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Amor De Guerra

Amor De Guerra

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Un amor apasionado nacido en medio de la guerra entre dos paises. La princesa Melany se enamora apasionada mente del tirano que juro odiar, por que nada es como parece

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Capítulo 9: El Dulce Niño del Jardín Secreto

​La atmósfera tras la partida de Emanuel quedó cargada de preguntas no formuladas. Melany miraba a Antonio, quien permanecía en silencio, observando la puerta por la que su consejero acababa de salir.

​—¿A qué se refería con 'emociones del pasado'? —preguntó Melany, rompiendo el silencio. Su voz era apenas un murmullo inquisitivo—. ¿Por qué tu canciller insinúa que me conoces de antes?

​Antonio se giró despacio hacia ella. Por un momento, la mirada fiera del conquistador se suavizó, dando paso a una nostalgia profunda y melancólica que derribó la postura imponente del emperador. Caminó hacia la mesa, pero en lugar de revisar los pergaminos de Emanuel, permaneció de pie, con los ojos fijos en la princesa.

​—Emanuel conoce la verdad porque estuvo allí conmigo —dijo Antonio en una voz rasposa—. Hace doce años... mucho antes de que esta sangrienta guerra comenzara, cuando yo era apenas un niño de trece años y el hijo menor del anterior emperador.

​Melany entreabrió los labios, esforzándose por recordar.

​—Hubo una embajada de paz... —continuó Antonio, dando un paso hacia ella—. Tu padre organizó un banquete imperial que duró cuatro días en los palacios de Aethelgard. Mi padre me llevó consigo para que aprendiera diplomacia. Odiaba los salones formales, los discursos interminables de los nobles y las miradas falsas de la corte. Así que me escapé a los jardines reales.

​El corazón de Melany dio un vuelco violento dentro de su pecho. Los recuerdos de su infancia, sepultados bajo años de entrenamiento militar y el horror de la guerra, comenzaron a emerger como destellos de luz.

​—En el jardín de los manzanos... —susurró Melany, sintiendo una punzada de incredulidad—. Había un niño...

​—Un niño alto, torpe y huraño —sonrió Antonio de manera amarga y dulce a la vez—. Un muchacho apenas un par de años mayor que tú, que se escondía detrás de las estatuas de piedra para no volver al gran salón.

​—Tú... —Melany se llevó una mano a la boca, sintiendo que el aliento se le escapaba—. Tú eras aquel niño.

​—Iker —dijo Antonio, revelando el segundo nombre con el que se había presentado en su niñez para ocultar su título real—. Así me dijiste que me llamara. Pasar tres días escondidos en ese jardín, compartiendo manzanas robadas y hablando de libros de aventuras, fue el único momento de verdadera paz en toda mi juventud. Tú tenías diez años, Melany. Eras una niña feroz, inteligente, con una sonrisa que lograba ahuyentar toda la frialdad que yo cargaba dentro.

​Melany sintió que el suelo temblaba bajo sus pies. Durante años, el único recuerdo cálido de su solitaria infancia en el palacio real había sido aquel niño noble, el único amigo verdadero que jamás tuvo, con quien había jurado volver a encontrarse cuando fueran mayores. Ese muchacho dulce, apenas más alto que ella en aquel entonces, que le había reglado una pulsera de cuero trenzado antes de partir.

​—El día que me marché —continuó Antonio, su voz bajando a un tono íntimo y tembloroso—, me juré a mí mismo que cuando fuera un hombre, regresaría a Aethelgard a pedir tu mano. Me enamoré de ti en esos tres días con la pureza y la devoción que solo un niño puede sentir.

​—Antonio... yo conservé esa pulsera durante años —confesó Melany, con los ojos empañados por las lágrimas reprimidas—. Pero cuando la guerra estalló y mi padre proclamó que el imperio de Solaria estaba liderado por el 'Emperador Antonio', jamás imaginé que ese monstruo del que todos hablaban... era el mismo niño del jardín.

​—Cuando la guerra empezó y los ejércitos marcharon —dijo Antonio, dando el último paso que lo separaba de ella y tomando suavemente las manos temblorosas de la princesa—, perdí toda esperanza. Pensé que me odiarías para siempre, que la sangre entre nuestros pueblos destruiría cualquier sombra de lo que fuimos. Traté de olvidarte, Melany. Me convencí de que la niña del jardín era solo un sueño. Pero cuando abrí la puerta de mi habitación el otro día y te vi con esa daga en la mano, con la misma furia en los ojos que tenías de niña... supe que el destino me estaba dando una última oportunidad para salvarte... y para salvarme a mí mismo.

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