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Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Cuando La Luna Vuelva A Recordarme

Status: En proceso
Genre:Regreso a la infancia / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

En un reino donde las leyendas nunca mueren, una joven noble comienza a tener sueños con una vida que no recuerda y una tragedia que aún no ha ocurrido. Mientras la sombra de una antigua profecía vuelve a extenderse sobre el imperio, su destino se entrelaza con el del príncipe heredero, un hombre marcado para morir antes de reclamar el trono.

Cada recuerdo la acerca a una verdad capaz de cambiar el curso de la historia, pero también despierta a quienes han esperado siglos para impedir que el pasado se repita. En un mundo donde nadie es completamente inocente y cada decisión tiene un precio, proteger al príncipe podría significar condenarse a sí misma una vez más.

Porque algunas promesas sobreviven a la muerte... y hay destinos de los que ni siquiera una nueva vida puede escapar.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bajo la misma Luna (Prólogo, parte 2)

—Aún no ha terminado...

Aquellas palabras no resonaron en mis oídos, sino en lo más profundo de mi pecho. Fueron tan antiguas como el primer amanecer y tan frías como el vacío entre las estrellas. Durante un instante olvidé el dolor, la sangre y el peso de mi cuerpo. Solo existía aquella voz, envolviéndolo todo con una calma aterradora, como si el destino hubiera decidido pronunciar su sentencia.

Abrí lentamente los ojos, la grieta ya no permanecía inmóvil.

Las sombras comenzaron a retorcerse unas sobre otras hasta formar un inmenso remolino que parecía devorar la luz de la luna. Incluso el resplandor plateado que hasta entonces había iluminado el campo de batalla empezó a desvanecerse, absorbido por aquella oscuridad imposible.

Los magos dieron un paso atrás.

Jamás pensé que llegaría a ver el miedo reflejado en los rostros de quienes habían dedicado toda su vida a estudiar lo desconocido.

Uno de ellos cayó de rodillas.

—No... —susurró con la mirada perdida—. No puede despertar otra vez...

Otro levantó su báculo con manos temblorosas.

—El sello se está rompiendo.

No, negué lentamente con la cabeza, todavía no, no podía permitirlo.

Habíamos perdido demasiadas vidas para llegar hasta allí.

Miles de soldados habían abandonado a sus familias convencidos de que nunca regresarían. Caballeros cuyos nombres jamás aparecerían en los libros de historia habían entregado su último aliento creyendo que alguien más podría vivir un día más. Magos que consumieron hasta la última gota de su energía permanecían ahora inmóviles sobre aquella tierra devastada.

Todo aquello... No podía haber sido en vano.

Intenté incorporarme.

Un dolor insoportable atravesó mi pecho, sentí cómo algo cálido volvía a llenar mi garganta.

Tosí.

La sangre cayó lentamente sobre la mano que aún sujetaba la mía.

Él cerró los ojos apenas un instante, solo un instante, pero bastó para comprender lo desesperado que estaba.

—No te muevas.

Su voz apenas era un susurro.

—Por favor...

Era extraño.

Había pasado tantos años escuchándolo hablar con autoridad que aquella súplica parecía pertenecer a otra persona.

Lentamente levanté mi mano libre, me costó más de lo que imaginaba, mis dedos rozaron su mejilla, estaba fría, empapada por lágrimas que él ni siquiera parecía notar.

Siempre pensé que, si algún día llegaba este momento, tendría algo importante que decirle.

Palabras dignas de ser recordadas, una despedida, una promesa.

Algo.

Pero mi mente estaba completamente en blanco, solo podía contemplar su rostro, quería memorizarlo una última vez.

La forma en que el viento desordenaba su cabello oscuro.

La pequeña cicatriz junto a su ceja izquierda, recuerdo que era de una pelea absurda cuando ambos éramos apenas unos niños.

La manera en que fruncía el ceño cada vez que intentaba ocultar sus emociones.

Había cambiado tanto... Y, al mismo tiempo, seguía siendo el mismo muchacho que una vez insistió en trepar un árbol solo para demostrarme que las alturas no daban miedo.

Sonreí con dificultad.

—Sigues siendo un idiota...

Él soltó una risa entrecortada, una risa rota.

Dolorosa.

—Y tú... sigues sonriendo cuando menos deberías hacerlo.

Durante un breve instante, el tiempo pareció detenerse, no existían la guerra, ni las llamas, ni la oscuridad.

Solo nosotros.

Como si el universo hubiera decidido concedernos un último recuerdo antes del final.

Entonces el suelo comenzó a temblar, no era una vibración cualquiera, era un latido, lento, pesado, profundo.

Como si el propio mundo tuviera un corazón oculto bajo las montañas.

Las grietas comenzaron a extenderse por la tierra.

Las piedras se elevaron algunos centímetros antes de desintegrarse en el aire, los caballos supervivientes relincharon desesperados, las aves huyeron del bosque en una bandada caótica, incluso el viento dejó de soplar.

Todo guardó silencio y desde el centro de la inmensa grieta surgió una única mirada.

No vi un rostro, no distinguí una figura, solo unos ojos.

Dos enormes ojos dorados abiertos en medio de la oscuridad infinita, no parpadearon, simplemente me observaron, como si me hubieran estado esperando durante siglos.

Un escalofrío recorrió cada rincón de mi cuerpo, aquella presencia no transmitía rabia, ni odio, era algo mucho peor.

Paciencia.

La paciencia de quien sabe que, tarde o temprano, obtendrá aquello que desea, entonces comprendí.

La batalla nunca había sido para destruirlo, ni siquiera para vencerlo, solo luchábamos por ganar tiempo, sentí un peso insoportable sobre el pecho.

El sello... Jamás fue eterno.

Solo era una espera, una espera que alguien tendría que prolongar una vez más.

Bajé lentamente la mirada hacia el colgante que descansaba sobre mi cuello, una pequeña luna tallada en cristal, estaba agrietándose.

Una luz blanca comenzó a escapar desde su interior, no era una luz cualquiera, podía sentirla, reconocía aquella energía, había convivido con ella toda mi vida.

Era mi magia... No.

Era algo mucho más antiguo que yo.

Las grietas siguieron extendiéndose hasta cubrir toda la superficie del cristal, el aire comenzó a vibrar, los caballeros retrocedieron instintivamente, los magos inclinaron la cabeza.

Nadie habló, porque todos sabían lo que iba a ocurrir.

Él también lo comprendió.

Apretó mi mano con tanta fuerza que casi dejó de dolerme el resto del cuerpo.

Negó una vez, después otra y otra más.

Como un niño incapaz de aceptar la realidad.

—No...

Su voz se quebró.

—Encontraremos otra forma.

Quise creerle, por un instante realmente quise hacerlo, pero ambos conocíamos la verdad desde hacía mucho tiempo, simplemente ninguno había tenido el valor de pronunciarla.

El sello siempre exigía una vida y aquella vida... Siempre había sido la mía.

Una suave brisa levantó mi cabello, las nubes comenzaron a apartarse lentamente, como si obedecieran una orden silenciosa.

La luna apareció una vez más sobre nosotros, más brillante, más cercana, más hermosa que nunca.

Su luz descendió hasta envolver mi cuerpo, el dolor desapareció, el ruido desapareció.

Incluso el miedo dejó de existir, solo quedó una inmensa paz, lo miré por última vez.

Quise grabar aquel instante en mi alma.

Porque, de alguna forma que no lograba explicar, sentía que volveríamos a encontrarnos.

No sabía cuándo, no sabía dónde, ni siquiera sabía si seguiríamos siendo las mismas personas, pero esa certeza era más fuerte que cualquier profecía.

Acerqué mi frente a la suya, cerré los ojos y sonreí.

—Espérame...

Fue apenas un susurro, tan débil que el viento estuvo a punto de llevárselo, sin embargo, él lo escuchó, vi cómo sus labios temblaban, cómo intentaba responder, cómo extendía ambas manos para impedir que la luz me envolviera por completo, pero ya era demasiado tarde.

La luna había tomado su decisión y el destino... También.

Justo antes de que mi conciencia comenzara a desvanecerse, una imagen desconocida cruzó mi mente, no era el campo de batalla, no era aquel reino.

Era una enorme mansión bañada por el sol, un jardín lleno de rosas blancas y una niña de cabellos plateados, de no más de seis años, que corría entre las flores riendo con una felicidad tan pura que resultaba imposible no sonreír al verla, entonces la niña se detuvo de golpe, giró lentamente la cabeza y, como si pudiera verme al otro lado del tiempo... Clavó en mí unos ojos idénticos a los míos.

El mundo entero desapareció y todo quedó envuelto en una oscuridad absoluta.

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Afrodita Hada♥️
wow se ve interesante muchas gracias 😊😊🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️
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