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SOMBRA Y ESCALPELO

SOMBRA Y ESCALPELO

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Elena Valdés (30 años) es una brillante neurocirujana, reconocida a nivel nacional como una eminencia médica. Sin embargo, tras las puertas de su hogar, vive bajo el yugo de Mauricio, su esposo y un CEO exitoso que utiliza el desprecio psicológico y la humillación constante para mantenerla controlada. Su único refugio es su hijo de 6 años, Mateo, y el apoyo incondicional pero respetuoso de sus padres, quienes nunca aprobaron a Mauricio, pero apoyan las decisiones de su hija.

Su vida da un giro vertiginoso cuando conoce a Damián Montenegro (43 años), un magnate empresarial imponente, multimillonario y carismático, padre de dos hijos. Entre Damián y Elena surge una pasión arrolladora y un amor profundo que la hace redescubrir su valor.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA ÚLTIMA CENA E. LA JAULA DE CRISTAL

​La noche cayó sobre la ciudad como un manto de plomo. Las farolas de la exclusiva zona residencial iluminaban las fachadas minimalistas de las mansiones, pero ninguna guardaba tanta electricidad contenida como la casa de los Cárdenas.

​Elena cruzó la puerta principal pasada las nueve de la noche. Su bolso colgaba con elegancia de su hombro y su rostro reflejaba una quietud absoluta, la misma máscara de concentración implacable que utilizaba antes de realizar una craneotomía compleja. Sabía exactamente lo que iba a hacer.

Ya no había vuelta atrás; el asado dominical con sus padres le había devuelto el anclaje definitivo.

​En el estudio de la planta baja, con la luz tenue de una lámpara de escritorio y una copa de whisky en la mano, estaba Mauricio. Su expresión era una mezcla de resentimiento mal disimulado y una arrogancia nerviosa tras el altercado de la semana pasada en el restaurante. Al verla entrar, no se molestó en levantarse; se limitó a observarla con desdén por encima del borde de su vaso.

​—Vaya, la eminencia se digna aparecer por fin en su casa —soltó Mauricio con una sonrisa cínica, dando un trago largo a su bebida—. Supongo que habrás estado inventando alguna excusa piadosa con tus padres para justificar por qué llegas tarde otra vez. O tal vez te crees que por haberme plantado cara frente a mis socios el otro día te ganaste el derecho a hacer lo que te plazca.

​Elena dejó su bolso sobre la consola de la entrada con un seco sonido metálico y caminó con paso firme hasta detenerse frente al escritorio. No se encogió ante sus palabras; al contrario, lo miró desde arriba con una frialdad tan intensa que hizo que la sonrisa burlona de Mauricio vacilara por un segundo.

​—Guárdate tus discursos baratos y tus complejos, Mauricio —respondió Elena con voz pausada, cristalina y letalmente firme—. La farsa se acabó.

​Dicho esto, abrió su maletín, extrajo un juego de documentos perfectamente ordenados y los arrojó con fuerza sobre la caoba del escritorio, justo frente a él. El sonido seco del papel hizo que Mauricio se sobresaltara.

​Bajó la vista hacia las hojas. En la primera línea, con tipografía clara y formal, se leía: Demanda de Divorcio Encausado y Medidas Cautelares de Protección.

​Mauricio palideció al instante, y el vaso tembló levemente en su mano antes de dejarlo caer de golpe sobre la mesa, derramando un poco de ámbar líquido.

​—¿Te has vuelto completamente loca? —estalló Mauricio poniéndose de pie de un salto, con los ojos inyectados en furia e incredulidad—. ¿Un divorcio? ¿A mí? ¿Te crees que puedes simplemente firmar un papel y largarte con la mitad de mi esfuerzo, destruyendo la estabilidad de nuestra familia?¡Sin mi apellido no eres nada, Elena! ¡Eres una maldita desagradecida!

​Elena no parpadeó. Dio un paso al frente, invadiendo su espacio personal con una autoridad que empequeñecía por completo los gritos del CEO.

​—No soy una desagradecida, Mauricio; soy una mujer que se cansó de cargar con un parásito narcisista —replicó ella con una serenidad a prueba de bombas—. Los documentos están sobre la mesa. Tienes dos opciones: firmas los términos de mutuo acuerdo esta misma noche, permitiendo que la custodia de Mateo sea compartida sin un circo mediático... o dejas que mi abogada, Valeria, abra la caja de Pandora.

​Al escuchar el nombre de Valeria, el color abandonó por completo el rostro de Mauricio. El terror cruzó sus ojos. Aunque Elena aún no conocía los detalles más oscuros de sus fraudes financieros, Mauricio sabía perfectamente que las auditorías que "El Tiburón" podía desatar sobre sus cuentas corporativas lo llevarían directo a una celda federal antes de que terminara el mes.

​—No te atreverías... —balbuceo él, perdiendo el tono altanero, con la voz quebrada por el pánico y la rabia contenida.

​— Pruébame —respondió Elena con un susurro gélido, dándose media vuelta sin mirar atrás—. Tienes hasta mañana por la mañana para firmar. Si no lo haces, aténtate a las consecuencias.

​Mientras Elena subía las escaleras con paso firme hacia la habitación de su hijo, ignorando los gritos ahogados y furiosos de Mauricio que resonaban en la planta baja, ninguno de los dos imaginaba que la tormenta legal que temían era apenas un juego de niños comparado con lo que se gestaba afuera.

​A tres cuadras de allí, estacionado en la penumbra de la calle con las luces apagadas, un vehículo negro aguardaba. Néstor colgó el teléfono tras recibir el reporte del interior de la mansión y miró a Damián Montenegro, quien observaba la ventana iluminada del despacho de Mauricio con una expresión sombría y absoluta.

​—El idiota acaba de intentar intimidarla de nuevo, señor —informó Néstor con voz neutral.

​Damián apretó el encendedor de plata en su mano hasta que el mecanismo chasqueó en la oscuridad. Sus ojos destellaron con una furia fría y calculadora.

​—Se acabó el tiempo de advertencias —ordenó Damián, con esa voz ronca que no admitía réplica—. Que sus acreedores muevan ficha esta misma noche. Y asegúrate de que Cárdenas entienda, de la peor manera posible, que nadie le grita a Elena en esta vida y sale respirando para contarlo.

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Cliente anónimo
Todo muy bonito y pasional, a qué horas ve al hijo??!!
Diego D. Camacaro Guazzoni
una de las mejores novelas que he leído felicidades autora🥰
Mariana Posternak
excelente novela, felicidades autora 👏💕💕
Andrea Nardelli
extraordinaria exelente
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