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Ni de rodillas te perdono

Ni de rodillas te perdono

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Venganza / Venganza de la protagonista / Venganza de la Esposa / Juego de roles / Completas
Popularitas:151.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

Renata Linares pasó tres años en prisión por un crimen que jamás cometió. Maximiliano Bracamonte, el hombre al que amaba, creyó las mentiras de Bianca Sáenz, le destrozó la muñeca, la llamó asesina y la entregó a la policía por un supuesto aborto que nunca existió.
Cuando Renata recupera la libertad, ya no es la joven dispuesta a soportarlo todo por amor. Su abuelo le dejó el control de Grupo Linares y una oportunidad para recuperar el apellido, la fortuna y la dignidad que le arrebataron.
Mientras Renata reconstruye su imperio y reúne las pruebas para limpiar su nombre, las mentiras de Bianca empiezan a derrumbarse. El embarazo fue una farsa. El accidente que unió a Maximiliano con ella también. Incluso la mujer que le salvó la vida años atrás no fue Bianca, sino Renata.
Cuando Maximiliano descubre la verdad, ya es demasiado tarde. La mujer que destruyó por confiar en la persona equivocada ya no lo necesita.
Ahora él está dispuesto a enfrentarse a su familia, renunciar a su poder y arriesgar la vida para recuperarla. Pero Renata no salió de prisión para volver a ser la mujer que lo perdonaba todo.
Esta vez, Maximiliano tendrá que demostrar que su arrepentimiento vale más que sus palabras.
Y Bianca todavía guarda una última mentira capaz de acabar con ambos.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Capítulo 13: Fraude en los libros

Tío Raúl, incómodo con lo bien que me había ido en la rueda de prensa, encontró la manera de neutralizarme sin que pareciera un ataque directo: me asignó a un puesto en el departamento de finanzas, sin autoridad real, "para que fueras aprendiendo el negocio desde abajo, como cualquier otra".

—Necesitas experiencia —me dijo, con esa falsa condescendencia que ya le conocía—. No puedes llegar a dirigir nada sin conocer los procesos.

No le discutí. Acepté el escritorio pequeño, sin ventana, que me dieron en un rincón del piso de finanzas, y sonreí cuando el gerente de proyectos, un hombre llamado Bermúdez que claramente recibía órdenes directas de mi tío, me negó el acceso a cualquier expediente central.

—Los nuevos no tocan proyectos importantes —dijo, colocando en mi lugar a un empleado con apenas seis meses en la empresa—. Así se hacen las cosas aquí.

—Entiendo perfectamente cómo se hacen las cosas aquí —contesté, sin perder la calma—. Deme lo que sí puedo tocar, entonces.

Me dieron los libros contables viejos, aburridos, el trabajo que nadie más quería hacer. Exactamente lo que necesitaba.

Bermúdez se fue satisfecho, seguro de haberme arrinconado en un rincón inútil de la empresa. No sabía que en la cárcel yo había pasado meses ayudando en la oficina administrativa del penal, aprendiendo a leer cifras con la misma paciencia con la que aprendí a sobrevivir: sin prisa, sin quejarme, guardando cada detalle para el momento en que sirviera.

—————

Pasé la semana entera con esos libros, hoja por hoja, cifra por cifra, con la paciencia que solo se aprende contando los días en una celda. Encontré el primer desvío al tercer día: un pago a una empresa fantasma, disfrazado de "consultoría externa", firmado con la rúbrica de mi tío. Encontré el segundo al quinto día. Al séptimo, tenía un patrón completo: meses de fondos desviados hacia cuentas que, tras un poco de investigación discreta, resultaron pertenecer a sociedades vinculadas al propio Raúl Linares.

No dije nada todavía. Guardé cada hallazgo, ordené cada cifra, y preparé un expediente tan sólido que ni el mejor abogado de mi tío podría desmontarlo con una excusa barata.

El empleado que Bermúdez había puesto en mi lugar, un muchacho nervioso llamado Casillas, me sorprendió una tarde revisando los mismos libros que yo, con la cara pálida.

—¿Usted también lo vio? —me preguntó, en voz baja, mirando hacia la puerta—. Yo no sé qué hacer. Si digo algo, me corren. Si no digo nada...

—No tienes que decir nada tú —le dije—. Yo me encargo. Solo no borres nada de lo que ya viste.

Asintió, aliviado de no tener que cargar solo con esa decisión, y esa pequeña alianza silenciosa terminó de darme la última pieza que me faltaba: una fecha exacta, un correo interno que Bermúdez había mandado sin saber que Casillas todavía tenía acceso a copiarlo.

—Gracias, Casillas —le dije, guardando el documento con cuidado—. Cuando esto se resuelva, no se te va a olvidar de mi parte.

Se sonrojó, sin acostumbrarse todavía a que alguien de apellido Linares le hablara con ese respeto, y volvió a su escritorio con un paso distinto, más erguido, como si por una vez alguien lo hubiera visto de verdad.

—————

Presenté todo en la siguiente junta directiva, un salón de cristal con vista a la ciudad, tío Raúl a la cabeza de la mesa como si el lugar todavía le perteneciera por derecho.

—Antes de continuar con la agenda —dije, poniéndome de pie con la carpeta en la mano, sin pedir permiso—, quiero compartir algo que encontré revisando los libros del último trimestre.

Proyecté las cifras, una por una, sin gritos, sin acusaciones directas al principio, dejando que los números hablaran solos: pagos a empresas fantasma, fechas que coincidían con decisiones firmadas exclusivamente por tío Raúl, una cifra millonaria que, de no mediar mi revisión, habría seguido desviándose sin que nadie lo notara.

El salón se quedó en silencio. Vi las caras de los directivos pasar de la sorpresa a la incomodidad, y la de mi tío, de la incomodidad al pánico apenas disimulado.

—Esto es un malentendido —dijo, con la voz menos firme de lo que hubiera querido—. Hay explicaciones para cada una de esas...

—Con gusto las escucho, tío —lo corté, con la calma más filosa que pude reunir—. Aquí, frente a toda la mesa.

No tuvo ninguna explicación que sostener.

Uno de los directivos más veteranos, un hombre que llevaba treinta años en la empresa, rompió el silencio primero.

—Señorita Linares, esto es... un trabajo impecable. —Me miró con un respeto nuevo, distinto al que le había visto a nadie desde que volví—. ¿Cuánto tiempo le tomó armar todo esto?

—Una semana, con los libros que se me asignaron a un puesto sin autoridad real —contesté, sin necesidad de subrayar la ironía; ya todos en esa mesa la habían entendido solos.

Tío Raúl intentó una última defensa, algo sobre "procesos administrativos complejos" y "decisiones tomadas en el mejor interés de la empresa", pero las palabras le salían cada vez más débiles frente a las cifras proyectadas en la pantalla, frente a las caras de directivos que ya no lo miraban con la misma confianza de antes.

Al final de la junta, el presidente del consejo —un aliado tibio de mi tío hasta ese día— propuso, ante todos, otorgarme un bono de fin de año por el hallazgo.

—Se lo agradezco —dije—, pero no busco un bono. Busco un proyecto real, con autoridad de decisión. Ya demostré que puedo revisar libros que nadie más quería tocar. Denme algo que valga la pena revisar de verdad.

El silencio que siguió fue distinto al anterior: no era vergüenza esta vez, sino cálculo, la mesa entera pesando lo que significaba darle poder real a la mujer que acababa de exhibir al hombre que hasta hacía cinco minutos dirigía la empresa.

—Le asigno el proyecto de expansión del área norte —dijo tío Raúl, al fin, con la voz apretada, sabiendo que negarme frente a toda la mesa, después de lo que acababa de exponerse, sería un segundo error imposible de sostener—. A partir de mañana.

—Gracias, tío —dije, sin una sola sombra de triunfo en la voz, aunque por dentro sintiera exactamente lo contrario.

Firmó la cesión ahí mismo, con la mano visiblemente menos firme que de costumbre, mientras el resto de la mesa observaba en un silencio que ya no era a mi costa.

Salí de esa junta con el primer proyecto real de mi vida después de la cárcel, y con la certeza, todavía tibia pero creciendo, de que cada batalla que ganaba con pruebas y no con lástima me acercaba un paso más a recuperar todo lo que un día fue mío.

1
Ana Cortes
A Renata hay que hacerle un machitun porque por dios que le pasan desgracias como que me esta cansando de seguir leyendo
Ana Cortes
esta Renata ya se esta pasando de ingenua a estúpida creerle a su prima
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Olinda Elena Almeron Muñoz
Ya como que la han alargado más de la cuenta. Tal parece que el protagonista fuese medio gafo😂😂
Daisy Mendez
ni yo tampoco, esta escritora como que no recuerda la secuencia de lo que ha escrito de la novela, hay muchas inconsistencias
Daisy Mendez
yo tampoco entiendo porque no saca a luz ese secreto de una vez, si con eso la desenmascara y prueba su inocencia
Romina
cayo redonditlo, patético
Ricarda Gomez
Me gustó este capítulo asta que por fin le dio donde le dolió a bianca🥰
Romina
si con todas las sospechas no entendiste... es que vivías en otro mundo
Mercedez Peréz
bueno deje su his


buenoo dejo su historia o mejor dicho lei muy poco y busque el ultimo capitulo para ver si algo cambio pero su protagonista igual de tonta bueno espero leer algo mejor de ud y no tan larga si no tiene un buen tema
Mercedez Peréz
pero escritora siempre lo mismo esta mujer ya cansa
Mercedez Peréz
ñla verfad ya cansa esta mujer es tonta o se ase no aprendio nada mucho bla bla y no ase nada
Mercedez Peréz
ssi es mary se supone que tendria que saber defenderse pero se ve que ez.bastante tonta..cualquiera la srrincona y no ase.nada no siempre la.vsn a defender. bueno leere.un.poco mas porque sigue.lo mismo dando buelta en lo mismo como va a.ser que descubrio tremendo robo del tio y quedo como aqui no paso nada
Olinda Elena Almeron Muñoz
No soy amiga de criticas negativas,pero realmente están pintando a los protagonistas como tarados mentales
Mercedez Peréz
bueno ya. bamos escritota como todas su protagonista empieza de nuevo con el y a otro con el ccuento.rdpero.que no y este equivocada
Romina
amiga 10 párrafos arriba decías que viajaron juntos 🤦🏻‍♀️
todavia no entiendp proqur sigo leyendo
Romina
haciéndose pasar?
vos te pasas de tarada
Romina
es evidente que la autora se olvidó que Daniela ya le había hecho lo mismo
Romina
corriendo ojo si tiene una bota por dios
Romina
ja claro invertir y en un lugar tan oscuro. se merece que le pasen cosas malas?
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