con seguridad, sorprendiéndose de sí misma—. La otra noche me miró y vio quién era yo de verdad. No le importó lo que Aarón dijera de mí. Y si me equivoco… bueno, al menos lo intentamos. Si nos quedamos, es seguro que nos destruirá.

Lorenzo asintió lentamente, comprendiendo que no había otra opción.

—Está bien. Lo haremos. Despertaré a mamá y prepararé lo necesario. Pero te prometo una cosa: en cuanto podamos, devolveremos cada centavo que nos ha dado. Y volveremos para que pague por todo lo que te ha hecho.

—Solo sobrevivamos —le suplicó ella, abrazándolo con fuerza—. Eso es lo único que pido ahora. Sobrevivamos y seamos libres.

Mientras preparaban las maletas con lo mínimo indispensable, Antonia miraba constantemente hacia la ventana, temiendo ver aparecer el coche oscuro de Aarón en cualquier momento. Sabía que al cruzar la puerta estaría rompiendo todas las cadenas… o se hundiría para siempre. Pero ya no le importaba su propio destino. Solo quería que su hermano y su madre estuvieran a salvo.

—Vamos —dijo finalmente, tomando la mano de Lorenzo—. No miremos atrás.

 

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