NovelToon NovelToon
La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

—Perdón por hacerlos esperar, Diego —dijo Tania con la voz perfectamente controlada, como si lo que acababa de suceder no hubiera sido más que un incidente insignificante.

Diego le dedicó una mirada fugaz. Ni un atisbo de culpa en sus ojos.

—Sí, no te preocupes. Si estás cansada, descansa un rato.

Tania negó con suavidad, la mirada gélida, aunque Diego no lo advirtió.

—No, estoy bien. Quiero atender a nuestra invitada. Farah debe estar agotada después de un viaje tan largo.

Pasó de largo junto a Diego; el aroma del jabón que acababa de usar disimulaba el olor de las náuseas. Diego apenas observó la espalda de su esposa un instante antes de seguirla de vuelta a la sala, sin la menor sospecha de que la mujer a la que acababa de menospreciar sostenía ahora las riendas completas de su ruina.

Al llegar a la sala, Tania se colocó la sonrisa más auténtica de su repertorio.

Diego la siguió con desenfado y volvió a sentarse junto a Farah. Un perfume dulzón y una atmósfera incómoda recibieron a Tania.

—Disculpen, Farah, Doña Carmen —pronunció Tania, posando la mano sobre su pecho con gesto delicado, interpretando a la perfección el papel de esposa impecable.

—Tengo el estómago un poco revuelto. Creo que me cayó mal algo.

Farah, la amante, estaba visiblemente nerviosa. Sus ojos buscaron los de Diego un segundo, pidiendo auxilio en silencio. Estrujaba el borde de su blusa entre los dedos.

—Ah, s-sí, Tania. No hay problema —su voz tembló ligeramente.

Doña Carmen, bastante más hábil que Farah para disimular sus emociones, intervino de inmediato, aunque una rigidez delatora le recorría cada gesto.

—Sí, hija. Debes estar agotada. Mejor descansa un rato.

Tania le regaló una sonrisa suave.

—No, Doña Carmen, estoy bien.

—Ah, y Farah, Diego me contó que vienes del pueblo, ¿verdad? Cuéntame, ¿cómo es aquello? Seguro es muy lindo; yo hace mucho que no voy.

La pregunta, repentina y precisa, hizo que Diego se tensara. Le lanzó a Tania una mirada fulminante, como advirtiéndole en silencio que dejara de indagar.

Farah se puso todavía más nerviosa.

—E-eh... sí, Tania. El ambiente... pues, así, normal. Nada especial —tartamudeó, sin saber qué responder, porque la historia del "pueblo" era pura invención.

Tania percibió el nerviosismo de ambos. Una pequeña satisfacción le acarició el pecho, pero mantuvo la calma. Miró a Diego con expresión inocente.

—Diego, ¿por qué tan tenso? Parece que te fueran a interrogar, jajaja...

Diego se sobresaltó y se apresuró a normalizar la expresión.

—Ah, n-no, cariño. Es solo que estoy cansado por el viaje.

Tania asintió con aire comprensivo, luego se sentó en el sillón individual y cruzó las piernas con elegancia.

—Ni sabía que Diego tenía una prima tan bonita —agregó con una sonrisa dulce, insinuando lo poco que Diego hablaba de "su familia".

Diego se mostró algo incómodo ante el halago, pero enseguida infló el pecho con vanidad.

—Doña Carmen y Farah deben estar cansadas —señaló Tania.

—Mejor tomamos un té primero. Yo lo preparo. ¿Qué té prefieres, Farah?

Farah volvió a buscar la mirada de Diego, completamente perdida sobre cómo actuar.

Fue Doña Carmen quien finalmente respondió.

—Un té dulce caliente estará bien, Tania.

Tania sonrió.

—Perfecto, Doña Carmen.

Se levantó y caminó hacia la cocina, dejando a tres personas tensas en la sala, mientras ella saboreaba en silencio el resultado del primer acto de su puesta en escena.

* * *

En cuanto la espalda de Tania desapareció tras la puerta de la cocina, el ambiente en la sala se transformó por completo. Las sonrisas forzadas se desvanecieron, revelando la preocupación y la ambición desnudas.

Doña Carmen giró de inmediato hacia su hijo con una mirada afilada; su voz se redujo a un susurro furioso.

—¡Diego! ¿Estás loco? ¿Traer a esa mujer a esta casa? ¡A la casa de tu propia esposa!

Diego resopló y se dejó caer contra el respaldo del sofá con toda tranquilidad.

—Tranquila, mamá. Tania no sospecha nada. Tú misma lo viste: es tan ingenua que se tragó sin chistar que Farah es nuestra prima.

—¿Ingenua, dices? —Doña Carmen sacudió la cabeza, masajeándose las sienes. La culpa comenzaba a roerle por dentro.

—Tania es inteligente, Diego. No la subestimes. Si llega a enterarse, estamos acabados. Yo no quiero ser parte de esta locura tuya.

Farah, sentada al lado de Diego, escuchaba con atención. Hasta entonces solo conocía la versión de Diego: "Tania, la esposa casera y aburrida". Pero después de verla en persona, había percibido un aura distinta: una calma y una autoridad que la intimidaban.

—Diego —intervino Farah, la voz temblorosa—, tu mamá tiene razón. Tu esposa... no parece el tipo de mujer que se deja pisotear fácilmente.

Diego se volvió hacia ella con arrogancia.

—No te asustes, cariño. Es solo una ama de casa cualquiera. Llevo cinco años viviendo con ella; la conozco de pies a cabeza.

Sin embargo, la inquietud de Farah no se disipó. Ver la belleza natural y serena de Tania había encendido algo distinto dentro de ella: el deseo de poseer a Diego por completo, de borrar la sombra de Tania.

Farah se acercó a Diego, la mirada transformada en pura determinación.

—Justamente porque es una mujer común, te quiero todavía más para mí sola, Diego. No quiero seguir escondiéndome. Quiero ser tu única esposa.

El rostro de Diego se iluminó al escuchar aquello. Su ego masculino se disparó hasta el techo.

Las palabras de Farah le sonaron a miel en los oídos.

Con Tania, la relación se había vuelto insípida y plana por los años de matrimonio, pero Farah le ofrecía pasión y el estímulo del desafío.

—¿Lo dices en serio? —preguntó Diego, los ojos chispeantes.

—Muy en serio —confirmó Farah con aplomo.

Diego soltó una risa baja y le rodeó la cintura con el brazo, ignorando a su madre, que los fulminaba con la mirada.

—Está bien, entonces. Nos desharemos de Tania poco a poco. Te lo prometo, cariño, vas a tenerlo todo.

Los dos se dejaron llevar por sus planes sórdidos, completamente ajenos a lo que ocurría en la cocina: Tania sonreía con los labios apenas curvados mientras encendía una aplicación en su celular, conectándose a la pequeña grabadora que había escondido detrás del sofá dos días antes. La voz de Diego y la de Farah inundaron sus audífonos.

Tania lo había preparado todo con absoluta meticulosidad, desde aquella noche en que descubrió la infidelidad. A partir de ese momento, fue instalando grabadoras en las áreas comunes de la casa —la sala, el comedor— como parte de su plan de recopilación de pruebas a largo plazo.

* * *

Tania regresó a la sala con una bandeja y tres vasos de té dulce caliente. La máscara de "esposa perfecta" volvió a ajustarse sobre su rostro.

—Perdón por la espera —dijo, la sonrisa suave como la seda, pero los ojos afilados como cuchillas.

Diego y Farah se soltaron a toda prisa, visiblemente incómodos bajo la mirada agria de Doña Carmen. Diego tomó su vaso de inmediato.

—Gracias, cariño... eres la mejor esposa del mundo.

—Por supuesto —replicó Tania, y se acercó al sofá donde Farah estaba sentada.

—Esto es para ti, Farah. Este té es ideal para relajarse después de un viaje largo —le ofreció.

Su mano derecha sostenía el vaso, mientras la izquierda —con un movimiento sutilísimo, casi invisible— rozó apenas el borde de la bandeja.

*¡Splash!* El té caliente se derramó de lleno sobre la ropa de Farah.

No fue un acto deliberado a simple vista, sino un derrame perfecto que a cualquiera le habría parecido un accidente torpe.

Farah dio un respingo y se puso de pie de golpe.

—¡Dios mío! ¡Está caliente!

Continuará...

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play