Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
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EPISODIO 15: LA CURA IMPOSIBLE
LA CURA IMPOSIBLE
El eco de las palabras de Rhyne rebotó en las paredes de cristal de la caverna.
Vamos a curarlo.
El Emperador, aún congelado en su trono de hueso, soltó una carcajada seca que hizo temblar el líquido azul.
—¿Curarme? —escupió el anciano, escupiendo sangre negra sobre el hielo—. Soy la corrupción primigenia, pequeño fénix. Soy el cáncer de este mundo. No se cura al cáncer. Se extirpa.
—No si el cáncer es parte del cuerpo —respondió Rhyne, dando un paso firme hacia la plataforma. Sus venas doradas brillaban con una luz cegadora, iluminando su rostro con una determinación feroz—. Tú y este mundo están conectados. Si te mato, mato a Zarek. Si te dejo vivir, nos consumes a todos. Así que te voy a purificar.
Zarek se levantó del suelo, tambaleante.
—Rhyne, no. No sabes lo que estás diciendo. Si conectas tu fuego a su corazón mecánico, tu alma se quemará en segundos. ¡Tienes 28 días! ¡No los gastes en un monstruo!
Rhyne se giró hacia el Mariscal. Sus ojos dorados se suavizaron por un instante. Caminó hacia él y posó ambas manos sobre las mejillas heladas de Zarek.
—No son 28 días si no hay mundo que salvar —susurró Rhyne, rozando sus labios con los del Mariscal en un beso rápido, desesperado y salado—. Además, confío en mi fuego. Y confío en ti. Si me pierdo en su mente, tú me traerás de vuelta. ¿Verdad?
Zarek apretó los dientes, sus ojos grises brillando con lágrimas no derramadas. Asintió lentamente.
—Te traeré de vuelta. Aunque tenga que congelar el infierno entero para hacerlo.
—¡Oigan, tortolitos! —gritó Cassian desde el borde del hielo, sosteniendo su hombro desintegrado—. Si van a hacer esa estupidez, háganla ya. El líquido azul está subiendo.
Era verdad. El nivel del lago había comenzado a subir rápidamente, burbujeando con una energía inestable ahora que el Emperador había perdido el control de las baterías.
Rhyne se giró hacia el trono.
Caminó hacia el anciano. El Emperador lo observaba con sus ojos negros, abismales, pero por primera vez, Rhyne no vio malicia en ellos. Vio cansancio. Un cansancio de mil años.
—Hazlo, entonces —susurró el Emperador, cerrando los ojos y exponiendo su pecho, donde el corazón mecánico latía con un ritmo errático—. Pero prepárate para lo que veas, Sujeto 01. La verdad duele más que el fuego.
Rhyne no dudó.
Levantó ambas manos y las clavó directamente en el pecho del anciano, atravesando la carne podrida y agarrando el corazón mecánico de hueso y metal.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ALERTA CRÍTICA】
-【CONEXIÓN DIRECTA CON ENTIDAD PRIME】
-【INICIANDO PROTOCOLO: PURIFICACIÓN FORZADA】
-【ADVERTENCIA: RIESGO DE FUSIÓN DE CONCIENCIA. 99% PROBABLE MUERTE NEURAL.】
Rhyne ignoró la alerta.
Cerró los ojos y liberó el fuego dorado.
No fue una explosión. Fue una inundación.
El fuego dorado salió de las palmas de Rhyne, fluyendo hacia el corazón mecánico. El metal chilló, derritiéndose, transformándose en luz pura. El anciano arqueó la espalda y soltó un grito que no fue de dolor, sino de alivio.
Y entonces, la mente de Rhyne fue arrastrada hacia el vórtice.
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Dentro de la mente del Emperador.
No había oscuridad. Había demasiada luz.
Rhyne estaba de pie en medio de un campo de ceniza blanca, bajo un cielo rojo sangre. Frente a él, no estaba el anciano.
Estaba un hombre joven, alto, de cabello negro y ojos grises.
Idéntico a Zarek.
—¿Quién eres? —preguntó Rhyne, encendiendo sus llamas.
—Soy el primer error —respondió el hombre joven, su voz suave y melancólica—. Soy el hombre cuyo ADN el Arquitecto usó para crear a Zarek. Soy el Emperador original. Antes de la corrupción.
Rhyne bajó las manos.
—¿Tú... eras humano?
—Todos lo éramos —dijo el hombre, mirando el cielo rojo—. La corrupción no vino de fuera, Rhyne. Vino de nosotros. De nuestro deseo de inmortalidad. De nuestro miedo a la muerte. La Entidad no nos invadió. La invitamos a entrar.
El hombre caminó hacia Rhyne.
—Me convertí en el receptáculo de todo ese pecado para salvar a mi pueblo. Me dejé corromper para que ellos pudieran vivir en la luz. Pero la corrupción pesa. Y después de mil años... solo quería descansar.
Rhyne sintió un nudo en la garganta. El villano que había aterrorizado al mundo, el monstruo que drenaba a miles de centinelas... solo era un hombre agotado que no sabía cómo morir.
—¿Por qué me llamaste "cena"? —preguntó Rhyne.
El hombre sonrió tristemente.
—Porque tu fuego dorado es la única cosa en este universo que puede romper el ciclo. No para matarme. Sino para perdonarme.
El hombre extendió la mano.
—Tómalo, Rhyne. Toma mi carga. Y sé libre.
Rhyne miró la mano. Sabía lo que significaba. Si aceptaba, la corrupción primigenia no desaparecería. Se transferiría.
Pero Rhyne también sabía que si no lo hacía, Zarek moriría. Y Cassian moriría. Y el mundo se pudriría.
Rhyne extendió su mano y tomó la del Emperador.
—Te perdono —susurró Rhyne.
El hombre sonrió. Y se disolvió en millones de motas de luz dorada que entraron directamente en el pecho de Rhyne.
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Mundo real. Caverna subterránea.
El cuerpo del anciano en el trono comenzó a brillar.
La carne podrida se desprendió, convirtiéndose en polvo. El metal del corazón mecánico se fundió, transformándose en una esfera de luz dorada pura que flotó en el aire por un segundo, antes de dispararse directamente hacia el pecho de Rhyne.
El omega gritó.
Fue un sonido desgarrador que hizo que Zarek se lanzara hacia él.
—¡Rhyne!
El Mariscal lo atrapó justo cuando sus rodillas cedían. El cuerpo de Rhyne estaba ardiendo. No con fuego normal, sino con una luz dorada tan intensa que era imposible mirarlo directamente. Sus venas ya no brillaban bajo la piel. Eran la piel. Todo su cuerpo se había convertido en un mapa de luz dorada.
-【SISTEMA NEXUS-7 - ERROR FATAL】
-【ENTIDAD PRIME: ELIMINADA】
-【TRANSFERENCIA DE CARGA: COMPLETA】
-【NUEVO RECEPTÁCULO: RHYNE】
-【NIVEL DE CORRUPCIÓN PRIMIGENIA: 100%】
Zarek leyó las palabras flotantes y el corazón se le detuvo.
—No... no, no, no... —jadeó el Mariscal, sacudiendo a Rhyne—. ¡Sistema! ¡Revierte la transferencia! ¡Cámbialo a mí! ¡Soy su clon, soy compatible!
-【ERROR: EL RECEPTÁCULO YA ESTÁ LLENO. NO SE PUEDE TRANSFERIR.】
Cassian corrió hacia ellos, deslizándose sobre el hielo. Sus ojos de ceniza estaban muy abiertos.
—¿Qué le hiciste, hermano? —susurró Cassian, mirando el cuerpo incandescente de Rhyne—. ¿Qué hiciste?
Rhyne abrió los ojos.
Zarek soltó un sollozo ahogado.
Los ojos de Rhyne ya no eran dorados.
Eran negros. Completamente negros, como el fondo del océano, como los ojos del Emperador. Pero en el centro de esas pupilas abismales, una pequeña chispa dorada luchaba por no apagarse.
—Zarek... —susurró Rhyne. Su voz sonaba diferente. Era su voz, pero con un eco grave, antiguo, que resonaba en las paredes de la caverna—. Zarek, duele.
—Lo sé, mi amor, lo sé —lloró Zarek, apretando a Rhyne contra su pecho, ignorando el calor abrasador que le quemaba la piel—. Aguanta. Por favor, aguanta.
Rhyne levantó una mano temblorosa y tocó la mejilla de Zarek. El hielo del Mariscal siseó al contacto, pero Rhyne no lo retiró.
—El Emperador... está muerto —jadeó Rhyne, una lágrima negra cayendo por su mejilla—. Pero su carga... está en mí.
Cassian miró la muñeca de Rhyne. El holograma del Sistema NEXUS-7 parpadeaba en rojo furioso.
-【CUENTA REGRESIVA: CONSUMO DEL ALMA】
-【TIEMPO RESTANTE: 00 DÍAS, 23 HORAS, 59 MINUTOS】
Cassian palideció.
—Rhyne... —susurró el Sujeto 02, con la voz quebrada—. No tienes 28 días. Tienes menos de veinticuatro horas.
Zarek levantó la vista, sus ojos grises llenos de un horror absoluto.
—¿Qué?
—La corrupción primigenia es demasiado pesada para un cuerpo humano —explicó Cassian, retrocediendo un paso, incapaz de mirar a Rhyne a los ojos—. Su alma se consumirá antes de que salga el sol.
El silencio en la caverna fue más frío que el hielo de Zarek.
Rhyne sonrió. Fue una sonrisa triste, rota, pero extrañamente en paz. La chispa dorada en sus ojos negros brilló con fuerza.
—Entonces... —susurró Rhyne, apoyando la cabeza en el hombro de Zarek, cerrando los ojos mientras el líquido azul comenzaba a rodearlos—...tendremos que hacer que estas últimas horas cuenten, Mariscal.
Zarek apretó los dientes, un rugido gutural, animal, escapando de su garganta. Apretó a Rhyne contra su pecho con una fuerza desesperada, mientras el lago subía, mientras la oscuridad los envolvía, mientras el reloj de su amor comenzaba su cuenta regresiva final.