●Secuela De La Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Separados por el engaño, la ambición y los hilos de poder de la poderosa dinastía Courteney, el tierno omega puro Cyrus se ve obligado a huir a los Hamptons para proteger el futuro de su alfa, llevando en su vientre el fruto de su amor en solitario. Durante tres largos años, Cyrus sufre la agonía de un nido vacío, consumido por la melancolía y el aislamiento de su jaula de oro, con su pequeño cachorro Cassian como único ancla para seguir adelante.
Mientras tanto, en Suiza, el desamparado alfa huérfano del pasado se ha transformado en Ethan Blackburn: un colosal, implacable y sádico magnate corporativo que ha levantado un imperio de acero para llenar el vacío de su ausencia. Armado con informes confidenciales y movido por un instinto territorial indomable, Ethan descubre la verdad sobre el sacrificio de su omega y planea una emboscada quirúrgica en Manhattan. No va a negociar.
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Capítulo 3: Hilos de durazno y tormenta
Capítulo 3: Hilos de durazno y tormenta
Novela: El Secreto De La Golondrina.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
El idilio en los Alpes suizos no se había construido de la noche a la mañana; era el resultado de una historia de amor que ya sumaba casi tres años de complicidad absoluta. Cyrus recordaba con perfecta fijeza el día en que todo comenzó. Cuando conoció a Ethan en los invernaderos, el omeguita tenía veinte años y cursaba el segundo año de su carrera botánica, mientras que el alfa, dos años mayor, caminaba con paso firme por el cuarto año de la facultad de leyes.
Durante esos casi tres años completos de noviazgo, el departamento de las afueras de la universidad se convirtió en el escenario de una vida compartida que rozaba la perfección. Sus días de novios estaban marcados por pequeñas rutinas que hacían que el sensible corazón de Cyrus se desbordara de gratitud. El joven Courteney, acostumbrado a la opulencia asfixiante de los Hamptons, descubrió la belleza de la sencillez gracias a Ethan.
Recordaba las mañanas frías de invierno en las que el alfa se levantaba antes del amanecer para encender la vieja calefacción del departamento, solo para que Cyrus no pasara frío al salir de las mantas. Recordaba también las tardes de primavera en las que Ethan, a pesar de sus extenuantes jornadas entre la biblioteca y sus trabajos de medio tiempo, se tomaba el tiempo de acompañarlo a los mercados locales de flores, cargando las pesadas bolsas de tierra y abono con una sonrisa carismática que derretía cualquier rastro de timidez en el omega.
—Un alfa fuerte debe cuidar el jardín de su omega —solía decirle Ethan entre risas, exhibiendo esa caballerosidad magnética que lo caracterizaba, mientras su aroma a pino negro y lluvia de tormenta envolvía las clavelinas de mar de Cyrus en un abrazo invisible.
A cambio, Cyrus lo envolvía en un cuidado maternal y sumiso que arrullaba los instintos del alfa. Le preparaba almuerzos caseros para sus largas jornadas de estudio, le dejaba notas con caligrafía perfecta entre sus códigos civiles y, por las noches, cuando el cansancio vencía al estudiante de leyes, Cyrus se sentaba detrás de él en la cama para masajear sus hombros, liberando sus feromonas florales hasta que el alfa se quedaba profundamente dormido con la cabeza regalada en su regazo. Eran una pareja perfecta: el alfa protector y el omega devoto, creciendo juntos hacia el futuro que se habían prometido bajo la nieve.
Sin embargo, a pesar de la distancia y de la burbuja de amor que habían construido, los lazos de la dinastía Courteney seguían latiendo en la sangre de Cyrus. A través de llamadas encriptadas y cartas discretas, el omeguita se mantenía al tanto de su hogar. Sabía perfectamente cómo marchaba el flujo del tiempo en los Hamptons gracias a sus hermanos.
Su hermana mayor, Marisol, siempre dos años mayor que él, ya se había convertido en una imponente alfa pura de veinticinco años que caminaba al lado de Louie, absorbiendo los secretos del manejo del imperio familiar con una frialdad matemática. Por otro lado, el pequeño Cedric, seis años menor que Cyrus, era un impetuoso alfa dominante de diecisiete años que ya lideraba las ligas juveniles de deportes de la alta sociedad, siendo una copia idéntica del temperamento territorial de su padre. Cyrus los extrañaba con una melancolía dulce, pero su devoción por Ethan era tan grande que prefería mantener su estatus de "chico ordinario" para no asustar al alfa huérfano con el monstruoso poder de su verdadera familia.
Ahora, la vida los colocaba en la cúspide de sus esfuerzos. Se encontraban a tan solo unos meses de la ceremonia de graduación conjunta; Cyrus terminaría su carrera y Ethan finalmente recibiría su título de abogado. El futuro parecía brillante, una línea recta hacia el matrimonio y el nido propio.
Pero el destino de la dinastía Courteney siempre estaba ligado a los giros drásticos de la biología.
Faltando escasos meses para que sonaran las campanas de graduación, en una mañana gris donde la niebla bajaba pesadamente de las montañas, Cyrus se despertó con una extraña y abrumadora pesadez en el cuerpo. El aroma a clavelinas de mar, usualmente fresco y ligero, amaneció denso, adquiriendo un sutil matiz dulce y lácteo que alteró el ambiente del departamento de inmediato.
Cyrus se levantó de la cama mareado, corriendo hacia el cuarto de baño con una opresión en el pecho. Al mirarse en el espejo, con sus ojos grandes y claros fijos en su propio reflejo, llevó una de sus manos temblorosas hacia su vientre aún plano. Sus instintos de omega puro, aquellos que había heredado de la línea directa de Bahir, le susurraron la verdad antes de que cualquier prueba médica pudiera confirmarlo.
Estaba embarazado. Un tierno cachorro se estaba gestando en su interior, un fruto de esos casi tres años de entregas absolutas bajo el aroma del pino negro.
Una lágrima de profunda emoción rodó por la mejilla de Cyrus, pero la felicidad duró solo un segundo. De inmediato, el pánico y el condicionamiento de su crianza lo golpearon como una ráfaga de viento alpino. Miró hacia la pequeña mesa de la sala, donde descansaban los libros desgastados de Ethan y sus solicitudes de pasantías que apenas cubrirían los gastos básicos de un recién graduado. En su mente inocente y protectora, Cyrus se horrorizó ante la idea de convertirse en una carga, de atar a un alfa huérfano y sin recursos a la responsabilidad de un cachorro omega puro antes de que pudiera consolidar su carrera.
—No... no puedo arruinar tu futuro, Ethan —susurró el omeguita con la voz quebrada, apretando el suéter del alfa contra su pecho mientras el peso de una terrible decisión comenzaba a formarse en su alma.