Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Una verdad ajena
Clara permaneció recostada en la cama, fingiendo una fragilidad que el sedante aún acentuaba. Cada gesto, cada parpadeo, cada respiración estaba cuidadosamente calculada. Los médicos entraban y salían, revisando signos vitales, haciendo preguntas rutinarias. Ella respondía con lentitud, con la mirada confundida y la voz débil, asegurándose de que nadie sospechara que todo lo que estaba haciendo era un acto.
—Todo parece normal —dijo uno de los médicos—. Puede que experimente algo de confusión, pero es parte del proceso.
Julián permanecía en la habitación casi todo el tiempo, controlando cada detalle, con la presencia de Lucía siempre a su lado. Clara los observaba en silencio, evaluando cada gesto, cada mirada, cada palabra. Cuando Julián salió un momento, dejando la habitación a solas con Lucía, Clara vio la oportunidad perfecta para indagar.
—Lucía —dijo, con voz suave, como si todavía buscara comprender—. Necesito que me digas la verdad. ¿De verdad somos amigas?
Lucía la miró un instante, sorprendida por la pregunta, pero pronto esbozó una sonrisa cargada de sinceridad y conveniencia.
—Sí, Clara. Desde hace muchos años —respondió—. Somos amigas desde la universidad, ¿recuerdas?
Clara frunció ligeramente el ceño, como si tratara de reconstruir recuerdos que nunca llegarían. Luego, con un hilo de voz más incisivo preguntó:
—Y… ¿desde cuándo Julián y tú están juntos?
Lucía suspiró, como si aceptara finalmente que la joven no recordaba nada, y contestó con absoluta franqueza:
—Desde antes que conocieras a Matías.
El corazón de Clara se mantuvo sorprendentemente calmado. Nada de esto la sorprendía, pero su papel exigía que escuchara, preguntara y procesara con cuidado.
—¿Y desde cuándo conozco a Matías? —preguntó, como si necesitara confirmar un dato perdido.
—El catorce de marzo de dos mil veinte fue la primera vez que lo viste —contestó Lucía, con naturalidad—. Su historia de amor fue única, estabas en la cafetería de la universidad esperando tu pedido, el entró, lo viste y te enamoraste de él. Ojalá puedas recordar pronto como fue.
Clara asintió levemente, dejando que las palabras calaran. Cada detalle reforzaba la mentira que todos creían: que había perdido la memoria. Ella mantenía su sonrisa débil, sus gestos torpes y su confusión fingida, mientras en su mente cada movimiento de ellos se almacenaba con precisión.
—¿Y por qué no está aquí ahora?
—Porque él está en la costa supervisando un proyecto. Tu esposo es un arquitecto importante.
—Entiendo, pero mi esposo debería estar aquí ahora, cuidándome.
—Sí, cariño —replicó la muchacha con condescendencia —Pero tuvo que salir de viaje y como sabe que soy tu mejor amiga me pidió que te cuidara hasta su regreso.
Clara suspiró profundamente, la historia que le estaban contando era una burda falacia y ella al no tener familia no contaba con nadie que pudiera desmentir aquellos dichos. Y aunque era la única que podía desbaratar sus planes en su mente se instaló la idea de una venganza hacia los traidores y también hacia quien encubría la mentira sin importar que estuviera siendo obligado a hacerlo.
Dos días después, finalmente, los médicos le dieron el alta. Clara se incorporó con cuidado, apoyándose apenas en el brazo de la enfermera que la asistía, Lucía no la abandonó en ningún momento incluso ese día la acompañó hasta la puerta de la clínica.
Clara cerró los ojos un momento, respirando hondo. Afuera, el mundo continuaba ajeno a las mentiras y los secretos que la rodeaban. Pero ella había recuperado algo más poderoso que la memoria: la capacidad de observar, analizar y planear.
El traqueteo de la silla de ruedas sobre el pavimento irregular del estacionamiento del hospital enviaba descargas de dolor directamente a la base del cráneo de Clara. Cada bache era un recordatorio físico de su fragilidad, pero su mente, envuelta en una neblina fingida, trabajaba a una velocidad frenética. Detrás suyo, Lucía caminaba con la ligereza de quien acaba de ganar un premio, cargando el pequeño bolso con las pertenencias de Clara como si fuera un trofeo de guerra.
—Es un día precioso para volver a casa, cielo —dijo Lucía, su voz compitiendo con el ruido del tráfico. El sol de la mañana golpeaba el rostro de Clara, y ella se obligó a entrecerrar los ojos, simulando una desorientación que no sentía—. Julián ha preparado todo. Incluso Matías se tomó unos días libres de su proyecto en la costa para estar contigo. Es un esposo tan dedicado...
Clara no respondió. Se limitó a apretar las manos sobre el apoyabrazos de la silla. "¿Esposo?", pensó con una amargura que le quemaba la garganta. Miró de reojo a Julián, que caminaba unos pasos por delante, hablando por teléfono con esa autoridad gélida que antes ella confundía con seguridad. Julián, el hombre que le había jurado amor eterno ante un juez apenas horas antes del accidente, ahora actuaba como un simple "amigo de la familia".
El trayecto en el coche fue un ejercicio de tortura psicológica. Julián conducía, mientras Lucía ocupaba el asiento del copiloto, girándose de vez en cuando para dedicarle a Clara sonrisas cargadas de una compasión falsa. Matías iba sentado atrás, junto a ella. El espacio era reducido, y Clara podía sentir el calor que emanaba del cuerpo del impostor. Olía a madera de cedro y a algo metálico, como grafito; un aroma muy distinto al perfume cítrico y agresivo que siempre usaba Julián.
—¿Te duele mucho la pierna? —preguntó Matías en un susurro.
Clara lo miró. En la luz natural, el parecido con Julián era todavía más inquietante, pero sus ojos tenían una sombra de melancolía que su hermano jamás poseería.
—Un poco —dijo ella, dejando que su voz sonara quebradiza—. Solo quiero llegar a casa. Siento que... que si veo mis cosas, todo volverá a su lugar.
Notó cómo Matías se tensaba. Un leve tic apareció en su mandíbula. Él sabía que "su casa" no sería lo que ella esperaba.
Cuando el coche finalmente cruzó la imponente verja de hierro forjado de la propiedad de los Salvatierra, Clara sintió un escalofrío. Esta no era la casa que ella y Julián habían planeado compartir. Era la casa familiar, un mausoleo de piedra y hiedra donde vivía el patriarca al cual ella nunca había conocido y donde, según entendía ahora, también residía Matías cuando no estaba supervisando la restauración de algún proyecto.
—Sé que te sorprende este lugar —dijo Julián, apagando el motor y mirándola a través del espejo retrovisor—. Pero decidimos que lo mejor era que se instalaran aquí con nosotros. Mi padre está encantado de tener a "su nuera" cerca, y con Matías viajando tanto por su trabajo como arquitecto, estarás más acompañada por Lucía y por mí.
Clara asintió lentamente, procesando la información. Julián nunca le había mencionado que Matías vivía allí. En su narrativa previa al accidente, Julián siempre se había presentado como el hijo que cargaba con todo el peso de la empresa familiar. Ahora comprendía que Matías era el secreto mejor guardado, o quizás el peón más sacrificado.
—Es... muy grande —susurró Clara mientras Julián la ayudaba a salir del coche.
Al entrar al vestíbulo principal, el eco de sus pasos sobre el mármol resonó como una advertencia. Las paredes estaban cubiertas de retratos de antepasados que parecían juzgarla con la misma frialdad que Julián. Lucía se movía por el espacio con una familiaridad ofensiva, dando órdenes al servicio para que subieran las maletas.
—Bienvenida a casa, Clara —dijo Lucía, extendiendo los brazos como si ella fuera la dueña de la propiedad.
Clara observó a Matías, que se había quedado rezagado cerca de la puerta, observando los planos que sobresalían de su maletín de cuero. Parecía querer huir, desaparecer entre las sombras de la arquitectura que tanto conocía. En ese momento, Clara comprendió que Matías no era un villano por vocación, sino por coacción. Y esa era una debilidad que ella pensaba explotar.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.