James Fernández lo tiene todo: es un arrogante CEO tecnológico de 26 años y el playboy más cotizado de Madrid. Pero un devastador diagnóstico de cáncer destruye su mundo: tiene una semana para salvar su descendencia antes de quedar estéril para siempre. Su única opción es un vientre de alquiler exprés en Grecia.
Estela Gómez tiene 20 años y su vida es un infierno de deudas por culpa de una estafa familiar. Cuando su madre colapsa y necesita una cirugía de urgencia que no pueden pagar, Estela toma una medida desesperada: aceptar el frío contrato de James a cambio de la vida de su madre.
Lo que empieza como una transacción comercial secreta se transforma bajo el ático de la Castellana. Entre la quimioterapia de él y los latidos de un embarazo inesperado, la mentira se mezclará peligrosamente con un amor real capaz de desenterrar los secretos más oscuros del pasado.
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CAPITULO 3. EL ESLABON PERDIDO
James caminaba de un lado a otro en el imponente despacho de su mejor amigo y socio, Marcos. Llevaba dos días sin dormir, con la sombra del diagnóstico grabado a fuego en la mente y el tiempo corriendo en su contra como una bomba de relojería. Solo le quedaban cinco días antes de la operación.
—¡Es una locura, Marcos! —exclamó James, pasándose las manos por la cara con desesperación—. ¿Cómo voy a encontrar a una mujer dispuesta a meterse en esto en menos de una semana? He hablado con un par de agencias internacionales y me piden meses de papeleo. ¡No tengo meses! ¡Tengo días!
Marcos, que conocía a James desde la universidad y sabía que detrás de su fachada de playboy arrogante había un hombre aterrorizado, se levantó de su sillón y le puso una mano en el hombro.
—Cálmate, James. El dinero abre puertas que ni te imaginas, pero necesitas discreción absoluta. Si esto se filtra a la prensa o a tus inversores, las acciones de la empresa tecnológica se hundirán. Por eso no puedes ir a una agencia cualquiera en España. Tienes que hablar con ella.
—¿Ella? ¿Quién es ella? —preguntó James, entornando los ojos.
—Se llama Valeria Santos —explicó Marcos, sacando una tarjeta de visita de su cartera—. Es una de las abogadas civiles más influyentes de Madrid. Lleva los contratos confidenciales de los clientes VIP más importantes del país: futbolistas, políticos, empresarios... Ella sabe cómo redactar un acuerdo blindado de gestación subrogada y, lo más importante, tiene contactos directos con una clínica privada de fertilidad muy exclusiva en Atenas. Lámala ya. Si alguien puede solucionarte este caos a contrarreloj, es ella.
Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, en un modesto local de un barrio obrero de Madrid, la realidad era completamente distinta. Estela esperaba sentada en una silla metálica, apretando contra su pecho una carpeta con las facturas médicas del hospital y las amenazas de desahucio de su tío Cristof. Había pasado la noche entera buscando en internet préstamos rápidos, créditos bancarios, fundaciones de ayuda... nada. Nadie le prestaba doce mil euros a una chica de veinte años sin ingresos fijos ni propiedades que avalar.
Su última esperanza era la consulta jurídica gratuita que una prestigiosa abogada ofrecía una vez a la semana en la asociación de vecinos del barrio.
—Estela Gómez, por favor —anunció una secretaria.
Estela se levantó de inmediato y entró a un pequeño despacho habilitado. Al otro lado de la mesa se encontraba Valeria Santos. A pesar de vestir un traje de chaqueta impecable que gritaba alta sociedad, la mirada de la abogada era cálida y carente de prejuicios.
—Siéntate, por favor, Estela —dijo Valeria con tono suave—. Cuéntame, ¿en qué puedo ayudarte?
Estela no aguantó más y se derrumbó. Con la voz entrecortada por las lágrimas, le explicó la desaparición de su padre, cómo su tío Cristof las estaba asfixiando con el alquiler falsificado de su propia casa, el colapso de su madre y, sobre todo, el ultimátum del hospital: doce mil euros antes de que acabara el día o su madre moriría en una camilla de urgencias.
Valeria escuchó en silencio, analizando los papeles que Estela le tendía. El caso de la estafa de la casa tenía viabilidad legal, pero requería meses de juicio. El problema era que la madre de Estela no tenía meses, tenía horas.
—Estela… legalmente puedo tramitar una denuncia contra tu tío, pero el proceso es lento —dijo Valeria con franqueza—. Y respecto al hospital privado, no hay forma legal de obligarles a operar sin el depósito inicial. Lo lamento en el alma. Necesitas el dinero en efectivo ya.
Estela se cubrió el rostro con las manos, sollozando con fuerza.
—Haría lo que fuera, abogada... Lo que sea. Vendería mi propia sangre si hiciera falta. No puedo dejar morir a mi madre por no tener esos malditos doce mil euros. Tiene que haber una forma, se lo ruego...
Valeria se quedó estática. Las palabras de Estela coincidieron en su mente con la llamada desesperada que había recibido esa misma mañana por parte de James Fernández, el multimillonario CEO tecnológico que buscaba a contrarreloj una gestante para salvar su descendencia antes de su cirugía de cáncer.
James tenía todo el dinero del mundo y una urgencia médica de cinco días. Estela tenía una urgencia médica de pocas horas y una necesidad extrema de dinero. Ambos eran jóvenes, sanos y estaban en una situación límite.
La abogada entrelazó sus dedos sobre la mesa, mirando fijamente a la joven. Su ética profesional le dictaba mantener los mundos separados, pero su instinto humano le decía que el destino los estaba cruzando por una razón.
—Estela —habló Valeria con una seriedad que hizo que la chica dejara de llorar—. Existe una opción. No es un préstamo, no es un banco, y es algo que cambiará tu vida por completo durante los próximos nueve meses. Es una propuesta de un cliente mío, un hombre sumamente poderoso y solvente que se enfrenta a una crisis de salud extrema.
Estela se secó las lágrimas, confundida pero aferrándose a cualquier clavo ardiendo.
—¿De... de qué se trata?
—Él necesita una mujer joven, sana y de total confianza que acepte someterse a un proceso de gestación subrogada de urgencia en una clínica legal en Grecia. A cambio, él cubrirá de inmediato todos los gastos médicos de tu madre hoy mismo, pagará la deuda de tu casa y te otorgará una compensación económica que resolverá la vida de tu familia para siempre. Todo bajo un contrato de confidencialidad absoluto.
A Estela se le congeló el corazón. ¿Llevar en su vientre el hijo de un extraño a cambio de dinero? Era una decisión enorme, aterradora, algo que jamás habría cruzado por su mente. Pensó en su cuerpo, en las miradas de la gente, en el peso de un embarazo. Pero entonces, la imagen de su madre entubada en el hospital y el rostro asustado de su hermano menor Lucas la golpearon con fuerza. No había elección. Su orgullo y su cuerpo no valían más que la vida de la mujer que se lo había dado todo.
—Si acepto… ¿el hospital recibirá los doce mil euros hoy mismo? —preguntó Estela, con una madurez fría y decidida que sorprendió a la abogada.
—Si aceptas, mi cliente hará la transferencia al hospital en la próxima hora —confirmó Valeria, sacando su teléfono móvil—. Pero primero, él debe entrevistarte. Quiere conocer a la mujer que llevará a su hijo. ¿Estás dispuesta a conocerlo ahora mismo?
Estela respiró hondo, tragándose el miedo que amenazaba con paralizarla, y asintió con la cabeza.
—Estoy dispuesta. Llámelo.