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Amarte Es Mi Perdición

Amarte Es Mi Perdición

Status: Terminada
Genre:Casada Con Mi Ex's Familiar / Amante arrepentido / Venganza / Completas
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

A solo tres semanas de pronunciar el «sí, quiero» ante el altar, la vida de Valery Lezcano vuela en pedazos. Su prometido, Adrián, se ha esfumado la noche anterior, escapando con quien solía ser su mejor amiga. Expuesta al escarnio público y con el orgullo roto frente a cientos de invitados, Valery se prepara para el peor colapso de su vida. Pero el desastre toma un giro inesperado cuando Marcos Sánchez da un paso al frente.
Marcos, el implacable, gélido y peligrosamente atractivo hermano mayor de Adrián, no está dispuesto a permitir que el apellido familiar se hunda en el fango. Con una mirada calculadora y una propuesta audaz, le ofrece un trato salvaje: casarse con él en ese mismo instante, unir sus fuerzas y orquestar una fría e implacable venganza contra los traidores.
El plan roza la perfección absoluta. Adrián se verá obligado a ver a su ex prometida del brazo del único hombre al que siempre ha temido y envidiado.

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Capitulo 6

El rumor del motor del deportivo de Marcos era lo único que competía con el violento latido en el pecho de Valery mientras se contemplaba en el espejo del vestidor. El plan avanzaba sin tregua. Esta noche no era una simple velada de sociedad; era la primera gran estocada, el debut oficial de su farsa ante los ojos de quienes habían intentado destruirla.

Adrián y Sienna habían regresado a la ciudad esa misma tarde. Según la red de contactos de Camila, la parejita de prófugos volvía con la cabeza en alto, convencidos de que Valery seguiría encerrada en su habitación, ahogándose en lágrimas y vistiendo el luto de un amor traicionado. Qué poco la conocían.

Valery se alisó la seda del vestido rojo que Marcos había hecho enviar exclusivamente para ella esa mañana. Era una pieza de alta costura que desafiaba cualquier norma de discreción. El color, un rojo escarlata profundo y magnético, parecía fundirse con su piel bronceada. El diseño era una caricia líquida: un escote de vértigo que descendía de manera pronunciada por su pecho, sostenido únicamente por finísimos hilos de seda dorada que cruzaban su espalda por completo descubierta, perdiéndose justo en el inicio de la curva de su cadera. Cada vez que daba un paso, la caída de la falda con una abertura lateral infinita revelaba la tersura de su pierna izquierda.

Se colocó unos pendientes de diamantes y aplicó una última capa de labial rojo carmín. Estaba lista. O al menos, su armadura lo estaba.

La puerta del vestidor se abrió lentamente. Marcos entró, terminando de ajustar los puños de su camisa de vestir. Llevaba un traje negro de tres piezas de corte impecable, sin corbata, con el cuello de la camisa ligeramente abierto, dándole un aire de elegancia salvaje y peligrosa que ya era su sello personal.

Cuando sus ojos oscuros se posaron en Valery, Marcos se detuvo en seco en mitad de la habitación.

El silencio que siguió fue absoluto. Valery pudo ver cómo la manzana de Adán de Marcos se movía al tragar saliva con dificultad. Su mirada, ardiente y desprovista de su habitual frialdad calculadora, descendió por el pronunciado escote del vestido rojo, recorrió la línea estrecha de su cintura y se demoró en la piel expuesta de su pierna con una fijeza que le hizo perder el aliento a ella. El aire en el vestidor se cargó instantáneamente de un magnetismo asfixiante, pesado, donde cada partícula parecía vibrar con deseo contenido.

—Dios santo, Valery... —murmuró Marcos, su voz descendiendo a un tono tan bajo y ronco que pareció vibrar directamente sobre la piel desnuda de los hombros de ella.

—¿Es... demasiado? —preguntó ella, fingiendo una seguridad que flaqueaba ante la intensidad de esa mirada que parecía devorarla—. Si crees que el rojo es muy llamativo para una cena familiar...

—Es perfecto —la interrumpió él, dando tres pasos lentos y felinos hasta acortar toda distancia.

Marcos se detuvo justo detrás de ella, contemplándola a través del espejo. Sus manos grandes, de dedos largos y cálidos, se posaron directamente en los laterales de la cintura de Valery, justo donde la seda roja envolvía su piel. El contacto directo provocó un leve jadeo en los labios de ella. Marcos se inclinó hacia delante, apoyando su barbilla casi en el hombro descubierto de Valery. Su perfume a sándalo, cuero y masculinidad pura la envolvió como una neblina embriagadora.

—Vas a provocar un maldito infarto masivo esta noche, Sra. Sánchez —susurró él contra su nuca, enviando una descarga eléctrica que le erizó la piel—. Especialmente a mi hermano. Cuando te vea vestida así... va a comprender exactamente el infierno que se ha ganado por dejarte ir.

Valery apoyó sus manos sobre los hombros de Marcos, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la tela del traje. Se giró lentamente en su agarre para mirarlo cara a cara. Sus pechos casi rozaban el firme torso de él a cada respiración.

—No lo hago solo por él, Marcos —dijo ella en un hilo de voz, buscando sus ojos oscuros—. Lo hago por nosotros. Hoy empieza nuestro juego.

—Entonces juguemos a ganar —respondió él con una sonrisa de medio lado, rozando sus labios con los de ella en una caricia fugaz que la dejó con ganas de más, antes de ofrecerle el brazo para salir.

El club privado de la familia Sánchez brillaba bajo la luz de inmensas arañas de cristal. El ambiente de la cena de bienvenida estaba cargado de una falsa cordialidad corporativa y de murmullos apagados de la alta sociedad que esperaba presenciar el drama familiar de cerca.

Cuando las puertas de caoba del salón privado se abrieron, el silencio se adueñó del lugar de forma inmediata.

Valery entró del brazo de Marcos, caminando con una gracia felina y segura. Su mano descansaba con firmeza en el antebrazo de su esposo, y la complicidad que irradiaban era tan palpable que parecía una fuerza física. Marcos la miraba de reojo con una devoción tan perfectamente fingida —o quizás no tanto— que desarmaba cualquier sospecha de farsa.

En la mesa principal, Adrián y Sienna conversaban en voz baja, luciendo una seguridad artificial. Adrián vestía un traje azul que le quedaba impecable, pero su postura carecía de la madurez que Marcos desbordaba. A su lado, Sienna lucía un vestido verde esmeralda y una sonrisa triunfante... hasta que levantó la vista.

La copa de champaña que Adrián sostenía tembló visiblemente. Sus ojos se abrieron con una mezcla de shock, incredulidad y una rabia sorda que tiñó su cuello de rojo instantáneamente al ver a su ex prometida, más radiante y sensual que nunca, del brazo de su respetado y temido hermano mayor. Sienna, por su parte, perdió toda la altivez de su rostro; sus labios se tensaron en una línea delgada mientras sus ojos escaneaban con pura envidia el imponente vestido rojo de Valery y la forma en que Marcos la sujetaba de la cintura con una posesividad arrolladora.

—Buenas noches a todos —anunció Marcos con una voz potente que dominó el salón, ganándose la atención de cada uno de los presentes, incluida la de su madre, Estela, quien observaba la escena con ojos analíticos.

Marcos guio a Valery hacia la mesa, asegurándose de pasar justo al lado de Adrián. Al estar cerca, Valery pudo oler el alcohol en el aliento de su ex prometido y ver el brillo de desesperación en sus ojos.

—Valery... —alcanzó a susurrar Adrián, dando un medio paso al frente como si quisiera tocarla.

Pero Marcos se interpuso con suavidad pero con una firmeza infranqueable, rodeando por completo la cintura de Valery con su brazo, pegando la cadera de ella contra la suya en un gesto cargado de sensualidad e indiscutible propiedad.

—Hermano. Qué bueno que decidieras volver de tu... viaje —dijo Marcos con una frialdad cortante disfrazada de cortesía—. Te presento formalmente a mi esposa. Creo que ya la conoces.

Adrián apretó los dientes, mirando a su hermano con un odio que prometía desatar una tormenta. Sienna intentó intervenir, forzando una sonrisa hipócrita.

—Vaya, Valery. No perdiste el tiempo. Quién diría que te conformarías tan rápido con el segundo plato —siseó Sienna con veneno en la voz.

Antes de que Valery pudiera responder, Marcos se inclinó hacia Sienna con una mirada tan gélida que la chica dio un paso atrás.

—Cuidado con tus palabras, Sienna —advirtió Marcos en un tono bajo que prometía destrucción—. Estás hablando de la señora de esta casa. Y en cuanto a lo de "segundo plato"... creo que todos en esta mesa saben perfectamente quién se quedó con las sobras.

Un jadeo colectivo recorrió la mesa familiar. Valery sintió un torrente de calor victorioso recorrer su cuerpo. Se limitó a sonreír con dulzura, apoyando su cabeza levemente en el hombro de Marcos, permitiendo que él ganara esa batalla por ella.

Antes de sentarse, Marcos tomó una copa de cristal y la golpeó suavemente con un cubierto de plata, llamando la atención de toda la cena familiar. El silencio volvió a reinar. Marcos miró a todos los presentes y luego fijó sus ojos oscuros directamente en Valery, con una intensidad que hizo que a ella le diera un vuelco el corazón.

—Quiero aprovechar este reencuentro familiar para hacer un brindis —comenzó Marcos, su voz de barítono llenando cada rincón del lujoso salón—. Sé que muchos de ustedes se han dejado llevar por los rumores malintencionados de las últimas semanas. Pero la verdad es muy simple. A veces, la vida te quita lo que crees que quieres, solo para darte lo que verdaderamente necesitas.

Marcos tomó la mano de Valery y la entrelazó con la suya por encima de la mesa, asegurándose de que Adrián viera el enorme anillo de diamantes que brillaba en su dedo.

—Amar a Valery no fue una decisión planeada, pero se ha convertido en mi mayor y más dulce perdición. Ella es la mujer que complementa mi vida, mi fuerza y mi orgullo. Me considero el hombre más afortunado del mundo por tenerla a mi lado, y no permitiré que nadie, absolutamente nadie, opaque la felicidad de mi esposa. Por nuestra unión, por el amor real y por el futuro que construiremos juntos.

—¡Salud! —exclamó Camila desde el otro extremo de la mesa con entusiasmo pícaro, rompiendo la tensión del momento.

Los invitados brindaron, pero los ojos de Adrián seguían fijos en los de Valery, cargados de una mezcla de celos devoradores y arrepentimiento tardío. Valery, sin embargo, ya no lo miraba a él. Estaba demasiado ocupada perdiéndose en la mirada ardiente de Marcos, quien, tras dejar su copa, se inclinó para depositar un beso lento, húmedo y profundamente posesivo en la comisura de sus labios carmín, recordándole que el fuego de su venganza apenas estaba comenzando a arder.

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Susana
Me encantó la historia escritora!!! Excelente....😍😍😍😍
Susana
Que hermoso como la defendió 💖💖💖
Susana
Si viva el amor ♥️♥️♥️
Susana
WOW que hermoso capitulo 💖💖💖💖
Susana
Hermoso comienzo 💖💖💖
Nereida Hernández montes
🤣🤣😂😂 Muy bien dicho 👌 y hecho para cada parásito se tiene palabras ade cuadras 😭👿😈
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Nereida Hernández montes
Excelente 🤣🤣😂 así es que se trata a los hombres de poca monta es decir que no sirven😂😂🤣💚
Lourdes Iglesias calderon: y ahora cuando salen los otros capítulos
total 1 replies
Ese Marcos la tendrá en sus brazos
no fue un beso para nada fingido
otra nueva historia, escritora tu no esperas
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