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PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

Status: Terminada
Genre:Mundo mágico / Mundo de fantasía / Amor eterno / Completas
Popularitas:705
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Náyrel siempre creyó que la soledad era el precio de su existencia. Oculta entre los árboles de un bosque encantado, guardaba un secreto que podía cambiar el destino de todos los reinos sobrenaturales: era la última hija de la Luna Blanca. Pero su mundo cambia el día que Darian Varek, el temido señor del Reino de las Sombras, descubre su existencia. Frío, dominante y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes, Darian decide llevarla a su castillo, convencido de que ninguna fuerza podrá arrebatársela. Sin embargo, Náyrel no nació para vivir entre muros ni para inclinar la cabeza ante ningún hombre. Se resistirá a sus órdenes, desafiará su autoridad y escapará tantas veces como sea necesario. Pero Darian siempre la encontrará. Entre persecuciones, secretos ancestrales y una atracción que ninguno logra comprender, Náyrel descubrirá que detrás de la frialdad de aquel inmortal existe una oscuridad mucho más profunda de lo que imaginaba. Y Darian aprenderá que la única criatura capaz de desafiar su poder también podría convertirse en su mayor debilidad. Ella desea escapar de él. Él está dispuesto a desafiar a la eternidad para conservarla a su lado. Pero cuando la verdad sobre el origen de Náyrel salga a la luz, ambos descubrirán que su encuentro no fue una coincidencia y que el destino les tiene reservado algo mucho más peligroso que el amor. Porque algunas almas están destinadas a encontrarse… incluso cuando una de ellas haría cualquier cosa por escapar. 🌙 ¿Podrá Náyrel conquistar su libertad sin perder el corazón ante el único hombre del que jamás debió enamorarse?

NovelToon tiene autorización de Betsy Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Primer beso

Náyrel descubrió que compartir sus días con Darian se estaba convirtiendo en una costumbre peligrosa. No porque temiera al soberano de las sombras como al principio, sino porque comenzaba a buscarlo incluso cuando no tenía ninguna razón para hacerlo.

Si escuchaba su voz en un corredor, levantaba la mirada. Si encontraba una taza de infusión sobre la mesa del invernadero, se preguntaba si él la habría dejado allí. Y cuando pasaba una mañana entera sin verlo, se sorprendía pensando en qué estaría haciendo.

Aquella nueva sensación la inquietaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Esa tarde decidió visitar la biblioteca para terminar de revisar un antiguo herbario que su madre había encontrado entre sus pertenencias. Esperaba disfrutar de unas horas de tranquilidad, pero apenas cruzó la entrada descubrió a Darian junto a uno de los ventanales.

—Empiezo a sospechar que me sigues —comentó ella.

Darian levantó la vista del libro que tenía entre las manos.

—Esta es mi biblioteca.

—Una excusa muy conveniente.

—Puedo marcharme si mi presencia interrumpe tus importantes investigaciones.

Náyrel dejó el herbario sobre la mesa y sonrió.

—No he dicho que te marches.

La respuesta pareció sorprenderlo. Darian cerró el libro y señaló el asiento a su lado.

—Entonces, ¿me permites acompañarte?

—Por esta ocasión.

Ella se sentó junto a él y abrió el herbario. Durante un rato compartieron el silencio, interrumpido únicamente por las páginas que pasaban y los comentarios de Náyrel sobre algunas plantas. Darian escuchaba con atención, preguntándole por los remedios que preparaba en su cabaña y por las propiedades de ciertas flores.

No fingía saber más de lo que sabía. Cuando no entendía algo, preguntaba.

Náyrel agradecía aquella curiosidad. A su lado podía hablar de lo que le gustaba sin sentir que debía demostrar su valor como heredera de la Luna Blanca.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo ella después de un rato.

—Ya sabes que sí.

—¿Cuándo empezaste a verme como algo más que una responsabilidad?

Darian se quedó pensativo. No parecía incómodo, sino decidido a encontrar una respuesta sincera.

—No sabría decirte el momento exacto. Durante mucho tiempo me convencí de que mantenerte a salvo era lo único que importaba. Después empezaste a discutir conmigo, a cuestionar mis decisiones y a recordarme que no siempre tenía razón.

—Eso debió de ser insoportable para ti.

—Terriblemente. —Sonrió—. Pero también descubrí que esperaba nuestras conversaciones. Quería saber qué pensabas, qué te hacía reír y por qué eras capaz de enfadarte conmigo por la mañana y hablarme de tus plantas por la tarde.

Náyrel bajó la mirada, ocultando una sonrisa.

—Todavía me enfado contigo.

—Lo tengo presente.

—Y sigo sin confiar completamente en ti.

—También lo sé.

Ella levantó los ojos.

—Pero quiero conocerte. No al soberano que todos temen, sino al hombre que se ríe cuando arruino su trabajo en el invernadero.

—Ese hombre está bastante interesado en conocerte también.

La sinceridad de Darian dejó a Náyrel sin una respuesta ingeniosa. Se quedó observándolo, consciente de que la distancia entre ambos ya no le parecía tan necesaria como antes.

Darian se movió ligeramente, pero no la tocó.

—Hay algo que quisiera preguntarte —dijo—. Y puedes decirme que no.

Náyrel sintió que el corazón comenzaba a latirle con más fuerza.

—¿Qué cosa?

Él sostuvo su mirada.

—¿Puedo besarte?

La pregunta quedó suspendida entre ambos. Náyrel había imaginado aquel momento, aunque nunca se había atrevido a reconocerlo. Una parte de ella sentía nervios; otra quería descubrir qué ocurriría si dejaba de pensar tanto y escuchaba lo que sentía.

Miró los labios de Darian y después volvió a sus ojos.

—Sí —respondió suavemente—. Puedes hacerlo.

Darian se acercó despacio, dándole tiempo para cambiar de opinión. Náyrel fue quien terminó de cerrar la distancia.

El beso fue delicado, breve al principio, como si ambos estuvieran aprendiendo un lenguaje nuevo. No hubo exigencias ni intentos de convertir aquel instante en una promesa. Solo el contacto cálido de sus labios y la sorpresa de descubrir que aquello que habían imaginado podía sentirse tan natural.

Cuando se separaron, Náyrel mantuvo los ojos cerrados un segundo más. Después soltó una pequeña risa nerviosa.

—No sé qué decir.

Darian sonrió.

—Por una vez, estamos en igualdad de condiciones.

Ella le dio un ligero golpe en el brazo.

—No arruines el momento.

—Jamás me atrevería.

Náyrel lo miró con fingida severidad, pero terminó sonriendo. Darian levantó una mano y apartó un mechón de cabello de su rostro, deteniéndose lo suficiente para que ella pudiera apartarse si quería.

Ella no lo hizo.

—¿Te arrepientes? —preguntó él.

Náyrel negó con la cabeza.

—No. Pero no quiero que pienses que un beso significa que ya tengo todas las respuestas.

—No lo pienso. No tienes que prometerme nada.

Ella respiró aliviada. Aquella respuesta le permitió disfrutar del momento sin sentir que acababa de perder parte de su independencia.

—Bien —murmuró—. Porque todavía tengo muchas preguntas sobre ti.

—Entonces espero que sigas haciéndomelas.

Náyrel apoyó su frente contra la de él durante unos segundos. Fue un gesto espontáneo, lleno de una ternura que ya no intentó ocultar.

Afuera, la luz del atardecer teñía de dorado los ventanales de la biblioteca. Sus padres la esperaban para cenar, y todavía quedaban conversaciones pendientes sobre el futuro de los siete reinos. La vida no se había vuelto sencilla de repente.

Pero algo sí había cambiado.

Cuando Náyrel se levantó para marcharse, Darian no intentó retenerla. Ella dio unos pasos hacia la puerta y después se volvió.

—Mañana quiero volver al invernadero.

—¿Para cuidar las plantas?

—También.

Él comprendió la respuesta y sonrió.

—Te estaré esperando.

Náyrel abandonó la biblioteca con las mejillas ligeramente sonrojadas y una alegría que no pudo disimular.

Por primera vez, no se preguntó si Darian estaba eligiendo por ella.

Había sido ella quien había elegido acercarse.

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