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Mi Amante Millonario

Mi Amante Millonario

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...

NovelToon tiene autorización de Margalo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5: Celos

Marco no lograba sacarse a Elisa de la cabeza, ni siquiera cuando estaba en reuniones que duraban horas, ni cuando revisaba los balances de sus empresas, ni cuando conducía por las carreteras que solían ser su lugar favorito para despejar la mente.

Antes pensaba que se trataba solo de un deseo pasajero, algo que se apagaría en unas semanas como tantas otras cosas en su vida, pero con el paso de los días se dio cuenta de que era algo mucho más profundo: una obsesión suave pero constante que le llenaba cada rato libre, que le hacía buscar cualquier excusa para verla, para oír su voz, para saber que estaba bien.

Ya no quería estar con ella solo para compartir momentos íntimos; ahora quería cuidarla, verla sonreír sin culpa, darle todo lo que creía que merecía y quizás no recibía en su propia casa.

Empezó a llenarla de detalles que nunca antes le había dado a nadie.

Le enviaba cajas enteras de sus flores favoritas que eran rosas blancas y jazmines, que aparecían en la puerta de su casa sin ningún remitente, para que no tuviera problemas con Luis.

Le regalaba joyas delicadas pero muy costosas: un collar de perlas cultivadas que brillaban igual que su piel, unos pendientes de zafiro que le recordaban el color del mar en días claros, una pulsera de oro blanco con su nombre grabado en letras pequeñas que solo se veían si uno se acercaba mucho.

También la llevaba a restaurantes exclusivos donde casi nadie tenía acceso: cenas privadas en salones con vistas a toda la ciudad, mesas reservadas semanas antes en lugares donde solo entraban invitados especiales, y eventos cerrados de arte y moda donde nadie les haría preguntas incómodas.

En esos lugares la trataba como a la mujer más importante del mundo: le abría la puerta del coche, le retiraba la silla para que se sentara, le servía vino con cuidado y le tomaba la mano por debajo de la mesa mientras le decía al oído lo hermosa que se veía, lo mucho que le gustaba su forma de mirar las cosas, lo inteligente que era y lo completa que le hacía sentir a él.

—No tienes por qué aceptar nada si no quieres —le dijo una noche, mientras veían las luces de la ciudad desde una terraza privada—, pero quiero que sepas que todo lo que te doy es porque te lo mereces. No es un pago, es solo… lo que siento por ti.

Elisa se sentía abrumada, pero a la vez muy especial.

Le daba miedo aceptar tantas cosas por si Luis se daba cuenta y le preguntaba de dónde salían, pero Marco le aseguraba que nadie se enteraría, que ella podía guardarlo en un lugar seguro o usarlo cuando estuvieran solos.

Él disfrutaba ver cómo se iluminaban sus ojos cuando veía un regalo nuevo, cómo se sonrojaba cuando le decía cosas bonitas, y sentía que así la tenía un poco más cerca, aunque todo fuera en secreto.

Un día libre de Luis, Marco iba conduciendo por una avenida ancha que llevaba hacia el centro comercial más grande de la ciudad. Iba solo en su coche negro, de vidrios ahumados, pensando en que esa tarde quería invitar a Elisa a ver una colección de pinturas que sabía que le gustarían mucho, cuando de repente la vio.

Iba caminando por la acera, del brazo de Luis, y los dos se reían de algo que él le acababa de decir.

Lo que más le dolió, lo que le clavó una punta de celos fría y profunda en el pecho, fue ver cómo Luis le tomaba la mano entre las suyas y la apretaba suavemente mientras cruzaban la calle, como si quisiera protegerla del viento y del ruido.

Marco redujo la velocidad sin hacer ruido, mantuvo la distancia y se quedó observándolos desde el interior del coche, sin que ellos pudieran verlo.

Vio a Luis detenerla frente a un escaparate lleno de vestidos de colores claros, señalar uno en particular y decirle algo al oído; ella negó con la cabeza, riendo y dándole un golpecito en el brazo, mientras él insistía con una sonrisa tierna.

Vio cómo él le apartaba un mechón de pelo que se le había caído sobre la cara, con esa misma ternura lenta y cuidadosa que Elisa le había contado tantas veces.

Sintió que el aire se le ponía pesado, que los dedos se le cerraban con fuerza sobre el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos.

No bajó la ventanilla, no bajó del coche, no hizo ningún gesto para llamar su atención ni para interrumpirlos. Solo se quedó ahí, quieto, con el corazón latiéndole fuerte en las sienes, mirando cómo esa mujer que él quería para sí misma caminaba tan tranquila al lado de su esposo, como si nada existiera fuera de los dos.

Pasaron unos minutos que le parecieron horas, hasta que la pareja siguió caminando y se alejó hacia la entrada del centro comercial. Marco soltó el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta, apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y cerró los ojos un instante. En su mente, poco a poco, la confusión y los celos dejaron paso a una idea clara, fría y bien definida. Ya no quería ser solo el encuentro a escondidas, ni el que daba regalos en la sombra, ni el que tenía que esperar a que ella tuviera tiempo libre. Tenía que cambiar las cosas de raíz, tenía que encontrar la forma de que Elisa estuviera con él de verdad, sin tener que esconderse de nadie, sin tener que sentir culpa. Y en ese momento, mientras veía cómo desaparecían entre la gente, se le ocurrió el plan perfecto para lograrlo.

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