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Hasta Encontrarte Otra Vez

Hasta Encontrarte Otra Vez

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Nath O.

Él la rechazó el mismo día que descubrió que era su compañera destinada. Años después, convertido en Alfa, comprende que perderla fue el peor error de su vida. Pero ella ya no vive en la manada… y un humano ocupa el lugar que él dejó vacío. Ahora tendrá que demostrar que algunas promesas merecen una segunda oportunidad.

NovelToon tiene autorización de Nath O. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El último verano

Las vacaciones estaban muriendo.

No de golpe.

Lo hacían de esa forma silenciosa en que terminan las cosas buenas: casi sin que nadie lo note, hasta que un día descubres que el calendario ya cambió y el verano se convirtió en un recuerdo.

En Luna de Plata eso siempre podía sentirse.

Las mañanas comenzaban a ser un poco más frías.

El viento llevaba consigo el aroma de las primeras lluvias del otoño.

Y las conversaciones dejaban de girar alrededor de caminatas por el bosque para hablar de horarios, clases y viajes diarios a Seattle.

Aquella mañana, la plaza principal parecía un pequeño caos organizado.

Varios vehículos esperaban junto al camino de salida.

Algunos jóvenes revisaban mochilas.

Otros intercambiaban libros.

Los adultos ayudaban a los nuevos universitarios a preparar todo lo necesario.

Alyssa observaba aquella escena con una mezcla de emoción y nerviosismo.

Dentro de cuatro días comenzaría la universidad.

Todavía le costaba creerlo.

—¿Lista?

La voz de Kaleb apareció detrás de ella.

No necesitó girarse.

Lo reconocía incluso entre decenas de personas.

—No.

Él sonrió.

—Buena respuesta.

—¿Tú estabas listo cuando empezaste?

Kaleb negó.

—El primer día pensé seriamente en regresar a la manada antes de entrar al salón.

Ella soltó una risa.

—¿En serio?

—No conocía a nadie.

—Pero terminaste siendo el mejor de tu generación.

—Eso ocurrió mucho después.

Alyssa lo miró con curiosidad.

—Nunca me contaste eso.

—Porque queda mejor la versión donde siempre tuve todo bajo control.

Ella negó divertida.

—Jamás te creería.

—Lo sé.

Un poco más allá, Ethan intentaba enseñar a Elara cómo funcionaban los vehículos de la manada.

—Este es mío.

Elara levantó una ceja.

—¿Cuántas veces lo has chocado?

—Solo una.

Liam carraspeó.

—Tres.

—Detalles.

—Cinco —corrigió Nora.

—Están exagerando.

Rowan apareció detrás de ellos.

—Yo arreglé dos de esos golpes.

Ethan suspiró dramáticamente.

—Nadie aprecia mis talentos.

Elara soltó una carcajada.

—Creo que conduciré yo.

—Eso hiere mis sentimientos.

—Pero aumenta nuestras posibilidades de llegar vivos.

Todos comenzaron a reír.

Alyssa contempló la escena unos segundos.

Había algo profundamente reconfortante en verla.

Elara ya no parecía una visitante.

Comenzaba a formar parte de ellos.

Mara incluso le había entregado un delantal la noche anterior “para cuando decidiera cocinar en aquella casa”.

No era una invitación.

Era una bienvenida.

—¿En qué piensas?

Kaleb había notado que Alyssa llevaba varios minutos observando al grupo.

—En que Elara ya parece de Luna de Plata.

Él siguió la dirección de su mirada.

—Sí.

—Creo que ya tomó una decisión.

—Yo también.

Alyssa sonrió.

—Ethan ni siquiera intenta disimular lo feliz que está.

—Nunca ha sabido disimular nada.

Ella volvió a reír.

Kaleb la observó unos segundos más de la cuenta.

Desde la conversación del día anterior, algo había cambiado entre ellos.

No era incomodidad.

Era confianza.

Como si, después de hablar de los celos de Alyssa, ambos hubieran dejado de esconder ciertas cosas.

Él ya no tenía miedo de buscarla constantemente con la mirada.

Ella ya no intentaba darle espacio.

Todo había vuelto a sentirse…

Correcto.

—¡Competencia!

La voz de Ethan atravesó la plaza.

Todos volvieron la cabeza.

—¿Ahora qué hiciste? —preguntó Liam.

—Nada.

Todavía.

—Eso nunca termina bien.

Ethan señaló el bosque.

—La última carrera del verano.

Nora cruzó los brazos.

—No.

—Sí.

—Tengo dignidad.

—La perderás igual cuando llegues al último lugar.

—Voy a golpearte.

—Entonces ya aceptaste.

Elara observó divertida.

—¿Siempre son así?

Kaleb respondió sin apartar la vista de Ethan.

—Peor.

Cinco minutos después…

Los seis estaban de pie frente al sendero que llevaba al Bosque de los Secretos.

—Las mismas reglas de siempre —dijo Ethan.

—No empujones.

—No transformaciones.

—No trampas.

Todos miraron a Ethan.

Él levantó ambas manos.

—Una vez.

—Tres veces —corrigió Liam.

—No olvidan nada.

Kaleb se acercó a Alyssa.

—¿Segura?

Ella arqueó una ceja.

—¿Porque soy mujer?

—Porque eres la única que viene cargando una mochila.

Alyssa sonrió.

Se quitó la mochila.

La dejó en manos de Kaleb.

—Ahora sí.

Él tomó la mochila sin pensar.

Como siempre.

Camille, que conversaba con unos jóvenes de Montaña Gris cerca de la plaza, observó la escena desde lejos.

No dijo nada.

Pero empezaba a comprender la verdadera naturaleza de la relación entre aquellos dos.

No necesitaba que nadie se la explicara.

Había demasiados pequeños gestos.

Demasiadas miradas.

Demasiada costumbre.

Eso no nacía en unos días.

Nacía en toda una vida.

—¡Ya!

Ethan salió disparado.

Todos corrieron detrás.

El bosque volvió a llenarse de risas.

De ramas moviéndose.

De bromas.

De competencia.

Como cuando tenían doce años.

Kaleb permitió que Ethan y Liam tomaran ventaja.

Después aceleró.

Alyssa corría algunos metros delante de Nora.

No era la más rápida.

Pero conocía cada piedra de aquel sendero.

Cuando llegaron al viejo puente de madera…

Alyssa tropezó ligeramente.

No llegó a caer.

Pero una mano sujetó inmediatamente su brazo.

Kaleb.

—Te tengo.

Ella levantó la vista.

Sonrió.

—Lo sé.

No era una respuesta cualquiera.

Era la misma que había pronunciado cientos de veces desde niña.

Siempre me encuentras.

Kaleb no soltó su brazo inmediatamente.

La ayudó a recuperar el equilibrio.

Después continuaron corriendo.

Nora, que pasó junto a ellos unos segundos después, negó divertida con la cabeza.

—Ni en una carrera dejan de parecer novios.

—¡Te escuché! —gritó Alyssa.

—¡Era la idea!

Las risas volvieron a llenar el bosque.

Llegaron al Bosque de los Secretos casi al mismo tiempo.

Ethan levantó ambos brazos.

—¡Gané!

—Mentiroso —dijo Liam.

—¿Pruebas?

—Yo llegué primero.

—Eso es una opinión.

Elara negó divertida.

—Empiezo a entender por qué todos dicen que eres imposible.

—Y aun así me quieres.

Ella sonrió.

—Eso también es verdad.

Mientras los demás discutían sobre quién había ganado realmente, Alyssa caminó hasta la vieja casa del árbol.

Apoyó una mano sobre la madera.

Había pasado media vida allí.

—Ha resistido bastante.

Kaleb apareció a su lado.

—Como nosotros.

Ella levantó la vista hacia él.

—¿Crees que siempre vengamos aquí?

Él observó el bosque.

La casa.

Las iniciales grabadas en la madera.

K.

A.

E.

N.

L.

Cinco niños que habían jurado no separarse jamás.

—Sí.

Respondió con absoluta seguridad.

—Aunque tengamos cincuenta años.

—¿Y cuando tengas hijos?

Él sonrió.

—Los traeré aquí.

—¿Y si no les gusta?

—Les gustará.

—No puedes obligarlos.

—Claro que puedo.

Ella soltó una risa.

—Pobre de ellos.

Kaleb bajó la vista hacia las iniciales.

Pasó lentamente los dedos sobre la letra A.

—Este lugar siempre será parte de nosotros.

Alyssa hizo lo mismo.

Sin darse cuenta…

Sus manos terminaron una junto a la otra.

Los dedos apenas se rozaron.

Ninguno los apartó.

El viento movía lentamente las hojas.

Todo parecía inmóvil.

Perfecto.

Como si el tiempo hubiera decidido detenerse.

A varios metros de distancia, Rowan y Mara caminaban por uno de los senderos cercanos.

Habían salido a buscar algunas plantas antes del almuerzo.

Rowan observó de lejos a Kaleb y Alyssa.

Sonrió.

Mara siguió la dirección de su mirada.

—Cada día es más evidente.

—Sí.

—¿Crees que ellos lo sepan?

Rowan soltó una pequeña risa.

—Creo que todo el bosque lo sabe.

Menos ellos.

Mara tomó su mano.

—Son felices.

—Mucho.

Los dos permanecieron unos segundos contemplando a los jóvenes.

Ninguno podía imaginar que aquel sería uno de los últimos veranos que compartirían todos juntos.

Y que la vida, silenciosa e implacable, ya había comenzado a preparar la tormenta que cambiaría para siempre el destino de Luna de Plata.

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Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos
Yadira Alvarez
hasta ahora me va gustando veremos👌
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