El día de su cumpleaños, Elena Robles recibe decenas de felicitaciones. Ninguna viene de su esposo.
Mientras ella espera un abrazo, sus mellizos preparan un regalo para Marina, la media hermana de Elena. Adrián Valdés también tiene claras sus prioridades: Marina siempre va primero.
Después de años intentando ganarse un lugar en su propia familia, Elena deja su anillo junto a los papeles del divorcio y se marcha. Esta vez, no busca que él la siga. Quiere recuperar su vida.
Vuelve a la empresa tecnológica que ayudó a fundar y retoma la carrera que dejó por su matrimonio. Quienes la subestimaban solo conocían a una esposa callada. Están a punto de descubrir de lo que es capaz.
Adrián está acostumbrado a que Elena siempre lo espere.
¿Qué hará cuando ella deje de hacerlo?
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Capítulo 22
Capítulo 22. Quiero presentarle a alguien
Cuando llegaron, casi todos los invitados estaban en el salón.
Varias personas miraron a Elena al verla entrar con Gabriel.
El anfitrión los conocía y se acercó a saludarlos. Estaba a punto de hablar cuando la entrada del salón volvió a llamar su atención.
Se detuvo.
Otros invitados hicieron lo mismo.
Gabriel y Elena no habían visto quién llegaba. El anfitrión les dirigió una mirada de disculpa y pasó junto a ellos.
—Señor Valdés. Señor Herrera. Señor Peña.
Elena se volvió.
Adrián, Sebastián y Ricardo acababan de entrar.
Marina iba con ellos.
Llevaba el vestido lila.
Elena reconoció la tela, las flores de la cintura y el collar que había visto en el maniquí.
El conjunto de más de treinta millones de pesos tenía ahora un rostro.
Marina caminaba con seguridad. La gente se apartaba para mirarla y saludar al grupo.
—Qué raro verlos aquí —comentó alguien cerca de Elena—. Casi nunca aceptan invitaciones.
—¿La mujer que viene con ellos es la novia de Valdés?
—Mira ese vestido.
Algunos hablaban de Marina. Otros se habían fijado en Elena.
—Yo prefiero el de la mujer que llegó con Ortega. Le queda precioso.
—Ya viene acompañada —respondió otro.
Una invitada reconoció el vestido lila.
—Lo vi ayer en la tienda. Me dijeron que un hombre lo mandó hacer para su novia. No sabía que había sido Valdés. El conjunto cuesta más de treinta millones.
—¿Treinta millones?
Elena bajó la mirada.
Ya había pensado que Adrián podía haberlo encargado. La familia Salazar tenía dinero, pero aquella cantidad para una sola noche estaba fuera de lo que acostumbraba gastar.
Para él no era un problema.
El vestido se había encargado con anticipación. Adrián había planeado llevar a Marina, elegir lo que se pondría y presentarse con ella delante de todos.
Elena recordaba los años en que nunca le había ofrecido acompañarlo.
Gabriel se inclinó un poco hacia ella.
—Elena...
—Estoy bien.
La llegada la había sorprendido. No quería que la obligara a pasar toda la noche pendiente de ellos.
Alrededor de Adrián se había formado un grupo de invitados. Ni él ni sus amigos habían visto a Elena.
Gabriel conocía una parte de ella que los demás solían ignorar.
Elena podía parecer reservada, pero no le faltaba decisión. Cuando quería investigar algo, se dedicaba de lleno, incluso si no sabía si el resultado tendría utilidad comercial.
Prefería intentarlo antes que quedarse con la duda.
También había elegido así su matrimonio. Había dejado otros planes para apostar por Adrián.
El costo había sido enorme.
Ahora decía que quería irse. Gabriel la conocía lo suficiente para creerle.
—¿Tomamos algo? —preguntó.
—Sí.
Caminaron hacia las mesas de comida, alejándose del grupo que rodeaba a los recién llegados.
Gabriel le ofreció una copa.
Elena no bebía con frecuencia, aunque toleraba bien una pequeña cantidad.
Chocaron las copas y se quedaron conversando a un lado.
Un hombre se acercó.
—Gabriel, no sabía que ibas a venir.
—Profesor Márquez.
Gabriel lo saludó con confianza.
—Lo estaba buscando.
El profesor Rafael Márquez sonrió.
—Eso dicen todos cuando los encuentro.
—Esta vez es verdad. Quiero presentarle a alguien.
Márquez miró a Elena.
Era una joven muy atractiva, pero no entendía por qué Gabriel quería presentársela a él.
Gabriel continuó.
—Su proyecto de lenguaje de programación sigue atascado, ¿verdad? Ella es Elena Robles. También estudió con el profesor Navarro. Es extraordinaria en esta área y creo que puede ayudarlo.
Márquez se quedó quieto.
Daniel Navarro era una de las figuras más respetadas del país en inteligencia artificial. Sus alumnos ya tenían una presencia importante en el sector.
Nunca había oído hablar de Elena Robles.
—¿Fue alumna de Navarro?
—Sí —respondió Gabriel.
Bajó un poco la voz.
—Cuap es el trabajo que ella desarrolló con su equipo hace ocho años.
Márquez lo miró como si necesitara confirmar que había oído bien.
—¿Cuap?
—Hablen unos minutos. Después me dice si exageré.
El profesor empezó con un par de preguntas.
Elena respondió sin apresurarse.
Márquez escuchó. Hizo otra pregunta, más específica. Después le explicó el problema que no había conseguido resolver en su proyecto.
La conversación cambió de tono.
Elena dejó la copa a un lado. Se concentró en lo que le decía y señaló una dificultad que él no había planteado de ese modo.
Márquez se animó.
Siguieron hablando, cada vez más interesados. Gabriel los observó sin interrumpir.
Un rato después levantó la vista.
Marina venía hacia él.
Al verlo, sonrió con educación.
Gabriel recordó lo que Elena le había contado en el auto.
Antes de que pudiera decidir cómo recibirla, Marina llegó a su lado.
—Señor Ortega.