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La Heredera Del Tiempo

La Heredera Del Tiempo

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Viaje En El Tiempo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: pitufina

El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.

NovelToon tiene autorización de pitufina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la fuente de los muertos

Los jardines de Eden estaban cubiertos de distintas plantas.

En otro tiempo, probablemente habría pasado horas recorriéndolos.

Como experta en pociones y alquimia, habría reconocido cada especie, habría examinado sus hojas, sus raíces y sus flores, intentando descubrir para qué preparación podían ser más útiles.

Pero ya no tenía tiempo para eso.

Ahora solamente podía reconocer aquellas que servían para comer o las que podían ayudarnos a sanar las heridas de nuestros cuerpos.

La guerra había cambiado incluso la forma en que miraba las plantas.

Antes veía ingredientes.

Ahora veía supervivencia.

—Debemos intentar llegar a la vieja estructura —le dije a Cony.

Ella caminaba a mi lado mientras abrazaba a Ian contra su pecho.

Seguía llorando.

Yo también quería hacerlo, pero no podía permitírmelo.

No todavía.

Tenía a Lyra entre mis brazos y debía mantenerla con vida.

—Mami...

La pequeña voz de mi hija hizo que bajara la mirada.

Sus ojos estaban rojos por el llanto.

—¿Sí, mi amor?

—¿La tía Luna se fue con papá?

Sentí que algo dentro de mi pecho se rompía.

No pude responder inmediatamente.

Luna.

Mi mejor amiga.

La mujer que había estado conmigo desde que éramos niñas.

La mujer que había decidido quedarse al otro lado de aquellas puertas para que nuestros hijos pudieran vivir.

Y ahora Lyra preguntaba por ella con la inocencia de una niña de cuatro años.

Una niña que todavía no comprendía qué significaba perder a alguien.

Una niña que ya había perdido demasiado.

Las lágrimas comenzaron a caer nuevamente por mis mejillas.

No podía aceptar seguir perdiendo gente.

Mi padre.

Mis amigos.

Familias enteras.

Pueblos completos.

Y ahora Luna.

Mientras tanto, yo tenía que encontrar la manera de proteger a mi hija de algo que ni siquiera sabía cómo detener.

—La tía Luna fue a buscar ayuda —mentí con suavidad—. Quizás la encontremos más adelante.

Lyra me observó durante unos segundos.

—¿Va a volver?

La abracé más fuerte.

—Eso espero, mi pequeña.

No tuve el valor de decirle que no sabía si volvería a verla.

—¿Mami?

—¿Sí?

—¿Mami?

Esta vez no era Lyra.

La voz de Ian me hizo girar.

—¿Cony?

Bajé a Lyra y corrí hacia ellos.

Dejé a los niños cubiertos con mi capa para protegerlos del frío mientras me acercaba.

Cony estaba pálida.

Demasiado pálida.

—Ya no puedo más, Lina.

Su respiración era entrecortada.

—Me cuesta respirar.

—No digas eso.

—Debes seguir adelante.

—No voy a dejar a nadie más.

Me arrodillé frente a ella.

—La ciudad está a unos pasos más adelante.

La ayudé a levantarse.

Fue entonces cuando vi la sangre.

Corría por su costado y empapaba parte de su ropa.

Mi estómago se revolvió.

La herida era mucho más profunda de lo que había imaginado.

Cony y yo nos miramos.

Las dos entendimos lo mismo.

No llegaría a caminar muchos pasos más.

—Quédate quieta.

—Lina...

—No te muevas.

Concentré mi magia en las manos.

El calor comenzó a acumularse en mis palmas.

—Esto va a doler.

—Hazlo.

Apoyé las manos sobre la herida.

Cony gritó.

El sonido hizo que los niños comenzaran a llorar con más fuerza.

Apreté los dientes y mantuve la magia.

El calor penetró en la herida hasta cauterizarla.

El olor a carne quemada llenó el aire.

—¡Lina!

Cony perdió el conocimiento.

—¡Cony!

La sostuve antes de que cayera al suelo.

Respiré profundamente.

No podía detenerme.

No podía.

—Ian, Lyra.

Los niños me miraron.

—Caminen delante de mí.

Señalé el camino.

—Yo llevaré a su madre.

Ian se secó las lágrimas con la manga.

Lyra asintió.

No dijeron nada.

Tenían miedo.

Corrección.

Todos teníamos miedo.

Y necesitábamos llegar cuanto antes.

Me acomodé a Cony sobre la espalda.

Su peso parecía multiplicarse con cada paso.

Mis piernas temblaban.

Mis brazos dolían.

Mi espalda ardía.

Pero continué.

Durante el camino reconocí algunas plantas medicinales.

—Esa de ahí.

Señalé una pequeña planta de hojas oscuras.

—Recojan varias.

Los niños obedecieron.

—¿Esta?

—Sí.

Un poco más adelante encontramos varios manzanos.

—Tomen algunas.

Ian consiguió varias manzanas.

Después encontramos algunos hongos comestibles.

Los recogimos también.

Al menos tendrían algo en el estómago antes de dormir.

Eden había sido, alguna vez, un lugar maravilloso.

Una ciudad protegida por magia antigua.

Sus ríos habían sido interminables y cristalinos.

Sus jardines eran conocidos en todos los reinos.

Sus habitantes habían decidido ayudar a los distintos clanes durante la primera guerra.

Y eso había condenado a Eden.

Cuando todos sus habitantes partieron para luchar, nadie quedó para alimentar el núcleo mágico que protegía la ciudad.

La magia comenzó a debilitarse.

La tierra empezó a agrietarse.

Las casas se convirtieron en ruinas.

Los jardines quedaron abandonados.

Los habitantes nunca regresaron.

Pero dejaron un mensaje.

Uno que apareció escrito en las paredes de todas las ciudades donde llegaron a combatir:

Eden es libre de la sombra.

Aquí el mal nunca entrará.

Durante años nadie entendió realmente aquellas palabras.

Ahora yo comenzaba a hacerlo.

Caminamos durante tanto tiempo que dejé de distinguir los minutos de las horas.

Mis pies dolían.

Mis brazos temblaban.

Mi cuerpo entero parecía pedir descanso.

Finalmente llegamos a una plaza central.

En el centro había lo que alguna vez había sido una hermosa fuente adornada con ángeles.

Ahora solo quedaba un círculo de cemento cubierto de enredaderas.

—Tía...

Ian señaló hacia una de las casas.

—¿Allí hay luz?

Levanté la mirada.

Entre la vegetación pude distinguir un tenue resplandor.

—Vamos.

Me acomodé mejor a Cony.

—Pero sin hacer ruido.

Los niños asintieron.

Avanzamos lentamente.

La casa apenas se mantenía en pie.

La puerta prácticamente había desaparecido.

Empujé los restos de madera.

Entramos.

Velas.

Había velas encendidas por toda la habitación.

Alguien había estado viviendo allí.

Y probablemente volvería.

No sabía quién era.

Pero en ese momento no me importaba.

Encontré una cama improvisada con paja y telas.

Acosté a Cony.

Revisé sus heridas.

La magia estaba funcionando.

La sangre había dejado de salir y los tejidos comenzaban lentamente a regenerarse.

Respiré aliviada.

Corté las manzanas para los niños y les entregué algunos trozos.

Después extendí mi magia alrededor de la casa.

Un escudo.

Si alguien intentaba entrar, quedaría retenido hasta que pudiera demostrar que no representaba una amenaza.

No podía correr más riesgos.

Los niños terminaron de comer.

Poco después se quedaron dormidos junto a Cony.

Yo permanecí sentada en el suelo.

Mirando la puerta.

El fuego de los leños se fue consumiendo lentamente.

Mis párpados comenzaron a pesar.

No sé cuánto tiempo dormí.

Quizás minutos.

Quizás horas.

Pero mi cuerpo se sacudió cuando las protecciones se activaron.

Me puse de pie de un salto.

Miré hacia la entrada.

Una silueta apareció entre las sombras.

Una mujer.

La observé con atención.

Había algo familiar en ella.

La conocía.

Pero mi memoria estaba agotada.

—Señora Draven.

La mujer dio un paso hacia mí.

—Soy Juliette.

Entonces reconocí su voz.

La cuidadora de la mansión.

Bajé las protecciones.

—Entra.

Juliette pasó al interior.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al verme.

—Creí que todos en el castillo habían fallecido.

—Logré escapar antes del derrumbe.

Su voz se quebró.

—El amo no llegó a salir.

Sentí un nudo en la garganta.

—Lo sé.

Tragué saliva.

—Me crucé con varios vampiros que me confirmaron la muerte de mi esposo.

Juliette bajó la mirada.

Ambas guardamos silencio.

—¿La princesa?

Miró fijamente hacia la cama.

—Está a salvo.

Señalé a los niños.

—Mi amiga necesita descansar y su hijo también está bien.

Juliette soltó un suspiro de alivio.

—Este lugar ya no es seguro.

Miró hacia la puerta.

—Llevo cuatro días aquí. Las entradas del sur están a punto de caer.

—¿Tan pronto?

—La magia de Ballroj es demasiado poderosa.

Su expresión se endureció.

—Nada parece capaz de detenerlo.

La observé.

—Necesito llegar a la Fuente de los Muertos.

Juliette abrió los ojos.

—No hay nada bueno en aquel lugar.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué quiere ir?

—Porque necesito llegar.

No pensaba decirle más.

Después de todo aquel infierno había aprendido una cosa.

No podía confiar en nadie.

Juliette me observó durante unos segundos.

Finalmente sonrió.

—Puedo acompañarla si lo desea.

Hizo una pausa.

—O puedo quedarme aquí y cuidar a los niños hasta que su amiga despierte.

La miré.

—Mi señora, sé que la mezcla de clanes siempre trajo desconfianza.

Su voz era suave.

—Pero usted es Avelina Parker, hija de uno de los clanes más fuertes de brujos.

Miró hacia los niños.

—Y mi señor era el rey de los vampiros.

Se llevó una mano al pecho.

—Tenga por seguro que daré mi vida por usted y por la pequeña princesa.

Sus palabras me conmovieron.

—Lo sé.

Sonreí débilmente.

—Pero le prometí a mi esposo que jamás dejaría a nuestra hija.

—Entonces cumpla su promesa.

Una voz débil hizo que ambas giráramos.

—Ve por lo que necesitas, Lina.

Cony estaba despierta.

—¡Cony!

Corrí hacia ella.

Me lancé sobre la cama sin pensar.

—¡Gracias a Merlín!

Cony soltó un quejido.

Me aparté inmediatamente.

—¡Perdón! ¡Perdón!

Ella sonrió.

—Tranquila. Estoy bien.

Se incorporó lentamente.

—Ve a buscar lo que necesitas.

Miró hacia la ventana.

—El sol está saliendo.

Después volvió a mirarme.

—Prefiero que vayas de día.

Asentí.

Cony acarició los cabellos de los niños.

—Yo me quedaré con ellos.

Miré a Juliette.

—Necesito que los protejas.

Señalé a Cony.

—Su magia está inestable por la pérdida de sangre.

Juliette sonrió.

—Lo haré.

No dudé.

Me acerqué a Lyra y la cargué en brazos.

Mi hija se removió ligeramente, pero no despertó.

Miré una última vez a Cony.

Después a Ian.

Finalmente a Juliette.

—Volveré.

Cony asintió.

—Lo sé.

Salí de aquella casa sin mirar atrás.

El sol comenzaba a aparecer sobre las ruinas de Eden.

El cielo adquiría lentamente tonos dorados.

Apreté a mi hija contra mi pecho.

Si mis cálculos eran correctos...

Si aquello que había descubierto en los antiguos registros realmente existía...

Si la Fuente de los Muertos podía darme lo que necesitaba...

Entonces quizá todavía teníamos una oportunidad.

Quizá podía detener todo aquel infierno.

Pero para conseguirlo tendría que enfrentarme a algo mucho peor que los Shadow.

Tendría que descubrir qué había despertado realmente diez años atrás.

Y por qué, desde el momento en que crucé las puertas de Eden, sentía que el tiempo mismo comenzaba a observarme.

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patry
maravilloso 🥰 me encantó estos capítulo
patry 🌹
wowww que increíble capítulos mil gracias
patry
excelente narrativo me encantó como comenzó la historia
patry
como siempre ya me tiene atrapada querida autora muchos éxitos
Yanet Cristina Vilugron Salazar
interesante
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