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Hasta El Fin Del Mundo

Hasta El Fin Del Mundo

Status: En proceso
Genre:Fantasía LGBT / Apocalipsis / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.

nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

un abrazo tierno

Ya era bastante tarde y el refugio comenzaba a quedarse en silencio. Algunos sobrevivientes dormían en sus camas, mientras otros conversaban en voz baja antes de descansar.

Adrian seguía despierto, mirando el techo sin poder dejar de pensar en la misión que Darian tendría al día siguiente.

¿Y si algo le pasa? ¿Y si no regresa?

El rubio suspiró y se incorporó. Necesitaba despejar su mente, así que decidió caminar un poco por el refugio.

Mientras tanto, Daniel y Valeria permanecían sentados cerca de las camas, conversando sobre sus vidas antes de que comenzara la invasión.

—Extraño mi casa —comentó Valeria—. Nunca imaginé que terminaría viviendo en un refugio.

—Yo también extraño mi habitación —respondió Daniel—. Aunque mi hermano siempre entraba sin tocar la puerta.

—¡Oye! —protestó Darian desde unos metros de distancia.

Daniel soltó una carcajada.

—¡Era verdad!

Darian negó con la cabeza, divertido, pero entonces notó que Adrian se alejaba solo hacia uno de los pasillos.

El soldado frunció ligeramente el ceño y decidió seguirlo.

Adrian caminaba despacio, observando las luces del techo, cuando escuchó unos pasos detrás de él.

—¿Adónde vas?

El rubio se giró y encontró a Darian acercándose.

—Ah… solo quería caminar un poco.

Darian cruzó los brazos y lo miró con seriedad.

—Deberías estar en tu cama. Mañana necesitas descansar, y llevas todo el día preocupado.

Adrian bajó la mirada.

—Ya lo sé, pero no consigo dormir. Solo intento despejar mi mente un poco.

Darian suspiró al comprenderlo. Se acercó y, sin decir nada más, rodeó al rubio con sus brazos, abrazándolo con suavidad.

Adrian se quedó completamente quieto por la sorpresa.

El uniforme de Darian estaba tibio y el abrazo le proporcionó una sensación de tranquilidad que no había sentido desde que comenzó la invasión.

—Deja de preocuparte tanto —murmuró Darian—. No puedes pasar toda la noche pensando en cosas que todavía no han ocurrido.

Adrian dudó unos segundos antes de levantar los brazos y corresponder al abrazo tímidamente.

—Es difícil no hacerlo…

—Lo sé. Pero ahora estás a salvo. Intenta descansar y deja que mañana nos ocupemos de lo que venga.

El rubio apoyó la frente contra el pecho del soldado, escuchando su voz tranquila.

—¿De verdad vas a regresar? —preguntó en voz baja.

Darian guardó silencio por un instante antes de responder.

—Haré todo lo posible para regresar. Tengo a mi hermano esperándome y no pienso abandonarlo.

Adrian apretó ligeramente los brazos alrededor de él.

—Entonces… ten mucho cuidado.

—Lo tendré.

Permanecieron abrazados durante unos segundos más, hasta que Darian se separó un poco para mirarlo.

—Ahora, señor Adrian, vuelva a su cama.

El rubio soltó una pequeña risa.

—No tienes que hablarme como si fuera un niño.

—Entonces deja de comportarte como alguien que necesita que lo manden a dormir.

—¡Oye!

Darian sonrió al verlo protestar y le revolvió suavemente el cabello.

Después lo acompañó de regreso a las camas, caminando a su lado.

Cuando llegaron, Daniel los observó con una sonrisa sospechosa.

—Vaya, ¿y ustedes dos de dónde vienen?

—Adrian necesitaba despejarse —respondió Darian tranquilamente.

—Ajá… ¿y por qué tiene las mejillas rojas?

—¡Daniel, cállate! —exclamó Adrian, cubriéndose el rostro con la manta.

Valeria comenzó a reírse, mientras Darian le lanzó a su hermano una mirada de advertencia.

—Duérmete de una vez.

Daniel se acostó entre risas y levantó las manos en señal de rendición.

Adrian se acomodó en su cama, todavía avergonzado, pero mucho más tranquilo que antes.

Y cuando finalmente cerró los ojos, los pensamientos que lo habían mantenido despierto comenzaron a desvanecerse poco a poco.

Por primera vez desde que llegó al refugio, consiguió dormirse sintiéndose un poco menos solo.

1
Sumirá
😭👏
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