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Nadie Lloró Por Ella.

Nadie Lloró Por Ella.

Status: Terminada
Genre:Policial / Escena del crimen / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SugarBloom

Hay secretos que deberían permanecer enterrados. Y verdades que pueden destruirte.

Cuando un crimen sacude la tranquilidad de un pueblo donde todos parecen conocerse, una joven queda atrapada en un juego de mentiras, sospechas y traiciones. Cada pista conduce a una nueva pregunta, cada sospechoso oculta algo y cada respuesta parece alejarla aún más de la verdad.

En medio del caos, un enigmático chico despertará su curiosidad… aunque confiar en él podría ser su peor error.

Todos tienen un motivo. Todos guardan un secreto. Pero alguien ha conseguido mantenerse un paso por delante de los demás, escondiéndose a plena vista.

Y cuando la verdad salga a la luz, desearás no haber sospechado de la persona equivocada.

Novela 100% mía, acepto correcciones🤞

NovelToon tiene autorización de SugarBloom para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

17. Lo que Mara vio.

Hay verdades que una persona recuerda como una pesadilla y otra como el único momento en que pudo salvarse.

I. Abril

22:41 — El camino hacia la mansión Valdés

Nunca había tenido tanto miedo de escuchar una respuesta.

Durante días había perseguido pistas, reunido fotografías y leído cartas que parecían escritas para destruir todo lo que creía saber sobre mi infancia. Había imaginado decenas de versiones de lo ocurrido aquella noche, y en todas ellas yo era la niña a la que habían engañado.

La hija a la que habían robado su identidad.

La hermana que había perdido a Alma.

Pero la grabación de mi madre había cambiado algo.

Si de verdad había sido yo quien dijo que no se había quedado en la mansión, entonces existía la posibilidad de que hubiera mentido antes de que todos los demás empezaran a hacerlo.

Y no sabía qué me aterraba más: descubrir que alguien había decidido quién debía ser o descubrir que yo misma había ayudado a decidirlo.

—No tenés que entrar si no querés —dijo Gael.

Estábamos frente a la mansión Valdés. La verja permanecía entreabierta y las ramas de los árboles golpeaban suavemente contra los muros. Una luz parpadeaba en una de las ventanas del piso superior.

No recordaba haberla visto encendida la última vez.

—¿Desde cuándo sos vos quien decide cuándo tengo que entrar en una casa? —pregunté.

Gael no sonrió.

—Desde que cada vez que entrás en una, alguien termina desapareciendo.

Mateo soltó una exhalación.

—Tiene razón.

Me volví hacia él.

—¿Vos también?

—No estoy diciendo que tengas que quedarte afuera. Estoy diciendo que no podemos seguir haciendo las cosas como hasta ahora.

—¿Y cómo proponés que las hagamos?

Mateo me sostuvo la mirada.

—Esta vez, escuchamos antes de acusar.

No supe qué responder.

Era una petición razonable. También era la misma clase de consejo que yo había ignorado durante toda la investigación.

Había querido respuestas inmediatas, nombres, culpables. Había tratado cada silencio como una confesión y cada vacilación como una prueba de traición.

Quizá porque necesitaba creer que, si encontraba a la persona responsable, todo volvería a tener sentido.

Pero mi vida no iba a regresar a su lugar por descubrir quién había mentido.

Primero tenía que descubrir qué había pasado.

—Está bien —dije finalmente—. Escuchamos.

Entramos.

El aire de la mansión olía a humedad y a madera vieja. El suelo crujía bajo nuestros pasos y, en algún lugar de la planta superior, una ventana golpeaba contra el marco.

No había señales del hombre del anillo plateado.

Tampoco de Elena.

Solo silencio.

Y una puerta abierta al final del pasillo.

La puerta del sótano.

Me detuve.

Durante un instante, volví a tener nueve años. Sentí el frío en los pies, escuché una voz al otro lado de la oscuridad y tuve la certeza de que, si daba un paso más, algo dentro de mí terminaría de romperse.

Gael se acercó, pero no me tocó.

—Abril.

Respiré profundamente.

—Estoy bien.

—No te pregunté eso.

Lo miré.

Sus ojos azul grisáceos parecían más claros bajo la luz tenue del pasillo.

—¿Qué me estás preguntando, entonces?

—Si querés que esté acá.

La pregunta me sorprendió.

Hasta ese momento, Gael siempre había aparecido en los lugares donde yo necesitaba ayuda, como si su presencia fuera una pieza más de aquel misterio. Había desconfiado de él, lo había acusado y había utilizado su apellido como prueba de cosas que no sabía si había hecho.

Y aun así, seguía a mi lado.

—Sí —respondí—. Quiero que estés acá.

Gael asintió.

No intentó decir nada más.

Bajamos los escalones.

Mara nos esperaba en la habitación oculta detrás de la puerta del sótano.

Estaba sentada junto a la pared, con las rodillas recogidas y una manta sobre los hombros. Parecía haber envejecido mucho más de lo que correspondía a sus años. Tenía el rostro cansado y los ojos clavados en una pequeña fotografía que sostenía entre las manos.

Cuando nos vio, se levantó de inmediato.

—Vinieron.

—Tenemos que hablar —dije.

Mara miró a Gael y luego a Mateo.

Finalmente, sus ojos se detuvieron en mí.

—Encontraste la cinta.

No era una pregunta.

—Sí.

—¿Escuchaste a tu madre?

—Sí.

Mara cerró los ojos.

—Entonces ya no puedo seguir ocultándotelo.

Sentí que el corazón comenzaba a latirme más rápido.

—¿Ocultarme qué?

Ella levantó la fotografía.

Era una imagen de la mansión tomada desde el jardín. En primer plano aparecían dos niñas de cabello rojizo. Una estaba de pie junto a la puerta del sótano; la otra permanecía unos pasos detrás.

Pero había algo distinto en aquella imagen.

La niña que estaba delante tenía el rostro cubierto por una mancha oscura.

La otra miraba directamente a la cámara.

Y en sus ojos había algo que reconocí de inmediato.

No era miedo.

Era rabia.

—La noche del diecisiete de octubre —comenzó Mara—, yo no fui la única que quiso salir de esa casa.

Se me secó la boca.

—¿Qué significa eso?

Mara dejó la fotografía sobre la mesa.

—Significa que, antes de que alguien cerrara la puerta, una de ustedes me pidió que la ayudara a escapar.

Mateo se quedó inmóvil.

Gael apretó los puños.

Yo apenas conseguí formular la siguiente pregunta.

—¿Cuál de las dos?

Mara me miró durante unos segundos.

—La que tenía tu voz.

El silencio cayó sobre nosotros.

—Las dos tenían mi voz —dije.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo podés distinguirlas?

Mara bajó la mirada hacia la fotografía.

—Por lo que dijeron.

Se acercó a la mesa y colocó ambas manos sobre la madera.

—Una de ustedes me pidió que abriera la puerta porque tenía miedo de quedarse encerrada. La otra me pidió que no la abriera porque sabía quién estaba al otro lado.

Sentí un escalofrío.

—¿Y vos qué hiciste?

Mara tardó en responder.

Cuando lo hizo, su voz apenas se escuchó.

—Elegí a la equivocada.

II. Mateo

Diez años antes — 17 de octubre

Mateo Rivas recordaba el frío.

No el frío de una noche de otoño, ni el de la ropa húmeda junto al río. Recordaba el frío que sintió cuando comprendió que los adultos podían hablar de una niña como si fuera un objeto que se podía cambiar de lugar.

Tenía nueve años.

Había ido a la mansión porque Alma se lo había pedido.

Ella le había dicho que Abril estaba en peligro y que necesitaba ayuda para encontrar algo que demostrara que alguien estaba mintiendo.

Mateo no había entendido demasiado. Pero conocía a las gemelas desde hacía tiempo, y Alma nunca le pedía favores sin una razón.

Cuando llegó, la encontró en el jardín.

—¿Dónde está Abril? —le preguntó.

Alma señaló la casa.

—Adentro.

—¿Qué pasó?

Ella miró hacia una ventana del piso superior.

—No tenemos mucho tiempo.

Mateo recordaba haber querido preguntarle por qué tenía tanto miedo. Pero antes de que pudiera hacerlo, Alma le tomó la mano y lo condujo hasta una puerta lateral.

En el interior, la mansión estaba casi a oscuras.

Se escuchaban voces en algún lugar del piso superior.

Una mujer.

Un hombre.

Y una niña que lloraba.

Alma le pidió que esperara junto a la escalera.

—No te muevas de acá —le dijo.

—¿Adónde vas?

—A buscar a Mara.

—¿Por qué?

Alma se inclinó hacia él.

—Porque ella es la única que sabe cuál de nosotras tiene que salir.

Mateo no comprendió aquellas palabras.

No en ese momento.

Alma desapareció por el pasillo.

Él esperó.

Primero escuchó pasos.

Después, un golpe.

Y finalmente, una voz que reconoció como la de Abril.

—¡No quiero que se quede!

Mateo se levantó.

La voz provenía de una puerta entreabierta.

Se acercó lo suficiente para mirar por la rendija.

Vio una habitación pequeña, una cama y una caja de madera sobre el suelo.

Y vio a una niña sentada junto a la pared.

Tenía el cabello rojizo, las manos apretadas contra el pecho y una pulsera de cuentas rojas en la muñeca.

Parecía Abril.

Pero cuando levantó la cabeza, Mateo vio algo que nunca olvidaría.

La niña no estaba mirando a la puerta.

Estaba mirando a alguien que se encontraba detrás de él.

—No la dejes entrar —susurró.

Mateo se volvió.

El pasillo estaba vacío.

Cuando miró de nuevo hacia la habitación, la niña había desaparecido.

La puerta se cerró sola.

Y, desde el otro lado, una voz infantil pronunció su nombre.

—Mateo.

Él se quedó inmóvil.

Porque esa voz no venía de la habitación.

Venía del sótano.

III. Gael

Presente — Mansión Valdés

Gael Ferrer había aprendido a desconfiar de los silencios mucho antes de conocer a Abril.

Su padre era un hombre que podía pasar una cena entera hablando de negocios sin decir nada que pudiera utilizarse en su contra. Siempre había sabido responder a las preguntas con otras preguntas y convertir cualquier sospecha en una falta de educación.

Cuando Gael era pequeño, pensaba que todos los padres eran así.

Después descubrió que algunos silencios no protegían a una familia.

La mantenían prisionera.

Miró a Mara mientras ella intentaba explicar lo que había ocurrido en la mansión.

—¿Quién estaba al otro lado de la puerta? —preguntó.

Mara negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿No lo viste?

—Escuché su voz.

—¿La reconociste?

Mara lo miró.

—Sí.

Gael sintió una presión en el pecho.

—¿De quién era?

Mara guardó silencio.

Abril se acercó a la mesa.

—Mara, necesitamos saberlo.

—No puedo.

—¿Por qué?

Mara bajó la mirada hacia sus manos.

—Porque si digo su nombre, ustedes van a pensar que todo lo que pasó fue culpa de esa persona. Y no fue así.

Gael intercambió una mirada con Mateo.

La historia parecía estar girando sobre sí misma. Cada vez que encontraban una respuesta, aparecía una pregunta más difícil.

—¿Entonces de quién fue la culpa? —preguntó Abril.

Mara levantó la cabeza.

—De todos los que decidimos que una de ustedes tenía que desaparecer para que la otra pudiera vivir.

Gael sintió que algo se quebraba dentro de él.

Durante años había creído que su participación en aquella noche había sido insignificante. Había escuchado una discusión, visto a una mujer salir de la mansión y obedecido cuando le ordenaron que se marchara.

Se había convencido de que no podía hacer nada.

Pero ahora comenzaba a comprender que marcharse también había sido una decisión.

—Yo escuché los golpes —dijo.

Abril lo miró.

—¿Qué?

—La noche en que Mara desapareció. Escuché a alguien golpeando la puerta del sótano. Pensé que era ella.

Mara cerró los ojos.

—Era ella.

Gael sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—¿Cómo lo sabés?

—Porque fui yo quien le dijo que se quedara.

Abril retrocedió un paso.

—¿Qué hiciste?

Mara no respondió enseguida.

Cuando finalmente habló, lo hizo mirando a Gael.

—Le dije a una de las gemelas que, si quería salvar a su hermana, tenía que quedarse dentro de la habitación hasta que yo volviera.

—¿Y volviste? —preguntó Gael.

Mara comenzó a llorar.

—No.

La palabra fue tan pequeña que casi se perdió en el silencio.

—No volví porque alguien me encontró antes. Me encerraron. Y cuando conseguí salir, la casa estaba vacía.

Gael bajó la mirada.

De pronto, la culpa que había cargado durante diez años ya no parecía suficiente.

No había sido solamente un niño asustado que obedeció una orden.

Había sido un niño que escuchó a alguien pedir ayuda y decidió que no podía arriesgarse a abrir una puerta.

Y ahora tenía que vivir con la posibilidad de que aquella decisión hubiera cambiado la vida de todos.

IV. Abril

La confesión de Mara

—Quiero que me cuentes todo desde el principio —dije.

Mara se sentó.

Parecía agotada. Tenía los dedos entrelazados sobre las rodillas y la mirada perdida en algún lugar que ninguno de nosotros podía ver.

—La noche del diecisiete de octubre, Alma descubrió que alguien había estado utilizando los nombres de ustedes para ocultar algo. Había documentos en la mansión, registros médicos y fotografías. Alguien había cambiado información sobre su nacimiento.

—¿Quién? —preguntó Mateo.

—No lo sé. Alma tampoco estaba segura. Pero había descubierto que una persona llevaba años decidiendo cuál de las dos debía ser reconocida como Abril Montenegro.

Sentí que la garganta se me cerraba.

—¿Y qué hizo?

—Me pidió ayuda. Quería sacar los documentos de la casa y llevárselos a tu madre. Pensaba que, si Elena veía las pruebas, dejaría de obedecer a quienes estaban detrás de todo.

—¿Quiénes?

—Un hombre que conocía a tu familia. Una mujer que trabajaba con él. Y alguien más, alguien que nunca vi directamente.

La imagen del hombre del anillo plateado apareció en mi mente.

—¿El hombre que nos persigue?

Mara asintió lentamente.

—Creo que sí.

—¿Y qué pasó con las gemelas?

Mara respiró hondo.

—Alma llegó primero. Después apareciste vos. O eso creí.

Me incliné hacia ella.

—¿Qué significa que lo creíste?

—Las dos llevaban ropa parecida. Las dos tenían el cabello mojado. Las dos estaban asustadas. Una me dijo que era Abril y que necesitaba salir. La otra me dijo que no debía dejarla salir.

Sentí que el corazón me golpeaba contra las costillas.

—¿Cuál te dijo cada cosa?

—No pude distinguirlas.

—Pero dijiste que una te pidió ayuda para escapar.

—Sí.

—¿Y la otra te pidió que la dejaras encerrada?

Mara asintió.

—¿Por qué?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Porque creía que, si la otra salía de la casa, alguien iría a buscarla. Y esa persona no podía encontrarla.

Me quedé inmóvil.

—¿Quién?

Mara negó con la cabeza.

—No lo sé. Solo recuerdo que una de las niñas me dijo algo antes de que me encerraran.

—¿Qué?

Mara me miró directamente.

—Me dijo que, si alguna vez volvía a verla, no debía llamarla Abril.

Sentí un escalofrío.

—¿Cómo debía llamarla?

Mara abrió la boca.

Pero no pronunció ningún nombre.

En lugar de eso, tomó la fotografía que había dejado sobre la mesa y me la entregó.

—Mirá el reverso.

Le di la vuelta.

Había una frase escrita con tinta negra.

«La que salga primero no será la que vuelva».

La leí varias veces.

Después levanté la mirada.

—¿Qué significa?

Mara me sostuvo la mirada.

—Que durante diez años todos buscamos a la niña equivocada.

Nadie habló.

Sentí que el mundo se volvía extrañamente silencioso.

Hasta ese momento, había creído que la historia tenía dos protagonistas: Alma y yo. Dos hermanas separadas por una noche, por una mentira y por la decisión de unos adultos que habían elegido quién debía vivir con qué nombre.

Pero quizá no había sido así.

Quizá una de las gemelas había salido de la mansión.

Quizá la otra había permanecido dentro.

Y quizá la niña que todos habían creído salvar no era la que necesitaba ser salvada.

—Mara —dije despacio—. ¿Vos sabés quién soy?

Ella me miró.

Durante unos segundos, no vi en su rostro miedo ni culpa.

Vi reconocimiento.

Como si hubiera estado esperando esa pregunta desde hacía diez años.

—Sí —respondió.

Mateo dio un paso hacia nosotros.

Gael dejó de respirar.

Yo sentí que el corazón se me detenía.

—¿Quién soy?

Mara abrió los labios.

Pero antes de que pudiera contestar, escuchamos un golpe en la escalera.

Después, pasos.

Lentos.

Alguien estaba bajando al sótano.

Mara palideció.

—No puede ser…

—¿Quién es? —pregunté.

Ella se puso de pie y retrocedió hacia la pared.

—La persona que nunca debió regresar.

Una sombra apareció al final de los escalones.

Primero vimos una mano.

Después, el borde de una campera oscura.

Y finalmente, un rostro que reconocí de inmediato.

Elena Montenegro.

Mi madre.

Pero no estaba sola.

Detrás de ella había una joven de cabello rojizo, ojos verdes y una pulsera de cuentas rojas en la muñeca.

Era idéntica a mí.

No como en las fotografías antiguas.

No como en los dibujos de mi infancia.

Era mi reflejo.

Una versión de mí que había crecido en otra parte, con otra vida y otros recuerdos.

La joven me miró.

No parecía sorprendida.

Tampoco parecía asustada.

Parecía furiosa.

—Así que vos sos la que se quedó con mi nombre —dijo.

Sentí que las piernas me fallaban.

Mi madre cerró los ojos.

Mateo dio un paso atrás.

Gael se quedó completamente inmóvil.

Y yo comprendí que, por primera vez desde que había comenzado a investigar, no tendría que perseguir una fotografía ni descifrar una carta para encontrar a la persona que buscaba.

La tenía delante.

Mi hermana.

Alma Montenegro.

Pero antes de que pudiera pronunciar su nombre, ella levantó la mano y señaló a Mara.

—Preguntale qué hiciste aquella noche —dijo, sin apartar los ojos de mí—. Preguntale por qué me dejó encerrada.

Se me heló la sangre.

Porque su voz era la misma que había escuchado en la grabación.

La misma que había pronunciado mi nombre desde el otro lado de la puerta.

____________

Y, de pronto, ya no supe cuál de las dos estaba diciendo la verdad.

1
Anonimus✨
Una obra de arte, me llaman más la atención los policiales desde el libro, quiero más novelas tuyas autor porfa termina de completar las demás novelas que tienes☺️☺️☺️☺️
Fénix.
Bravo🙌
Fénix.
No puede ser!! hubo algunos capitulos en los que me perdí pero me atrapó completamente 👏👏 bravo quiero más novelas tuyas🤭👏
Anonimus✨
Ostraaas! pero que pasada ella tiene algo que ver con la muerte de la chica??/Shame//Shame//Shame//Shame/
Anonimus✨
Se conocían? no puede ser!!!!/Shy/
Anonimus✨
Uuuuh no mames wey!!
Anonimus✨
Que genial el prólogo! la me imagino el resto de la historia
Fénix.
uffff que intrigante quiero más /Whimper//Whimper//Whimper/
Fénix.
Interesante historia, es mi primera vez leyendo una novela policial jaja le veo potencial, espero más caps😊😊😊
🌸SugarBloom🌸: Entonces espero que te guste mucho esta novela ☺️☺️
total 1 replies
NovelToon
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