Han Seo-yeon está acostumbrada a vivir rodeada de lujos, pero nunca le interesó formar parte del grupo de estudiantes más populares de su instituto.
Kang Ji-ho es todo lo contrario: rico, popular, frío y aparentemente imposible de alcanzar. Tiene fama de mujeriego y está acostumbrado a conseguir lo que quiere.
Cuando ambos se conocen por casualidad, apenas se prestan atención. Sin embargo, una apuesta cambia las cosas.
Los amigos de Ji-ho están convencidos de que Seo-yeon es la única chica que no caerá ante sus encantos. Él acepta demostrarles que están equivocados: hará que ella confíe en él y termine enamorándose.
Lo que Ji-ho no esperaba era que, mientras fingía acercarse a ella, comenzaría a sentir algo real.
Pero detrás de sus familias perfectas existe un secreto que lleva años oculto. Un secreto relacionado con la muerte de la madre de Ji-ho y con la familia de Seo-yeon...
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Capitulo 19: Antes de conocernos
Ji-ho seguía mirando la fotografía.
No podía ser.
Volvió a acercarla a la luz para asegurarse de que no estaba confundiendo el rostro.
Pero no había duda.
Conocía perfectamente a esa persona.
—No...
Guardó rápidamente la fotografía en el bolsillo.
Antes de regresar al instituto, llamó a Do-yun.
—Necesito que vengas.
—¿Qué pasó?
—Encontré algo sobre el accidente.
—¿Algo nuevo?
—Sí. Y creo que sé quién está detrás de los mensajes.
---
Una hora después, los tres estaban reunidos en una cafetería.
Ji-ho dejó la fotografía sobre la mesa.
Do-yun la tomó.
Su expresión cambió.
—¿Es él?
Ji-ho asintió.
—Sí.
Min-jae miró la imagen.
—Pero no tiene sentido.
—Lo sé.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
Do-yun volvió a mirar la fotografía.
—¿Por qué estaría allí?
Ji-ho no respondió.
Porque la persona que aparecía en la fotografía era alguien que llevaba años cerca de su familia.
Alguien en quien su padre confiaba.
—Tenemos que descubrir qué hacía allí esa noche —dijo Ji-ho.
—¿Y Seo-yeon?
Ji-ho bajó la mirada.
—No sé.
—¿Todavía no te habla?
—No.
Min-jae suspiró.
—Dale tiempo.
Ji-ho asintió.
—Eso haré.
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Seo-yeon llevaba dos días evitando a Ji-ho.
No porque quisiera olvidarlo.
Ese era precisamente el problema.
No podía.
Cada vez que recordaba el primer día que hablaron, la conversación en la terraza, la lluvia, el beso...
Todo había sido real para ella.
Pero ahora no sabía cuánto de aquello había comenzado como parte de una apuesta.
Min-ah se sentó a su lado durante el almuerzo.
—¿Vas a seguir así?
—¿Así cómo?
—Mirando tu teléfono cada cinco minutos esperando que te escriba.
Seo-yeon lo negó.
—No estoy esperando nada.
Min-ah sonrió.
—Claro.
Seo-yeon guardó el teléfono.
—Solo necesito pensar.
—¿Todavía lo quieres?
Ella permaneció callada.
—Eso pensé —dijo Min-ah.
—No es tan sencillo.
—Nunca lo es.
Seo-yeon suspiró.
—Me mintió.
—Sí.
—Pero también creo que lo que sentía era real.
Min-ah la miró.
—Entonces averigua qué quiere ahora, no qué quería al principio.
Seo-yeon se quedó pensando.
Quizás tenía razón.
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Esa tarde, Seo-yeon recibió un mensaje.
No era de Ji-ho.
“Si quieres saber quién comenzó la apuesta, ven sola.”
Debajo aparecía una dirección.
Seo-yeon dudó.
Podía ignorarlo.
Pero quería respuestas.
Llegó al lugar al anochecer.
Era una pequeña cafetería casi vacía.
Se sentó en una mesa del fondo.
Unos minutos después, alguien se sentó frente a ella.
Seo-yeon levantó la mirada.
Era Min-jae.
—¿Tú me escribiste?
—Sí.
—¿Por qué?
Min-jae respiró profundamente.
—Porque creo que mereces saber toda la verdad.
Seo-yeon permaneció en silencio.
—La apuesta empezó antes de que Ji-ho hablara contigo.
—Eso ya lo sé.
—Pero hay algo que no sabes.
—¿Qué?
Min-jae bajó la voz.
—Ji-ho no quería participar al principio.
Seo-yeon frunció el ceño.
—¿Entonces por qué aceptó?
—Porque alguien lo provocó.
—¿Quién?
Min-jae miró hacia la ventana.
—Un amigo de la familia.
Seo-yeon sintió un escalofrío.
—¿El mismo que aparece en la fotografía?
Min-jae lo miró sorprendido.
—¿Cómo sabes eso?
Seo-yeon sacó una copia de la fotografía.
—Ji-ho la encontró.
Min-jae palideció.
—Entonces ya lo sabe.
—¿Qué sabe?
—Que la apuesta no fue una simple broma.
Seo-yeon lo miró fijamente.
—Explícate.
Min-jae respiró profundamente.
—La persona que propuso la apuesta sabía quién eras.
Seo-yeon quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Sabía quién era tu padre. Sabía quién era Ji-ho. Y sabía que ustedes terminarían encontrándose.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
—¿Entonces por qué?
Min-jae negó con la cabeza.
—No tengo todas las respuestas.
Seo-yeon se levantó.
—¿Ji-ho sabe esto?
—No.
—¿Por qué no?
—Porque descubrí esta parte después.
Seo-yeon guardó la fotografía.
—Entonces tengo que hablar con él.
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Mientras tanto, Ji-ho estaba frente a la casa de Seo-yeon.
No pensaba entrar.
Solo quería verla.
Pero antes de tocar el timbre, recibió una llamada.
—¿Ji-ho?
Era Ha-rin.
Su voz sonaba nerviosa.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—No. Escúchame.
Ji-ho frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
—Encontré algo sobre la persona de la fotografía.
—¿Quién es?
Ha-rin guardó silencio unos segundos.
—Es alguien que estuvo cerca de tu madre antes de que muriera.
Ji-ho sintió un escalofrío.
—¿Y qué hizo?
—No lo sé.
—Ha-rin, dime.
—Solo sé una cosa.
—¿Cuál?
—Esa persona también conocía al padre de Seo-yeon.
La llamada se cortó.
Ji-ho miró hacia la casa.
Y justo en ese momento, la puerta se abrió.
Seo-yeon estaba frente a él.
Los dos se quedaron mirándose.
Después de dos días separados, ninguno sabía qué decir.
Finalmente, ella habló.
—Tenemos que hablar.
Ji-ho asintió.
—Sí.
Pero ninguno de los dos sabía que aquella conversación iba a cambiar por completo la relación entre ellos.