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¡¿Tendré Un Hijo Con El CEO?! ¡Y Quiere Que Sea Suya!

¡¿Tendré Un Hijo Con El CEO?! ¡Y Quiere Que Sea Suya!

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Romance oscuro / CEO
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Tania Uribe

Tras una aventura de una noche, las consecuencias llegan tras enterarse de su embarazo.

Kaelyn sin saberlo se acostó con el CEO del Grupo Schneider y su jefe quien desde hace más dos años que apenas y la mira, pero el olor a sándalo en su cuerpo y más la náuseas matutinas que la atormentan cada mañana es más que obvio para él deducir quién fue la mujer con la que tuvo los mejores orgasmos y no piensa dejarla...

NovelToon tiene autorización de Tania Uribe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El hombre que me seguía

KAELYN

Dos meses más. Eso fue lo que me tomó para acostumbrarme a la idea que dentro de mí estaba creciendo una pequeña vida.

Mi embarazo progresaba perfectamente.

Las náuseas habían disminuido considerablemente y mi vientre comenzaba a mostrar una curva que ya no podía esconder con facilidad.

Pero había algo que no lograba conseguir ignorar. Alguien me estaba vigilando. Observándome como si fuera una especie de depredador.

Al principio creí era solo imaginaciones mías. Y luego pensé que posiblemente se trataba de un desconocido. O un pervertido que me miraba desde la distancia.

Durante varios días fue lo mismo. O es más desde que supe de mi embarazo y más aún desde que comenzó a notarse.

Había momentos en los que cuando miraba por la ventana de mi habitación o de la sala de estar no había nada ni nadie, pero podía sentir esa sensación de estar siendo observada, era escalofriante y a la vez molesto. Incluso había instantes en los que llegaba a tener miedo de todo.

Sin embargo, al sentir las patadas de mi bebé sabía que todo valía la pena.

—No te preocupes, nadie nos hará daño y de eso me encargo yo—Mi bebé pateó con más fuerza y eso fue raro porque por lo general cuando le hablaba este se mantenía tranquilo, aun moviéndose, pero tranquilo.

Durante los siguientes días estuve observando mi entorno con más atención. Cambié varias rutas y comencé a salir a diferentes horas, pero nada funcionó.

Entonces comencé a prestar más atención y dejé que él mismo se dejara encontrar. Aquella tarde salí del trabajo y caminé hasta el estacionamiento. Escuché pasos detrás de mí. Me detuve.

—¿Quién está ahí?—Silencio. Giré lentamente y lo vi.

Mi Jefe. Adler Schneider. Apoyado contra uno de los automóviles, con los brazos cruzados y esa mirada y expresión tranquila que tanto me irritaba. Estaba impecable vestido, igual que siempre.

Traje negro, camisa blanca, el cabello oscuro perfectamente acomodado y aquellos ojos verdes me miraban con una intensidad que me hizo sentir incómoda.

Sentí mi sangre hervir del coraje.

El bebé pateó con fuerza. Más de la habitual.

—¿Usted?

—Sí.

—¿Era usted quien me ha estado siguiendo?

No respondió mi pregunta. Eso fue más que suficiente.

—Ay por dios, Señor Schneider...

—Dime Adler. Y no me llames de usted. Kaelyn—suspiré.

—Bien. Adler...

Sonrió satisfecho. Sinceramente, tenía deseos de golpearlo, pero no debía hacerlo. Y no lo hice pese a que la tentación era grande.

—Kaelyn, debemos hablar—Su voz sonaba tranquila. Demasiado tranquila.

—No. Tú tienes que explicarme por qué llevas semanas siguiéndome.

Se separó del automóvil y caminó hacia mí. Retrocedí un paso. Él se detuvo. Por primera vez noté algo distinto en su expresión. No era arrogancia. Era determinación.

—Sé lo del bebé.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué?

—Sé que estás embarazada.

De manera instintiva llevé una mano a mi vientre.

—¿Cómo...?

—Porque ese bebé es mío.

El mundo pareció quedarse en silencio. Lo miré fijamente.

—No.

—Sí.

—Adler, tú no puedes saber eso.

—Lo sé perfectamente.

—¿Cómo?—Su mirada se volvió más intensa.

—Porque fui yo quien estuvo contigo aquella noche.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones. Por supuesto. Había pasado tanto tiempo intentando no pensar en aquella noche que nunca consideré la posibilidad de volver a encontrar al hombre con quien había cometido aquella locura estando ebria.

Y ahora estaba frente a mí. Mi jefe. El padre de mi hijo.

—¿Tú...?

Asintió.

—Yo.

Me llevé una mano a la frente. Aquello tenía que ser una maldita pesadilla.

—No puede ser.

—Sí puede ser.

—¿Y qué quieres de mí?—Adler dio un paso hacia mí.

—Protegerte.

Solté una risa nerviosa.

—No necesito que me protejas.

—Por supuesto que sí.

—No.

—Kaelyn.

—Puedo cuidarme sola.

Su mandíbula se tensó.

—No mientras estés llevando a mi hijo.

Aquella frase consiguió enfurecerme aún más.

—Mi bebé NO es ninguna propiedad.

—Nunca dije que lo fuera.

—Acabas de decir que es tuyo.

—Porque lo es. Es nuestro—Su tono se suavizó un poco—. Y por eso quiero protegerlos a los dos—Los miré sin saber qué responder. Entonces dijo las palabras que terminaron de hacerme perder la paciencia—. A partir de ahora te irás a vivir conmigo—Parpadeé.

—¿Perdón?

—Mi casa tiene espacio suficiente para los tres.

—No.

—Será más seguro.

—Ya dije que no.

—Kaelyn...

—No me voy a mudar contigo...

Y me fui. Al menos eso pensé.

...****************...

Durante los siguientes descubrí que Adler Schneider tenía una forma muy peculiar de hacerme irritar. Y de conseguir lo que se propone. Cuando tomé la decisión de mudarme a un departamento más grande, las opciones comenzaron a desaparecer.

Una inmobiliaria me decía que el departamento ya no estaba disponible. Otra me decía que el propietario había cambiado de opinión. Y una tercera dejó de responder mis llamadas.

Al principio creí que era solo mala suerte. Pero después me di cuenta de que no era así.

—¡Fuiste tú!—Dije entrando a la oficina de Adler sin haberme anunciado. Este apenas levantó la vista de sus documentos.

—¿De qué hablas?

—Sabes muy bien de lo que estoy hablando.

Lo miré fijamente.

—No sé de qué estás hablando.

Silencio.

—Eres el peor mentiroso que he conocido en toda mi vida.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Entonces ya sabes la respuesta.

—¡Esto es ridículo!

—No, no lo es.

—¡Por supuesto que sí!

—Posiblemente—Se levantó de su escritorio—. Tu departamento tiene una sola habitación.

—Lo sé.

—Pronto tendrás un bebé.

—También lo sé.

—Necesitas espacio.

—Por eso estoy buscando uno.

—Puedes tenerlo en mi casa—Lo miré por unos segundos. Quería discutir. Quería gritar.

Quería decirle que él no podía controlar mi vida. Pero sinceramente estaba cansada. Demasiado cansada. Así que cerré los ojos y respiré profundo.

—De acuerdo.

Adler arqueó una ceja.

—¿Aceptas?

—Sí, me mudaré contigo—Su expresión cambió. Pero levanté un dedo antes de que pudiera decir algo—. Con condiciones.

—Las que quieras.

—Primero: deja de seguirme.

—No. No prometo eso.

—Lo digo en serio...—Mi tono de voz cambió.

—Está bien—aceptó a regañadientes.

—Segundo: cada uno tendrá su propio espacio.

—Bien.

—Tercero: ninguno interferirá en la vida del otro—Su silencio me hizo sospechar—¿Entendido?

—Sí.

—Y cuarto: cuando nazca el bebé, cada uno tendrá su propio espacio. Estableceremos un horario para las visitas y para convivir con él.

Adler me observó como si acabara de proponerte algo inaudito.

—No.

Suspiré.

—Supuse que dirías eso.

—No voy a aceptar estar lejos de ti luego del nacimiento.

—No se trata de estar lejos de mí—Traté de explicar. Pero él no aceptó razones. Qué terco era.

—Para mí sí.

Me quedé callada. No tenía energía para continuar discutiendo. Volví al trabajo.

Una semana después, me mudé.

La casa de Adler, era enorme. Demasiado grande. No era casa. Era una residencia.

Se encontraba alejada del ruido de la ciudad, rodeada por altos árboles y jardines perfectamente cuidados.

La fachada era de piedra oscura y grandes ventanales. Elegante. Sobria. Imponente.

Exactamente como él.

Al entrar, lo primero que vi fue un enorme recibidor de techos altos. El suelo era de mármol gris. Había una escalera flotante de madera oscura y cristal que conducía al segundo piso.

La decoración era moderna, pero no fría.

Había enormes ventanales de los que podía verse el jardín posterior. Más allá había una terraza. Y una piscina.

—Esto es ridículo.

Adler me miró.

—¿Qué cosa?

—¿Realmente necesitas una casa tan grande?

—Sí.

—¿Para qué?

—Me gusta el espacio.

Rodé los ojos. La cocina era aún más impresionante.

Amplia, con una enorme isla central de mármol, electrodomésticos modernos y una ventana que daba al jardín. Había una habitación que Adler convirtió en su despacho. Otra era una biblioteca.

Y en el segundo piso estaban los dormitorios.

El mío estaba al extremo del pasillo. El suyo, al otro lado. Tal como habíamos acordado. Aunque había algo que me sorprendió.

Mi habitación ya estaba preparada. No solo habían colocado mis cosas. Había ropa nueva. Productos para el embarazo. Almohadas especiales.

Incluso una pequeña lámpara de luz cálida junto a la cama. Me quedé mirando todo aquello.

—¿Quién hizo esto?

—Yo—Lo miré.

—¿Tú?

—No sabía qué necesitabas—Se encogió ligeramente de los hombros—. Así que compré varias cosas.

Por primera vez no supe qué responder. El hombre arrogante y excéntrico que conocía en la oficina...

No parecía existir dentro de aquella casa. Durante los siguientes días descubrí algo aún más extraño.

Adler era atento. Demasiado atento.

Si me levantaba temprano, encontraba el desayuno preparado. Si tenía náuseas, desaparecía de mi vista y regresaba con té.

Su me sentía cansada, no me hacía preguntas. Solo me decía que descansara.

...****************...

Una noche llegué del trabajo completamente agotado. Dejé mi bolso sobre el sofá y me quité los zapatos.

—Estás pálida.

Levanté la mirada. Adler estaba frente a mí.

—Estoy bien.

—No lo estás.

—Solo estoy cansada—Se acercó. Pensé que iba a tocarme. Pero se detuvo.

—¿Puedo?—Aquella pregunta me sorprendió. Asentí.

Colocó una mano sobre mi vientre. Su expresión cambió. Por primera vez vi algo distinto en sus ojos. No había arrogancia. No había frialdad.

Algo más profundo. Algo que no supe identificar.

—Nuestro hijo—murmuró. Mi respiración se volvió lenta. Miré su mano sobre mi vientre.

Y por primera vez...

No me aparté.

Quizá porque empezaba a comprender algo. Adler podía ser posesivo. Controlador. Exasperante. Pero también estaba tratando de protegernos.

Y, contra todo pronóstico...

Poco a poco estaba comenzando a confiar en él. Lo cual era probablemente la peor decisión que podía tomar. Porque vivir bajo el mismo techo que Adler Schneider estaba comenzando a resultar interesante. En más de una forma.

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Aliz Soto
La hiatoria es buena,pero que mal que no hay mas actializaciones,lei solo hasta el capitulo 22,ya despues no hay nada escrito,no la recomiendo solo por eso
Tania Uribe: Estoy actualizando lo más rápido que puedo. He tenido mucho trabajo y he estado ocupada, pero si habrá actualizaciones 👏🙏🙏
total 1 replies
Flor R
jajajja se ve que la paso bien
Miriam Colín
No cabe duda es un lunático demente y eso lo hace muy peligroso.
Miriam Colín
😱 ¿Quién será el lunático ó loca ?, que esta obsecionado con Kaeylani.
Isis Vargas Pinzon
Mellizos 👶👶 niño y niña, que hermosura.!!!❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Me encanta que él quiera algo formal y buscar la familia que sueña con la mujer que ama. 💞
Isis Vargas Pinzon
Me hiciste llorar 😭 de ternura Adler, ya te estás ganando a la mujer y madre de tu hijo... vamos adelante con la historia ❤️❤️👶❤️❤️
Isis Vargas Pinzon
Woow que padrísimo, ya me enamoré de éste hombre, él está enamorado de ella, ya eso es un alivio 👏👏👏👏
Isis Vargas Pinzon
Un bebé 🍼 es una bendición.!!!
Quizás el hombre misterioso te está vigilando 😂 y tú ni te has dado cuenta, por lo pronto aliméntate bien y duerme todo lo que puedas, porque después no te la vas acabar con el bebé 👶🍼😂😂😂
Isis Vargas Pinzon
Qué buena noche le dieron, jajajaja muy candente y bien felíz, no se cuidaron y hasta premiada se fué... cómo que se les olvidó algo tan importante y va a tener consecuencias.
Aracelis Durango
Los de seguridad están involucrados se supone que tienen seguridad extra y esa enferma logro entrar
Aracelis Durango
Empecé a leer la historia y me gusta mucho 💕
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