Es una cumbre empresarial internacional de alto nivel.
Él espera ver a otra ejecutiva manipulable o intimidada por su presencia.
Ella llega con su armadura de hierro, luciendo impecable, sin dejar que nadie pase por encima de ella.
La chispa: Cuando él intenta imponer su poder o coquetear de forma dominante, ella lo frena en seco y lo pone en su lugar frente a otros magnates. Nadie le ha hablado así jamás. Por primera vez, "El Demonio" encuentra a una mujer que no solo lo aguanta... sino que desafía su autoridad.
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EL CHOQUE DE TITANES EN GINEBRA
El Gran Salón de Convenciones de Ginebra brillaba bajo las lámparas de araña de cristal de Bohemia.
Cientos de magnates, diplomáticos y ejecutivos de la élite mundial conversaban entre copas de champagne y trajes de miles de dólares.
Kael Montero caminaba por el centro del recinto como un depredador en su terreno.
Flanqueado por Héctor y vistiendo un esmoquin impecable, los hombres se apartaban para abrirle paso con reverencia y las mujeres contenían el aliento al verlo pasar. Kael saboreaba esa sumisión; estaba acostumbrado a que el mundo se doblegara ante su sola presencia.
Hasta que la vio.
Al otro lado del salón, rodeada por los ejecutivos más influyentes de Europa, estaba Isabella Rivas Bermúdez. Lucía un vestido de noche corte sirena en tono verde esmeralda, con la espalda al descubierto y el cabello recogido en un moño perfecto. No sonreía. Su postura era de absoluta elegancia y control.
—¿Quién es ella? —preguntó Kael, deteniéndose en seco.
Sus ojos oscuros clavados en la figura de Isabella.
—Isabella Rivas. CEO de Aero-Logix Global —respondió Héctor en voz baja—. Le dicen "La Viuda de Hierro". Su esposo murió en un accidente aéreo y ella tomó el mando de la compañía. Reestructuró toda la flota, aplastó a sus ex-suegros que querían quitarle las acciones y hoy controla el quince por ciento de la logística de carga en todo el continente. Hermosa, millonaria y completamente inalcanzable. Dicen que no permite que ningún hombre se le acerque a menos de un metro.
Kael dejó escapar una risa baja, cargada de arrogancia.
—"Inalcanzable". Me encantan las etiquetas desafiantes —murmuró Kael, acomodándose el saco—. Voy a demostrarle a la viudita cómo se hacen los negocios de verdad.
Con paso firme y calculador, Kael cortó la distancia entre ellos. Los empresarios que hablaban con Isabella guardaron silencio de inmediato al notar la aproximación del titán de Kronos Capital.
—Señora Rivas —interrumpió Kael, usando su tono más dominante, inclinándose ligeramente con una sonrisa felina—. He oído que Aero-Logix busca expandir sus rutas marítimas. Casualmente, Kronos Capital acaba de adquirir la concesión de los puertos principales. Quizás debería considerar venderme una participación de su flota antes de que mi infraestructura termine asfixiando su negocio.
Isabella no se inmutó. No hubo sorpresa en sus ojos, ni nerviosismo, ni el sonrojo que Kael estaba acostumbrado a provocar en las mujeres.
Isabella se giró despacio, midiéndolo de pies a cabeza con una mirada helada que habría congelado a cualquiera.
Dio un paso hacia él, recortando la distancia sin un solo rastro de temor, sosteniéndole la mirada de igual a igual.
—Señor Montero —respondió Isabella, con una voz tan suave como afilada, asegurándose de que los magnates a su alrededor escucharan cada palabra—. He visto los balances de Kronos Capital. Su estrategia de expansión se basa en la intimidación y en aplastar a los pequeños. Pero comete un error grave: Aero-Logix no es un pez pequeño, y yo no me asusto con hombres que necesitan inflar el pecho para disimular la falta de estrategia.
El silencio en el círculo de empresarios fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Héctor abrió los ojos de par en par desde la distancia. Nadie le había hablado así a Kael Montero en toda su vida.
Kael entrecerró los ojos, la mandíbula apretada. Una chispa peligrosa, una mezcla de rabia y un deseo oscuro e incontrolable, se encendió en lo profundo de su pecho.
—Tenga cuidado, Viuda —susurró Kael, dando un paso más, invadiendo su espacio personal con un aura amenazante—. A los hombres como yo no se les desafía en público. Podría terminar perdiendo más que su empresa.
Isabella sonrió con una frialdad impecable, levantando la barbilla con orgullo.
—Inténtelo, Montero. A ver si sus pantalones son tan grandes como su boca.
Isabella dio media vuelta y caminó alejándose de él, con el taconeo firme de su calzado resonando sobre el mármol del salón.
Kael la observó marchar, apretando el cristal de su copa con tal fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Por primera vez en su vida, "El Demonio" no sentía ganas de destruir a su rival. Sentía una necesidad feroz, obsesiva y salvaje de doblegarla... y de poseerla.