Después de Ti ,Yo
La historia de una mujer madura, que aprendió a elegirse ,demostrando que ser una mujer de 50 años todavía tiene la oportunidad de ser feliz
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capitulo 20
LA CONFESIÓN
La casa de Raiza estaba en completo silencio.
Nadie se atrevía a hablar.
Isabel permanecía sentada en el sofá, con las manos temblorosas.
Frente a ella estaba Iván.
A unos pasos, Raiza observaba a su hija con el rostro pálido.
Entonces la puerta se abrió.
Elías entró.
Su mirada recorrió lentamente la habitación.
Iván.
Su madre.
Su hermana.
Y finalmente...
Isabel.
—¿Qué está pasando aquí?
Nadie respondió.
Elías volvió a preguntar.
—¡¿Qué está pasando?!
Iván se acercó lentamente.
—Martín habló.
El rostro de Elías cambió.
—¿Qué dijo?
Iván miró directamente a Isabel.
—Creo que ella debe responder.
Elías giró hacia su hermana.
—Isabel.
Ella levantó lentamente la mirada.
—Yo...
—¿Qué hiciste?
Isabel comenzó a llorar.
—No quería que llegara tan lejos.
Elías frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Raiza dio un paso adelante.
—Hijo...
Elías levantó una mano.
—No, mamá.
Miró nuevamente a Isabel.
—Quiero escucharlo de ella.
Isabel cerró los ojos.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
—Yo contacté a Martín.
Elías quedó inmóvil.
—¿Para qué?
—Quería asustar a Analia.
El silencio fue absoluto.
Elías sintió que algo se rompía dentro de él.
—¿Qué?
Isabel continuó llorando.
—Solo quería que tuviera miedo.
—¡¿Miedo?!
La voz de Elías resonó por toda la casa.
Raiza se acercó a su hijo.
—Elías, tranquilízate.
Él se volvió hacia ella.
—¡Mi esposa terminó en una clínica!
Raiza quedó inmóvil.
—Yo no sabía...
—¿Qué no sabías?
Raiza guardó silencio.
Iván observó cada movimiento.
Elías volvió hacia Isabel.
—¿Qué le dijiste a Martín?
Isabel respiró profundamente.
—Le dije que Analia tenía que dejar de investigar.
Elías abrió los ojos.
—¿Investigar qué?
Isabel bajó la mirada.
—El dinero.
Elías permaneció completamente inmóvil.
La auditoría.
Las transferencias.
Las cuentas.
Todo comenzó a tener sentido.
—¿Sabías?
Isabel no respondió.
—¡¿Sabías lo que estaba pasando?!
—No sabía todo.
—Pero sabías algo.
Isabel comenzó a llorar con más fuerza.
—Mamá me dijo que las cosas podían solucionarse.
Elías giró lentamente hacia Raiza.
—¿Qué dijiste?
Raiza retrocedió.
—Yo solo quería protegerte.
—¿De qué?
—De perderlo todo.
Elías se acercó lentamente.
—¿Y para protegerme decidieron destruir a Analia?
Raiza guardó silencio.
Elías sintió una profunda rabia.
Durante años había permitido que su madre y su hermana justificaran sus acciones.
Pero aquella noche...
ya no podía hacerlo.
—¿Cuándo empezó todo?
Raiza levantó la mirada.
—Elías...
—¡¿CUÁNDO?!
Isabel respondió con voz quebrada.
—Hace años.
Elías quedó paralizado.
—¿Qué?
—Cuando empezaron los problemas con Gissela.
Elías cerró los ojos.
Aquella respuesta le dolió más de lo que esperaba.
—Entonces todo está relacionado.
Iván habló por primera vez.
—Parece que sí.
Elías caminó lentamente hacia una silla y se sentó.
De repente parecía mucho mayor.
—Yo destruí mi matrimonio.
Nadie respondió.
—Mentí durante años.
Su mirada se dirigió hacia Isabel.
—Pero ustedes...
Isabel comenzó a llorar.
—Lo hice por ti.
Elías levantó lentamente la mirada.
—No.
Su voz fue firme.
—No vuelvas a decir eso.
Isabel se quedó inmóvil.
—Yo no te pedí que hicieras esto.
Raiza cerró los ojos.
Elías continuó.
—No te pedí que amenazaras a mi esposa.
—Yo no quería que la atacaran.
—¡Pero contrataste a alguien!
Isabel no pudo responder.
Elías se levantó.
—¿Sabes lo que habría pasado si Alejandro hubiera perdido a su esposa?
Isabel bajó la mirada.
—No quería...
—¡Siempre dices que no querías!
Elías golpeó la mesa.
—Pero siempre haces algo y después dices que no querías las consecuencias.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Aquel mismo momento, Alejandro recibió una llamada.
Era Iván.
—Isabel confesó.
Alejandro se puso de pie inmediatamente.
—¿Qué?
—Está admitiendo que contactó a Martín.
El rostro de Alejandro se endureció.
—Voy para allá.
—Alejandro...
—No.
Su voz era firme.
—Esa mujer intentó destruir a mi familia.
Iván guardó silencio.
—Mi esposa está en una clínica.
Alejandro tomó sus llaves.
—Y esta vez voy a exigir respuestas.
La llamada terminó.
Alejandra estaba sentada cerca de la ventana.
—Papá.
Alejandro se acercó inmediatamente.
—¿Sí, mi amor?
—¿Te vas?
Él se arrodilló frente a ella.
—Solo por un momento.
—No quiero quedarme sola.
Alejandro tomó sus manos.
—No estás sola.
La niña bajó la mirada.
—Tengo miedo.
El corazón de Alejandro se rompió.
La abrazó.
—Yo también.
Alejandra levantó la mirada.
—¿Mamá va a volver?
Alejandro respiró profundamente.
—Sí.
—¿Estás seguro?
Él hizo una pausa.
—Voy a hacer todo lo posible para que vuelva a estar con nosotros.
Alejandra lo abrazó nuevamente.
—No dejes que nadie vuelva a lastimarla.
Alejandro cerró los ojos.
—No lo haré.
Pero aquella promesa ahora tenía un significado diferente.
No se trataba únicamente de proteger a su esposa.
Se trataba de detener a quienes habían destruido la tranquilidad de toda su familia.
Analia estaba en casa cuando recibió la llamada de Iván.
Su rostro cambió inmediatamente.
—¿Isabel confesó?
Iván respondió desde el otro lado.
—Sí.
Analia cerró los ojos.
Durante unos segundos no pudo hablar.
—¿Ella estuvo detrás de todo?
—Martín dice que sí.
Analia se sentó lentamente.
—¿Y Raiza?
Iván guardó silencio.
—También sabía más de lo que decía.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Analia.
—Yo las recibí en mi casa.
Iván permaneció en silencio.
—Durante años las consideré mi familia.
—Lo sé.
Analia respiró profundamente.
—¿Elías está ahí?
—Sí.
Analia cerró los ojos.
—Dile algo.
Iván esperó.
—Dile que no quiero que proteja a nadie.
Iván asintió.
—Se lo diré.
Analia colgó.
Permaneció sola durante varios minutos.
Entonces Araceli entró.
—Mamá.
Analia levantó la mirada.
—Isabel confesó.
Araceli quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Ella contactó a Martín.
La expresión de Araceli cambió.
—Entonces...
—Sí.
Araceli se llevó una mano a la boca.
—¿Ella quiso hacerte daño?
Analia negó lentamente.
—Todavía no sabemos exactamente hasta dónde llegaron sus planes.
Araceli se acercó a su madre.
—Yo no entiendo.
Analia la abrazó.
—Yo tampoco.
Araceli comenzó a llorar.
—¿Por qué todos quieren destruir nuestra familia?
Analia cerró los ojos.
—Porque algunas personas creen que para proteger sus secretos deben destruir a otros.
Araceli levantó la mirada.
—¿Y papá?
Analia permaneció en silencio.
—¿Él va a protegerlas?
Analia pensó en Elías.
Durante años habría sabido la respuesta.
Pero ahora...
ya no estaba segura.
—Esta vez tendrá que decidir quién quiere ser.
Alejandro llegó a casa de Raiza.
Entró acompañado por Iván.
Cuando Isabel lo vio, bajó inmediatamente la mirada.
Alejandro permaneció unos segundos observándola.
—Mírame.
Isabel no respondió.
—¡Mírame!
Ella levantó lentamente los ojos.
Alejandro se acercó.
—Mi esposa está hospitalizada.
Isabel comenzó a llorar.
—Lo siento.
Alejandro negó.
—No.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
—No quiero que me digas que lo sientes.
El silencio fue absoluto.
—Quiero saber por qué.
Isabel no pudo responder.
—¿Qué te hizo ella?
Isabel bajó la mirada.
—Nada.
—Entonces, ¿por qué?
—Pensé que ella iba a destruir a Elías.
Alejandro soltó una risa amarga.
—¿Destruirlo?
Se acercó aún más.
—Elías destruyó su propio matrimonio.
Isabel cerró los ojos.
Alejandro continuó.
—Mi abuela no lo hizo.
—Alejandro...
—No.
Él levantó la voz.
—Mi abuela soportó las mentiras de tu hermano durante años.
Raiza intentó intervenir.
—No hables así de mi hijo.
Alejandro giró hacia ella.
—¿Por qué?
Raiza quedó inmóvil.
—¿Porque todavía quieres protegerlo?
Elías bajó la mirada.
Alejandro continuó.
—Mi abuela perdió demasiado tiempo intentando salvar un matrimonio que ustedes ayudaron a destruir.
Raiza sintió que aquellas palabras la golpeaban profundamente.
—Y ahora...
Alejandro miró nuevamente a Isabel.
—Intentaron hacerla callar.
Isabel comenzó a llorar.
—Yo no quería matarla.
Alejandro palideció.
La palabra quedó suspendida en el aire.
Matarla.
Iván observó inmediatamente a Isabel.
—¿Por qué dices eso?
Isabel abrió los ojos.
Se dio cuenta de lo que había dicho.
—Yo...
Iván se acercó.
—¿Qué sabes?
Isabel comenzó a respirar rápidamente.
—Nada.
—Acabas de decir que no querías matarla.
—Solo fue una forma de hablar.
Iván negó.
—No.
Elías levantó la mirada.
—Isabel.
Ella retrocedió.
—No quise decir...
—¡Dinos la verdad!
Isabel se cubrió el rostro.
Raiza comenzó a llorar.
—Basta.
Elías se volvió hacia ella.
—No.
Por primera vez...
Elías no permitió que su madre controlara la situación.
—No voy a seguir escondiendo nada.
Raiza quedó inmóvil.
Elías miró a Isabel.
—Habla.
Isabel cayó lentamente de rodillas.
—Martín estaba furioso.
Nadie habló.
—Yo solo quería que la siguiera.
Iván frunció el ceño.
—¿Seguirla?
Isabel asintió.
—Quería saber qué hacía.
—¿Y luego?
—Martín comenzó a pedir más dinero.
Elías cerró los ojos.
—¿Cuánto?
Isabel mencionó una cantidad.
Iván tomó nota.
—¿De dónde salió ese dinero?
Isabel levantó lentamente la mirada hacia Raiza.
El silencio fue inmediato.
Raiza palideció.
Elías se volvió hacia su madre.
—Mamá.
Raiza comenzó a llorar.
—Yo...
—¿Le diste dinero?
Raiza no respondió.
Elías sintió que todo comenzaba a derrumbarse.
—¿Con qué dinero?
Raiza cerró los ojos.
—Del dinero que estaba guardado.
—¿Qué dinero?
Iván intervino.
—Las cuentas que encontramos.
Raiza abrió los ojos.
Elías retrocedió lentamente.
—No.
Iván continuó.
—Parte del dinero utilizado para pagar a Martín podría estar relacionado con los fondos que fueron retirados de la empresa.
Elías se llevó una mano al rostro.
La verdad era insoportable.
Su madre.
Su hermana.
Las cuentas.
La auditoría.
El atentado.
Todo estaba conectado.
En ese momento, el teléfono de Iván comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Su expresión cambió.
—¿Qué sucede?
Iván respondió lentamente.
—Es Martín.
Todos permanecieron inmóviles.
Iván respondió.
—¿Dónde estás?
La voz de Martín se escuchaba nerviosa.
—No puedo hablar mucho.
—¿Qué pasó?
—Alguien sabe dónde estoy.
Iván frunció el ceño.
—¿Quién?
Martín respiraba con dificultad.
—Creo que es Raiza.
Todos giraron hacia ella.
Raiza abrió los ojos.
—¡Yo no!
Martín continuó.
—Alguien me está siguiendo.
Iván habló con firmeza.
—¿Dónde estás?
Pero antes de que Martín respondiera...
se escuchó un ruido.
Un golpe.
Luego...
silencio.
—¿Martín?
Iván volvió a preguntar.
—¡Martín!
No hubo respuesta.
La llamada terminó.
Nadie habló.
Iván levantó lentamente la mirada.
—Tenemos que encontrarlo.
Alejandro tomó inmediatamente sus llaves.
—Voy contigo.
Elías dio un paso adelante.
—Yo también.
Iván miró a los tres.
—Entonces vámonos.
Isabel permaneció de pie.
—¿Y yo?
Iván la miró con frialdad.
—Tú no vas a ningún lugar.
Isabel bajó la mirada.
Porque finalmente...
las consecuencias habían llegado.
Mientras Iván, Alejandro y Elías salían en busca de Martín...
Raiza permaneció dentro de la casa.
Observó a Isabel.
Su hija estaba completamente destruida.
—Mamá...
Raiza no respondió.
—¿Qué vamos a hacer?
Raiza levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez...
Isabel vio algo diferente en los ojos de su madre.
No era miedo.
Era desesperación.
Raiza se acercó lentamente.
—Todavía podemos salvarnos.
Isabel abrió los ojos.
—¿Cómo?
Raiza miró hacia la puerta.
—Antes de que Martín vuelva a hablar.
El silencio fue absoluto.
Isabel comprendió lo que su madre estaba pensando.
—Mamá...
Raiza tomó su teléfono.
—No tenemos otra opción.
Isabel retrocedió lentamente.
—No.
Raiza levantó la mirada.
—¿Qué dijiste?
—No.
Por primera vez...
Isabel se negó a seguirla.
—Ya hicimos demasiado daño.
Raiza apretó el teléfono.
—Entonces nos destruirán.
Isabel comenzó a llorar.
—Tal vez merezcamos enfrentar las consecuencias.
Raiza la observó con furia.
—¿Después de todo lo que hice por ustedes?
Isabel levantó lentamente la mirada.
—Eso no lo hiciste por nosotros.
Raiza quedó inmóvil.
Isabel continuó.
—Lo hiciste porque querías controlar todo.
Las palabras atravesaron a Raiza como una herida.
—No sabes lo que dices.
—Sí.
Isabel dio un paso atrás.
—Por primera vez en mi vida...
sé exactamente lo que estoy diciendo.
Raiza permaneció completamente inmóvil.
Isabel miró el teléfono en las manos de su madre.
Y comprendió algo terrible.
Raiza todavía estaba dispuesta a cruzar una línea más.
Una línea...
de la que nadie podría regresar.
Ahora se descubre que Isabel está involucrada en el desvío del dinero y el ataque de la esposa de Alejandro y por eso Iván fue a la casa de Raiza.
Quien fue que atacó a la esposa de Alejandro y llegó a la habitación y ella se aterrorizó 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien es Iván y que relación tenían el padre de él y el de Analía 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Porque Elías y Raiza están tan asustados con la auditoría van a encontrar sus fechorías y estafas.
Isabel prácticamente Ivan te descubrió lo que estás tratando de hacer desprestigiar a Analía no sabes con quiénes te haz metido.
Gissela ahora vas a traicionar a Elías para salvar tu pellejo o por dinero 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Quien estaba manipulando la herencia de Analía y porque 🤔🤔🤔❓❓❓
Que esconde Raiza que Isabel y Gissela quieren saber 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Isabel no le importa su sobrina Araceli ya le sembró una duda lo más probable es que destruyan la confianza que sus hijos tienen en ella que desgraciada pero eso se paga el karma no perdona.
Tamara quiere saber quién es Nayid es mejor decirle la verdad de una vez.
Que querrá la loca de Gisela ahora en la casa de Analía menos mal que está Alejandro allí.
Obvio que Araceli está dolida puesto que para ella su padre era un ejemplo y la decepcionó.
Tamara esa niña de 12 años piensa infantilmente e inocentemente que todo se arreglará.
Aquí no hay arreglo ni tampoco solución lo que hay es un divorcio.
Alejandro que descubrió el abogado de la empresa de quién es 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Ese Alejandro es de armas a tomar no se deja y pensaron que el iba a ceder a cuenta de que 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que desilusión para su hija que la persona que creía era un hombre sin defecto resultó un ídolo de barro.
Lourdes me gusta esa temática muchas suerte en esta nueva novela.