Elena San Román es la esposa abnegada de Julián Ferrara, el heredero de un imperio hotelero. Ella lo dio todo: dejó su carrera como arquitecta para apoyarlo y cuidó de su madre enferma. Sin embargo, el día de su tercer aniversario, Elena descubre que Julián nunca la amó. Él solo se casó con ella para cumplir una cláusula del testamento de su abuelo y así obtener la presidencia.
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Capitulo 17
La oficina de Valeria estaba en silencio cuando Daniel entró sin llamar,
la puerta se cerró detrás de él con un leve sonido seco que rompió la quietud del ambiente,
—Sabes que debería cobrarte por estas entradas dramáticas,
comentó con una leve sonrisa, acomodándose el saco con naturalidad,
Valeria no respondió de inmediato,
su mirada permanecía fija en los documentos extendidos sobre el escritorio,
sus dedos apenas se movían, repasando cifras, rutas, nombres,
—Si te llamé, Daniel, es porque encontré algo más,
Daniel avanzó unos pasos, observando la carpeta con atención,
—Entonces muéstrame el desastre,
Valeria deslizó los documentos hacia él,
el gesto fue firme, controlado,
—No es un desastre,
—Es una estructura,
Daniel tomó los papeles y comenzó a revisarlos con calma,
sus ojos se movían rápido, analíticos,
captando patrones, conexiones, detalles que otros no verían,
—Transferencias, contratos, movimientos internos…
murmuró mientras avanzaba en la lectura,
levantó la mirada apenas,
—Y todos terminan indirectamente en el mismo lugar,
Valeria no dudó,
—Santiago,
El nombre quedó suspendido en el aire,
pesado, definitivo,
Daniel dejó los documentos sobre la mesa y la observó con atención,
—Tu esposo es muchas cosas,
—pero no es torpe,
Valeria sostuvo su mirada, sin vacilar,
—Eso es lo que me preocupa,
Se hizo un breve silencio,
de esos que no incomodan, pero sí pesan,
Daniel se recostó en la silla, cruzando los brazos,
—Entonces no estamos viendo errores,
—estamos viendo intención,
Valeria asintió lentamente,
procesando cada palabra,
—Y hay algo más,
Tomó aire,
y por un momento,
su voz bajó apenas,
pero su determinación era clara,
—Por él ya no siento nada,
—solo venganza,
Daniel la observó en silencio,
sin sorpresa,
sin juicio,
solo entendimiento,
—Entonces no estás aquí solo como abogada,
dijo finalmente,
—estás aquí como alguien que quiere ver caer a Santiago,
Valeria sostuvo su mirada, firme,
—Quiero justicia,
—pero no voy a negar lo que siento,
Daniel asintió lentamente,
con una leve sonrisa que apenas se insinuaba,
—Eso cambia las reglas del juego,
Volvió a tomar los documentos,
esta vez más enfocado,
—Camila aparece en varios puntos,
—no directamente involucrada en la operación,
pero sí cerca de decisiones clave,
Valeria frunció ligeramente el ceño,
—No es coincidencia,
—No,
respondió Daniel sin dudar,
—es parte del patrón,
Valeria cruzó los brazos,
analizando cada posibilidad,
—Entonces está involucrada,
Daniel no respondió de inmediato,
pero su silencio fue suficiente,
—Voy a mover algunos contactos,
—quiero saber quién más está dentro de esto,
Valeria asintió,
sin apartar la vista de los documentos,
—Y yo voy a seguir cada rastro,
Daniel la observó con atención,
como si evaluara hasta dónde estaba dispuesta a llegar,
—Ten cuidado, Valeria,
—esto ya no es solo un caso,
Valeria levantó la mirada,
—Lo sé,
El silencio volvió,
pero esta vez era más pesado,
—Si Santiago está detrás de esto,
dijo Daniel,
—no va a caer fácil,
Valeria sostuvo su mirada con firmeza,
sin una sola señal de duda,
—Entonces yo tampoco,
Daniel sonrió apenas,
como quien reconoce una decisión irreversible,
—Bien,
—porque esto no es solo encontrar la verdad,
—es sobrevivir a ella,
Valeria bajó la mirada a los documentos nuevamente,
y en ese instante,
cada nombre, cada cifra, cada movimiento,
dejaba de ser abstracto,
se convertía en una línea directa hacia algo más grande,
más peligroso,
más personal,
Narrador omnisciente,
porque hay investigaciones que comienzan con lógica,
pero terminan exigiendo decisiones que no se pueden revertir,
y Valeria ya no estaba buscando respuestas,
estaba trazando un camino,
uno que no tenía retorno,
y que inevitablemente la llevaría de vuelta a Santiago,
pero esta vez,
no como su esposa,
sino como su mayor amenaza.