Ximena Elara Mendoza… aunque, desde hace un año, dejó atrás su apellido. La mujer alta, de cintura esbelta y actualmente con cinco meses de embarazo, eligió ocultar su verdadera identidad demi casar-se con el hombre que ama.
Leonardo Fuentes, un hombre de origen humilde, había sido su senior en la universidad.
—Leonardo, ¿cuándo piensas casarte con mi amiga? Dijiste que ella también está embarazada —dijo su hermana, haciendo que los ojos de Leonardo se abrieran de par en par.
—¡Shhh! No hables de eso aquí.
—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que tu esposa se entere? Sería mejor, así ya no tendrían que esconder más su relación. No quiero que juegues con los sentimientos de Dulce Marquez. Sabes bien que ella es una mujer respetable, de una familia influyente. No permitas que la gente descubra que está embarazada fuera del matrimonio.
Lo que ninguno de ellos sabía… es que alguien estaba escuchando toda la conversación.
“Muy bien… seguiré su jueguito. Vamos a ver quién gana al final.”
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Gina Dan Jeremy
Capítulo 15: Gina y Jeremy
Esa tarde, la tensión llegó al punto de ebullición. Gilang y Zemi no tuvieron más remedio que abandonar el departamento de lujo. Sin negociación posible. Decepción, rabia y, sobre todo, odio. Zemi odiaba a Anye con cada fibra de su ser.
—Gilang, ¿y ahora dónde voy a vivir? —preguntó Zemi, conteniendo la furia a duras penas.
—En tu propia casa, por supuesto. Tus padres tienen una, ¿no?
—Ah... Claro que sí. ¿Piensas que mis padres son unos muertos de hambre?
—No, mi amor, no te lo tomes a mal —se apresuró Gilang, entrando en pánico.
"Si Zemi se ofende y me deja, pierdo mi posición como número uno en el mundo de los negocios", pensó.
Lo que Gilang no sabía era que Zemi también dependía de él.
Después de dejarla en la casa de sus padres, Gilang regresó a esperar noticias de Anye.
—¿Dónde se metió esta mujer? ¿Por qué es imposible contactarla? Es culpa mía por no haberme interesado nunca en su vida social. Ahora ni siquiera sé dónde vive su amiga.
—Gilang, ¿cómo está Zemi? ¿Se enojó? —preguntó mamá Ambar.
—No está enojada, pero quiere que formalicemos nuestra relación ya. Y quiere mudarse aquí, a esta casa. ¿Anye estará de acuerdo? Eso es lo que me tiene de cabeza.
—Tsk... ¿Por qué tiene que ser tan terca? Es imposible que viva aquí. Esta casa no es suya. Pero hay una forma: amenaza a Anye. Ella te ama.
—Después de casarte con Zemi y de apoderarte de todos los activos, la amenazas. Le dices que si no acepta a Zemi como segunda esposa, la divorcias —propuso mamá Ambar, convencida de que su plan era infalible.
—Buena idea, mamá. Cuando Anye vuelva, me porto bien con ella primero.
Mientras madre e hijo conspiraban, Gina salió de su habitación. Arreglada como una mujer de mediana edad desesperada por aparentar juventud, anunció que se iba.
—Mamá, voy a salir. Si Rayan vuelve, dile que fui a consolar a Zemi, que está deprimida desde que la echaron del departamento —dijo Gina con toda la naturalidad del mundo, como si toda la familia supiera lo que hacía.
—¿Sigues viéndote con Jeremy? —preguntó Gilang, molesto.
—¿Por qué me miras así? No te metas en lo que no te importa. Con quién me vea es asunto mío.
—Claro que importa. Imagina que quedas embarazada de otro hombre. Yo sé que Rayan nunca te ha tocado.
—¿No te da miedo que te pida el divorcio? Rayan será mecánico, pero en todo lo demás le da cien vueltas a Jeremy.
—Tu hermano tiene razón, Gina. Mejor conquista a tu propio marido en vez de andar detrás de otros hombres. Ya lo atrapaste una vez; no puede ser tan difícil hacerlo de nuevo —aconsejó mamá Ambar.
—Lo que los hombres miran es un cuerpo atractivo, Gina. Y tú, sin haber tenido hijos, estás hecha una señora. Antes, cuando las tarjetas funcionaban, podías hacer lo que quisieras con el dinero de Anye. Pero en vez de invertir en ti misma, te lo gastaste todo en gigolos —la reprendió Gilang.
Gina se quedó muda. Se miró a sí misma. Tenía razón: ya no quedaba nada atractivo en ella. Antes, los hombres la complacían a cambio de dinero. Ahora que no había plata, ni Rayan ni Jeremy la mirarían.
—Digan lo que quieran. Me voy —se despidió Gina.
—Qué testaruda eres, Gina. Quién sabe, algún día Rayan podría tener su propio taller y mejorar tu vida —murmuró Gilang.
—Déjala, Gilang. Tu hermana es cabeza dura. Ahora hay que ir a revisar el local del evento para tu boda. ¿La organizadora de eventos ya se encargó de todo?
—Sí, mamá. Prepárate. Vamos más tardecito. Llevamos a Zemi también, ¿sí? La pobre anda triste desde esta mañana.
—Claro. Llámala y dile que pasamos a recogerla. No importa ir en taxi por ahora; según Anye, el auto nuevo de mamá llega pronto.
Mientras tanto, Gina llegó a la casa que Jeremy alquilaba. Un hombre que había sido su amante durante años.
Toc, toc, toc.
—¿Jer? ¿Estás ahí? —llamó Gina.
La puerta se abrió con un chirrido.
Una mujer más joven que Gina salió del brazo de Jeremy, colgándose de él con coquetería.
—Mi amor, ya me voy. No olvides lo de mañana por la mañana —le dijo la joven.
Antes de marcharse, le dio un beso largo e intenso a Jeremy. Gina, que lo presenció todo, estalló por dentro.
—Bye bye, mi amor. Tu servicio de hoy estuvo espectacular —agregó la joven, subiendo a su auto.
—¿Quién es esa? —preguntó Gina.
—Se llama Jasmine. Es mi prometida —respondió Jeremy con calma, invitando a Gina a pasar.
—¿Desde cuándo tienes prometida? Si lo nuestro estaba perfectamente bien —protestó Gina.
—¿Perfectamente bien? Tú tienes marido, Gina. Y yo nunca protesté, aunque admito que a veces los celos me consumían. Solo vienes cuando necesitas algo, pero al mundo entero le presentas a Arrayan como tu esposo. No a mí.
—¿Entonces por qué reclamas ahora que encontré a alguien? La eligió mi madre. Es soltera, tiene su propio salón de belleza. Mírala: tiene dinero, auto de lujo, y todo es suyo. No como tú, que vives de lo que le quitas a tu cuñada. ¿A qué viniste después de ignorarme durante días?
—Jer, lo nuestro viene de lejos. Y sabes por qué me casé con Arrayan —dijo Gina.
—Pero aun así lo elegiste a él por encima de mí, que era tu novio. Y yo, como un idiota, acepté ser tu amante durante cinco años. Se acabó. No voy a traicionar a Jasmine —sentenció Jeremy.
—Si no tienes nada más que decir, vete. No quiero que los vecinos te vean aquí —dijo Jeremy.
—Eres cruel —murmuró Gina, dándose la vuelta con lágrimas corriéndole por las mejillas.
Pero apenas llegó al portón, la vista se le nubló. La cabeza le dio vueltas y el cuerpo se le fue de lado.
¡Pum!
—¡Gina! —gritó Jeremy, aterrado.
no no vi el amor de pareja Xime quiero un esclavo por Dios
Geográficamente hablando empieza supuestamente en México pagando con Rupias????, después dicen que están en indonesia, luego escapan a Dinamarca y resulta que es Suecia, y así entre otros tiene muchísimos errores que dificultan el poder disfrutar de una buena historia que si no fuera por eso la calificaría con 5 estrellas