Dos vidas entrelazadas por las costuras del destino.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 11
Tres días después...
El viaje había transcurrido sin contratiempos.
Rainer y Alessia ya se encontraban instalados en la ciudad donde se encontraba la sede que él planeaba convertir en el centro principal de operaciones para Latinoamérica.
Aquella mañana, Alessia estaba especialmente emocionada.
Llevaba casi una hora eligiendo qué ponerse para su cita en Larcor.
—No puedo creer que por fin vaya a conocer la diseñadora.
Alessia sonrió.
—Por fin podré conocer a la mujer detrás de Larcor.
Se acercó al escritorio.
—¿Me vas a acompañar?
Rainer cerró una carpeta.
—Tengo mucho trabajo.
Pero lo intentaré.
—Más te vale.
Alessia rodeó el escritorio y se sentó sobre una esquina.
—No puedo creer que en unos meses nos casaremos.
Nuestras madres ya están organizando toda la boda.
Rainer soltó una pequeña sonrisa.
Sabina y la madre de Alessia llevaban semanas intercambiando ideas.
—Eso parece.
—Y ya quiero ver mi vestido terminado.
Alessia se inclinó hacia él.
—Será perfecto.
Rainer asintió.
—Estoy seguro.
Ella sonrió y se acercó para besarlo.
Él correspondió brevemente.
—Te amo.
Por un instante hubo silencio.
Rainer tomó nuevamente uno de los documentos.
—Nos vemos más tarde.
Alessia mantuvo la sonrisa.
—Nos vemos.
Después tomó su bolso y salió de la habitación.
La puerta se cerró detrás de ella.
Y la sonrisa desapareció inmediatamente.
—Qué idiota.
Caminó por el pasillo del penthouse mientras acomodaba sus gafas de sol.
—Yo tampoco te amo.
La confesión quedó suspendida en el aire.
Porque era verdad.
Nunca había estado enamorada de Rainer.
Le gustaba.
Lo admiraba.
Lo encontraba atractivo y buen amante.
Pero amor...
Eso era otra cosa.
Y ella jamás había confundido una cosa con la otra.
Se detuvo frente al espejo del ascensor.
—Los sentimientos no pagan cuentas.
Su familia seguía siendo influyente.
Seguía siendo respetada.
Pero la realidad era mucho menos brillante de lo que aparentaban.
Los negocios de los Montenegro atravesaban dificultades desde hacía años.
Problemas que casi nadie conocía.
Y que cada vez eran más difíciles de ocultar.
Por eso aquel matrimonio era tan importante.
Porque la unión con los Aristizábal significaba estabilidad.
Prestigio.
Seguridad financiera.
Y una posición que su familia necesitaba desesperadamente conservar.
Alessia observó su reflejo.
—Y voy a convertirme en la señora Aristizábal.
Cueste lo que cueste.
Con ese pensamiento abandonó el edificio.
Completamente ajena a que la cita que tanto esperaba estaba a punto de cambiar mucho más que los planes de su boda.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La mañana transcurría tranquila en la casa de Marel.
Los rayos del sol entraban por la amplia ventana de la cocina mientras madre e hijo desayunaban juntos.
Brian estaba concentrado en su plato de panqueques.
Al menos hasta que probó otro bocado.
Sus ojos se iluminaron inmediatamente.
—Mamá, estos panqueques están deliciosos.
Marel sonrió mientras tomaba un sorbo de café.
—Me alegra que te gusten.
—Son los mejores del mundo.
—Eso es porque los hice yo.
Brian asintió muy serio.
—Si.
Marel soltó una pequeña carcajada.
A veces su hijo era tan encantador que le resultaba imposible no consentirlo.
—Termina de desayunar.
Tenemos que salir pronto.
—¿Por qué?
—Porque tengo una reunión importante esta mañana.
Brian hizo un pequeño puchero.
—Siempre tienes reuniones importantes.
—Es parte de mi trabajo.
El niño permaneció pensativo unos segundos.
Luego levantó la mirada.
—¿Puedo ir contigo hoy?
Marel arqueó una ceja.
—¿A Larcor?
Brian asintió rápidamente.
—Por favor.
Por favor.
Por favor.
Marel conocía perfectamente esa táctica.
Y sabía que era casi imposible resistirse.
—Brian...
—Me portaré bien.
Lo prometo.
—La última vez dijiste eso y terminaste escondiéndote entre los maniquíes.
—Fue una emergencia.
—¿Una emergencia?
—Necesitaba saber si tenían piernas.
Marel se llevó una mano a la frente.
—Dios mío.
Brian sonrió orgulloso.
Como si aquella explicación tuviera sentido.
Finalmente ella suspiró.
—Está bien.
El niño dio un pequeño salto en la silla.
—¡Sí!
—Pero con una condición.
Brian se quedó inmóvil.
—¿Cuál?
—Me prometes que no entrarás al taller de diseño, pequeño travieso.
El niño bajó la mirada.
Claramente estaba considerando si podía aceptar semejante sacrificio.
—¿Ni un poquito?
—Ni un poquito.
—¿Y si solo miro?
—Brian.
—Está bien.
Está bien.
Lo prometo.
Marel sonrió.
—Entonces puedes venir.
—¡Eres la mejor mamá del mundo!
Brian se levantó de la silla para abrazarla.
Marel lo recibió entre sus brazos y besó su cabello.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Alessia llegó a Larcor diez minutos antes de la hora acordada.
Vestía con elegancia impecable.
Y, como no podía ser de otra manera, llevaba uno de sus vestidos favoritos.
Un diseño Larcor de la colección del año anterior.
El mismo vestido que había cerrado uno de los desfiles más comentados de la temporada.
Karla la condujo hasta una amplia sala privada.
—Mi jefa llegará en un momento.
Alessia asintió.
Observó los bocetos, las muestras de tela y las fotografías enmarcadas que decoraban el lugar.
Minutos después, la puerta se abrió.
Marel entró con una sonrisa profesional.
—Señorita Montenegro, es un placer conocerla.
Alessia se puso de pie inmediatamente.
—El placer es mío.
Por fin conozco a la mujer detrás de Larcor.
Ambas se estrecharon la mano.
—Gracias por confiar en nosotros para una fecha tan importante.
—No tenía otra opción.
Marel arqueó una ceja divertida.
—¿No?
—Llevo años siguiendo sus diseños.
Sería un crimen usar otra firma para mi boda.
La sinceridad de la respuesta provocó una pequeña sonrisa en Marel.
—Eso es un gran cumplido.
—Es la verdad.
Alessia señaló su vestido.
—De hecho, este también es suyo.
Marel lo observó con atención.
Lo reconoció de inmediato.
—La colección Aurora.
—Exactamente.
—Recuerdo ese diseño.
—¿Cómo olvidarlo? Cerró el desfile.
Y cuando salió a la venta tuve que pelear prácticamente con media ciudad para conseguirlo.
Ambas rieron.
Durante los siguientes minutos hablaron de moda, tejidos, tendencias y colecciones anteriores.
Para sorpresa de Marel, Alessia conocía perfectamente gran parte de su trabajo.
Incluso recordaba detalles de algunos diseños que ella misma había olvidado.
—Definitivamente soy una admiradora —admitió Alessia.
—Y yo definitivamente estoy agradecida por eso.
Finalmente Karla entró discretamente.
—¿Desea que espere un poco más a su prometido?
Alessia miró la hora.
Luego su teléfono.
Ningún mensaje.
Ninguna llamada.
Suspiró.
—No.
Seguramente se complicó con el trabajo.
Marel asintió con comprensión.
—Entonces comenzaremos nosotras.
Sin saber que aquel prometido que nunca llegó era precisamente el hombre que cinco años atrás había roto el corazón de la diseñadora sentada frente a ella.