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FUEGO DE ASFALTO. LA TRAICION DEL PILOTO. ULTIMO LIBRO SAGA CICATRICES

FUEGO DE ASFALTO. LA TRAICION DEL PILOTO. ULTIMO LIBRO SAGA CICATRICES

Status: Terminada
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños / Mafia / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Lucía Atelier, ejecutiva sofisticada pero ciega de amor, se entrega en secreto a Gabriel, un rudo piloto de pruebas. Ella cree vivir un romance salvaje, pero él la usa por ambición para robar los secretos industriales de su familia y arruinarla. Cuando Marcos, hermano de Lucía, descubre la relación e investiga al mecánico, lo acorrala. Desesperado, Gabriel secuestra a Lucía en una mansión aislada para exigir un rescate millonario. Al descubrir el chantaje, ella huye, pero Gabriel la atropella en la carretera y la deja por muerta. En la noche, Dante, el gélido y magnético líder del sindicato criminal más poderoso, la rescata y la cura en secreto. Lucía despierta con amnesia y surge entre ellos un tórrido y apasionado romance. Al recuperar la memoria y recordar la traición, Dante no solo la ayuda a regresar con su influyente familia, sino que la reclama como su mujer ante los Atelier. Con su poder letal, el mafioso removerá el cielo y la tierra para cazar a Gabriel y vengar a su reina

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CAPITULO 22. EL RASTRO EN LOS ARCHIVOS

Un mes más se desvaneció de forma paulatina entre las colinas del sur, trayendo consigo una madurez hermosa y una complicidad indestructible en la intimidad de la propiedad. La convivencia a puerta cerrada ya no era la de un rescatador y una paciente desahuciada; se había transformado en un lazo real, inmanente y de una intensidad pasional que gobernaba las noches de la suite principal. Lucía se movía por la mansión con una soltura imponente, portando sus elegantes vestidos sastre que Dante ordenaba traer para ella, ganándose el afecto y el respeto absoluto de todo el personal del santuario.

Sin embargo, las respuestas estratégicas que Dante había ordenado buscar en los muelles de la ciudad finalmente habían dado sus frutos en los despachos del sindicato clandestino.

En la penumbra de su oficina privada, el jefe de sus redes de información se plantó frente al escritorio de metal frío, entregándole a Dante el informe definitivo de la auditoría internacional. Dante ya lo sabía todo. Sus hombres habían cruzado los hilos mercantiles de las firmas de la capital y habían descubierto la verdad: la misteriosa joven de los ojos claros era, de forma indiscutible, la hija menor de Brandon y la hermana del rudo directivo Marcos Atelier. Las planillas contables del puerto revelaban además un movimiento masivo, prohibitivo y secreto de cien millones de euros retirados en bolsas de lona la misma semana del accidente, confirmando que ella había sido el peón de una extorsión multimillonaria antes de ser abandonada en el asfalto.

Dante cerró la carpeta con un golpe seco de su mano grande y de venas marcadas, manteniendo una rigidez de piedra en sus facciones afiladas. Su estampa proyectaba una frialdad analítica absoluta. A pesar de tener el nombre, el apellido y la dirección de la casa familiar sobre la mesa, el líder de las sombras tomó una determinación de lo más firme y ulprotectora. No iba a presentarse ante los Atelier ni a devolverla de inmediato como si fuera un simple paquete mercantil; la amnesia progresiva seguía sanando en el cerebro de ella, y Dante respetaba tanto su integridad que prefería esperar. Aguardaría pacientemente a que fuera la propia Lucía quien, al recuperar el control absoluto de sus estructuras mentales y sentirse plenamente preparada, le pidiera mirarlos cara a cara. Mientras tanto, ella seguiría blindada bajo su ley y sus sábanas de satén.

Aquella misma noche, la tormenta de verano dio paso a una calma apacible y estrellada que se filtraba por los inmensos ventanales de la suite principal. La estancia permanecía sumida en una penumbra suave, iluminada únicamente por el crepitar sutil de las velas que proyectaban destellos dorados sobre la cama de sábanas oscuras.

Lucía se encontraba de pie frente al inmenso ventanal, contemplando la negrura de las colinas mientras terminaba de cepillarse el cabello claro. Vestía un ceñido camisón de lino blanco de tirantes finos que delineaba la curva salvaje de sus caderas. Al mirar el reflejo de la luna sobre el cristal blindado, un zumbido extraño comenzó a vibrarle en los oídos, volviéndose cada vez más nítido. El sutil silbido del viento exterior se transformó de golpe, en su mente, en el rugido distante, bronco y ruidoso de un motor gastado en mitad de la oscuridad.

Fue un impacto brutal, destructivo y de una intensidad desgarradora. En mitad de la negrura de su mente, un fogonazo de luz cegadora le rasgó el cerebro, trayéndole de golpe el flash exacto y definitivo de lo que había ocurrido la noche del accidente.

La compuerta de su memoria se abrió de par en par con la violencia de un impacto seco, y todos sus recuerdos regresaron en avalancha en una fracción de segundo: se vio a sí misma corriendo desesperada por el centro de la carretera desierta, asfixiada por el frío y el terror tras descubrir el chantaje de los cien millones en el casoplón; recordó los focos amarillos de alta presión devorando el arcén, el rostro rudo y desquiciado de Gabriel al volante del sedán viejo, y el parachoques de metal golpeando su cuerpo indefenso antes de salir despedida por el aire hacia la grava. La traición del piloto, el secuestro, el dolor del golpe y el abandono en la penumbra de las afueras la golpearon con tal fuerza que Lucía soltó un grito ahogado de puro desespero, rompiendo a llorar con un llanto inconsolable mientras caía de rodillas sobre la alfombra. Había recuperado su identidad por completo; recordaba quién era, el amor por sus padres Brandon y Monique, y el peso de su propio apellido.

Dante, que acababa de cruzar el umbral de la suite vistiendo únicamente un pantalón de pijama, reaccionó en una fracción de segundo ante el lamento de la joven. Su complexión robusta y sus hombros anchos se tensaron por el puro impulso territorial. Cruzó la distancia a grandes zancadas, la tomó por las caderas con un agarre grande, firme y de lo más posesivo, y la alzó para trasladarla hacia el centro de la cama, estrechándola contra su pecho musculoso para transmitirle el calor abrasador de su cuerpo.

—Estoy aquí, preciosa. Mírame, respira conmigo —le ordenó Dante con un murmullo ronco, espeso y de una seguridad aplastante, limpiándole las lágrimas con sus dedos grandes.

Lucía se aferró a los hombros firmes del mafioso con una desesperación salvaje, hundiéndose en su cuello mientras el pulso le latía a mil por hora en las sienes, buscando el blindaje de su abrazo para disipar el pánico de la visión, dándose cuenta de que el hombre que la contenía se había convertido en su verdadero santuario.

—Lo he recordado todo, Dante... absolutamente todo —sollozó ella con una voz clara, nítida y quebrada por la agitación, mirándolo fijamente a los ojos—. Sé quién soy. Mi nombre es Lucía Atelier. El hombre del coche viejo me tenía secuestrada para extorsionar a mi hermano Marcos... Me usó, me engañó con mentiras y luego me atropelló en mitad del asfalto para dejarme morir como a un perro cuando intenté escapar. Dante, el piloto que me hizo esto se llama Gabriel.

El magnetismo salvaje y el afecto real que los amarraba el uno al otro se desató de golpe ante la vulnerabilidad de la entrega. Dante no respondió con palabras; la fijeza oscura de sus pupilas se tornó ardiente, devorado por un deseo desmedido que ya no aceptaba más esperas en mitad de la penumbra clandestina. Sabiendo que su reina finalmente había despertado del olvido, bajó la cabeza con una parsimonia implacable y atrapó sus labios en un beso profundo, caliente, lento y posesivo que le cortó la respiración a la joven de puro placer, encendiendo un incendio erótico de alto voltaje entre las sábanas de satén.

Con una lentitud tortuosa que le dio calores a la estancia, Dante deslizó los tirantes del camisón blanco hacia abajo, desnudando la pureza de su silueta ante el resplandor de las velas. Sus manos grandes acariciaron sus pechos firmes, amoldándolos y masajeándolos con una ruda delicadeza, mientras sus pulgares rozaron los pezones erectos una y otra vez, haciéndola jadear de puro éxtasis. Descendió con su boca húmeda por su vientre plano, recorriendo un camino de fuego hasta colocarse entre sus muslos. Dante abrió sus piernas con una posesividad exigente y comenzó a lamer su clítoris con embestidas calientes, espesas y expertas que le provocaron un espasmo de placer salvaje en el vientre a la joven, obligándola a enterrar las uñas en la manta de la cama.

Incapaz de contener la urgencia, Dante se incorporó, alineando su miembro firme, venoso y cargado de una potencia descomunal contra la entrada húmeda de ella. Sosteniéndole la mirada clara con una lealtad indestructible, se hundió en su interior de un solo golpe firme, rotundo y profundo que la llenó por completo.

Lucía arqueó la espalda, soltando un grito ahogado contra el colchón al sentir la inmensidad de esa invasión física de lo más pasional. Dante la aferró con fuerza de las caderas, fijándola contra las sábanas, y comenzó a moverse con una cadencia salvaje, exigente y profunda. Se poseyeron una y otra vez en mitad de la madrugada, intercambiendo gemidos ahogados y sudor en una coreografía de puro erotismo que borraba el dolor del pasado. Dante incrementaba la velocidad con embestidas potentes, reclamándola como su mujer bajo la ley de su propio santuario. El clímax los alcanzó en una explosión perfecta de placer; Lucía tembló de la cabeza a los pies, sintiendo  un espasmo perfecto mientras Dante se derramaba en su interior con un último suspiro ronco, sellando un pacto de sangre invisible.

Se quedaron abrazados en el silencio de la madrugada, con el cuerpo de Lucía cobijado bajo el brazo firme de Dante. La amnesia se había disuelto por completo bajo el peso del flash de la carretera; Lucía Atelier había recuperado su vida y su nombre, abriendo la puerta a una nueva y definitiva jornada donde la red de la verdad exigiría el regreso ante los suyos para desatar la cacería más implacable del mercado.

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Gladys Dona
Hermosa novela las próximas fotos fotos de los personajes
Gladys Dona
Excelente novela lo único que faltaría es ponerle rostro a tus personajes y broche de oro porque tienes mucha imaginación Felicitaciones 👏
Graciela Saiz
estuvieron como conejos más de un año y ella no quedó embarazada 🤔🙄
Graciela Saiz
wwoooo! que calor lo pm! 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🫠🥵
Graciela Saiz
eso en el porche de la casa 😳😳🔥🔥wwwo ! y se fue sin siquiera limpiarse 🤔🙄
Graciela Saiz
Dante , tarde o temprano ella va a recordar, que harás entonces 🤔,
Graciela Saiz
Dante le habrá contado a ella que es un mafioso ?
Deisy Campos
excelentemente buenísima y no le metieron más para alargarla así está bien gracias 👏👏👏
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