Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Marca de alma 1
Cuando llegaron a la posada, Gemma empujó la puerta con el hombro porque tenía las manos ocupadas.
—¡Llegamos!
Marta apareció desde la cocina.
—Por fin. Pensé que te habías perdido.
—¿Yo? ¡Imposible!
Gemma dejó las bolsas sobre una mesa.
—Me entretuve comprando.
Marta miró las bolsas.
—¿Te entretuviste?
—Sí.
—Compraste medio mercado.
—No fue tanto.
Marta comenzó a sacar las verduras.
—Gemma, compraste comida para varios días.
—Eso significa que hice una excelente compra.
Pedro apareció detrás de ellas.
—¿Y quién te ayudó con todo eso?
Gemma señaló tranquilamente hacia Stefan.
—Lord Stefan.
Pedro miró al hombre.
Stefan hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Buenos días.
—Buenos días, señor.
Gemma comenzó a guardar las cosas mientras hablaba.
—Fue muy amable. Me ayudó a cargar las bolsas.
—No fue ninguna molestia
respondió Stefan.
Gemma sonrió.
—¿Ve? Es un caballero.
Stefan la miró unos segundos.
[¿Caballero?]
No estaba seguro de merecer semejante título por cargar unas bolsas.
Pero no dijo nada.
Mientras Gemma continuaba hablando con Marta sobre los precios de las verduras, Stefan movió discretamente una mano.
Un pequeño gesto.
Casi imperceptible.
Sus dedos dibujaron un símbolo en el aire.
Una corriente de magia recorrió silenciosamente la habitación.
Stefan no necesitaba lanzar un hechizo evidente.
Solo necesitaba confirmar algo.
Y cuando sintió la respuesta... su expresión cambió.
Muy ligeramente.
Pero cambió.
Había estado pensando en ello durante todo el camino.
No era normal.
Había algo alrededor de Gemma.
Algo que no había percibido con claridad la noche anterior porque se había concentrado en los hombres que la seguían.
Pero ahora, después de caminar junto a ella durante tanto tiempo, había podido observarla mejor.
Su magia.
Su presencia.
Su energía.
Y lo que acababa de comprobar era exactamente lo que había sospechado.
[Asi que esto es.]
Stefan retiró lentamente la mano.
Miró a Gemma.
Ella estaba discutiendo con Marta sobre si las zanahorias eran mejores para la sopa o para un guiso.
—Para la sopa
decía Gemma.
—Para el guiso
respondía Marta.
—Para la sopa.
—Para el guiso.
—Marta.
—Lady Gemma.
Stefan las observó.
[Definitivamente tengo que hablar con ella.]
Esperó unos segundos.
Luego se acercó.
—Lady Gemma.
Ella se giró.
—¿Sí?
—¿Podríamos conversar a solas?
Gemma parpadeó.
Marta también.
Pedro dejó de acomodar unas cajas.
Gemma miró a Stefan.
Después miró a Marta.
Luego a Pedro.
Y finalmente volvió a mirar al mago.
—¿A solas?
—Sí.
Gemma entrecerró los ojos.
—¿Hice algo?
Stefan negó con la cabeza.
—No.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Gemma se quedó pensativa.
[¿Será por los hombres que me siguen?]
Pero entonces recordó que Stefan había estado con ella toda la mañana.
Tal vez había descubierto algo.
—Está bien.
Se limpió las manos en el delantal.
—Podemos hablar en mi oficina.
Stefan asintió.
Gemma caminó hacia la pequeña habitación que utilizaba para llevar las cuentas.
Antes de entrar, se giró hacia Marta.
—Si me buscas, estoy hablando con el mago.
Marta levantó una ceja.
—¿Con el mago?
—Sí.
—¿A solas?
Gemma la miró.
—Marta...
—Solo preguntaba.
Pedro carraspeó.
Stefan intentó esconder una sonrisa.
Gemma abrió la puerta.
—Entre.
Stefan entró.
Ella cerró detrás de ambos.
La pequeña oficina quedó en silencio.
Gemma se sentó detrás de su escritorio.
Stefan permaneció de pie unos segundos.
—Puede sentarse.
—Gracias.
Tomó asiento frente a ella.
Gemma apoyó los brazos sobre el escritorio.
—Bueno.
Sonrió.
—¿Qué sucede?
Stefan la observó cuidadosamente.
Ya no tenía la expresión relajada de hacía unos minutos.
Ahora estaba serio.
—Quiero preguntarle algo.
—Pregunte.
Stefan permaneció unos segundos en silencio, como si estuviera buscando cuidadosamente las palabras.
—¿Sé de su marca de alma?
Gemma frunció el ceño.
—¿Mi qué?
—Su marca de alma.
Ella lo miró completamente confundida.
—¿Mi... qué?
Stefan sonrió ligeramente.
—Su marca de alma. Soy mago, por eso puedo percibirla.
Gemma abrió un poco los ojos.
—Lord Stefan, no entiendo nada.
—No es algo malo. Solo necesito que me cuente todo lo que recuerde sobre su supuesta reencarnación.
Gemma se quedó inmóvil.
La palabra "reencarnación" había salido de la boca de otra persona.
No de ella.
No de sus pensamientos.
No de sus recuerdos.
De otra persona.
Y eso la aterrorizó.
—¿Usted... sabe?
Stefan asintió lentamente.
—Sé que hay algo diferente en usted.
Gemma palideció.
—¿Va a echarme?
Stefan frunció el ceño.
—¿Qué?
—De la posada.
Su voz comenzó a temblar.
—Por favor, no me eche.
Stefan la miró sorprendido.
—Lady Gemma...
—Yo no quería quitarle su vida a la otra Gemma.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Yo no pedí estar aquí.
Stefan permaneció completamente quieto.
Había visto miedo antes.
Había visto personas aterrorizadas.
Pero aquello era diferente.
Gemma no estaba fingiendo.
No estaba intentando manipularlo.
Estaba realmente asustada.
Y en ese instante, algo dentro de Stefan se tensó.
Su primer impulso fue acercarse.
Protegerla.
Decirle que nadie iba a hacerle daño.
Se acercó un poco a ella, Gemma se levantó.
Rodeó el escritorio y se acercó aun mas a él.
Stefan apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de sentir los brazos de Gemma alrededor de su cuerpo.
Ella lo abrazó.
Con fuerza.
Como si se hubiera quedado sin ningún otro lugar donde esconderse.
—Lord Stefan...
Su voz se quebró.
—Yo no había querido quitarle las cosas a la otra Gemma.
Stefan se quedó completamente sorprendido.
[¿Me está abrazando?]
Durante unos segundos no supo qué hacer.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.
Amo esta parejita.