NovelToon NovelToon
El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 2 La espera en la puerta

Los días de mayo en Santiago se hacían más cortos.

Al caer la tarde, el cielo se teñía de tonos grises y azulados, el viento soplaba más fresco entre las copas de los árboles y las hojas secas rodaban suavemente por las veredas de La Reina.

El frío no era todavía intenso, pero sí suficiente para que todos salieran del colegio con sus abrigos puestos, apurando el paso para llegar pronto a casa.

Para Eluney, esa tarde tenía un matiz distinto.

Desde el encuentro de la mañana, no había dejado de pensar en ese cruce en el pasillo, en la voz tranquila de Cristian y en la forma respetuosa en que le había hablado.

No era nada más que una impresión agradable, una curiosidad leve, pero bastaba para que al terminar la última clase, se sintiera un poco más atenta mientras guardaba sus cuadernos en la mochila.

Salió del aula y caminó hacia la puerta principal, donde ya se agrupaban los alumnos esperando sus autos o preparándose para caminar.

Al levantar la vista, lo vio al instante.

Allí estaba Cristian, parado a un lado, lejos del bullicio, con las manos en los bolsillos de su abrigo oscuro y la mirada fija en la salida.

Tenía el cabello castaño algo despeinado por la brisa, y sus ojos pardos recorrían el lugar con calma, hasta que se detuvieron en ella.

En cuanto la vio, una sonrisa suave le apareció en los labios y dio un paso adelante, sin correr, sin llamar la atención.

Eluney se detuvo un momento, sorprendida pero sin sentirse incómoda.

Todavía no eran amigos cercanos, mucho menos pololos; apenas se habían cruzado una vez y cambiado unas pocas palabras.

—Hola —le dijo él al llegar a su altura, con ese mismo tono educado y tranquilo—.

Te estaba esperando.

—¿A mí? —preguntó ella, inclinando un poco la cabeza, sin entender del todo pero con curiosidad.

—Sí —respondió él con naturalidad, sin darle demasiada importancia—.

Recordé que vivimos por el mismo sector, en calles que quedan muy cerca.

Me dije que si te parecía bien, podríamos irnos juntos.

No hay problema si prefieres ir sola, claro está.

Eluney lo miró con atención.

No había ninguna insinuación, ninguna presión en sus palabras.

Solo una propuesta sencilla, como lo haría alguien que quiere compartir el camino sin segundas intenciones.

Sabía que él también tenía un chofer que podía pasar a buscarlo, igual que ella, pero al parecer esa tarde había decidido caminar.

—Claro que sí —respondió ella, sintiendo que le daba gusto la idea—. Me parece bien.

Gracias por esperarme.

Caminaron juntos hacia la salida, dejando atrás el ruido de los compañeros que se despedían.

Fuera del colegio, la calle estaba tranquila, con las luces de las casas empezando a encenderse en medio de la penumbra de la tarde.

El aire olía a tierra húmeda y a hojas caídas, un olor propio del otoño en el barrio.

—¿Te gusta caminar estas tardes? —

preguntó Cristian, rompiendo el silencio con una pregunta sencilla.

—Sí, mucho —contestó Eluney—.

A veces le pido a mi chofer que me deje un par de cuadras antes, porque me gusta sentir el aire y ver cómo cambian los árboles.

Aunque en mi casa creen que hace demasiado frío para andar así.

—A mí me pasa igual —asintió él con una sonrisa—.

Mis padres prefieren que siempre vaya en auto, dicen que es más seguro y que no hace falta caminar si no es necesario.

Pero a mí me parece que perderse el camino es perderse parte del día.

Hablaron de cosas sencillas: del clima, de las clases que habían tenido, de los profesores más estrictos, de los lugares que conocían en el barrio.

Cristian no le preguntó por su familia, ni por sus bienes, ni nada que pudiera parecer indiscreto.

No le dijo lo bonita que se veía ni le hizo halagos que la pusieran en apuros; solo compartía opiniones y escuchaba con atención cada palabra que ella decía.

Aunque ambos venían de hogares con muchos recursos, en ese momento no había ninguna diferencia entre ellos.

No hablaban de autos nuevos, ni de viajes al extranjero, ni de ropa de marcas costosas. Se trataban como dos jóvenes que, por casualidad, habían encontrado en el otro una compañía agradable.

Cuando llegaron a la esquina de la calle Las Hortensias, donde estaba la casa de Eluney, se detuvieron frente al portón alto de hierro, con el jardín bien cuidado detrás.

—Aquí llego yo —dijo ella, deteniéndose y girándose hacia él.

—Qué bien —respondió Cristian, sin intentar pasar más allá del portón ni pedir entrar—.

Me alegra que hayamos venido juntos. Si te parece bien, mañana puedo esperarte otra vez a la salida.

Si no, no hay problema, lo entenderé perfecto.

Eluney lo miró a los ojos, esos ojos pardos que siempre parecían buscar la forma de no incomodar.

Sintió una sensación de confianza que no había sentido con nadie más en el colegio.

—Sí, me parece muy bien —respondió con una sonrisa sincera—.

Mañana te espero entonces.

Que descanses.

—Igualmente —se despidió él, y sin más, se dio la vuelta y siguió caminando hacia su propia casa, a unas pocas cuadras más arriba.

Eluney entró a su casa, cerró el portón detrás de sí y se quedó un momento mirando por la reja hacia donde él se había ido.

Todavía no había ningún compromiso, ni palabras de cariño, ni promesas.

Solo era un camino compartido, una espera respetuosa y el inicio de una confianza que apenas empezaba a crecer.

Por ahora, nada más.

Pero algo le decía que esa compañía se volvería parte de sus días.

 

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play