Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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15- el contrato
La luz del sol atravesó las cortinas sin pedir permiso.
Valentina abrió los ojos lentamente.
Un intenso dolor de cabeza la obligó a volver a cerrarlos.
—Ay...
Murmuró llevándose una mano a la frente.
Sentía la boca seca.
Las piernas pesadas.
Y la sensación de que había hecho algo de lo que probablemente se arrepentiría.
Permaneció unos segundos inmóvil.
Hasta que recordó...
La discoteca.
Daniel.
El desconocido.
Y después...
Todo se volvió borroso.
—¿Qué fue lo último que pasó?
Se incorporó despacio.
Miró la hora. Las doce y media del mediodía.
—¡¿Qué?!
Saltó de la cama.
Tomó el primer cojín que encontró.
—¡Camila!
Nadie respondió.
Salió de la habitación todavía despeinada.
Con una camiseta enorme y un pantalón deportivo.
El delicioso aroma de pan tostado y café recién hecho llegaba desde la cocina.
Camila tarareaba una canción mientras preparaba el almuerzo.
Al verla aparecer, sonrió divertida.
—¡Buenos días, bella durmiente!
Valentina dejó caer la cabeza sobre la barra de la cocina.
—No vuelvo a tomar... Nunca más.
Camila soltó una carcajada.
—Eso mismo dicen todos.
Le sirvió un vaso con agua.
Después le puso una taza de café delante.
—Toma. Lo necesitas.
Valentina dio un largo sorbo.
Suspiró.Y entonces recordó algo.
Buscó inmediatamente su teléfono sobre la barra.
La pantalla se iluminó.
Había un mensaje..
"Buenos días, doctora.
Ya pensé la propuesta de anoche.
Si todavía sigue en pie... podemos reunirnos para hablar."
Valentina frunció el ceño.
Leyó el mensaje una segunda vez.
Y una tercera. Después levantó lentamente la vista hacia Camila.
—Camí...
¿Qué hice anoche?
Camila dejó la espátula sobre la cocina.
Sonrió de oreja a oreja.
—Ser feliz, amiga.
Valentina entrecerró los ojos.
—No... En serio.
¿Qué hice?
Camila caminó hasta el comedor.
Sacó su teléfono. Buscó un video.
Y se lo mostró.
Valentina comenzó a verlo.
En la pantalla aparecía ella... Mirando fijamente a Alessandro.
"¿Y si hacemos un trato?"
"Tú puedes ser mi novio..."
"Pero de mentiras."
"Yo te pago..."
"Mucho dinero..."
"Quinientos mil cada quince días..."
El video terminó.
Valentina permaneció completamente inmóvil.
Camila ya no pudo contener la risa.
—¿Quieres verlo otra vez?
—¡No!
Respondió tapándose el rostro con ambas manos.
—¡Dime que eso no pasó!
—Pasó.
—¡Camila!
—¿Qué? Hasta le pusiste un nombre en el teléfono.
Valentina abrió lentamente los dedos.
—¿Qué nombre?
Camila sonrió con malicia.
—"Novio falso."
Valentina dejó escapar un gemido de vergüenza.
—¡Trágame, tierra!
—Todavía falta la mejor parte.
—¿Hay más?
—Le enviaste un mensaje delante de todos.
Ella abrió los ojos como platos.
—No...
Camila asintió varias veces.
—Sí. Y le dijiste que cuando tomara una decisión te llamara.
Valentina volvió a mirar el teléfono.
Leyó otra vez el mensaje. Respiró hondo.
Y comenzó a escribir apresuradamente.
"Disculpa por lo de anoche.
Había tomado un poco de más.
La verdad es que no sabía lo que decía."
Su dedo quedó suspendido sobre el botón de enviar. En ese mismo instante... El teléfono comenzó a sonar.
Papá ❤️
Valentina cerró los ojos.
—No... No, por favor...
Camila señaló la pantalla.
—Creo que no puedes ignorarlo.
Valentina respondió con resignación.
—Hola, papá.
La voz de Giovanni sonó tan animada como siempre.
—¡Buenos días, princesa! Espero que hayas descansado.
Ella miró de reojo a Camila.
—Más o menos.
—Perfecto. Porque tengo una buena noticia.
Valentina ya sabía cuál era.
Suspiró.
—¿Qué pasa ahora?
—ya que no asististe a la cena de anoche. Esta noche tendrás una nueva cita. Un joven brillante.
Educado. Va a pasar por ti a las siete.
Valentina cerró los ojos.
Contó mentalmente hasta cinco.
Después habló con toda la calma que pudo reunir.
—No voy a ir.
—Vale...
—No, papá. Cinco citas en tres días.
Ya fue suficiente.
—Solo conócelo..
—No.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.
Entonces... Sin pensarlo demasiado...
Valentina dijo las primeras palabras que se le ocurrieron.
—No puedo. Ya estoy saliendo con alguien.
Camila abrió tanto los ojos...
Que casi dejó caer la taza de café.
Giovanni permaneció completamente en silencio.
Valentina llegó a pensar que la llamada se había cortado.
—¿Papá?
Del otro lado de la línea...
Se escuchó un largo suspiro.
—¿Acabas de decir que estás saliendo con alguien?
Valentina tragó saliva.
Ya no había vuelta atrás.
—Sí.
Camila, sentada frente a ella, abrió los ojos como platos.
Comenzó a negar desesperadamente con la cabeza.
"¿Qué estás haciendo?"
Valentina la ignoró por completo.
—¿Desde cuándo?
Preguntó Giovanni.
—Hace... poco.
—¿Y por qué no me habías contado?
Valentina improvisó.
—Porque todavía nos estamos conociendo.
No quería adelantarme.
Hubo otro silencio.
Esta vez mucho más corto.
Después... La voz de Giovanni sonó más tranquila.
—Bueno... Si realmente es alguien importante para ti... No tengo derecho a insistir con las citas.
Valentina sintió un enorme alivio.
—Gracias, papá.
—Pero...
Ella cerró los ojos.
Sabía que había un "pero".
—Quiero conocerlo.
Camila se llevó ambas manos a la cabeza.
Valentina sintió que el corazón casi se detenía.
—¿Qué?
—El viernes. Tráelo a cenar.
Quiero saber quién es el hombre que consiguió conquistar a mi hija.
Valentina abrió y cerró la boca varias veces.
No encontraba palabras.
—Papá...
—Y una cosa más.
Ella respiró hondo.
—Dime.
—Espero que sea un buen hombre. Porque, si de verdad te quiere... Lo único que deseo es verte feliz.
Los ojos de Valentina se suavizaron.
A veces olvidaba que detrás de aquel padre insistente...
Solo había un hombre preocupado por ella.
Sonrió con ternura.
—Lo sé.
—¿Hay algo más que deba saber?
Valentina dudó apenas un instante.
Después respondió con firmeza.
—Sí. Recuerda...
No quiero que sepa quién soy realmente.
Hubo un breve silencio.
—Vale... Él merece saber que eres una Visconti.
—No.
Respondió ella con tranquilidad.
Si algún día me quiere... Quiero que sea por mí.
No por mi apellido.
Giovanni dejó escapar un suspiro resignado.
Aquella discusión la habían tenido demasiadas veces.
Y sabía perfectamente que no conseguiría hacerla cambiar de opinión.
—Está bien. Haré las cosas a tu manera.
Pero el viernes... Quiero conocerlo.
—Lo harás.
Prometió ella, sin tener la menor idea de cómo iba a cumplir aquella promesa.
La llamada terminó.
Valentina dejó lentamente el teléfono sobre la mesa.
Durante unos segundos...
Ninguna de las dos habló.
Hasta que Camila rompió el silencio.
—¿Estás completamente loca?
Valentina dejó caer la frente sobre la barra de la cocina.
—Sí.
—¿Le acabas de prometer a tu papá que el viernes conocerá a un novio... que no existe?
—Sí.
—¿Y solo faltan cuatro días?
—Sí.
Camila comenzó a caminar de un lado a otro.
—Vale... Esto ya dejó de ser un problema.
Esto es una catástrofe.
Valentina levantó lentamente la cabeza.
Miró el mensaje que seguía abierto en la pantalla.
"Si todavía sigue en pie... podemos reunirnos para hablar."
Sonrió apenas. Después borró el mensaje de disculpa que había escrito.
Bloqueó el teléfono.
Y levantó la vista hacia su amiga.
—Pues creo... Que tendré que contratar a ese novio falso.
Camila se quedó inmóvil unos segundos.
Luego sonrió lentamente.
—¿Sabes una cosa?
—¿Qué?
—Empiezo a creer que anoche no estabas tan borracha como pensábamos.
Las dos estallaron en carcajadas.
Valentina volvió a mirar el teléfono.
Respiró hondo. Y, antes de que pudiera arrepentirse, escribió.
"La propuesta sigue en pie."
Borró el mensaje.
Volvió a escribir.
"¿Podemos vernos hoy?"
También lo borró.
Camila observaba el espectáculo desde el otro lado de la cocina.
—Llevas cinco minutos escribiendo el mismo mensaje.
Valentina resopló.
—No sé qué decir.
—Empieza por dejar de borrarlo todo.
Ella volvió a escribir.
Esta vez fue mucho más directa.
"Buenos días.
Si tu respuesta sigue siendo la misma, ¿podemos vernos esta tarde para hablar del acuerdo?"
Lo leyó dos veces.
Respiró profundo. Y, finalmente... Lo envió.
Los dos pequeños vistos aparecieron casi de inmediato.
Valentina abrió mucho los ojos.
—¡Lo leyó!
Camila soltó una carcajada.
—Normalmente así funcionan los mensajes.
Las dos permanecieron mirando la pantalla.
Cinco segundos.
Diez.
Quince.
El teléfono vibró.
"A las cinco de la tarde.
Café Bellavista. Pregunta por Alessandro."
Solo eso.
Sin un emoji.
Sin una palabra de más.
Camila tomó el teléfono de las manos de Valentina.
—Definitivamente... Es un hombre.
Valentina sonrió.
—¿Por qué?
—Porque respondió como si estuviera confirmando una reunión de trabajo.
Las dos rieron.
Al otro lado de la ciudad...
Alessandro terminaba de acomodar algunas camisas dentro del armario del apartamento de Matteo.
No había dormido demasiado.
Pero, curiosamente...
Se sentía mucho más tranquilo.
El teléfono vibró sobre la cama.
Lo tomó.
Leyó el mensaje de Valentina.
Y respondió casi de inmediato.
No porque quisiera parecer interesado.
Sino porque ya había tomado una decisión.
Mientras guardaba nuevamente el teléfono, Matteo apareció apoyado en el marco de la puerta.
Llevaba una taza de café en una mano.
Y una sonrisa sospechosa en el rostro.
—¿Ya le respondiste?
Alessandro siguió acomodando la ropa.
—Sí.
—¿Aceptó?
—Nos veremos esta tarde.
Matteo dio un sorbo al café.
—Mira cómo cambia la vida.
Hace tres días jurabas que nunca aceptarías una novia falsa.
Y hoy tienes una reunión para negociar un contrato amoroso.
Alessandro sonrió sin dejar de doblar una camisa.
—No es un contrato amoroso.
—¿Ah, no?
—Es un acuerdo.
—Claro... Un acuerdo donde dos personas fingen ser novios. Eso no suena para nada romántico.
Alessandro negó con la cabeza.
—No empieces.
—Ni siquiera he empezado.
Matteo dejó la taza sobre la cómoda.
—Solo tengo una duda.
Alessandro levantó la vista.
—¿Cuál?
—¿Qué vas a hacer cuando descubras que tu novia falsa es más complicada que cualquier negociación empresarial?
Él soltó una pequeña risa.
—Lo mismo que hago siempre.
—¿Qué?
—Leeré el contrato antes de firmarlo.
Matteo sonrió de oreja a oreja.
—Pobre de ti...Todavía no sabes que las cláusulas más peligrosas... Nunca vienen escritas.
Alessandro tomó las llaves del automóvil.
—Nos vemos más tarde.
—Suerte. La vas a necesitar.
Alessandro salió del apartamento negando con la cabeza.
Mientras tanto...
A varios kilómetros de allí...Valentina terminaba de elegir, por primera vez en mucho tiempo...
La ropa con la que iba a conocer oficialmente a su... futuro novio falso.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.