Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 3
Emma Viceroy había llegado a una conclusión importante.
El palacio de Sunderland estaba lleno de personas extrañas.
El rey gritaba a todo el mundo, excepto a lady Alana Norton, a quien trataba con una delicadeza que Emma consideraba sospechosa. Lady Alana, por su parte, parecía convencida de que Draco Sunderland era el hombre más maravilloso que había caminado sobre la tierra.
El mago Jack era un funcionario competente que dedicaba una cantidad sorprendente de energía a intentar evitar sus responsabilidades.
Y el duque Jared Kovacic...
Bueno.
El duque Jared Kovacic parecía haber sido creado específicamente para poner a prueba la paciencia de Emma.
Lo había conocido apenas el día anterior, y ya estaba convencida de que su vida habría sido considerablemente más tranquila si jamás se hubieran cruzado.
Por desgracia, el destino parecía tener un sentido del humor deplorable.
Porque a la mañana siguiente, cuando Emma llegó al palacio, el primer hombre que encontró fue precisamente el hermano del duque.
Jack estaba apoyado contra una columna, comiendo una manzana mientras examinaba un documento. Al verla, levantó la mano con una sonrisa.
—¡Capitana Viceroy! Buenos días.
—Buenos días, mago Jack. ¿No debería estar trabajando?
El joven miró la manzana.
Después el documento.
Finalmente, a Emma.
—Estoy trabajando.
—¿Comiendo?
—La alimentación es fundamental para mantener el maná..
Emma lo observó con una expresión impasible.
—Por supuesto.
—Además, estoy leyendo un informe.
—Al revés.
Jack bajó la mirada.
El documento estaba efectivamente al revés.
Hubo un silencio.
Emma arqueó una ceja.
Jack giró el papel con una dignidad admirable.
—Estaba comprobando si usted prestaba atención a los detalles.
—Qué alivio. Por un momento pensé que el palacio había contratado a un mago incapaz de leer correctamente.
—¡Capitana! Me hiere.
Emma soltó una risa.
Le agradaba Jack. Era imposible permanecer demasiado tiempo enfadada con un hombre que parecía dispuesto a hacer el ridículo sin sentir la menor vergüenza.
—Por cierto.. quería agradecerle lo de ayer.
—¿Lo de ayer?
—Mi hermano.
Emma dejó de sonreír.
Ah, sí.
El duque.
El hombre de cabello blanco, sonrisa burlona y una extraordinaria capacidad para hacer que los demás desearan lanzarlo por una ventana.
—¿Jared?
—El mismo.
—No tiene nada que agradecerme. No hice absolutamente nada.
—Precisamente. Si hubiera hecho algo, probablemente habría terminado golpeándolo.
Emma lo miró.
Jack sonrió.
—No se preocupe, capitana. Lo conozco desde que nací. Sé perfectamente qué clase de hombre es.
Emma cruzó los brazos.
—¿Siempre es así?
Jack ladeó la cabeza.
—¿Así cómo?
—Irritante.
El mago soltó una carcajada.
—¡Oh! Ahora nos llevamos mejor.
Emma parpadeó.
—¿Mejor?
—Mucho mejor.
La capitana se quedó mirándolo.
[¿Cómo era antes? ¿Jared era todavía más insoportable? ¿Es posible que exista una versión de ese hombre que resulte más desagradable?]
Jack pareció comprender su expresión, porque su sonrisa disminuyó ligeramente.
—Ah. Supongo que debería explicárselo.
—Se lo agradecería.
El mago dejó de jugar con el documento y miró hacia las ventanas del corredor.
Por primera vez desde que Emma lo conocía, su expresión alegre pareció volverse un poco más seria.
—Mi hermano y yo no siempre tuvimos una buena relación.
[¿ahora tienen una buena relacion]
Emma no lo interrumpió.
—Jared es el heredero del ducado Kovacic. Desde pequeño se le enseñó que debía convertirse en un noble capaz de administrar las tierras de nuestra familia, dirigir a nuestros soldados y cumplir con todas las responsabilidades que acompañan a un título de ese rango. Yo, en cambio, nací con magia.
Jack se encogió de hombros.
—Una magia bastante útil, según dicen. Tengo facilidad para comprender los fenómenos mágicos, investigar encantamientos y desarrollar pociones. Desde muy joven, algunos magos consideraron que podía llegar a ocupar un puesto importante en el reino.
—Y comenzaron a compararlos..
Jack sonrió sin alegría.
—Constantemente.
Emma conocía bien aquella clase de comparaciones.
No eran exactamente iguales a las que había experimentado en el ejército, pero comprendía su efecto.
Cuando alguien destacaba, los demás parecían necesitar encontrar una manera de medirlo frente a otra persona.
Y, en ocasiones, aquella comparación terminaba destruyendo relaciones que podrían haber sido buenas.
—Algunos nobles comenzaron a decir que yo debería heredar el ducado.. Según ellos, un mago importante podría servir mejor a la familia que un hombre sin magia.
Emma frunció el ceño.
—Pero usted no podía heredar el ducado si no era el heredero designado por su familia.
—Las leyes de sucesión tienen sus particularidades, y las opiniones de los nobles pueden complicar cualquier asunto. En cualquier caso, yo nunca quise el título.
—¿Nunca?
—Jamás. ¿Para qué querría un ducado? Implica administrar tierras, revisar impuestos, escuchar disputas entre comerciantes, asistir a reuniones interminables y fingir interés cuando algún noble pasa una hora explicando por qué sus caballos son mejores que los del vecino.
Emma soltó una carcajada.
—Eso último parece particularmente agotador.
—No tiene idea.
Jack se llevó una mano al pecho.
—Yo quería investigar magia, estudiar encantamientos antiguos, desarrollar pociones y descubrir cosas que nadie hubiera comprendido antes. Si hubiera podido pasarme la vida encerrado en una torre de magia, probablemente habría sido el hombre más feliz de Sunderland.
—¿Y Jared?
La sonrisa de Jack desapareció por un instante.
—Jared no lo veía así.
El mago guardó silencio.
—Para él, yo era el hermano menor que recibía elogios por algo que él nunca podría tener. Cada vez que alguien hablaba de mi magia, alguien más mencionaba que quizá yo debería heredar el ducado. Cada vez que conseguía un reconocimiento, él sentía que sus propios esfuerzos valían menos.
Emma comprendió entonces que la sonrisa de Jared ocultaba algo más complicado que la simple arrogancia.
No significaba que el duque tuviera derecho a tratar a su hermano de aquella manera.
Pero, al menos, empezaba a comprender de dónde procedía aquella hostilidad.
—¿Y usted nunca intentó explicárselo?
Jack soltó una risa breve.
—¿Explicárselo? Capitana, durante años no podíamos permanecer en la misma habitación sin terminar discutiendo.
—¿Tan mal?
—Una vez rompimos una mesa.
Emma lo miró.
—¿Una mesa?
—Una mesa enorme. De madera maciza. Nuestro padre estaba muy enfadado.
La capitana tuvo que cubrirse la boca para no reírse.
Jack levantó un dedo.
—No se burle. Fue una discusión muy seria.
—Por supuesto.
—Jared dijo que yo no comprendía las responsabilidades de nuestra familia. Yo le respondí que él no comprendía nada sobre magia. Él me dijo que era un niño mimado. Yo le dije que era un noble arrogante. Después...
—¿Rompieron la mesa?
—La mesa no sobrevivió.
Emma se echó a reír.
Jack sonrió, aunque su mirada seguía siendo algo melancólica.
—Durante mucho tiempo no nos consideramos hermanos. Nos tratábamos como adversarios. Si uno recibía un reconocimiento, el otro encontraba una razón para despreciarlo. Si uno intentaba acercarse, el otro sospechaba que había alguna intención oculta.
—Eso debió de ser difícil.
—Lo fue.
El mago guardó silencio unos segundos.
Después suspiró.
—Y las cosas empeoraron cuando me casé.
Emma lo miró con curiosidad.
—¿Su matrimonio tuvo algo que ver?
—Más de lo que me gustaría admitir.
Eso quiere decir que ya no serán de Época Antigua???😨😨😨
Yo espero con ansias historias del Reino Mágico donde hay Cambia Formas (disculpr olvide el nombre).