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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: En proceso
Genre:Romance / Enfermizo
Popularitas:26.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

El perdió todo un día, excepto a mi

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 22

Habían pasado diez días desde la noticia de sus padres. Diez días en los que Mariana sentía que cargaba el mundo sobre los hombros. Su madre la llamaba todas las noches para contarle los avances de la mudanza, la nueva oficina en Miami, la casa que estaban viendo, las universidades que aceptaban transferencias. Cada llamada era un recordatorio de que el reloj avanzaba.

—Hija, ¿ya pensaste en lo de la convalidación de materias?

preguntó Elen una tarde, con ese tono que fingía naturalidad pero era pura presión.

—Todavía no, mamá

respondió Mariana, mientras revolvía un té que no tenía ganas de tomar.

—Es que el tiempo pasa rápido. Si vas a venir, tenemos que hacer los trámites…

—Ya te dije que todavía no lo decido.

El silencio al otro lado de la línea fue elocuente. Su madre no estaba acostumbrada a que le dijeran que no.

—Está bien, hija

cedió Elen, pero su voz sonaba herida.

— Hablamos mañana.

Mariana colgó y se dejó caer en el sofá. Ricardo la observaba desde la silla de ruedas, con los brazos cruzados.

—¿Otra vez?

preguntó.

—Otra vez.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo sé

admitió ella, pasándose las manos por el cabello

—Te lo he dicho mil veces. No quiero irme, pero tampoco quiero pelear con ellos. Son mis padres.

—Lo sé. Por eso esto es tan difícil.

Ricardo rodó su silla hasta el sofá y le tomó la mano.

—Pase lo que pase

dijo.

— vamos a estar bien.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Porque ya sobrevivimos lo peor. Esto es solo una tormenta más.

Mariana quiso creerle. Pero en el fondo, sentía que algo más estaba cambiando. Algo que no sabía nombrar.

Las mañanas empezaron con pequeños síntomas que ella atribuyó al estrés. Un mareo al levantarse por la mañana. Un leve dolor de cabeza por las tardes. Cansancio, mucho cansancio, aunque durmiera ocho horas seguidas.

—¿Estás bien?

preguntó Ricardo una mañana, al verla apoyada en la encimera de la cocina con los ojos cerrados.

—Sí

respondió ella.

—Solo un poco mareada. Será que no desayuné bien.

—Siéntate. Yo preparo algo.

Ricardo se movió en su silla con una fluidez que hacía unas semanas era impensable pero estaba practicando algunos movimientos que solía hacer en sus deportes adaptado ahora a su silla. Abrió la nevera, sacó huevos y pan. Mariana lo observaba desde la mesa, con una mezcla de orgullo y ternura.

—Mira quién se ha vuelto chef

dijo, sonriendo.

—No exageres. Chef es el que cocina bien. Yo solo caliento cosas.

Preparó unos huevos revueltos bastante decentes, para su sorpresa. y los sirvió con tostadas. Mariana dio dos mordiscos y sintió una oleada de náuseas.

—¿Qué pasa?

preguntó Ricardo, preocupado.

—No sé. El olor…

Se levantó de golpe y corrió al baño.

Ricardo la siguió con la mirada, confundido. Cuando ella regresó, tenía el rostro pálido y los ojos vidriosos.

—¿Estás enferma?

preguntó.

— ¿Vamos al médico?

—No es para tanto

respondió ella, sentándose de nuevo.

— Habrá sido algo que comí ayer.

No había comido nada raro. Pero no quería preocuparlo. Ricardo ya tenía suficientes problemas con la terapia, el blog, los currículos y la presión de la mudanza. No necesitaba además una novia hipocondriaca.

Los días siguientes, los síntomas se repitieron. Náuseas por la mañana. Mareos al mediodía. Un hambre voraz que aparecía de repente y desaparecía al poco tiempo. Sus pechos, además, estaban sensibles. Tanto que usar sostén se había vuelto incómodo.

—Estás rara

le dijo Sofía una tarde, mientras estudiaban en la biblioteca.

— Te ves pálida.

—Estoy cansada

mintió Mariana.

—Mucho estrés con lo de mis padres.

—¿Y los mareos?

—También.

Sofía la miró con atención. Algo en su expresión no terminaba de encajar.

—Mariana

dijo, bajando la voz.

— ¿Cuándo fue tu última regla?

La pregunta cayó como un balde de agua fría.

Mariana se quedó paralizada. Comenzó a hacer cálculos mentales. La última vez que había sangrado fue… ¿hace cuánto? Cinco semanas. Seis. Tal vez más.

—No me acuerdo

respondió, y su voz sonó extraña, incluso para ella misma.

—¿Puedes estar embarazada?

preguntó Sofía, sin rodeos.

—No. No es posible. Ricardo es estéril. Los médicos lo dijeron después del accidente. El daño en su médula… afectó sus órganos reproductivos. Dijeron que no podía tener hijos.

—¿Dijeron que era imposible o que era improbable?

Mariana parpadeó. Recordó las palabras del médico, La probabilidad es ínfima, casi nula. Pero no podemos garantizar que sea cero.

—Improbable

admitió.

— Muy improbable.

—Pues a veces lo improbable pasa

dijo Sofía, con una seriedad que no le conocía.

— Hazte una prueba. Por si acaso.

Mariana negó con la cabeza.

—No puede ser. Si lo estuviera, ya lo sabría. Estudio medicina, ¿no? Reconocería los síntomas.

Pero mientras decía eso, su mente repasaba la lista de síntomas del embarazo que había estudiado en su libro de obstetricia. Náuseas matutinas. Sensibilidad mamaria. Fatiga. Cambios de humor. Ausencia de menstruación.

Tenía todos.

—Tengo que irme

 dijo, levantándose de golpe.

—Nos vemos mañana.

Salió de la biblioteca con el corazón latiéndole en la garganta. No quería pensar en eso. No podía. Si estaba embarazada, todo se complicaba. La mudanza, la universidad, la relación con Ricardo. Todo.

Pero mientras manejaba a casa, una mano instintiva se posó sobre su vientre.

¿Y si es verdad? pensó. ¿Y si hay una vida ahí dentro?

La posibilidad era tan aterradora como hermosa.

Al llegar a la universidad al día siguiente, Mariana encontró un sobre pegado a su casillero. Dentro, una nota escrita con letra cuidadosa.

–Mariana, sé que no quieres hablar conmigo. Pero no voy a rendirme. Quiero ayudarte. Quiero ayudarlos. Déjame demostrarte que puedo ser mejor persona. – J."

Había también un vale para una cafetería cara. Y un número de teléfono escrito al dorso.

Mariana arrugó el papel con furia. Juancho no entendía. O entendía perfectamente y simplemente no le importaba.

—Ya te dije que no

murmuró, arrojando todo a la basura.

Pero esa noche, mientras cenaba con Ricardo, no le contó lo del sobre. No quería preocuparlo. No cuando él estaba tan ilusionado con su blog y con la posibilidad de que lo llamaran para dar clases.

—Alguien comentó mi artículo de ayer

dijo Ricardo, con una sonrisa que le iluminaba la cara.

— Una chica que también está en silla de ruedas. Dijo que le ayudó mucho.

—¿Ves?

respondió Mariana, forzando una sonrisa.

— Te dije que era buena idea.

—También me escribió un entrenador de un equipo juvenil. Quiere que tenga una reunión virtual el martes. Para ver si puedo asesorarlos.

—¡Eso es increíble!

Lo era. Pero Mariana no podía disfrutarlo del todo. Las náuseas volvían. Y una voz en su cabeza le susurraba una y otra vez, hazte la prueba, hazte la prueba, hazte la prueba.

Esa noche, mientras Ricardo dormía, ella se quedó despierta hasta tarde, mirando el techo. Tenía miedo. No de estar embarazada, sino de lo que significaría. Para Ricardo. Para sus padres. Para el futuro que apenas empezaban a construir.

Y en la oscuridad, con una mano sobre su vientre, tomó una decisión.

Al día siguiente compraría una prueba de embarazo. Pero no se lo diría a nadie no hasta estar segura.

1
Anyeli Sinraiza
Amo esta novela y esta pareja que supera las dificultades
Anyeli Sinraiza
😭 lo sabia lo sabía
Anyeli Sinraiza
ojalá eviten algo peor yo creo algo hará ese juancho
Ana Mosqueado
excelente buena ortografía y emotivo cada capítulo en la lucha de ricardo
Laura Gaza
una trama entretenida atrapante y hermosa
Laura Gaza
😭se pudo evitar tenían q tomar previsiones
Laura Gaza
en este caso ricardo tiene razón esto pierde traer consecuencias peores
Paula Perez
este desgraciado nooo
Paula Perez
tremenda historia de superación personal
carmen Payares
😭😭 noooo ahora falta q le haga algo
carmen Payares
hermosa historia de amor
Paula Perez
ese Juancho es un desastre completo ya esta dando su verdadera cara
carmen Payares
creo que ese Juan hoy será más que un dolor de cabeza
carmen Payares
la oportunidad de la vida Ricardo
Sofia Vermel
buena novela una excelente trama
Lavaña Sierra
ricardo y mariana que lección dan a la vida de superación
Payal Gugta
emotiva hermosa y sencilla
Cushy Cumary
excelente novela me gustó mucho gracias autora
María Osorio
muy buena
Andreina Mesa
simplemente me encanta la novela
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